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jueves, 31 de marzo de 2011

Samuel - Savsa - DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 








Angel
07/01/2011
fotos: 36 – 11 MB


Feliz Navidad 2010-2011





Mosaicos bizantinos












Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA



Samuel - Savsa

Samuel


(heb. Shemû'êl, quizás "oído por Dios", "pedido a Dios" o "Dios ha oído"; gr. Samouel).


Por interpretación se le ha dado el significado de "Nombre de Dios"; pero parece que su madre quiso significar "Dios ha oído", una combinación del verbo shâma{ y del sustantivo 'Êl.


Primer gran profeta de Israel después de Moisés, Jeremías lo ubica al lado del gran legislador Moisés (Jer. 15:1). Su padre, Elcana, era un levita de la familia de Coat (1 Cr. 6:26, 33, 34) que vivía en el territorio de Efraín, razón por la cual también se lo consideraba efraimita (1 S. 1:1). La ciudad donde vivía se llamaba Ramataim de Sofim (Ramá; 1:1, 19; 2:11), ciudad que tuvo diversas identificaciones, pero tal vez la más acertada sea asimilarla a la moderna Ramallah (véase CBA 2:457-459).


El relato bíblico dice que Elcana tenía 2 esposas: Ana y Penina. La 1ª era su favorita, pero era estéril (1 S. 1:2, 7, 8). Luego de un profundo examen de conciencia y mucha oración, Ana hizo la promesa de que si Dios le daba un hijo, lo dedicaría al Señor como nazareo. Dios escuchó su oración y le dio un hijo, a quien le puso por nombre Samuel. Después de su destete lo llevó al sumo sacerdote Elí, que vivía en Silo, con el fin de que lo preparara en el tabernáculo para el servicio del Señor (1:9-28). En Silo, Samuel vivía en una habitación contigua al santuario y muy cerca de la del sumo sacerdote, vestía un sencillo efod de lino, la vestimenta de los sacerdotes y levitas, y llevaba a cabo tareas sencillas, como ser abrir las puertas del santuario en la mañana (2:18; 3:1, 3, 4, 15). Según Josefo, aún era un niño (12 años) cuando el Señor le reveló el castigo que recaería sobre la casa de Elí por causa de la conducta profana de sus hijos (porque no los había corregido como debió hacerlo; 3:1-18). El Señor se le apareció a Samuel en otra oportunidad, pero el mensaje que contenía esa revelación no ha sido registrado. Como resaltado de todo esto, la nación lo reconoció como profeta cuando llegó a la adultez (vs 20, 21). Con el tiempo, los juicios de Dios cayeron sobre Israel y la casa de Elí. Sus hijos murieron en la batalla, el arca cayó en poder de los filisteos y el sumo sacerdote falleció, tal vez de un ataque cardíaco, al oír las noticias del desastre (4:1-18). Las evidencias arqueológicas revelan que la destrucción de Silo se produjo alrededor de esa época, quizá por los filisteos. Nunca más se menciona a Silo (fig 464) como sede del santuario, sino sólo como lugar desolado (Jer. 7:12-14; 26:4-6), pues cuando el arca les fue devuelta a los israelitas, quedó en Quiriat-jearim, donde estuvo por muchos años (1 S. 7:1, 2).


Desde entonces se convirtió en líder, profeta y juez de Israel. Exhortó a la nación a abandonar los ídolos y a servir sólo al verdadero Dios. En Mizpa, probablemente la moderna Tell en-Natsbeh, reunió al pueblo para que hiciera un pacto con Dios. Los filisteos creyeron que esa gran asamblea tenía intenciones hostiles, y la atacaron. Animados y conducidos por Samuel, los israelitas combatieron valientemente y lograron una gran victoria sobre sus enemigos; de ese modo recuperaron su libertad.


Mientras Samuel fue su líder, los filisteos no los molestaron más (1 S. 7:3-14). Ese triunfo reafirmó su autoridad como juez indiscutido del país.


Cada año administraba justicia en Gilgal, Betel y Mizpa, además de Ramá, la ciudad de residencia (vs 15-17). Parece que para el desempeño de estos deberes Samuel contaba con la ayuda de 1048 profetas que vivían en comunidades. La primera mención que se hace de ellos es en sus días (10:5; 19:20).


Al avanzar en años, Samuel nombró a sus 2 hijos como jueces adicionales y los ubicó en Beerseba, en el límite meridional del país. Pero, a diferencia de su padre, eran corruptos, y la gente se quejó de ellos. Insatisfechos con la falta de continuidad de una dirección sólida, los israelitas llegaron a la conclusión de que el establecimiento de la monarquía sería la mejor solución para sus problemas políticos. Por eso le pidieron que nombrara un rey sobre ellos. El profeta no aprobó este pedido, e incluso lo tomó como una disconformidad con su administración. Pero Dios le ordenó que accediera a las demandas del pueblo, señalándole que al expresar su deseo de pasar de una forma teocrática de gobierno a una monarquía, no lo estaban rechazando a él, sino al dirigente supremo, a Dios mismo.


Samuel recibió instrucción de advertirles acerca de las desventajas de su decisión, y de las inevitables consecuencias que iba a traer aparejadas sobre la vida de todos ellos este cambio de gobierno (1 S. 8:1-22). Al seguir las indicaciones de Dios, Samuel ungió a Saúl, primero en privado en Ramá y después en una ceremonia pública en Mizpa (cps 9 y 10). Una tercera ceremonia se celebró en Gilgal después de la victoria de Saúl sobre Nahas, rey de los amonitas (11:14-12:25).


Pero la conducta de Saúl pronto le reveló a Samuel que había razones para albergar gran preocupación. El nuevo rey comenzó a manifestar una actitud independiente y una persistente desobediencia a la conducción divina. En consecuencia, el profeta se vio obligado a decirle primero que su reino no iba a continuar (13:8-14), y más tarde que le sería quitado (15:22-29).


Samuel no volvió a ver a Saúl después de este incidente, aunque se lamentó por él (v 35). Luego, por orden de Dios, cumplió la peligrosa tarea de ungir a David como rey de Israel, aunque Saúl todavía estaba en pleno ejercicio de sus poderes (16:1-13). Cuando Saúl comenzó a perseguirlo, David se refugió temporalmente junto a Samuel (19:18, 19). Poco después de esto el anciano profeta falleció, y David huyó como fugitivo al desierto del sur de Judea (25:1). Samuel aparece otra vez en relación con la visita que el rey Saúl hizo a una médium espiritista (nigromante) que ejercía ilegalmente su profesión en Endor. Saúl le pidió a la mujer que lo contactara con el fallecido profeta. El espíritu que se le apareció a la mujer durante la sesión pretendió ser Samuel, y predijo la muerte* de Saúl (1 S. 28:3-19). Que este espíritu no era el del fallecido Samuel resulta evidente por las Escrituras, que enseñan que no hay conciencia después de la muerte y condenan la nigromancia y el espiritismo por ser obras del demonio.


Samuel fue un gran hombre. En el NT aparece entre los héroes de la fe (He, 11:32). Se manifestó como un dirigente político que recuperó la independencia y la libertad de su pueblo, y que logró conservarla durante el largo período que duró su administración. Estuvo en comunión con Dios desde su infancia, y constantemente obró en consonancia con la dirección divina. Como juez gozó de la alta estima del pueblo por su imparcialidad, su lealtad y su honestidad. Como fundador del reino de Israel manifestó humildad y prudencia al ponerse a un lado cuando el pueblo solicitó un nuevo líder. Por otra parte, era un hombre que no aceptaba transigencia alguna cuando estaba en juego el honor de Dios o cuando no se había llevado a cabo una orden directa del Señor. La cruenta severidad ejercida contra Agag (1 S. 15:33) es una ilustración de esto. No obstante, Samuel tenía un corazón tierno. Constantemente oraba por su pueblo (12:23) y nunca dejó de amar a Saúl, aun cuando se vio obligado a rechazarlo como rey. Desgraciadamente sus hijos no siguieron sus pasos (8:3).


Bib.: FJ-AJ v.10.4.


Samuel, Libros de.



Contienen el registro histórico del pueblo hebreo a partir del nacimiento de Samuel,* el último de los jueces, para proseguir con el establecimiento de la monarquía bajo Saúl y para cubrir el reino de David* prácticamente hasta su mismo fin. En todos los antiguos manuscritos hebreos, 1 y 2 S. constituyen un solo tomo, al que se le da el nombre de Samuel y que en el canon hebreo se encontraba entre los Antiguos Profetas (Jos. hasta 2 R., menos Rt.). Los masoretas descubrieron que 1 S. 28:24 se encontraba en la mitad del libro tal como aparecía en el texto que ellos disponían en su tiempo. La división del libro de Samuel en 2 partes se originó con los traductores de la LXX alrededor del s III a.C. con los títulos de "Primero de los Reinos" y "Segundo de los Reinos". En este arreglo 1 y 2 R. aparecían como "Tercero de los Reinos" y "Cuarto de los Reinos". En la Vulgata Latina, traducida por Jerónimo hacia fines del s IV d.C., se cambiaron los títulos para que se leyera "Reyes" en lugar de "Reinos".



I. Autor.


Los libros no nos proporcionan información alguna acerca de quién o quiénes pudieran ser sus autores. De acuerdo con la 1049 tradición judía, Samuel mismo habría escrito los primeros 24 capítulos de 1 S. (hasta la muerte del profeta). El resto de 1 S. más 2 S. habría sido escrito por los profetas Natán y Gad (1 Cr. 29:29). Cuando el libro se dividió en las Biblias hebreas (1517 d.C.), y más tarde en las Biblias en idiomas modernos, el nombre original de "Samuel" se le adjudicó a ambas porciones, aunque ese nombre no se menciona ni una sola vez en la 2ª parte (figura por última vez en 1 S. 28:20). Sin duda, el nombre de Samuel se le adjudicó a todo el conjunto, porque su vida y su ministerio dominan la 1ª porción del libro en su forma combinada. Aparte del tema de quién es el autor, el título es apropiado en vista del papel importante que desempeñó el último de los jueces, como uno de los mayores profetas (evidentemente fundador de las escuelas de los profetas), el instrumento señalado por Dios para el establecimiento del reino hebreo. Si el libro combinado fuera la obra de un solo autor, tendría que haber sido escrito después de la muerte de David (2 S. 23:1). Sin embargo, es más razonable concluir que 1 y 2 S. fueron escritos por varios autores, y que son la recopilación de 2 o más narraciones, cada una de ellas completa en sí misma. Sea como fuere, constituyen un registro inspirado de un período importante de la historia hebrea.


447. Restos de las primeras 2 columnas de un rollo del libro de Samuel encontrado entre los Rollos del Mar Muerto.


La LXX se aparta en algunas porciones del texto masorético, especialmente en 1 S. 17 y 18. Que esas diferencias de redacción pueden tener su origen en un manuscrito hebreo diferente del que usaron los masoretas y que llegó a ser el texto hebreo normativo, resulta evidente gracias a un manuscrito de Samuel descubierto entre los Rollos* del Mar Muerto. A partir de numerosos fragmentos, encontrados en la Cueva Nº 4 de Qumrán, se ha podido reconstruir unos 2/3 de un rollo de 1 y 2 S. Este rollo tiene una íntima relación con la LXX (fig 447).



II. Libros 1º y 2º.


Mientras 1 S. contiene el relato de la transición del gobierno hebreo a partir de los "jueces" administrativos y militares (que duró alrededor de un siglo; c 1111-c 1011 a.C.), 2 S. se refiere exclusivamente al reino de David (que duró unos 40 años; c 1011-c 971 a.C.). La transición algo repentina de siglos de pura teocracia (ejercida por medio de profetas y jueces) hacia la monarquía fue una época de difíciles ajustes para el pueblo hebreo. A esto le siguió una edad de oro que comenzó con el glorioso reinado de David.


El informe acerca de los últimos años de David y de su muerte aparece en los 2 primeros capítulos de 1 R.


La narración comienza con el nacimiento de Samuel, su dedicación a servir en el santuario y su llamado al ministerio profético (1 S. 1:1-4:1). Cuando Samuel sucede a Elí en el cargo de sacerdote, juez y profeta, Israel se halla postrado bajo los filisteos, pero pronto cambia el destino de la nación (cps 5-7). En las postrimerías de su ministerio la demanda popular de un rey conduce a la elevación de Saúl al trono (cps 8-12). Los primeros años del reinado de Saúl están marcados por guerras frecuentes con los filisteos y otras naciones vecinas (14:47). En ese tiempo Saúl desobedece 2 veces flagrantemente las claras instrucciones del Señor dadas por medio de Samuel (cps 13-15). Cuando Dios rechaza a Saúl como rey, Samuel unge secretamente a David; el resto de 1 S. se dedica mayormente a relatar los intentos de Saúl, nacidos de los celos, de destruir a David (cps 16-27).


Finalmente, en una batalla entre los filisteos y los israelitas, Saúl halla la muerte (cps 28-31). Después David llega a ser rey de Judá, y al cabo de unos 7 1/2 años de contiendas las otras tribus también lo reconocen como rey (2 S.1:1-5:5). Los cps 5-10 nos cuentan las glorias de los primeros años del reinado de David, mientras que los cps 11-21 se dedican en amplia medida a su pecado y a las dificultades familiares que afectan el trono. Los cps 1050 22-24 constituyen una especie de apéndice que contiene el himno de acción de gracias; de David, sus últimas instrucciones y una lista de sus valientes y de sus hazañas. La historia termina con el relato del pecado que cometió al censar al pueblo y los tristes resultados que le siguieron (cp 24; véase CBA 2:447-453).


Sanbalat


(heb. Sanballat, tal vez "el dios-luna da vida", "un castaño" o "fuerza para el ejército"; papiros aram. de Elefantina, Sn'blt; ac. Sin-uballitt "[el dios lunar] Sin ha dado vida").


Gobernador de Samaria (tal como lo revelan los papiros de Elefantina*), contemporáneo y enemigo de, Nehemías, quien lo llama "horonita" (Neh. 2:10, 19) sin mencionar su cargo oficial. No se sabe si "horonita" significa que era oriundo de una de las 2 poblaciones llamadas Bet-horón que se encontraban en el antiguo territorio de Efraín, o si era de la ciudad de Horonaim, en Moab, o si provenía de Haurán, en cuyo caso habría que haberlo llamado hauranita. Su nombre pagano y su origen, ya fuera de Moab o de la aramea Haurán, nos permiten sugerir que Nehemías lo llamaba "horonita" en forma despectiva, en vez de darle el título de "Gobernador de Samaria". Sanbalat, junto con el amonita Tobías y Gesem el árabe, por medio del ridículo, la intimidación y las amenazas trató de impedir que Nehemías reconstruyera los muros de Jerusalén. Lo acusó de rebelión contra el gobierno persa, lo invitó a la llanura de Ono para celebrar una conferencia, con la idea de secuestrarlo y asesinarle, e incluso hizo preparativos para lanzar un ataque armado contra Jerusalén.


Pero Nehemías estuvo a la altura de las circunstancias, y no cayó en ninguna de las trampas de Sanbalat. Tomo medidas eficaces para defender la Ciudad en caso de un ataque, que Sanbalat, por lo visto, no se atrevió a llevar a cabo (2:10, 19,20; 4:1-5, 7-9, 11-23; 6:1-9, 12-14). Más tarde, cuando Nehemías regresó a Judea para iniciar su segundo término como Gobernador, descubrió que un nieto de Eliasib, el sumo sacerdote judío, se había casado con una hija de Sanbalat. Consciente de la amenaza potencial a la moral del pueblo implícita en este hecho, Nehemías expulsó a la pareja (13:28).


El nombre Sanbalat aparece en una carta del 407 a.C., de los judíos, de Elefantina en Egipto, dirigida a Bigvai, el gobernador persa de Judea. En esa carta los judíos le pedían permiso a Bigvai para reconstruir su templo, que había sido destruido por enemigos egipcios, y afirmaban que también le habían escrito "a Dolías y Selemías, los hijos de Sanbalat, gobernador de Samaria", con la amenaza velada de que recurrirían a la ayuda de los samaritanos si las autoridades de Jerusalén no accedían a su solicitud (fig 448). Esto demuestra que Sanbalat todavía estaba vivo y aparentemente en ejercicio de su cargo en el 407 a.C., 37 años después de que Nehemías llegó por 1ª vez como gobernador de Palestina. Pero parece que estaba tan anciano en ese entonces que sus 2 hijos se desempeñaban como administradores. Véase Patros.


448. Papiro arameo de Elefantina que menciona el sumo sacerdote Johanán de Jerusalén (véanse los 2 recuerdos en la 1a línea de abajo) y Sanbalat, el gobernador de Samaria (véase el 1º recuerdo en la parte superior).




Josefo menciona a Sanbalat, y se refiere a él como un cuteo a quien Darío III (336/35-331 a.C.) había nombrado gobernador de Samaria, pero que se había puesto de parte de Alejandro después de la victoria de éste sobre Darío. Josefo afirma más adelante que Nicaso, la hija de Sanbalat, se casó con Manasés, hermano de Jadúa (el sumo sacerdote judío), y que consiguientemente Manasés fue expulsado de Jerusalén pero ordenado sacerdote de un templo construido por su suegro en el monte Gerizim, con el permiso de Alejandro Magno. Si Josefo, por confundir sus informaciones, se refería al Sanbalat del tiempo de Nehemías, entonces estos hechos habrían ocurrido en el s V a.C. Pero si se trata de otro Sanbalat de la época de Alejandro Magno, entonces sería en el s IV a.C. Al examinar la relación que existe entre la historia de Josefo y la narración bíblica, los eruditos en lo pasado han adelantado 3 opiniones: 1. Que Josefo estaba equivocado. 2. Que la historia de Josefo es correcta desde el punto de vista histórico, y que por tanto habría que corregir el libro de Nehemías. 3. Que hubo 2 Sanbalat (el 1º, el horonita, contemporáneo de Nehemías; el 2º, el cuteo, quien habría vivido 100 años más tarde, en la época del sumo sacerdote Jadúa y de Alejandro Magno). Los papiros de Elefantina 1051 han confirmado la corrección del registro bíblico con respecto a la existencia de Sanbalat en los tiempos de Nehemías; por esta razón la opinión 2 casi no tiene valor actualmente. La opinión 3 ha recibido últimamente una confirmación parcial gracias a ciertos papiros descubiertos en 1962 en una cueva en el Wâd§-Dâliyeh, a unos 16 km hacia el nornoroeste de Jericó. Gracias a estos documentos del s IV a.C. nos hemos enterado de que Delaías, hijo de Sanbalat -quien de acuerdo con los papiros de Elefantina habría sucedido a su padre como gobernador de Samaria-, tuvo como sucesor a otro Sanbalat (II), quizás hijo suyo, que a su vez tuvo como sucesor a su hijo Hananías. Puesto que ahora tenemos conocimiento de 2 Sanbalat que aparecen en los registros de la época, podemos llegar a la conclusión de que es correcta la historia de Josefo acerca de un Sanbalat (III) en tiempos de Darío III.


Evidentemente el nombre Sanbalat se repetía en los nietos de acuerdo con una costumbre que prevalecía en el Cercano Oriente y que se conoce con el nombre de "paponimia".


Bib.: FJ-AJ xi.7.2; 8.2, 4; xiii.9.1; xx.6.1; F. M. Cross, BA 26 (1963):110-121.


Sandalia.



Véase Calzado.


Sándalo


(heb. 'almuggîm y 'algûmmîm; ugar. 'lmg; ac. elammaku; generalmente se cree que las 2 palabras heb. se refieren al mismo árbol, puesto que la variedad de formas se debería a una transposición de caracteres).


Árbol de Ofir cuya madera habría sido usada en grandes cantidades para hacer las vigas del templo de Salomón y de su palacio, y también para fabricar instrumentos musicales (1 R. 10:11, 12; 2 Cr. 9:10, 11). No es posible lograr una identificación exacta de este árbol. Algunos eruditos suponen que se trataba del sándalo rojo, que produce una madera pesada, de grano fino y que alcanza una altura de unos 6 m. Su madera, negra exteriormente pero roja en su interior, tiene un olor repelente para los insectos pero agradable para los seres humanos. El problema es que no existe el sándalo en el Líbano. A pesar de ello, en el pedido inicial de materiales para el templo que se le hizo al rey de Tiro, y que él debía enviar, Salomón solicitó "madera del Líbano: cedro, ciprés y sándalo" (2 Cr. 2:8; cf 9:10, 11). Josefo le da a este árbol el nombre de pino. Por eso, otros eruditos sugieren que se trata de una especie oriental de sabina o de un junípero griego.


Bib.: PB 188, 189; FJ-AJ viii.7.1.


Sanedrín.



Véase Concilio.


Sangre


(heb. dâm; gr. háima).


Fluido vital que circula por el cuerpo para llevar nutrientes y oxígeno a todas partes del organismo, y a la vez productos de desecho para su eliminación (Lv. 17:11, 14; Dt. 12:23). Los israelitas no estaban al tanto de todos los detalles de estas funciones, pero sí de la íntima relación que hay entre la sangre y la vida, pues la Ley declaraba: "Porque la vida de la carne en la sangre está" (Lv. 17:11); también les estaba vedado comer sangre (Gn. 9:3, 4; Lv. 17:10-14; Hch. 15:20, 29). Sin duda, esta prohibición tenía bases higiénicas, pero también debió haber tenido valor como instrucción. El uso más significativo de la sangre en tiempos del AT se echaba de ver en los sacrificios, y mayormente en los servicios del santuario. La sangre derramada prefiguraba la sangre de Cristo, la vida inapreciable del Hijo de Dios, quien iría al sacrificio como la única esperanza de una raza caída y condenada (1 Co. 10:16; Ef. 2:13; He. 9:14; 10:19; 1 P. 1:2; Ap. 12:11). La salvación por medio de la sangre de Cristo es el tema central del evangelio (Ro. 3:25; 5:9; Ef. 1:7; Col. 1:20; He. 9:22; Ap. 1:5; etc.).


Sangre, Vengador de la.



Véase Vengador de la sangre.


Sanguijuela


(heb. {alûqâh).


Verme anélido, chupasangre, muy común en Palestina. Es notable por su insaciable sed de sangre, y aparentemente esta característica estaba en la mente del autor de Proverbios cuando dijo: "La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame! ¡dame!" (Pr. 30:15).


Sanidad, Don de.



Véase Dones espirituales.


Sansana


(heb. Sansannâh, quizá "rama de palma [palmera]").


Ciudad del sur de Judá (Jos. 15:31) identificada con Khirbet
esh-Shamsan§iyât
, a unos 14 km al noreste de Beerseba.


Sansón


(heb. Shimshôn, "semejante al sol", "fuerte" o "hijo del pavor"; gr. Sampson).


Algunos entienden que el nombre se deriva de shemesh, "sol", con una desinencia diminutivo que le da el sentido de "solecito"; otros lo relacionan con el verbo shâmam, "destruir", y argumentan que Sansón significa "destructor". Josefo afirma que quiere decir "el fuerte", pues lo deriva de shâmên, "gordo", "robusto".


Héroe del período final de los jueces y quien llevó a cabo hazañas -las que revelan que poseía una fortaleza sobrehumana- durante la opresión filistea sobre Judá y Dan, poco antes de que Saúl llegara a ser rey de Israel.


Aunque se le da el título de "juez", es tan diferente en carácter y actividades de los otros jueces que difícilmente se lo pueda 1052 comparar con los líderes mayores (Otoniel, Aod, Barac, Gedeón, Jefté) o con los menores (Tola, Jair, lbzán, Elón, Abdón). Poseía una fortaleza singular, mediante la cual llevaba a cabo hechos heroicos de extraordinario valor. Si su carácter moral hubiera estado a la altura de su fortaleza física, Dios lo habría usado poderosamente para librar a su pueblo. Como consecuencia de su debilidad moral, fracasó y no cumplió plenamente la obra que Dios le había encomendado, y finalmente murió en cautiverio y sumido en la ignominia.


Un ángel le anunció el nacimiento de Sansón a su madre, que era estéril, y al mismo tiempo le dio instrucciones con respecto a cómo debía criarlo y cuál sería la tarea que llevaría a cabo su hijo. Tenía que ser nazareo,* y por eso se debía someter a ciertas restricciones (Jue. 13). La familia de Sansón pertenecía a la tribu de Dan y vivía en Zora (v 2), en la región del valle, no lejos de donde moraban los filisteos. De allí que probablemente haya experimentado la dureza del opresor dominio de estos. Los hechos de Sansón que aparecen registrados se pueden dividir en 5 episodios, pero es necesario recordar que no toda su vida ni todos sus actos de heroísmo aparecen en la Biblia.



1.


Después que Sansón, bajo la influencia del Espíritu de Dios, hubo llevado a cabo definidos actos de heroísmo (Jue. 13:25), se enamoró de una joven filistea de Timnat y se casó con ella. En la fiesta de bodas les presentó a sus huéspedes filisteos un acertijo que se basaba en la experiencia tenida con un león, al que había dado muerte. La incapacidad de estos para resolver el acertijo produjo una cantidad de complicaciones que desembocaron en su total enemistad con ellos. Más tarde entregaron a su esposa a otro hombre y él se vengó incendiando algunos campos y olivares enemigos. Cuando tomaron represalias quemando a su esposa y al padre de ella, Sansón dio muerte a muchos filisteos (14:1-15:8). Mapa VI, E-2.



2.


Luego Sansón encontró refugio en la "peña de Etam". Mientras se encontraba allí los filisteos invadieron Judá para vengarse de él.


Temerosos de ellos, 3.000 habitantes de Judá fueron a buscar a Sansón para entregarlo a sus enemigos, y él convino con ellos para que lo ataran con ese fin. Pero cuando lo llevaron ante los filisteos, el Espíritu del Señor descendió sobre él y, después de romper las cuerdas con que lo habían atado, dio muerte a 1.000 de ellos y los demás huyeron. Cuando terminó la matanza estaba tan sediento que tuvo miedo de morir, pero Dios respondió su oración y milagrosamente le proporcionó agua. Luego de este incidente su pueblo lo nombró juez (Jue. 15:9-20).



3.


El siguiente acontecimiento que se registra lo presenta de nuevo como esclavo de sus inclinaciones carnales. Se fue a la fortaleza filistea de Gaza a visitar a una prostituta, poniéndose de este modo en manos de sus enemigos, quienes decidieron vengarse de él. Pero Sansón se fue de la casa de la mujer a medianoche, y cuando se encontró con la puerta cerrada de la ciudad, la arrancó de sus goznes y la llevó a la cima de la colina que se hallaba en dirección de Hebrón (Jue. 16:1-3).



4.


Una vez más sus pasiones se adueñaron de él. Se enamoró de Dalila, una mujer del valle de Sorec. Al enterarse de esto, los filisteos le ofrecieron a ella una gran suma de dinero si averiguaba cuál era el secreto de su fuerza. Fallaron en 3 intentos para apoderarse de él, porque Sansón le dio a la mujer explicaciones engañosas acerca de su fortaleza sobrenatural y de cómo se lo podría debilitar. Pero finalmente cedió, y le reveló que su largo cabello, símbolo de su fuerza, nunca había sido cortado. Mientras dormía, Dalila se lo cortó y su fortaleza lo abandonó. Los filisteos lo capturaron, le sacaron los ojos y lo encerraron en la cárcel de Gaza (Jue. 16:4-21), donde lo pusieron a moler granos en un molino,* para que así llevara a cabo la humillante tarea de un esclavo.



5.


En ocasión de una gran fiesta filistea que se celebró en Gaza para ofrecer sacrificios al dios Dagón, trajeron a Sansón para exhibirlo en público en el templo. Este se encontraba lleno de gente y unos 3.000 más estaban en la terraza. Aparentemente Sansón conocía el edificio, porque había estado en Gaza antes. Aferrándose de las 2 columnas centrales que sostenían el techo, oró a Dios y pidió que le diera la fuerza necesaria para vengarse de la humillación sufrida a manos de los filisteos. Recurriendo a toda su fuerza, sacó las columnas de sus fundamentos, con el resultado de que el techo, sobrecargado, se derrumbó, dando muerte a una gran cantidad de los que estaban en la terraza, y sepultando a Sansón y a la mayor parte de los que se encontraban reunidos en el templo (Jue.16:22-30). Sus parientes vinieron después, reclamaron el cadáver y lo sepultaron en la tumba de su padre, cerca de Zora. Juzgó a Israel c 20 años (v 31).


A pesar de sus graves defectos, Sansón figura entre los grandes héroes de la fe del NT (He. 11:32), posiblemente porque al final fue consciente de su total dependencia de Dios, a 1053 quien invocó en su último acto de valor.


Su muerte no debería considerarse suicidio, sino un acto de sacrificio propio llevado a cabo en cumplimiento de su vocación. Así, la historia de Sansón no sólo nos presenta a un instrumento escogido por Dios, cuyas complacencias, debilidades y pasiones imposibilitaron el cumplimiento de su misión, sino que también nos proporciona valiosa información con respecto a las costumbres de la época de los jueces, de la cual sabríamos muy poco si no fuera por esto. Nos enteramos, por ejemplo, que las fiestas relacionadas con los ritos nupciales duraban varios días; que en tales ocasiones a veces se proponían acertijos a los invitados; que el padre le entregaba la novia al novio; y que se daba a otro hombre la esposa rechazada por su marido. Este relato también arroja alguna luz acerca de cómo se castigaban los crímenes y cómo se trataba a los encarcelados.


Bib.: FJ-AJ v.8.4.


Santiago


(gr. Iákobos, "suplantador"; heb. Ya{aqôb; lat. Iacobus, Jacobo).


En realidad, Santiago viene del lat. Sanctus Iacobus, "San Jacobo". Por esto el nombre también aparece a veces como Jacobo o Jacob. Para mayor información acerca de los Santiagos y Jacobos de la Biblia, véase Jacobo.


Santiago, Epístola de.



Epístola general o católica dirigida "a las doce tribus que están en la dispersión" (1:1); es decir, no destinada a una iglesia en particular. En los manuscritos más antiguos o no tiene título, o simplemente lleva el de "Epístola de Santiago". En el Códice Sinaítico, "Epístola de Santiago" aparece como una especie de postdata al final. En los textos más viejos del NT que existen, las 7 epístolas desde Santiago hasta Judas siguen inmediatamente después de Hechos de los Apóstoles y preceden a las de Pablo. Su derecho a ocupar un lugar en el canon de la Biblia nunca ha sido puesto en duda seriamente.



I. Autor.


La identidad del autor es incierta, ya que se presenta sólo como "Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo" (Stg. 1:1), y en el NT figuran varias personas con ese mismo nombre. Esta simple introducción parecería indicar que cuando se escribió la epístola sólo había un Santiago conocido por la iglesia de la "dispersión" como un líder prominente y reconocido.


Esto nos llevaría a fijar la fecha de la composición de la epístola en un momento posterior al martirio de Santiago (Jacobo), el hermano de Juan, acaecido c 44 d.C., con lo que quedarían sólo Jacobo (Santiago) el hijo de Alfeo, y Santiago el hermano de nuestro Señor -comúnmente identificado con Santiago, líder prominente de la iglesia de Jerusalén-, como los posibles autores de la carta. Evidentemente el autor esperaba que sus lectores no discutieran su autoridad. Por tanto, de todos los líderes conocidos del NT, Santiago, el anciano de la iglesia de Jerusalén, parece el más calificado, Véase Jacobo 6, 7.



II. Ambientación.


Si cuando dice "las doce tribus que están en la dispersión" (1:1) se refiere a los judíos literales de la diáspora (dispersión), o a creyentes cristianos en general, incluidos los gentiles, no se puede saber a ciencia cierta. Sin embargo, la instrucción contenida en la epístola parece sumamente apropiada para judíos literales (véase 2:21), quienes ya habían aceptado a Jesús como "Señor" (1:1, 7, 21; 2:1; 5:7, 11).



III. Tema.


La carta se refiere en forma concreta a problemas de orden práctico que habían surgido en el seno de la iglesia, no tanto a problemas doctrinales en sí, y pone el acento en la influencia de la fe sobre la vida. Las obras que produce la fe diferencian al verdadero cristiano del que no ha experimentado una genuina conversión (cp 2). Por "obras" Santiago entiende los hechos que son el resultado de una fe viviente, y no las "obras" de la ley por medio de las cuales los judíos en general pretendían alcanzar la justicia. El no haber entendido bien este punto condujo a algunos a considerar erróneamente que Santiago discrepa con las enseñanzas de Pablo en Romanos y Gálatas. Aunque la epístola no presenta un argumento único y estrechamente entretejido, sus diferentes partes se relacionan suficientemente y cubren diferentes aspectos del cristianismo práctico.



IV. Estilo literario y Contenido.


La carta está escrita en un griego sencillo, pero excelente, y sus eficaces ilustraciones tomadas de la naturaleza nos recuerdan algunos profetas del AT, como Oseas y Amós. La habilidad literaria del autor resulta evidente por el lenguaje gráfico mediante el cual da a entender a sus lectores las verdades vitales que les quiere enseñar (1:6, 11; 2:1-4, 15, 16; 3:1-12, 17; 4:13-16; 5:1-6; etc.; hay una cantidad de declaraciones que parecen alusiones al Sermón del Monte). Después de la más breve de las introducciones (1:1) el autor entra inmediatamente en tema, y aborda primero la necesidad de tener paciencia y perseverancia frente a la aflicción y la tentación (vs 2-18). A continuación, subraya la importancia de la aplicación a la vida de los principios de la religión, y así establece un contraste con la actitud vana y engañosa de los que divorciaban la religión 1054 de la conducta (vs 19-27). En el cp 2:1-13 pone énfasis en el principio del amor -tal como aparece enunciado en la 2a tabla del Decálogo-, y en los vs 14-26, en la vanidad de una profesión de fe que carece del respaldo de las "obras" correspondientes. En el cp 3 destaca la suprema importancia de un lenguaje puro y lleno de gracia. En el cp 4 resalta el principio por el cual los cristianos deben conservar la paz y la buena voluntad entre ellos y, por consiguiente, deben evitar las contiendas y los conflictos. El capítulo final trata breve, pero enfáticamente, acerca de que los trabajadores deben recibir un salario justo (5:1-6). Para terminar, Santiago exhorta a los cristianos a ser pacientes y circunspectos mientras aguardan la venida del Señor (vs 7-13). Da instrucción especial con respecto a la oración por los enfermos (vs 14-18), y los invita a manifestar un sincero interés en el bienestar espiritual de los otros creyentes (vs 19, 20; véase CBA 7:513-517).


Santificación


(gr. haguiasmós [del verbo haguiázo, "consagrar", "santificar", "separar"; equivalente al verbo heb. qâdash, "apartar del uso común"], "santidad", "consagración","santificación").


De acuerdo con el concepto teológico moderno, la palabra santificación se refiere al proceso del desarrollo del carácter, o al resultado de dicho proceso. Sin embargo, tal como se las usa en el NT, "santificación" y "justificación"* son en esencia términos equivalentes. El 1o se refiere al cambio de condición: de la pecaminosidad a la santidad; el 2º, al paso de la injusticia a la justicia (Ro. 6:19). Por eso, se presenta el comienzo de la santificación como algo que ya ha ocurrido (1 Co. 6:11, donde dice: "Ya habéis sido santificados"; CBA 7:476). Esto no quiere decir que los autores del NT no tenían nada que opinar con respecto al concepto moderno de "santificación", porque se refieren a él a menudo y ampliamente con expresiones como "sigue la justicia" (1 Ti. 6:11), "andemos en vida nueva" (Ro. 6:4), "transformaos" (12:2), "perfeccionando la santidad" (2 Co. 7:1), "crezcamos en... Cristo" (Ef. 4:15), "prosigo a la meta" (Fil. 3:12-15), "sobreedificados en él [Cristo]" (Col. 2:7), "completos en todo lo que Dios quiere" (4:12), peleando "la buena batalla de la fe" (1 Ti. 6:12; cf v 11), participando "de la naturaleza divina" (2 P. 1:4), creciendo "en la gracia" (3:18), etc. Mediante la justificación el hombre recibe al Señor Jesucristo, y mediante la santificación aprende a andar en armonía con su voluntad (Col. 2:6, 7). La justificación se produce en un momento, mientras la santificación dura toda la vida.


Santísimo, Lugar.



Véanse Tabernáculo; Templo.


Santo.



Traducción de varios sinónimos griegos y hebreos que se refieren en general a lo que es sagrado y separado de lo común. Además de referirse al alejamiento de todo lo que contamine, el término, tal como se lo usa comúnmente, incluye, cuando se lo aplica al pueblo de Dios, el concepto de perfección moral. A menudo manifiesta un fuerte énfasis en la dedicación de algo o alguien a un uso religioso o sagrado (cf Ex. 19:6; 30:31, 32; Lv. 21:6; He. 3:1; etc.). El término se usa: 1. Para la santidad absoluta de Dios (1 S. 2:2; Sal. 99:9; Is. 6:3; Ap. 15:4; etc.). 2. En la frase "el Santo de Israel", uno de los títulos del Señor (Is. 47:4; Ez. 39:7; etc.). 3. En los nombres de los compartimentos del Santuario y del Templo (Ex. 26:33; 2 Cr. 4:22; He. 9:12, etc.). 4. En referencias al carácter que se espera se manifieste en los hijos de Dios (1 P.1:15, 16); etc.


En algunos pasajes bíblicos se expresa el concepto de santo con "apartado" (heb. sûr, "desviar/se", "apartar/se", "retirar/se"; gr. ekklíno, "desviarse de", "esquivar", "evitar"). El vocablo aparece en Job 1:1, 8, 2:3; 2 P. 3:11; etc., y que tiene el sentido de "abstenerse [apartarse] de"; principalmente el de "huir [escapar] asustado de" algo.


Santo, Lugar.



Véanse Tabernáculo; Templo.


Santo de Israel, El


(heb. Quedôsh YiÑâ'êl, "el Santo de Israel").


Título de Dios que implica su absoluta perfección, y que Israel, su pueblo, puede aspirar a la misma norma de carácter. Los paganos no le atribuían perfección de carácter a sus divinidades, y las consideraban "santas" sólo en el sentido de que eran sagradas e inviolables. La expresión "Santo de Israel" es característica de Isaías, que la usa 22 veces (ls. 37:23; 41:14; etc.), en comparación con las 7 veces más que aparece en el resto de las Escrituras. Su visión del carácter de Dios (ls. 6) produjo una reforma en su propia vida, y lo indujo a poner énfasis en la perfección divina al instar a Israel a luchar con perseverancia para lograr, con ayuda del Señor, la santidad.


Santuario


(heb. miqdash, "lugar sagrado", "santuario"; qôdesh, "lo que es santo", "[lugar] santo", "[cosas] santas" [ambas palabras provienen del verbo qâdash, "poner aparte"; es decir, apartar algo del uso común]; gr. háguios [a menudo en plural], "lo que es santo", "santuario").


Lugar consagrado a la adoración del verdadero Dios, especialmente el tabernáculo* erigido en el monte Sinaí (Ex. 25:8, etc.) 1055 y el templo,* que se levantó más tarde en el monte Moriah (2 Cr. 3:1; 20:8; etc.). El santuario mencionado en Am. 7:13 era un lugar nacional de idolatría, tal vez un templo, erigido por Jeroboam en Betel para la adoración del becerro de oro establecido allí. En el NT se mencionan los "santuarios" (gr. sébasma) con la idea, propia del original, de "objetos de devoción [adoración]". Estos objetos que Pablo observó en Atenas lo llevó a concluir que los atenienses eran "demasiado supersticiosos" o "muy religiosos". Con respecto a los servicios del santuario véanse Continuo; Sacerdote; Sacrificios y Ofrendas.


Saquías


(heb. Ðâkeyâh, quizá "Jehová mira").


Descendiente de Benjamín (1 Cr. 5:10).


Sara


(heb. Ðârâh "princesa" o "señora"; gr. Sárra).


Esposa de Abrahán (Gn. 11:29) e hija* del padre de éste, pero no de su madre (20:12). Era unos 10 años menor que su marido (17:17) y, por tanto, tenía unos 65 años cuando su esposo partió rumbo a Harán (quien tenía 75 años; 12:4). Poco después de llegar a Palestina se produjo una hambruna que los obligó a ir a Egipto para mantener con vida su numerosa familia. Temeroso de que la belleza de Sara, a pesar de su edad, atrajera la atención de los egipcios, Abrahán la presentó como su hermana. En vista de que parecía soltera, se la llevaron al harén de Faraón. Pero el rey se la devolvió cuando se enteró de su verdadero estado, reprendió al patriarca por su engaño y le pidió que abandonara el país (vs 10-20). Este no aprendió la lección y de nuevo la presentó como hermana, esta vez en el país de Abimelec de Gerar (20:1-18).


Cuando ya tenía unos 75 años (cf 16:16; 17:17) y había perdido la esperanza de llegar a ser madre, le pidió a su esposo que tuviera un hijo con Agar, su sierva egipcia. Al formular esta propuesta, Sara estaba siguiendo la costumbre de su Mesopotamia natal (véase CBA 1:329, 330).


Como resultado nació Ismael (Gn. 16:1-16). Más tarde, cuando tenía unos 89 años, Sara recibió la promesa definida de que en el término de un año daría a luz un hijo. En esa ocasión su nombre, que hasta entonces había sido Sarai, fue cambiado por el de Sara. La promesa se cumplió con el nacimiento de Isaac (17:1, 15-22; 18:9-15; 21:1-5). Durante la fiesta del destete de Isaac, Sara vio que Ismael lo "burlaba" (21:9; Gá. 4:29), y exigió que Agar y su hijo fueran expulsados del seno de la familia. Bajo la dirección de Dios, Abrahán obedeció con pena (Gn. 21:9-14). Nada más se dice de Sara, excepto que murió a la edad de 127 años en Quiriat-arba (o sea, Hebrón; 23:1, 2). Fue sepultada en la cueva de Macpela, que Abrahán compró después de la muerte de su esposa para sepulcro familiar (vs 19, 20). Isaías se refiere a ella como la madre de la nación israelita (ls. 51:2), y Pablo como la madre del hijo de la promesa (Ro. 4:19; 9:9). Pedro la presenta como el ejemplo de una buena esposa (1 P. 3:6), y en He. 11:11 se la alaba por su fe.


Saraf


(heb. Ðârâf, literalmente, "alguien que arde"; de aquí proviene "serafín", "serpiente" o "ardiente").


Descendiente de Sela, hijo de Judá. Fue gobernador de Moab en una época que no se especifica, posiblemente cuando esta nación estuvo bajo el dominio de David o Salomón (1 Cr. 4:22).


Sarai


(heb. Ðâray [1], "mi princesa" o "contenciosa"; ac. Saraia: heb. Sharay [2], tal vez "Yahweh liberta", "libre [libertad]"o "principio").



1.


Nombre original de Sara,* la esposa de Abrahán (Gn. 11:29; etc.).



2.


Israelita casado con una mujer extranjera en tiempos de Esdras (Esd.
10:40
).


Sarar


(heb. Shârâr, "firme").


Hombre cuyo hijo Ahíam fue uno de los valientes de David (2 S.23:8. 33); en 1 Cr. 11:35 se lo llama Sacar. Véase Sacar 2.


Sárdica.



Véase Sardio.


Sardio


(heb. 'ôdem).


Piedra preciosa cuya exacta identidad es incierta (Ex. 28:17; 39:10). La raíz hebrea de la palabra nos indica que era de color rojo. Esta joya se encontraba en la 1ª hilera de piedras preciosas que adornaban el pectoral del sumo sacerdote (Ex. 28:12, 13). Algunos eruditos sostienen que se trataría del jaspe* rojo; otros, de la cornalina.*


Sardis


(gr. Sárdeis, "el sol").


Antigua capital del reino de Lidia. Estaba ubicada en la ladera del monte Tmolo y protegida en 2 de sus lados por el río Pactolo, tributario del Hermo.


La ciudad original fue edificada totalmente sobre la colina (fig, 449) y provista de fuertes muros protectores: más tarde se extendió hacia la llanura que se encuentra al pie. Aparece en la historia por 1ª vez en el s VII a.C., cuando era la capital del reino de Lidia, el país donde se inventaron las monedas acuñadas, tan importantes para la economía mundial. En el 457 a.C. Ciro tomó la ciudad y se llevó prisionero a Creso, su rey, quien era fabulosamente rico. De allí en adelante se convirtió en la capital de una satrapía persa, desde donde los persas dirigían sus ataques contra los griegos. Más tarde, cambió de manos varias veces. Primero la tomó Alejandro, después Antíoco el Grande, y en el 190 a.C. se la incorporó 1056 al reino de Pérgamo. Cuando este reino pasó a ser una posesión romana en el 133 a.C., Sardis formó parte de la provincia de Asia. Un terremoto la arrasó en el 17 d.C., pero la reconstruyeron con la ayuda del emperador Tiberio. Su destrucción final ocurrió en 1402, cuando la conquistaron los mongoles a las órdenes de Timur o Tamerián. Nada quedó de su antigua gloria, salvo algunas ruinas. Una aldea cercana todavía conserva el viejo nombre de la ciudad: Sart. Mapa XX, B-4.


449. Colina con las ruinas de la Sardis antigua.


A partir de 1910 y hasta 1914 una expedición norteamericana realizó excavaciones en el lugar bajo la dirección de C. Butler, la que trajo a luz las impresionantes ruinas de un gran templo del s IV a.C. dedicado a Cibeles, la diosa madre, a quien se le daba localmente el nombre de Artemisa (la Diana de los romanos) en tiempos del NT. Todavía están en pie 2 de las columnas de este templo, de 20 m de altura (fig 450). Junto a ellas aparecen las ruinas de una pequeña iglesia cristiana del s IV d.C. Las excavaciones se reanudaron a partir de 1958 bajo la dirección de G. Haufmann de la Universidad de Harvard. Estaban patrocinadas por la Fundación Bollingen, la Facultad Norteamericana de Investigaciones Orientales, y las universidades de Harvard y Cornell. Esta nueva expedición ha desenterrado tumbas reales y privadas, e impresionantes estructuras del período romano, entre las cuales figuran 2 iglesias cristianas en lo que parece haber sido el barrio cristiano de la ciudad. Una de ellas se remonta al s IV d.C. Un edificio espectacular era una antigua sinagoga judía, la más grande que se haya encontrado. Tenía unos 58 m de largo por 20,7 m de ancho, y posiblemente estuvo en uso desde el 200 hasta el 616 d.C.


Entre los donantes que aparecen en las inscripciones figuran 9 consejeros de la ciudad, un contador y un ex procurador, lo que nos permite descubrir cuán importante era la comunidad judía de Sardis. Que existía una iglesia cristiana en esa ciudad antes de que terminara el s I d.C. lo evidencia la carta que Juan le escribió desde la isla de Patmos (Ap. 1:11; 3:1-6). Para mayor información acerca de la importancia de Sardis como la sede de una de las 7 iglesias del Apocalipsis, véase CBA 7:102-104, 772, 773.


Bib.: G. M. A. Hanfmann, Letters From Sardis [Cartas desde Sardis] (Cambridge, Mass., 1972).


450. Columnas del gran templo dedicado a Artemisa en Sardis; a la izquierda, ruinas de una iglesia cristiana.




Sarepta


(heb. Tsarefath, [lugar, taller de] "refinación [fundir, joyero]"; cun. Sâriptu; egip. 93rpti; en un antiguo sello que sé encontró en Tsarafand aparece como Tsrpt; gr. Sárepta).


Población fenicia ubicada a unos 22,5 km al norte de Tiro, hoy una aldea llamada Tsarafand. Puesto que se encontraba junto al camino costero que conducía a Fenicia, muchos ejércitos pasaron por sus inmediaciones y por eso aparece en registros antiguos, pero nunca fue una ciudad importante.


Se la menciona como la ciudad donde Elías recibió atenciones de una pobre viuda en ocasión de una gran sequía, y a cuyo hijo resucitó más tarde 1057 como recompensa por su abnegación (1 R. 17:8-24; Lc. 4:26).


Abdías vislumbró que los límites del territorio de Israel se extenderían hasta Sarepta (Abd. 20; figs 451, 517). Mapa IX, B-3.


451. La aldea de Tsarafand, la Sarepta bíblica, en el Líbano.


Las excavaciones llevadas a cabo bajo la dirección de J. B. Pritchard, a partir de 1969, han permitido descubrir los restos fenicios y romanos de la población como asimismo el puerto construido por los romanos. Resulta evidente que ese lugar estuvo habitado en la última parte del 2º milenio a.C. y la mayor parte del 1º milenio. Se descubrieron más de 20 hornos para fabricar artículos de alfarería, lo que pone en evidencia que debió haber sido un centro de elaboración de esa artesanía.


Bib.: T. L. McClellan, IDBS: 977, 978, J. B. Pritchard, Sarepta (Filadelfia,1975).


Saretán


(heb. Tsârethân, de significado incierto).


Lugar que estaba ubicado en el valle del río Jordán, aparentemente en la margen oriental de dicha corriente, cerca de Adam (Jos. 3:16). El rey Salomón instaló allí sus hornos de fundición aprovechando la tierra arcillosa del lugar (1 R. 7:46). Parecería que a este sitio se le da el nombre de Seredata* en 2 Cr. 4:17. También la Zerera* de Jue. 7:22 puede ser identificada con Saretán. En 1 R. 4:12 parece que se la ubica más hacia el norte, cerca de Bet-seán, al sur de Jezreel. Por eso su identificación resulta difícil, y las propuestas de algunos eruditos no son aceptadas por otros. N. Glueck la identifica tentativamente con la actual Tell es-Sa{§d§yeh, ubicada a unos 1,6 km al este del Jordán y al oeste de Jerás. Las excavaciones llevadas a cabo en Tell es-Sa{§d§yeh, bajo la dirección de J.B. Pritchard desde 1964 hasta 1967, permitieron descubrir en el nivel inferior del montículo un cementerio con tumbas provistas de ricos ornamentos funerarios provenientes de los ss XIII-XI a.C., y en el nivel inmediatamente superior un barrio residencial de los ss IX-VII a.C., además de restos de épocas posteriores. Mapa VI, D-4.


Bib.: J. B. Pritchard, BA 28 (1965):10-17; T. L. McClellan, IDBS: 978. 979; N. Glueck, BASOR 90 (1943):6-8.


Sarezer


(heb. Shar'etser, tal vez "príncipe del fuego"; ac. Sharutsur, "protege al rey").


El rollo del Mar Muerto (1QIsa) deletrea este nombre así: Ðr'wtsri [el texto masorético lo escribe Ðhr' tsr], e indica, mediante la consonante w la correcta pronunciación del nombre en ac.).



1.


Hijo de Senaquerib. Junto con su hermano Adramelec asesinaron a su padre, pero ninguno de ellos logró apoderarse del trono y ambos huyeron a Armenia (2 R. 19:37: Is. 37:38).



2.


Hombre enviado con un compañero desde Betel a entrevistarse con los sacerdotes, evidentemente en Jerusalén (Zac. 7:2), para consultarlos acerca de si se debían seguir observando los ayunos del 5o mes (v 3; instituidos para manifestar dolor por la destrucción de Jerusalén) en circunstancias en que se estaba reconstruyendo la ciudad. Que este israelita posterior al exilio ostentara un nombre acadio era una indicación de que había nacido en la Mesopotamia.


Sargón


(heb. Sargôn, quizá "príncipe del sol" o "él establece al rey"; aram. Srgn y Ðrkn; as, Sharru-kên).


Nombre de varios reyes de Mesopotamia, de los cuales sargón II (722-705 a.C.) de Asiria aparece en la Biblia (fig 452). Las Escrituras mencionan a Sargón II solamente en Is. 20:1, en relación con una campaña que lanzó contra la ciudad de Asdod. El nombre del 1º, rey asirio que se logró 1058 descifrar fue el de Sargón II. Esto ocurrió a mediados del s XIX d.C., cuando la asiriología estaba en pañales, y por este hecho la arqueología bíblica obtuvo uno de sus primeros triunfos, porque Sargón habría sido completamente desconocido a no ser por su aparición en el libro de Isaías.


Ascendió al trono de Asiria después de la muerte de Salmanasar V. Probablemente era un usurpador, aunque pretendía, de acuerdo con un texto que se ha preservado, ser hijo de Tiglat-pileser III. Fue un rey poderoso, un gran conquistador y el fundador de la más importante dinastía de Gobernantes asirios, bajo los cuales el imperio alcanzó sus más grandes triunfos. En sus numerosas campañas derrotó a los elamitas al este, a Marduk-apal-idina (el Merodac-baladán bíblico) de Babilonia en el sur, y a los urarteos y arameos en el norte y el noroeste. En una de sus últimas inscripciones pretende haber tomado Samaria y haber deportado a 27.290 israelitas y sus dioses, quizá refiriéndose a los becerros de oro que Jeroboam I instaló en Dan y Betel. Pero, según la información cronológica bíblica, es más posible que Samaria cayera poco antes de la muerte de Salmanasar V, cuando Sargón todavía era comandante del ejército.


Sin embargo, sí podría ser posible que éste fuera el responsable del traslado de la población de Samaria a otros lugares del imperio (2 R.17:6), y del asentamiento inicial de colonos provenientes de Babilonia y de otros lugares (v 24) en el territorio de Samaria. Sargón condujo muchas campañas militares durante los 17 años de su reinado, pero no se sabe si combatió contra el rey Ezequías, aunque él se considera vencedor de Judea y pretende que ese país le pagó tributo. Es especialmente bien conocido por, ser el constructor de una nueva capital, Dûr-Sharrukên, llamada ahora Khorsabad, ubicada a unos 16 km al noreste de Nínive.


Dûr-Sharrukên fue la primera ciudad-palacio asiria excavada que reveló sus antiguos tesoros ante el excavador moderno (fig 392). Sucedió a Sargón en el trono, en el 705 a.C., su hijo Senaquerib. Mapa XI, B-5.


Bib.: ANET 248-286; Iraq 16 (1954):180; ANET 287.


Sarid


(heb. Ðârîd.,"sobreviviente").


Ciudad fronteriza perteneciente a la tribu de Zabulón (Jos. 19:10, 12), identificada con Tell Shadûd, y ubicada a unos 6 km al sudoeste de Nazaret. Mapa VI, C-3.


Sarna


(heb. gârâb; ac. garabu).


Enfermedad contagiosa de la piel que presenta multitud de vesículas y pústulas diseminadas por todo el cuerpo, producidas por el ácaro de la sarna o arador, que causa viva picazón (Lv. 21:20; 22:22; Dt. 28:27).


Sarón


(heb. Shârôn, "llano [llanura]"; fen. Shrn; egip. S3rn3; gr. Saron).



1.


Región ubicada al oriente del Jordán (1 Cr, 5:16); no ha sido identificada con certeza. Hay quienes creen que se trata de la meseta que se extiende entre el Arnón y Hesbón; otros piensan que es un error del copista y que el nombre debería ser Sirión,* que es el monte Hermón. Los 2 nombres son prácticamente iguales en el hebreo manuscrito.



2.


Llanura costera ondulada de Palestina, entre Jope y la cadena del Carmelo, cuya longitud es de unos 80 km y cuya anchura varía entre 9 y 19 km. La región es fértil y apta para el pastoreo (1 Cr. 27:29; Is. 35:2; 65:10).


Pero las dunas que se forman en la costa han invadido la tierra productiva, como consecuencia de lo cual la zona cultivable es más reducida ahora que en la antigüedad. Muchos habitantes de la región aceptaron la fe cristiana después que Pedro curó a un paralítico en Lida (Hch. 9:35). Mapa II, B-2.


Saronita


(heb. shârônî, "oriundo de Sarón").


Sobrenombre de Sitrai, un mayordomo de David que vivía en la llanura de Sarón (1 Cr. 27:29).


Sarpullido


(heb. shejîn, "sarpullido").


Esta palabra aparece en el AT traducida de varias maneras, además de sarpullido: "comezón", "pústula", "sarpullido con úlceras" y "divieso" (Dt. 28:27, 35, BJ; Ex. 9:9, 10, 11; Lv. 13:18, etc.). Hay quienes sugieren que la 1059 "úlcera de Egipto" (Dt. 28:27) y la "pústula" del v 35 habría sido la viruela, pero esto no se ha podido confirmar. Véanse Tiña; Ulcera.


Sarsequim


(heb. Ðar-sekîm, tal vez "principal [jefe] de los eunucos").


Nombre de un oficial de elevada jerarquía del ejército de Nabucodonosor (Jer. 39:3). Pero es posible que el "nebo" precedente se deba incluir como parte de este nombre, en cuyo caso debería ser Nebo-sarsequim. La palabra Nebô está relacionada con el dios babilonio Nabú, el hijo de Marduk, mientras que la palabra Ñar proviene del bab. sharru, "rey". La última parte de la palabra, sekîm, no ha tenido todavía una explicación satisfactoria. El nombre no figura en los registros babilónicos.


Sartén.



Traducción de diversas palabras hebreas que designan diferentes clases de sartenes que se usaban para hornear y freír. Se desconoce la clase exacta de utensilios a que se referían estas palabras. Algunos probablemente no eran sartenes, sino ollas u otros elementos de cocina.


El que se menciona con más frecuencia es el heb. majabath, que parece haber sido una gran sartén plana que se usaba para hacer pan u hojuelas (Lv. 2:5; 6:21; 7:9; 1 Cr. 23:29; en estos casos, ofrendas fritas de cereales; Ez. 4:3, BJ). Otras palabras para sartén son: heb. jabath (1 Cr. 9:31); heb. marjesheth (Lv. 2:7, "cazuela"); heb. maÑrêth (2 S. 13:9); heb. pârûr (Nm. 11:8, "caldera"); heb. tsallajath (2 Cr. 35:13). Términos afines a los anteriores son los siguientes: heb. kiyyôr, una marmita u olla grande (1 S. 2:14, "perol"); heb. sîr, también una olla grande (Ex. 27:3, "calderos"). Véase Cazuela.


Saruhén


(heb. Shârûjen, tal vez "morada de deleite"; egip. Sh3r13n).


Ciudad asignada a la tribu de Simeón (Jos. 19:6), quizá la misma que lleva el nombre de Silhim* (15:32) o Saaraim* (1 Cr. 4:31). Es la ciudad donde, de acuerdo con los registros egipcios de la 18a dinastía, los hicsos o reyes pastores establecieron su cuartel general después que fueron expulsados de Egipto; y también que el faraón Amosis, vencedor de los hicsos, sitió la ciudad durante 3 años, al cabo de los cuales la conquistó y los expulsó y tuvieron que huir hacia el norte. Albright la identifica con la meridional Tell el-Fâr{ah, a unos 22 km al este de Rafia. Petrie dirigió excavaciones en ese lugar desde 1927 hasta 1929, pero identificó erróneamente Tell el-Fâr{ah con Bet-pelet. Por otra parte, A. Kempinski aboga, con visos de posibilidad, por la identificación de Saruhén con Tell el-{Ajjûl, sitio ubicado a unos 7 km al sudoeste de Gaza, que también fue excavada por Petrie e identificada por él con la antigua Gaza, lo que en la actualidad generalmente no se acepta. Mapa VI, F-1.


Bib.: Sir Flinders Petrie y otros, Beth-pelet [Bet-pelet], 2 ts (Londres, Facultad Británica de Arqueología Egipcia, 1930, 1932); W. F. Albright, BASOR 33 (1929):7; Sir Flinders Petrie y otros, Ancient Gaza [La antigua Gaza], 5 ts (Londres, 1931-1952); A Kempinski, IEJ 24 (1974):145-152; ANET 233.


Sarvia


(heb. Tserûyâh, "perfumada con almáciga" o "grieta").


Hermana de David (1 Cr. 2:16). Sin embargo, de acuerdo con 2 S. 17:25, era hermana de Abigail, una hija de Nahas. Por tanto, era media hermana ya sea de Abigail o de David, puesto que el padre de David era Isaí. Fue la madre de Joab, Abisai y Asael, 3 grandes guerreros del ejército de David (1 S. 26:6; 2 S. 2:13, 18; 3:39; etc.).


Sasac


(heb. Shâshaq, de significado incierto).


Descendiente de Benjamín y padre de lfdaías y Peniel (1 Cr. 8:1, 14, 25).


Sasai


(heb. Shâshay, quizá "blanquecino"; cun. Shashî).


Israelita que contrajo matrimonio con una mujer extranjera en los tiempos de Esdras (Esd. 10:40).


Satán.



Véase Satanás.


Satanás


(heb. Ðâtân [del verbo sâtan "albergar animosidad contra alguien"], "adversario"; gr. Satán y Satanás [transliteraciones del heb.]; los traductores de la LXX casi siempre le dieron a Ðâtân el significado de diábolos, "diablo", "acusador" y "calumniador").


Gran enemigo de Dios y del hombre (Ap. 12:7-12), también llamado diablo* (Mt. 4:10, 11; Ap. 12:9), Beelzebú* (Mt. 12:24), Belial* (2 Co. 6:15), tentador (Mt. 4:3), enemigo (13:25, 39), adversario (1 P. 5:8) y engañador (cf Ap. 12:9). La 1ª acción registrada de Satanás en la tierra consistió en convencer a Eva, bajo el gran disfraz de una serpiente, de que desconfiara de la bondad de Dios, que dudara de su palabra y que rechazara su autoridad, a fin de lograr la caída de Adán (Gn. 3:1-6; cf 1 Ti. 2:14). De ese modo consiguió que la especie humana se pusiera de su parte en su gran conflicto contra el gobierno divino. Desde entonces se ha ocupado en entrampar, engañar, desviar y seducir a los seres humanos (Ro. 8:7; 2 Co. 11:3; 2 Ti. 2:26; Ap. 12:9; etc.). Después de inducirles a pecar (cf Jn. 13:2), los acusa ante Dios como indignos de su misericordia (Zac. 3:1-4; Ap. 13:10). En su papel de engañador desfigura la imagen de Dios ante los hombres y, a continuación, la de los hombres ante Dios con el propósito de producir la eterna separación del Creador y sus criaturas, y 1060 acto seguido acusa al Señor ante el Universo entero como culpable de esta situación. Cuando no puede quebrantar la lealtad del hombre hacia Dios, acusa al Señor de injusto y trata de destruir a los seres humanos (Job 1:6-12, 21, 22; 2:1-9).


Jesucristo enfrentó a Satanás en el desierto y obtuvo el triunfo sobre él (Mt. 4:10, 11), y lo señaló como el responsable de todos los males de la humanidad (Lc, 13:16; Jn. 8:44). Jesús dijo que vio "a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lc. 10:18; cf Ap. 12:7-12). Los dirigentes judíos lo acusaron de echar fuera los demonios gracias al poder satánico, pero nuestro Señor puso en evidencia la falacia de esos razonamientos (Mt. 12:24-29). En una ocasión, cuando Simón Pedro trató de apartar de su misión al Salvador, el Señor, al percibir la influencia de Satanás sobre Pedro, se dirigió a éste como si fuera el enemigo (16:21-23). En otra oportunidad le advirtió a Pedro de que Satanás lo quería dominar (Lc. 22:31). El diablo indujo a Judas a vender al Maestro por 30 piezas de plata (Jn. 13:26, 27).


Pablo advirtió a sus conversos para que no permitieran que Satanás lograra la menor ventaja sobre ellos (2 Co. 2:11, cf 1 Co. 7:5). También anunció que el gran Anticristo, el inicuo que estaba por venir, haría la obra de Satanás (2 Ts. 2:3, 4, 9), y afirmó que el adversario de Dios y del hombre es capaz de transformarse en ángel de luz (2 Co. 11:14). Satanás hizo todo lo que pudo para oponerse al ministerio del apóstol (1 Ts. 2:18), y Dios le permitió hasta cierto punto que lo sometiera a aflicción (2 Co. 12:7).


Sátiro.



Véase Animales mitológicos (Sátiro).


Sátrapa


(heb. 'ajashdarpenîm; aram. {ajashdarpenayy'; cun. (singular) ahshadrapânu y shatarpânu, del antiguo persa khshatrap~n; gr. satráp's, de donde proviene nuestra palabra española "sátrapa").


Funcionario persa de más elevada jerarquía a cargo de un sector importante, o "satrapía", del Imperio Persa. Este se dividió en más o menos 20 satrapías, aunque el número no era siempre igual. Por ejemplo, Judea como provincia pertenecía a la satrapía "Del Otro Lado del Río", que se extendía desde el Eufrates, en el norte, hasta Egipto, en el sur, y que abarcaba numerosas provincias, algunas de las cuales eran administradas por gobernadores nativos y otras por persas. El sátrapa era siempre un persa de origen noble y, en muchos casos, pariente cercano del rey. Ejercía las funciones de un virrey, ya que en su territorio no estaba subordinado a nadie, salvo al monarca. La palabra hebrea equivalente a sátrapa se encuentra en Esd. 8:36; Est. 3:12, 8:9; 9:3, y la aramea en Dn. 3:2, 3, 27; 6:1; etc. Mapa XII.


Sauce.



Traducción del: 1. Heb. {arâbâh (Job. 40:22; Is. 15:7; etc.), un árbol que se menciona en relación con el agua. Sus ramas se usaban para hacer cabañas en ocasión de la fiesta de los Tabernáculos (Lv. 23:40). Se lo ha identificado indistintamente con árboles como el álamo* y con ejemplares del género Salix, o sauces. Algunos sostienen que el {arâbâh es el sauce llorón (Sal. 137:2), pero ciertas autoridades en la materia afirman que este último árbol, de origen chino o japonés, no pudo haber sido introducido en las tierras bíblicas con la suficiente anticipación como para que apareciera mencionado en las Escrituras. 2. Heb. tsaftsâfâh (Ez. 17:5), que se puede identificar con razonable certeza con el sauce de Palestina; aunque los eruditos judíos lo identifican con el álamo.


Bib.: PB 216-218.


Saúl


(heb. Shâ'ûl, "pedido" [a, para Dios], "prestado" [a Dios] o "anhelo"; cun. Sauli; gr. Saóul y Sáulos).


Este nombre aparece en textos cuneiformes de Ebla de la era patriarcal; en un antiguo sello hebreo; y también en inscripciones fenicias, palmirienses y arameas, con ortografía diversa.



1.


Rey de Edom, originario de Rehobot junto al Eufrates (Gn. 36:37, 38; 1 Cr. 1:48, 49).



2.


Hijo de Simeón y de una cananea (Gn. 46:10; Ex. 6:15; 1 Cr. 4:24), y fundador de una tribu, la de los saulitas* (Nm. 26:12, 13).



3.


Primer rey hebreo. Era hijo de un benjamita llamado Cis que vivía en la ciudad de Gabaa, hoy llamada Tell el-Fûl, entre 6 y 7 km al norte de Jerusalén (1 S. 9). Por siglos Israel había practicado una forma teocrática de gobierno, bajo la dirección de jueces llamados por Dios. El último de ellos, Samuel, había envejecido, y sus hijos no reunían las condiciones de liderazgo de su piadoso padre. El pueblo, ante la falta de perspectivas de que continuara la dirección sólida del profeta, pensó que la monarquía les proporcionaría una forma de gobierno capaz de solucionar sus problemas políticos e internacionales. Samuel recibió esta demanda popular con mucho desagrado, pero el Señor le ordenó que accediera a su deseo, pero que al mismo tiempo los pusiera plenamente al corriente de todas las desventajas y las preocupaciones que les iba a acarrear esta decisión (1 S. 8).


A. Saúl asume el reino.


Poco después que el pueblo pidiera un rey, Saúl, un joven 1061 apuesto y de elevada estatura, andaba con un siervo buscando algunas de las asnas de su padre. Después de 3 días sin resultados, el siervo sugirió que consultaran al "vidente", refiriéndose a Samuel. Aunque quizá Saúl había oído hablar de él, no lo conocía personalmente (1 S. 9:18), y temía visitarlo sin un obsequio (v 7). Entretanto, el profeta había recibido instrucciones de parte de Dios que vendría un benjamita a quien debía ungir como rey.


Cuando Saúl llegó, recibió definidamente la palabra de que el visitante era el hombre que gobernaría sobre el pueblo de Dios. Samuel lo encontró junto a la puerta de la ciudad, le aseguró que las asnas ya habían sido encontradas y lo invitó a quedarse esa noche para participar de una cena ritual. Saúl pasó la noche con Samuel como huésped del profeta, y a la mañana siguiente éste lo ungió en secreto y le profetizó ciertos incidentes que le ocurrirían en su camino a casa, que acontecieron tal como habían sido anunciados. Además, le indicó que debía ir a Gilgal y esperarlo allí 7 días, al final de los cuales recibiría instrucciones adicionales. Nada más se nos dice acerca de esta reunión celebrada en Gilgal, y Saúl no le dijo a nadie que había sido ungido rey (1 S. 9:1-10:16).


Tan pronto como Samuel supo quién iba a ser el nuevo rey, convocó a toda la nación para que se reuniera en Mizpa, quizá la moderna Tell en-Natsbeh, donde públicamente se echaron suertes para confirmar a Saúl como el soberano. Cuando éste -que se había escondido, pero cuyo escondite se descubrió- fue finalmente presentado ante el pueblo como el elegido de Dios, la mayoría se sintió satisfecha. Tal vez el hecho de que perteneciera a la menor de las tribus haya facilitado esa aceptación. Pero hubo quienes manifestaron disconformidad. El joven rey no asumió inmediatamente el trono, sino que se fue a casa (1 S. 10:17-27), probablemente a la espera de una ocasión oportuna cuando sus servicios y su gobierno fueran necesarios para el país. Es posible también que haya considerado prudente ver si era posible vencer pacíficamente la oposición hacia él y su tribu, antes de comenzar activamente su gobierno.


Pronto surgió la oportunidad de manifestar sus condiciones de líder. Según la LXX, fue en alrededor de un mes (1 S. 11:1). La ciudad israelita de Jabes de Galaad sufrió el asedio de Nahas, rey de los amonitas, y algunos mensajeros de Jabes vinieron a Gabaa para informar acerca de las humillantes condiciones de rendición que les había impuesto. Su súplica para que se los ayudara velozmente sacudió el alma de Saúl. De nuevo sintió que el Espíritu descendía "poderosamente" sobre él, e impulsado por la compasión que le inspiraban los galaaditas, lanzó una proclama nacional para que la gente se reuniera detrás de "Saúl y Samuel" para la liberación de Jabes. Como resultado de ello, 330.000 hombres armados cruzaron el Jordán junto con Saúl y derrotaron a los amonitas. Al demostrar tan claramente su idoneidad para el trono, Saúl fue proclamado rey unánimemente y entronizado con solemnidad en Gilgal (1 S. 11).


B. Reinado de Saúl.


Pablo le asigna un total de 40 años al reinado de Saúl (Hch. 13:21), como así también Josefo. Sin embargo, no se sabe qué edad tenía Saúl cuando comenzó a reinar, porque el versículo del AT que originalmente proporcionaba esa información (1 S. 13:1) está incompleto ahora (véase el comentario respectivo en DHH). Tampoco sabemos cuánto tiempo transcurrió desde que ascendió al trono hasta su lucha contra los filisteos registrada en 1 S. 13. Si este intervalo fue breve, Saúl debe de haber tenido 35 años cuando comenzó a reinar, porque en ocasión de esa batalla su hijo Jonatán estaba ya a cargo de una división del ejército hebreo y era un notable militar. Pero si esa guerra estalló varios años después de asumir sus funciones, pudo haber sido más joven. Dado que este problema permanece sin solución, no sabemos por cuánto tiempo reinó bajo la tutela de Samuel.


En ocasión de su 1º encuentro con los filisteos, Saúl tenía un ejército estable de 2.000 soldados que estaban bajo su mando personal, acuartelados en Micmas, en la zona de las colinas de Betel, y 1.000 hombres más estacionados en Gabaa, la capital (fig 230, donde aparece el lugar de la capital de Saúl), a las órdenes de Jonatán, el príncipe heredero.


Este había derrotado a una guarnición filistea en las cercanías de Gabaa, pero, consciente de que sus enemigos tomarían represalias, Saúl convocó a la nación a las armas y designó Gilgal como el punto de reunión, porque Samuel le había prometido encontrarse con ellos allí. Esperó 7 días, pero Samuel no llegó, pues tal vez demoró su viaje con el fin de probar la obediencia a Dios y la fe en él, no sólo de Saúl sino también del pueblo.


Cuando el rey verificó que las deserciones se estaban produciendo en cantidades crecientes, y que el miedo se iba apoderando de los que quedaban, asumió por su cuenta la responsabilidad de ofrecer sacrificios, tarea que le incumbía sólo a los sacerdotes. Samuel llegó casi inmediatamente después y lo reprendió por este acto apresurado, y le dijo que por causa de su 1062 desobediencia y de su falta de confianza en Dios, sus descendientes no ocuparían el trono (1 S. 13:2-14). La batalla, que se libró después de este incidente, terminó en victoria para Israel.


Jonatán, gracias a un acto de valor, puso en fuga a un grupo de filisteos; esto llenó de terror al grueso del ejército enemigo. Saúl aprovechó esta situación y expulsó a los filisteos del territorio israelita. El rey, evidentemente, era partidario de una estricta disciplina, porque cuando Jonatán sin saberlo desobedeció una orden suya, estuvo dispuesto a quitarle la vida. El joven se salvó sólo porque el ejército lo impidió (1 S. 13:15-14:46).


Saúl dirigió otras campañas militares con brillantes resultados (1 S. 14:47, 48). Durante una de ellas incurrió en un acto de desobediencia que le puso el sello a la decisión divina de rechazarlo como rey. Se le había ordenado destruir a los amalecitas y sus posesiones para cumplir una maldición pronunciada por Dios contra ellos por haber combatido contra Israel en el desierto de Refidim (Ex. 17:8-16). Saúl cumplió la orden, pero preservó parte del ganado para ofrecer sacrificios en Gilgal, según dijo, y también a su rey, Agag. Por esta desobediencia a un mandamiento expreso, Samuel afirmó que Dios ya no lo consideraba más como el legítimo gobernante de su pueblo (1 S. 15). Poco después Samuel ungió a David, el pastorcillo, para que fuera el futuro rey de la nación (16:1-13).


Bib.: FJ-AJ vi. 14.9; CBA 2:507, 508.


C. Años finales de Saúl.


El Espíritu de Dios se apartó de Saúl cuando se lo rechazó como rey, y un espíritu maligno periódicamente tomaba posesión de él. En el afán de sustraerlo de sus ataques de melancolía, sus servidores le presentaron al joven David, a quien habían elegido para tocar el arpa delante del rey (1 S. 16:14-23). Al principio Saúl le tomó afecto, pero este sentimiento pronto se convirtió en envidia y temor cuando David -que había dado muerte a Goliat, y había logrado gracias a ello una victoria de los israelitas sobre los filisteos- fue aclamado por las doncellas de Israel como el mayor héroe nacional (17:1-18:9). Sus celos lo impulsaron a atentar contra la vida del joven. Primero trató de matarlo con su lanza, y después intentó que muriera en escaramuzas contra los filisteos (18:10-30). Cuando resultó evidente que Saúl no iba a detenerse ante nada en sus esfuerzos para destruirlo, David huyó, dejó a su esposa Mical, y pasó años como fugitivo en diferentes partes del país, mientras el rey perdía su tiempo y sus energías tratando de alcanzarlo para darle muerte (cps 19-27).


La insensata enemistad de Saúl contra David privó a Israel del mejor comandante de su ejército y de muchos valiosos soldados que se exiliaron, lo que causó el descuido de la defensa del reino. Como resultado, la nación se debilitó y se produjo una nueva invasión de los filisteos, que esta vez acamparon en Sunem, cerca del valle de Jezreel.


Saúl levantó su campamento en las laderas del monte Gilboa (28:1, 4). El atemorizado y melancólico rey estaba lleno de malos presentimientos, y se fue de noche a Endor a consultar a una médium espiritista. Algún tiempo antes, por orden divina, había expulsado del país a los que practicaban tales artes, puesto que eran instrumentos de los malos espíritus (28:3; cf Lv. 20:27; Dt. 18:10-14). Pero ahora, ya que Dios lo había abandonado y estaba poseído de uno de ellos, sintió que debía procurar la ayuda de esos agentes del diablo. Pidió a la médium que Samuel, que había fallecido un tiempo antes y no se había comunicado con él en los últimos años de su vida, viniera para aconsejarlo. La médium dijo ver a un anciano que subía de la tierra, y Saúl supuso que era el profeta. El espíritu le predijo que moriría al día siguiente (1 S. 28:5-25). La batalla que se libró entonces les resultó adversa a los israelitas: 3 hijos de Saúl murieron y él mismo fue gravemente herido. Para evitar que lo capturaran, le pidió a su escudero que le diera muerte.* Cuando éste rehusó, Saúl se echó contra su espada y así puso fin a su vida. Poco después los filisteos lo decapitaron y colgaron su cuerpo y los de sus hijos en el muro de la ciudad de Bet-sán; además, pusieron sus armas en el templo de Astarot. Pero los habitantes de Jabes, al recordar cómo los había librado de los amonitas, los sacaron de noche y los sepultaron con honores en Jabes (31:1-13).


Cuando las noticias de la muerte de Saúl llegaron a David, hizo duelo por él y por su amigo Jonatán, y compuso una hermosa elegía (2 S. 1:17-27). La monarquía tuvo en Israel un lamentable comienzo, Saúl empezó su reino como un gobernante magnánimo, pero su actitud independiente lo condujo a repetidos actos de desobediencia, que lo alejaron cada vez más de Dios, y finalmente lo llevaron a un fin triste y vergonzoso.



4.


Levita coatita (1 Cr. 6:24) ,a quien algunos consideran que es la misma persona llamada Joel, un antepasado de Samuel (v 36).



Véase Joel 5.


Saulitas


(heb. shâ'ûlî).


Descendientes de Saúl, hijo de Simeón (Nm. 26:12, 13). Véase Saúl 2.1063


Saulo


(gr. Sáulos, "pedido" o "anhelo").


Equivalente griego de Saúl, nombre por el cual se conoce al apóstol Pablo*
en la 1a parte de Hechos (Hch. 7:58; etc).


Save


(heb. {êmeq hammelek, "el valle [la llanura] del rey").


Valle donde Abrahán se encontró con el rey de Sodoma después de derrotar a Quedorlaomer y de rescatar a Lot; en la antigüedad se lo llamaba "Save" (heb. Shâwêh, "nivel"; Gn. 14:17). Se lo menciona en 2 S. 18:18 con el nombre de "el valle del rey", como el sitio donde Absalón erigió una columna en honor de sí mismo. Josefo la ubica a 400 m de Jerusalén; por lo tanto, se identifica el valle de Save, o "valle del rey", con uno de los que rodean Jerusalén. Hay quienes creen que se trata del valle del Cedrón.


Bib.: FJ-AJ vii. 10.3.


Save-quiriataim


(heb. shâwêh Qiryâthayim, "llanura de Quiriataim [la doble ciudad]").


Llanura cerca de Quiriataim* (Gn. 14:5).


Savsa


(heb. Shawshâ'; tal vez un nombre aram. de significado incierto).


Escriba o secretario de David (1 Cr. 18:16); según su nombre, probablemente un arameo. El manejo de los documentos del estado posiblemente implicó la necesidad de emplear a un extranjero capaz de hablar varios idiomas. En 1 R. 4:3 se identifica a 2 de los escribas de Salomón como hijos de Sisa,* posiblemente otra forma de escribir Savsa.


Las diferencias ortográficas en el idioma hebreo, que sólo tenía consonantes, consistían en Ia sustitución de una y por una w, 2 letras prácticamente idénticas en los manuscritos hebreos postexílicos.


Posiblemente este nombre sea idéntico al de Seva* (2 S. 20:25), forma abreviada de Savsa, y al de Seraías (8:17). Si tal era el caso, querría decir que en algún momento adoptó un nombre hebreo. Véase Seraías 1.




















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  3. Rafael - Rehob
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  5. Pretorio - Quefar-haamoni
  6. Piedras preciosas
  7. Peleteos - Piedra del ángulo
  8. Anexo:Patriarca de Constantinopla
  9. Paraíso - Pelet
  10. Pablo - Parábola
  11. Obot - Pábilo
  12. Nibhaz - Obolo
  13. Natanael - Nezib
  14. Natanael - Nezib
  15. Muladar - Natán
  16. Mizar - Mula
  17. Mical - Miza
  18. Meres - Micaías
  19. Matenai - Meremot
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