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miércoles, 30 de marzo de 2011

Salmos, Los - Samúa - DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 





LENA


04/04/2010
fotos: 19 – 19 MB
Público en la Web

Смольный Воскресения Христова собор (Смольный собор) входит в состав архитектурного ансамбля Смольного монастыря, который находится в Санкт-Петербурге на левом берегу Невы на Смольной набережной.




Архитектор собора — Ф. Б. Растрелли.

В 1740-е годы наследница царского престола Елизавета Петровна решила провести последние годы своей жизни в тишине и покое монастыря в окружении ста двадцати благородных девиц.

Уже будучи императрицей, она указала построить монастырь на месте «Смольного дома» — дворца, в котором она прожила своё юношество. В монастырский комплекс должны были войти храм с домовыми церквями и колокольней и институт для девушек из дворянских семей.

Архитектор собора — Ф. Б. Растрелли.

Открытие Смольного института состоялось 27 июня 1764 года, собор же был достроен архитектором В. П. Стасовым только в 1835 году.

В отличие от многих других храмов Санкт-Петербурга Смольный собор не был открыт для богослужений. В 1990 году в соборе был открыт концертно-выставочный зал, действующий там поныне.

В плане весь монастырь представляет из себя греческий крест с центральным собором внутри и четырьмя церквями по углам. Высота собора — 93.7 метра.

Построен в стиле пышного елизаветинского барокко с такими архитектурными элементами, как люкарны, лучковые фронтоны, покрашен в светлый, мягкий голубой цвет, купола — в серый.


Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA



Salmos, Los - Samúa


Salmos, Los.



Colección de himnos sagrados que aparece en el canon hebreo en su 3ª sección, Kethûbîm o Escritos, la que incluye los libros que en las Biblias españolas van desde 1 Cr. hasta Cnt., más Rt., Lm. y Dn. Puesto que Sal. es el 1º, el más largo y el más importante de los libros de esta sección, los judíos a menudo se referían a ella denominándola "Salmos" (Lc. 24:44).


En hebreo el libro se llama Tehillîm (del verbo hâllal, "alabar"), "alabanzas"; en griego, Psalmós, "himnos de alabanza" o "salmos", una traducción del plural heb. mi5môr (del verbo 5âmar, "cantar con acompañamiento instrumental", o sencillamente "cantar", "alabar"), "himno con acompañamiento instrumental".



I. Autores.


En las sobreinscripciones aparecen mencionados, ya sea como autores, compiladores o músicos, 8 personas en total: David, Asaf, Coré, Moisés, Hemán, Etán , Salomón y Jedutún. A estos nombres les precede la preposición hebrea le, que significa "a", "por", "de" (sentido de procedencia), etc. En vista de la cantidad de relaciones que expresa tal preposición, no siempre es posible determinar si la persona cuyo nombre le sigue es el autor, el compilador y autor de arreglos, el músico para quien fue escrito el salmo, o si el poema le fue dedicado. (Para un análisis de los sobrescritos, véase aquí, bajo "Autores", los 10 puntos que se refieren al creador y/o compilador de ciertos salmos, bajo "Sobreinscripciones", los términos propiamente musicales y/o aclaratorios de cómo se debían entonar los salmos.)


A


Sin tomar en cuenta que la expresión "de David", puede significar tanto que escribió el salmo como que pertenecía a una colección compilada por él, las Escrituras presentan claramente a David como poeta y músico por derecho propio (1 S. 16:15-23; 2 S. 23:1-7; Am. 6:5). Hombre de mucha fe y de emociones profundas, a menudo las expresó mediante la poesía y el canto (2 S. 1:19-27; 3:33, 34). Su íntimo conocimiento de la naturaleza y de "la Ley", las manifestaciones de la voluntad divina en la creación y la revelación, sus años de adversidad y su devoción personal a Dios, todo contribuyó a que fuera "el dulce cantor de Israel".


Además, en los salmos y las sobreinscripciones aparecen referencias y alusiones a numerosos incidentes de su vida: Sal. 3 (2 S. 15-19), 7 (¿2 S. 18:21?), 18 (2 S. 22), 34 (1 S. 21:13-15), 51 (2 S. 11, 12), 52 (1 S. 22:9, 10), 54 (1 S. 23:19; 26:1), 56 (1 S. 21:13-15; 27:2), 10:34 57 (1 S. 22:1; 24:3), 59 (1 S. 19:11), 60 (2 S. 8:13; 1 Cr. 18:1-12), 63 (1 S. 23:14; 24:1; 26:2), 142 (1 S. 22:1; 24:3). Que los Sal. 18 y 105 estén repetidos en la narración de la historia de David (2 S. 22 y 1 Cr. 16:7-36, respectivamente), y que allí se le atribuya su autoría, confirma el hecho de que estos 2 salmos fueron escritos por él y dan lugar a la posibilidad de que sin duda escribió otros.


Jesús y otros autores del NT usan el nombre de David cuando se refieren a los salmos, (Mt. 22:43-45; Mr. 12:36, 37; Lc. 20:42-44; Hch. 2:14, 25-28; Ro. 4:6-8; 11:9, 10; He. 4:7). La frase "de David" figura en la sobreinscripción de 73 salmos: 37 veces en el Libro 1º (3-9; 11-32; 34-41), 18 en el Libro 2º (51-65; 68-70), 1 en el Libro 3º (86), 2 en el Libro 4º (101; 103) y 15 en el Libro 5º (108-110; 122; 124; 131; 133; 138-145). La LXX no tiene a David como autor en las sobreinscripciones de los Sal. 122 y 124, pero sí en las de los Sal. 33, 43, 67, 71, 91, 93-99, 104 y 137.


B


La frase "de Asaf" aparece en el sobrescrito de 12 salmos (50; 73-83). Asaf fue un músico levita, director del coro y "vidente" en tiempos de David (1 Cr. 15:19; 16:3-7; 2 Cr. 29:30). De los diferentes grupos que componían los cantores del templo que regresaron de la cautividad babilónico, sólo se menciona a los hijos de Asaf (Esd. 2:41). Estos salmos tal vez fueron arreglados por Asaf o por miembros de su familia, o fueron preparados para que los usaran como músicos y cantores oficiales del santuario.


C


La frase "para los hijos de Coré" aparece en el sobrescrito de 11 salmos (42:44-49; 84; 85; 87; 88); los hijos de Coré y sus descendientes ayudaban en los servicios del templo (cf Nm. 26:9-11; 1 Cr. 9:19). De modo que 96 de los 150 salmos se relacionan con los nombres de David, Asaf y Coré.


D


En el Sal. 88 también figura la dedicación: "Para... Hemán ezraíta". Este era un levita coatita encargado de la música del templo (1 Cr. 6:33; 15:17; 16:41, 42).


E


En los Sal. 39, 62 y 77 aparece el nombre de Jedutún, otro encargado de la música del templo (1 Cr. 16:41, 42). Puesto que el sobrescrito de los Sal. 39 y 62 también lleva el nombre de David, y el Sal. 77 el de Asaf, parecería que estos salmos fueron escritos para que los usaran Jedutún y sus colegas, músicos del templo. Algunos eruditos creen que Jedutún (heb. Yedûthûn y Yedîthûn, "alabanza") -en contra de un nombre propio- se trataría de una tonada para cantar dichos salmos.


F


El Sal. 89 lleva por título "Masquil de Etán ezraíta" (1 R. 4:31).


G


El nombre de Salomón aparece en el sobrescrito de los Sal. 72 y 127.


H


El Sal. 90 lleva por título "Oración de Moisés" (tal vez por las similitudes entre el v 1 y Dt. 33:27; v 10 y Ex. 7:7; v 13 y Ex. 32:12).


I


Otros 55 salmos tienen la frase "Al músico principal" (RVR) o "Del maestro de coro" (BJ), tal vez con la idea de que este grupo estaba dedicado al director del coro, o había sido puesto bajo su cuidado.


J


Cerca de 1/3 de los salmos no tiene sobrescritos y, por tanto, se los considera anónimos.



II. Ambientación.


Es evidente que la composición de los salmos, su compilación y su disposición en el libro que lleva su nombre, ocurrió en un lapso de muchos siglos. Existe un período de unos 900 años entre la composición del Sal. 90 (atribuido a Moisés) y el 137 (que describe el cautiverio babilónico).

Excepto el 137 y otros, cuyos títulos se refieren a hechos históricos determinados (51; 52), existen pocas evidencias internas claras que nos permitan relacionar un salmo definido con algún suceso conocido. Y sólo hasta cierto punto la dicción y la sintaxis nos ayudan a asignarlo a una época determinada de la historia hebrea. Los eruditos modernos, quienes niegan la autenticidad de los sobrescritos, tienden a relegar la redacción de los salmos a una época posterior al exilio, generalmente basándose en la endeble suposición de que la dicción y la fraseología representan un período posterior de desarrollo en la literatura hebrea. Pero los descubrimientos arqueológicos recientes demuestran que muchas de las palabras y frases que los críticos señalaban como evidencias de una composición posterior, en realidad eran de uso común por parte de los escritores cananeos 1.000 años antes de lo que los impugnadores creían posible. Las excavaciones practicadas en Ugarit (Ras Shamra*) lograron desenterrar cientos de tablillas de arcilla grabadas en ugarítico, un dialecto cananeo escrito en caracteres cuneiformes de uso corriente c 1400 a.C.


Algunas de esas tablillas contienen textos que se refieren a la religión de los antiguos cananeos. En ellas aparecen muchas palabras y frases que figuran en los salmos, que antes eran oscuras, en un contexto que aclara su significado.



III. Estilo literario.


Mientras la rima y el ritmo son las características de la mayor parte de la poesía en las lenguas modernas, la hebrea se basa mayormente en el paralelismo.


A. Paralelismo.


Es la repetición del mismo concepto, 2 o más veces, con distintas palabras. Esta equilibrada simetría entre forma y significado que es el paralelismo, llamado también "rima del sentido" o "rima del pensamiento", 1035 constituye el basamento poético del verso hebreo. La "rima del pensamiento" se puede descubrir fácilmente en las traducciones españolas -a pesar de la inevitable disminución de su belleza literaria original-, las que casi siempre ofrecen el texto hebreo en forma de versos y estrofas.


Generalmente se reconocen 3 formas fundamentales de paralelismo hebreo (se incluye sólo un ejemplo): 1. Sinónimo, donde el pensamiento básico se repite con diferentes palabras e imágenes en la 2ª línea del verso (Sal. 19:8). 2. Antitético o contrastante, donde la idea del 1º verso se explica por contraste o por inversión en el 2º (1:6). 3. Sintético o complementario, donde el 2º verso le añade un concepto al 1º a manera de complemento, ampliación o intensificación (14:2).


También existen 3 formas secundarias de paralelismo hebreo: 1. Emblemático, un complicado sistema de paralelismo basado en sinónimos, en el cual una figura de lenguaje, o una imagen de alguna clase, se usa como base para desarrollar el pensamiento (129:5-8). 2. Gradual (semejante a una escalera), una clase vigorosa de paralelismo sintético donde una palabra o frase claves, o varias palabras o frases, se repiten de manera que el pensamiento se completa al final (121:1-4). 3. Inclusivo, donde la 1ª y la última estrofas son similares, para encerrar una cantidad de estrofas mediante las cuales se desarrolla la idea fundamental (30:8-10). Estas formas primarias y secundarias de paralelismo son empleadas por los autores de diversas maneras y en combinaciones casi infinitas. Tomemos por ejemplo el Sal. 144:12-14, en el que varios versos consecutivos son sinónimos; el Sal. 2:2, donde los 2 primeros versos son sinónimos pero tienen el complemento de un 3º, que agrega un pensamiento adicional; el Sal. 27:1, donde el 1º, el 3º, el 2º y el 4º versos de una estrofa de 4 líneas son paralelos; el Sal. 136:1-3, donde el pensamiento va creciendo de estrofa en estrofa, a lo largo de todo el poema, con un estribillo que se repite constantemente.


En común con la literatura de Egipto, Asiria, Babilonia y de Canaán, la poesía hebrea se expresa mediante un ritmo repetitivo. Pero no toda ella manifiesta con claridad esta característica, y si bien el ritmo aparece, no es tan regular ni tan convencional como en la poesía española. En lugar de ello, el ritmo surge en el verso una cantidad determinada de veces, sin tomar en cuenta el número de sílabas de que está compuesto. El verso típico de la poesía hebrea se divide en 2 partes, con 2 sílabas acentuadas en cada mitad. En las elegías y en otra clase de composición poética con mucha carga emocional, el verso típico tiene 3 acentos en la 1ª mitad, y 2 en la 2ª. Esto se conoce con el nombre de ritmo qînâh. Su efecto es semejante al de un crescendo con 3 golpes, seguido por un crescendo más corto de 2. En la poesía épica, didáctica y litúrgica el verso típico tiende a tener 3 sílabas acentuadas en cada mitad. Pero en ningún caso hay relación alguna entre las sílabas que tienen acento y las que no lo llevan. Por desgracia, el acento de la poesía hebrea no se puede trasladar a la traducción y, por supuesto, se pierde. A menudo se divide en una serie de estrofas que indican variación de pensamiento dentro de una unidad mayor. Estas pueden ser iguales o casi iguales en longitud (Sal. 1; 42; 43; 119), pero en la mayoría de los casos son desiguales. En algunos salmos (42; 43; 46; 57; 67) la transición de una a la otra se marca mediante un estribillo.


B. Sobreinscripciones.



Los sobrescritos están en los textos hebreos más antiguos que se conocen. Es evidente, por el hecho de que los traductores no entendían una cantidad de tecnicismos musicales que figuran en ellos, que eran ancestrales cuando se tradujo la LXX. Lo crítica moderna, que no cree que David sea el escritor de algunos de los salmos, también pone en tela de juicio la autenticidad de los títulos. Sin embargo, por su antigüedad, porque figuran en los manuscritos hebreos más primitivos que existen, porque los poemas hebreos más antiguos que se conocen tienen esos sobrescritos, y porque algunos de ellos explican el significado o la naturaleza del salmo o su trasfondo histórico, los estudiosos conservadores de la Biblia no encuentran razón alguna para rechazarlos.


Además, el estudio de textos descubiertos por la arqueología confirma la antigüedad implícita en las sobreinscripciones e invalida las pretensiones de los críticos modernos.


Se cree que ciertas palabras o frases que aparecen en los sobrescritos también indicaban el tono musical, la melodía o la clase de salmo que introducían. Ellas son (según el texto hebreo y sin dar, necesariamente, todas las ocurrencias):


1. "Selah" (heb. selâh, quizá "pausa" o "elevación"; se desconoce de qué palabra deriva). Término, quizá musical, que figura 71 veces en Sal. y 3 veces en Habacuc (3:3, 9, 13). Se ha sugerido que esta palabra habría indicado una elevación de la voz, una pausa o interludio, o un cambio de voces. No se la debería pronunciar cuando se lee el salmo. 2. "Sobre Neginot" (heb. bi-negînôth [plural de 1036 negî-nâh, "música", especialmente la de instrumentos de cuerda]). Término técnico que tal vez se refiera a la música de instrumentos de cuerda. Aparece en los títulos de los Sal. 4, 6, 54, 55, 61, 67 y 76. En otras partes, el vocablo hebreo se traduce "canciones" (Lm. 5:14; Sal. 69:12), "refrán" (Job 30:9), "cánticos" (ls. 38:20) e "instrumentos de cuerdas" (Hab. 3:19). 3. "Sobre Nehilot" (heb. 'el-hannejîlôth; Sal. 5). Se cree que la palabra hebrea se refiere a instrumentos de viento, pero se desconoce su significado real. 4. "Sobre Seminit" (heb. {al-hashshemînîth, "sobre la octava"; 6 y 12). Por mucho tiempo se pensó que se refería a algún instrumento musical desconocido.


Pero en la actualidad la mayoría de los eruditos cree que tiene que ver con una clase de melodía o algún estilo de canto para bajos. 5. "Sigaión" (heb. shiggâyôn [del verbo shâgah, "equivocarse (errar)"], quizás "endecha"; 7).


En su forma plural, Sigionot,* aparece en la oración de Habacuc (3:1). La idea de "endecha" está sugerida por el ac. shegû, un término emparentado con el hebreo. 6. "Sobre Gitit" (heb. {al-haggîttîth; 8, 81 y 84). Por mucho tiempo se consideró que era el nombre de un instrumento musical no identificado. Sin embargo, la mayoría de los eruditos ahora están de acuerdo en que la palabra no designa un instrumento musical, sino una melodía o una manera de cantar usado por los viñadores (por el heb. gath, "prensa de uvas").


7. "Mut-labén" (heb. {al-mûth labbên, quizá "soprano varón"; Sal. 9).


Tal vez sugería la melodía con que se debía cantar. 8. "Higaion" (heb. higgâyôn, quizá "consideración [meditación]"; 9:16; 19:14, "grato"; 92:3, "suave"). En general se cree que se la usaba como un término técnico musical, tal vez para indicar una presentación más lenta o una murmuración del pasaje en cuestión. 9. "Mictam" (heb. miktâm; 16 y 56-60). Una explicación relaciona el término hebreo con el ac. katâmu, "cubrir", y de allí se sugiere que los de ese título son salmos de expiación.


Otros sugieren que Mictam puede ser un título musical. 10. "Oración" (heb. tefillâh; 17, 86, 90, 102 y 142). 11. "Ajelet-sahar" (heb. {al-'ayyeleth hashshajar, "sobre la/el cierva/o de la mañana"; 22). Quizá sugería la melodía con la que se debía cantar ese salmo.


12. "Canción", "himno" (heb. shîr; 30 salmos). A diferencia de mi5môr, también aparece en el cuerpo de los salmos. 13. "Masquíl" (heb. maskîl, tal vez "inteligente [juicioso]"; 32, 42, 44, 45, 52-55, 74, 78, 88, 89 y 142).


Como el sustantivo proviene del verbo Ñâkal ("percibir", "comprender", "ser prudente"), algunos han conjeturado que indica poemas de naturaleza didáctica o contemplativa. Otros sugieren que puede identificar un tipo de presentación musical. 14. "Para recordar o conmemorar" (heb. leha5kîr; 38 y 70); indican que estaban destinados a ser cantados junto con la ofrenda del incienso en las ceremonias matutinas y vespertinas del templo (cf 1 Cr. 16:4, donde aparece el término heb.). 15. "Sobre lirios" (heb. {al-shôshannîm [plural del verbo shûshan; 45 y 69], {al-shûshan 'êdûth ["sobre lirios del testimonio"; 60], 'el-shôshnnîm ["a los lirios del testimonio"; 80]). El término es oscuro, pero quizá sugiera el título de alguna melodía religiosa popular. 16. "Canción de amores" (heb. shîr yedîdôth, "un canto de amor"; 45). 17. "Sobre Alamot" (heb. {al-{alâmôth, "vírgenes" o "sopranos"; 46; 1 Cr. 15:20). Tal vez fuera la 1ª palabra de un canto popular de tiempos del salmista con cuya melodía se cantaba el salmo. 18. "Sobre Mahalat" (heb. {al-mâjalalh, de significado incierto; Sal. 53 y 88).


Algunos creen que el término significa que el salmo debía ser cantado de una manera triste y como un lamento. 19. "La paloma silenciosa en paraje muy distante" (heb. {al-yônath 'êlem rejôqîm, "la paloma de [en] los robles [terebintos, las encinas] lejanos[as]"; 56). La expresión reflejaría los sentimientos del salmista, que, como fugitivo en tierra extraña, se siente como una paloma desalojada forzosamente de su nido. Pero muy probablemente sea el título de un canto con cuyas tonalidades se debía entonar el salmo. 20. "Salmo" (heb. mi5môr; 57 salmos). Himno que se cantaba con acompañamiento de instrumentos de cuerda. Siempre aparece como título y nunca en el cuerpo de los salmos. 21. "No destruyas" (heb. 'al-tashjêth; 57-59 y 75). El significado del término hebreo es incierto, pero se cree que son las primeras palabras de un canto popular de tiempos del salmista y con cuyo tono se debían entonar estos salmos. 22. "Enseñanza" (heb. le-lammêd, literalmente "para enseñar"; 60).


23. "Para cantar" (heb. le{annôth, "para cantar" [del verbo 'ânah] o "para aflicción"; Sal. 88). Frase musical que aparece junto con Mahalat y que tal vez designa la melodía para cantar el salmo. 24. "De alabanza" (heb. lethôdâh; 100). Quizás una indicación de que se lo debía usar en el momento de la ofrenda de gratitud. 25. "Aleluya" (heb. hallelûyâh, "alabad a Jah [Yahweh]"). En muchos salmos la exclamación aparece tanto al comienzo como al final del salmo (106, 113, 135 y 146-150), sólo al comienzo (111 y 112) y sólo al final (104, 105, 115, 116 y 117).


Antiguamente 1037 tales expresiones de alabanza* habrían tenido un propósito litúrgico, o sencillamente se usaban como frases de profunda alabanza y gratitud a Dios. 26. "Cántico gradual"* (heb. shîr ha-ma{alôth, "cántico de las gradas [subidas; de los ascensos]"; 120-134). Ma{alôth significa literalmente "ascensos", "subidas", pero su aplicación en esos títulos resulta oscuro. De acuerdo con ciertas tradiciones, los levitas cantaban estos salmos durante la 1ª noche de la fiesta de los Tabernáculos, sobre los 15 escalones que había entre el atrio de Israel y el atrio de las mujeres. De acuerdo con otra tradición, los levitas estaban de pie con arpas en los 15 peldaños que bajan del atrio de Israel al atrio de las mujeres, en armonía con los 15 salmos de subidas que están en el libro de Salmos, mientras hombres santos repetían cantos y alabanzas.


Tal vez la idea más plausible sea que estos salmos eran canciones que cantaban los peregrinos en su ascenso hacia Jerusalén (cf 122:4). 27. "Alabanza" (heb. tehillâh, "oda"; 145). 28. "Al músico principal" (heb. la-menatstsêaj; Sal. 18; etc.; Hab. 3:19). Véase Aleluya.



IV. Bosquejo.


Desde los primeros tiempos, el libro fue dividido en 5 secciones: Libro 1º: Sal. 1-41; Libro 2º: 42-72; Libro 3º: 73-89; Libro 4º: 90-106; Libro 5º: 107-150.



V. Temas y Aplicaciones.


El libro le ha servido a hebreos y a cristianos con la misma eficacia, tanto para el culto público como para la devoción privada. El canto de los salmos por coros antifonales, o por el coro y la congregación, desempeñaban una parte importante en los antiguos servicios, del templo, en los que muchos cantos se llegaron a vincular con las grandes festividades nacionales: los Sal. 113-118, más el 135, se usaban en la época de la Pascua; el 118, en el Pentecostés, en la fiesta de los Tabernáculos y en la fiesta de la Dedicación; los Sal. 120-134, en la noche de la fiesta de los Tabernáculos; el 30, en la fiesta de la Dedicación; el 81, en ocasión de las lunas nuevas; el 29, en la víspera del sacrificio de la luna nueva; los Sal. 120-134 quizá se empleaban como canciones de peregrinaje. Después de la destrucción del templo, los salmos se continuaron usando como oraciones en las sinagogas: el 7 para Purim; el 12 para el 8º día de la fiesta de los Tabernáculos; el 47 para el Año Nuevo; del 98 al 104 para las lunas nuevas; y del 103 al 130 para el Día de la Expiación. Los grandes hallêl, o salmos de alabanza (104-106, 111-113, 115-117, 135 y 145-150), se aprendían de memoria y se cantaban como manifestaciones de acción de gracias por parte de la congregación.


Los salmos siguen ocupando un lugar destacado en la liturgia de la sinagoga, y lo mismo ocurre en el ritual cristiano, ya sea católico-romano, ortodoxo oriental, anglicano o evangélico. El tema descollante del libro de Salmos es la gran necesidad del hombre y la provisión divina, llena de gracia, para hacer frente a esa necesidad. La atracción universal que ejerce sobre los hombres de todas las edades, todas las naciones y todas las circunstancias de la vida, es el resultado de su presentación eficaz de este gran tema. De una manera o de otra refleja casi toda experiencia del hombre, y da expresión prácticamente a todas sus emociones. Abarca toda la gama de su experiencia, desde las profundidades de la conciencia de pecado y la autocondenación, hasta las alturas de la fe y la comunión con Dios. Reflejan el pesar, la desilusión, la enfermedad, la culpa, la debilidad y la futilidad, pero también la alegría, la satisfacción, el perdón del pecado, la recuperación de la enfermedad, el consuelo, la fortaleza y la confianza. Imparten valor en medio del desánimo, esperanza en la desesperación, fortaleza en la debilidad y certidumbre del perdón en medio de la condenación. Algunos llevan al pecador en secreto ante la misma presencia de Dios, y lo animan a derramar allí su alma, solo, delante del Señor.


Siete tratan tan íntimamente con el sentimiento de culpa y los resultados de ésta, que han recibido el nombre de salmos penitenciales (6, 32, 38, 51, 102, 130 y 143), de los cuales los Sal. 32 y 51 en particular son notables ejemplos de la confesión individual del pecado. El Sal. 106 es una confesión nacional de la transgresión. En los Sal. 42, 43, 60, 74, 79 y 89 el autor clama a Dios desde las profundidades del desastre, la derrota y la convicción de la culpa. Los Sal. 1, 15, 24, 34, 52, 120, 131 y 133 presentan diversos aspectos de la rectitud de carácter. Los Sal. 42, 43 y 63 en particular, expresan el intenso anhelo de vivir cerca de Dios. En otros (27, 84 y 122) el autor habla acerca de las bendiciones que resultan de adorar en el santuario; todos señalan a Dios como la esperanza, la confianza, la fortaleza y el triunfo del hombre.


Muchos anuncian la venida del Mesías para salvar a su pueblo e inaugurar un eterno reino de justicia. Los Sal. 2, 22, 69, 72 y 110 son ricos en connotaciones mesiánicas. Otros dan testimonio de la divinidad del Mesías (45:6; 110:1), de que es el Hijo (2:7), de su encarnación (40:6, 7), de su sacerdocio (110:4), de que fue traicionado (41:9), de su rechazo (118:22) y de su resurrección y ascensión 1038 (16:9, 10; 68:18). Los Sal. 46, 61, 62 y 91 revelan a Dios como nuestro auxilio en las tribulaciones. En el Sal. 96 aparece el aspecto misionero. Los Sal. 37 y 73 tratan el problema de la duda y su solución. Los Sal. 16 y 49 generan fe en la realidad de la vida futura. Los Sal. 8, 19, 29 y 104 tienen que ver con diversos aspectos de la naturaleza. Los Sal. 68, 79, 105, 106 y 114 se refieren a varios incidentes de la historia de Israel. Los Sal. 35, 52, 69, 83 y 109 son imprecatorios: denuncian a los enemigos de Dios y de su pueblo, e invocan maldiciones sobre sus cabezas. La alabanza es el leitmotiv de los Sal. 8, 16, 33, 55, 65, 71, 86, 89, 90, 92, 95-100, 103, 104, 107, 142 y 143; y los Sal. 145-150 expresan alabanza y adoración. Los Sal. 9, 10, 25, 34, 37, 111, 112, 119 y 145 son alfabéticos o acrósticos en el texto hebreo, puesto que los versos comienzan con las letras del alfabeto hebreo en sucesión, y con diversos arreglos (véase CBA 3:621-635).


Salomé


(gr. Salom', "pacífica [tranquila]"; forma gr. del heb. Shâlôm, "paz").



1.


Hija de Herodías y a la vez la muchacha que recibió como recompensa la cabeza de Juan el Bautista después de danzar delante de Herodes Antipas (Mt. 14:3-11; Mr. 6:17-28). Su nombre no aparece en la Biblia, pero lo sabemos gracias a Josefo. Después se casó con su tío Felipe, tetrarca de los territorios del noroeste mencionados en Lc. 3:1.


Bib.: FJ-AJ xviii.5.4.



2.


Mujer que servía a Jesús mientras estaba en Galilea, y que lo siguió a Jerusalén, y así llegó a ser testigo ocular de la crucifixión (Mr. 15:40, 41).


Aparentemente era la esposa de Zebedeo, y la madre de Santiago y Juan (Mr. 15:40; cf Mt. 27:56; 4:21). Salomé era una de las mujeres que fue a la tumba de Cristo, en la mañana de la resurrección, con especias aromáticas para ungir (embalsamar) su cuerpo (Mr. 16:1).


Salomón


(heb. Shelômôh, "pacífico [apacible]" o "paz"; aparece en heb. en la manija de un jarrón antiguo; moab. Shlmn; ac. Shalamânu; ár. Suleimân; gr. Solomon).


Hijo de David y Betsabé (2 S 12:24; 1 Cr. 3:5), y 3º y último rey del reino unido de Israel. Reinó desde c 971-c 931 a.C. En un pasaje se lo llama Jedidías,* "amado de Jehová" (2 S. 12:25). Posiblemente éste era su nombre personal, y Salomón su nombre oficial; o al revés.



I. Ascensión al trono.


Salomón llegó a ser rey poco antes que su padre muriera, y le debió su corona a la vigilancia y la atención del profeta Natán. Al enterarse de que Adonías, el hermano mayor de Salomón, apoyado por Joab, iba a ser proclamado rey, el profeta influyó sobre David por medio de Betsabé para que actuara prestamente. En respuesta a esto, Salomón -apoyado por Sadoc el sacerdote, Benaía, un militar de alta jerarquía, y la guardia personal de David- prestamente fue proclamado rey. Esta rápida intervención le puso fin inmediatamente a la conspiración de Adonías (1 R. 1:5-40). Después del fallecimiento de David, Salomón aplicó la pena de muerte a sus más violentos opositores. A los menos violentos los obligó a renunciar a sus cargos, los exilió o los puso bajo vigilancia (cp 2). Por ese tiempo se casó con una princesa egipcia (3:1), probablemente la hija de uno de los últimos faraones de la 21ª dinastía. En una visita que hizo a Gabaón, donde se encontraba el tabernáculo del Señor en ese momento, tuvo un sueño en el cual Dios le pidió que le dijera cuáles eran sus deseos, y le prometió que se los concedería. Como respuesta pidió sabiduría, lo que agradó tanto a Dios que le prometió riquezas y honores, además de lo que había solicitado (1 R. 3:4-15; 2 Cr. 1:3-13). Su sabiduría se vio sometida a prueba cuando se le pidió que arbitrara en un pleito entre 2 mujeres acerca de la posesión de un bebé (1 R. 3:16-28). La sentencia pronunciada en este caso llegó a ser proverbial, e hizo tal impresión entre los hombres que fue motivo de expresiones artísticas en el mundo antiguo (fig 443).



II. Reinado.


Las relaciones de Salomón con los otros países durante los 40 años de su reinado fueron generalmente buenas. Por medio de su casamiento con la princesa egipcia pudo posesionarse de la ciudad de Gezer que permanecía en manos cananeas hasta ese momento (1 R. 9:16). Libró sólo una batalla contra Hamat de Soba para asegurarse sus posesiones septentrionales (2 Cr. 8:3). Hizo un tratado comercial con Fenicia (1 R. 5:1-12). Aparentemente también tuvo buenas relaciones con otras naciones vecinas, como ser Amón, Moab, Edom y las ciudades-estados heteas del norte de Siria, países desde los cuales traía mujeres para su harén (11:1; 14:21). Incluso se relacionó con la lejana Sabá del sur de Arabia (10:1-13). En el desierto edificó la ciudad de tránsito, Tadmor* (2 Cr. 8:4), y llevó adelante una floreciente relación comercial con muchas naciones circundantes: compró caballos en Cilicia e importó carros de Egipto, que luego exportaba para los príncipes de las regiones septentrionales (1 R. 10:28, 29, BJ, DHH).


También organizó divisiones de carros como parte de su ejército, y construyó ciudades 1039 fuertes entre las cuales figuran especialmente Hazor, Meguido y Gezer (1 R. 9:15-19; 10:26). Las excavaciones practicadas en Meguido han permitido descubrir grandes establos que podrían corresponder a la época de Salomón o de Acab (fig 210), y una gran puerta del tiempo de Salomón (fig 496) que corresponde tanto en tamaño como en diseño a las puertas del templo que describe Ezequiel.


Otros pórticos de idéntico estilo han sido excavados en el nivel de Salomón en Hazor (fig 495) y en Gezer.


443. Pintura mural, procedente de Pompeya, donde se describe el juicio de Salomón.


Las exploraciones llevadas a cabo por Nelson Glueck en Edom han permitido descubrir las minas de cobre que explotaba Salomón. Las excavaciones dirigidas por Glueck en Ezión-geber y en el Golfo de Aqaba demostraron que se trataba de una ciudad que era a la vez un depósito y un puerto, desde el cual partían los barcos de Salomón (tripulados parcialmente por fenicios) con rumbo a Ofir (probablemente Somalía en el Africa oriental) para traer oro. Sus "naves de Tarsis" traían monos, marfil, pavos reales, etc. (1 R. 9:26-28; 10:11, 22). Véase Tarsis 2.


Salomón dividió Israel en 12 provincias administrativas, que no correspondían totalmente con los límites de las tribus. Las administraba un eficaz cuerpo de funcionarios, algunos de los cuales estaban relacionados con el rey mediante vínculos matrimoniales (1 R. 4:1-19).


Para llevar a cabo sus numerosas construcciones, Salomón recurrió a un sistema de trabajos forzados que con el tiempo se volvió muy impopular (5:13-16; 9:15, 20, 23). Además de sus trabajadores, Salomón reclutó una gran cantidad de israelitas para su infantería, sus carros de guerra y su caballería (1 R. 9:22).


Bib.: FJ-AJ viii.7.2.



III. Actividad edilicia en Jerusalén.


Por muchos años la atención de Salomón se concentró en el embellecimiento de su capital. Su padre, David, a quien no se le había permitido edificar el templo, había reunido muchísimo material de construcción para ese edificio (1 Cr. 29:28, cf 17:4), y había comprado un terreno ubicado al norte de "la Ciudad de David", el antiguo monte Moriah.


Las actividades edilicias de Salomón en Jerusalén duraron 20 arcos: 7 de ellos se dedicaron a la construcción del magnífico templo que le produjo gran fama (1 R. 6:37, 38), y 13 en levantar el palacio (7:1). Los arquitectos de Salomón y algunos de sus constructores eran de Tiro. Los fenicios también le proporcionaron materiales para la construcción y para los muebles (5:1-18; 7:13, 14). Se construyeron nuevos muros para rodear la ciudad que había crecido mucho (9:15), aunque no se sabe si la Jerusalén de Salomón incluía alguna parte de la ciudad que más tarde se extendió al occidente del valle del Tiropeón, o si su ciudad estaba confinada a las 2 colinas orientales: la sudoriental, en la cual se encontraba la Ciudad de David, a la que también se le daba el nombre de Sión; y la nororiental, o Colina del Templo. También llevó a cabo construcciones en Milo (9:15, 24; 11:27), que probablemente era una fortaleza especial, mencionada ya en tiempos de David (2 S. 5:9), ubicada en el costado septentrional de la antigua Ciudad de David (fig 278).



IV. Fracaso.


Salomón, como monarca 1040 oriental, amaba el lujo, y desgraciadamente puso en práctica muchos de los procedimientos de los déspotas del Oriente. Uno de sus errores más notables fue tomar como esposas a muchas mujeres extranjeras. Esto lo arrastró a la deslealtad a Dios, que dio como resultado la fractura de su reino inmediatamente después de su muerte. Para satisfacer a esas mujeres construyó santuarios paganos en los que de vez en cuando él mismo fue a adorar (1 R. 11:1-13). Otro error de Salomón consistió en aplicar al pueblo pesados impuestos por períodos prolongados. Su programa de trabajos forzados fue especialmente impopular y se convirtió en la causa más visible de la división del reino (12:4-16).


Uno de sus enemigos fue Hadad, de Edom, quien huyó a Egipto después de la victoria de David sobre los idumeos pero regresó a su tierra en la época de Salomón (1 R. 11:14-22, 25b). Otro adversario fue Rezón, un jefe arameo de una banda de delincuentes, que se adueñó de Damasco* y fundó una dinastía; éste le produjo más problemas que Hadad (vs 23-25).


El más peligroso de sus opositores internos fue Jeroboam, un efraimita, jefe de un grupo de constructores empleados en el proyecto de edificación de Milo, en Jerusalén. A causa de la apostasía de Salomón, Dios le prometió la mayor parte del reino. Infatuado con esto, cometió un error grave, como resultado del cual aquel procuró matarlo. Pero Jeroboam huyó a Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón, después de lo cual regresó para convertirse en el vocero de los insatisfechos trabajadores del reino y en rey de las tribus del norte (vs 26-40; 12:2, 3).



V. Vida religiosa y Actividad literaria.


Salomón comenzó como un gobernante profundamente espiritual, quien por sobre todo deseaba tener de la sabiduría suficiente como para servir a Dios y atender los intereses de su nación (1 R. 3:3-9). Su oración y los consejos que le dio al pueblo en ocasión de la dedicación del templo ponen de manifiesto que estaba muy cerca del Señor (8:22-61). Pero la riqueza y el lujo, y muy especialmente sus muchas mujeres, lo corrompieron de tal manera que finalmente llegó a ser idólatra (11:38). En la última etapa de su vida lamentó haber cometido tantas locuras, como lo revelan las declaraciones que formuló en Eclesiastés (Ec. 1:1, 12-17; 2:1-11).


Se lo conoció especialmente por su extraordinaria sabiduría, cuya fama trascendió los límites de la nación (1 R. 4:29-34) y que superaba, incluso, la de los egipcios (v 30), de quienes se ha logrado conservar mucha de su literatura sapiencial. Los 2 libros que lo presentan como autor: Proverbios y Cantar de los Cantares, más Eclesiastés -que aunque no lleva su nombre, por tradición se le atribuye, porque el cp 1:1 dice que su autor es "hijo de David, rey en Jerusalén"-, han preservado para todos los tiempos algunas de sus sabias declaraciones y algo de su inspirada filosofía.


Como algunos de sus proverbios manifiestan un estrecho paralelismo con las "Instrucciones (egipcias) de Amen-em-Opet", esto ha servido de argumento para afirmar que el autor de Proverbios los copió de esa fuente.


Pero dado que Salomón vivió en el s X a.C., mientras que Amen-em-Opet es del s VIII al VI a.C. (por lo menos 200 años después), hecha totalmente por tierra esa idea. De allí que sea más posible que Proverbios de Salomón llegara a Egipto, fuera corregido y vuelto a redactar por Amen-em-Opet para que tuviera la forma que presenta ahora en la versión egipcia.


Bib.: ANET 421-425.


Salomón, Pórtico de


(gr. Stóa Solomontos).


Columnata cubierta constituida por 2 corredores ubicados en el costado oriental del atrio exterior del templo en tiempos de Cristo. Había sido construida sobre una plataforma artificial que daba hacia el valle del Cedrón, y que por lo tanto parece haber estado ubicada en la porción meridional del costado oriental (fig 498), como lo sugiere un estudio topográfico de la zona del templo. Este pórtico fue escenario de un incidente en la vida de Cristo (Jn. 10:23), y se lo menciona 2 veces como uno de los lugares donde los apóstoles predicaban el evangelio (Hch. 3:11, 12; 5:12).


Bib.: FJ-AJ xx.9.7; FJ-GJ v.5.1.


Salomón, Siervos de


(hob. {abdê Shelômôh).


Antepasados de un grupo de exiliados que regresó junto con Zorobabel (Esd. 2:55, 58; Neh. 7:57, 60), y que más tarde se estableció en las ciudades de Judá (Neh. 11:3). Puesto que se los menciona junto con los sirvientes* del templo, habrían sido descendientes de extranjeros a quienes Salomón obligó a servir en beneficio del santuario.


Saltamontes; Saltón.



Véase Langosta (1, 6).


Salterio


(aram. pesanterîn; LXX psaltesrion).


El término arameo es un extranjerismo tomado del griego, y designa un instrumento triangular de cuerdas, parecido al arpa o a la lira, con una caja de resonancia arriba de las cuerdas (Dn. 3:5, 7, 10, 15). Los documentos cuneiformes del tiempo de Nabucodonosor demuestran que entre los muchos extranjeros empleados en los proyectos de edificación en 1041Babilonia había jonios y lidios de habla griega. Estos artesanos habrían introducido ciertos instrumentos musicales anteriormente desconocidos allí. Sería sólo natural que, con su aceptación, también estuviera implícito la conservación de sus nombres griegos. Esto explicaría el uso de un nombre griego para cierto instrumento musical en la Babilonia del s VI a.C. Véanse Arpa; Decacordio; Lira.


Salu


(heb. Sâlû', "restaurado").


Simeonita cuyo hijo Zimri fue muerto por Finees (Nm. 25:14).


Salú


(heb. Sallû' [1], tal vez "exaltado" o "pesado"; heb. Sallû [2], de significado desconocido).



1.


Benjamita elegido para morar en Jerusalén en la época de Nehemías (Neh. 11:7; 1 Cr. 9:7).



2.


Sacerdote que vivió después del exilio (Neh. 12:7), posible antepasado y cabeza de una familia a la que se la llama Salai en el v 20. Véase Salai 2.


Saludo


(heb. shâ'al shâlôm; aram. shelâmâ, kullâ', "mucha [toda] paz"; gr. aspasmós).


En la Biblia aparecen muchas formas de saludar: "Dios tenga misericordia de ti" (Gn. 43:29); "Jehová sea con vosotros" (Rt. 2:4): "Paz sea a esta casa" (Lc. 10:5), etc. Las frases de saludo más antiguas eran: heb. shâlôm le, "paz a ti", "la paz sea contigo"; shâlôm Yahweh, "Yahweh esté contigo"; gr. eiren' soi [humín], con el mismo significado de shâlôm le (aunque tal vez no con las connotaciones judías); jáire y jáirete, "¡saludos!"; romana ave, "¡salve!"


Los saludos a menudo se expresaban con besos o estaban acompañados de ellos (Gn. 48:10; Ex. 18:7; etc.). La costumbre consistía en besar la mejilla, la frente, la barba, las manos y los pies. En el NT encontramos la expresión "ósculo santo", una señal de afecto cristiano entre los creyentes (Ro. 16:16; 1 Co. 16:20; 1 Ts. 5:26). Judas le dio un beso al Maestro para traicionarlo (Mt. 26:49; cf Pr. 27:6). Las epístolas de Pablo abundan en saludos de él mismo y de los que estaban con él para sus colaboradores en la obra, quienes se encontraban en las iglesias a las cuales estaban dirigidas las cartas (Ro. 16:3-16; 1 Co. 16:20; 2 Co. 13:12; Fil. 4:21; etc.).


Los escribas y los fariseos cayeron bajo la condenación de Jesús por su amor egocéntrico a las "salutaciones en las plazas", que sin duda eran complicadas y tomaban mucho tiempo, como son a menudo las orientales (Mt. 23:7; Lc. 11:43). Quizá por causa del tiempo empleado en los antiguos saludos, Eliseo, al enviar a Giezi a poner un cayado sobre el hijo muerto de la sunamita, le ordenó que no saludara a nadie (2 R. 4:29). Del mismo modo, cuando Cristo envió a los 70 les dijo: "A nadie saludéis por el camino" (Lc. 10:4), tal vez para imprimirle un sentido de urgencia a la predicación del evangelio. Jesús también amonestó a sus seguidores a que no fueran exclusivos en sus salutaciones, sino que todos, judíos y gentiles, amigos y enemigos, fuesen considerados hermanos (Mt. 5:43-47).


Salum


(heb. Shallûm y Shallûn, "recompensa [retribución]"; aparece con frecuencia en antiguos sellos heb. y en otros textos).



1.


Decimosexto rey del reino norteño de Israel (si se incluye a Tibni* en la cuenta). Reinó durante un mes en Samaria (c 752 a.C.), después de dar muerte a Zacarías, el último rey de la dinastía de Jehú. Salum a su vez fue asesinado por Manahem, que lo sucedió en el trono (2 R. 15:8-15).



2.


Esposo de la profetisa Hulda (2 R. 22:14; 2 Cr. 34:22).



3.


Descendiente de Judá (1 Cr. 2:40, 41).



4.


Cuarto hijo de Josías y su sucesor. Tomó el nombre real de Joacaz (1 Cr. 3:15; Jer. 22:11; 2 R. 23:30). Véase Joacaz 2.



5.


Descendiente de Simeón (1 Cr. 4:25).



6.


Hijo de Neftalí (1 Cr. 7:13). Se lo llama Silem* en Gn. 46:24.



7.


Portero y cabeza de una familia de porteros en el templo de Jerusalén (1
Cr. 9:17, 19, 31
; Esd. 2:42; Neh. 7:45).



8.


Hombre cuyo hijo Ezequías era funcionario en Samaria en tiempos del rey Peka (2 Cr. 28:12).



9.


Antepasado de Esdras, sumo sacerdote antes del exilio (Esd. 7:2; 1 Cr. 6:12, 13). Se lo llama Mesulam en 1 Cr. 9:11. Véase Mesulam 6.



10.


Portero del templo que en los días de Esdras se había casado con una mujer extranjera (Esd. 10:24).



11.


Ciudadano de Judá, que en tiempos de Esdras se había casado con una mujer extranjera (Esd. 10:42).



12.


Dirigente de la mitad de un distrito de Jerusalén. El, junto con sus hijas, reparó un sector del muro de Jerusalén en los días de Nehemías (Neh. 3:12).



13.


Dirigente del distrito de Mizpa en tiempos de Nehemías. Reparó la Puerta de la Fuente de Jerusalén y el muro de la Fuente de Siloé (Neh. 3:15).



14.


Tío de Jeremías, padre de Hanameel (Jer. 32:7, 8).



15.


Padre de Maasías (Jer. 35:4). Véase Maasías 7.1042


Salutación.



Véase Saludo.


Salvador


(heb. môshîa{ [del verbo yâsha{, "librar (ayudar)"], "alguien que libra [ayuda]"; gr. sÇter, "salvador", "libertador", "preservador").


Cualquiera capaz de librar de una gran desgracia (2 R. 13:5; Neh. 9:27). El AT aplica la palabra especialmente a Dios como Libertador de su pueblo Israel (Sal. 106:21; Is, 43:3, 11; 63:8; Os. 13:4). El NT también se refiere a Dios el Padre como "Salvador" (Lc. 1:47; 1 Ti. 1:1; Tit. 1:3; etc.), pero más definidamente a Jesucristo,* que vino a salvar "a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1:21). El nombre "Jesús"* significa "el Señor (Jehová) es salvación".


Sama


(heb. Shammâh, Shammâ' [1-5], "horror" o "desolación [pérdida]"; y Shâmmâ{ [6], "él oye" u "oyendo"; as. Shamâ).



1.


Hijo de Rehuel (Gn. 36:13; 1 Cr. 1:37) y, por lo tanto, descendiente a la vez de Esaú e Ismael (Gn. 36:3, 4). Fue un jefe idumeo (v. 17).



2.


Tercer hijo de Isaí y hermano de David (1 S. 16:9; 17:13), también conocido como Simea. Véase Simea 3.



3.


Uno de los 3 primeros "valientes" de David, hijo de Age ararita (2 S. 23:11).



4.


Harodita, uno de los 30 "valientes" de David (2 S. 23:25, 33), posiblemente idéntico con Samhut izraíta (1 Cr. 27:8) y con Samot* harodita (11:27).



5.


Descendiente de Aser (1 Cr. 7:37).



6.


Hijo de Hotam aroerita y uno de los valientes de David (1 Cr. 11:44).


Samai


(heb. Shammay, tal vez "desolación [desolado]").



1.


Descendiente de Jerameel, de la tribu de Judá (1 Cr. 2:26, 28, 32).



2.


Descendiente de Caleb, hijo de Hezrón, de la tribu de Judá (1 Cr. 2:42, 44, 45).



3.


Descendiente de Caleb, hijo de Jefone, de la tribu de Judá (1 Cr. 4:17).


Samaquías


(heb. Semakyâhû, "Yahweh sostiene"; también aparece en las Cartas de Laquis y en algunos sellos heb. y amonitas).


Levita descendiente del portero Obed-edom (1 Cr. 26:7).


Samaria


(heb. Shômerôn, "vigía [guardia]" o "atalaya [mirador]"; as. Samerina, etc.; aram. Shamerayin; gr. Samáreia).


En 1 R. 16:24 se dice que el lugar recibió ese nombre de Semer, el que le vendió a Omri la colina en la cual se edificó la ciudad.



1.


Ciudad capital del reino de Israel. Se encontraba a unos 9,5 km al noroeste de Siquem, y ocupaba una posición destacada en la cima de una colina aislada y redondeada, a unos 445 m s.n. del Mar Mediterráneo, que es visible desde ese lugar, y entre 90 y 120 m por encima de la llanura circundante, rica en olivares y trigales. Su situación estratégica, más la riqueza y la belleza de sus alrededores, hacían de ella una sabia elección como capital. Fue edificada por Omri (c 885-c 874 a.C.), quien le compró la colina a Semer por 2 talentos de plata y trasladó la capital de su reino de Tirsa a ese nuevo lugar (1 R. 16:24). Fue una de las pocas ciudades fundadas por los israelitas, y siguió siendo la principal de Israel mientras existió el reino (unos 150 años). También era el sitio donde recibían sepultura los reyes de Israel (1 R. 16:28, 29; 20:43; 22:10, 37, 51; 2 R. 17:1, 6; etc.). Omri, ya sea a la fuerza o como consecuencia de un pacto, les proporcionó en Samaria posibilidades mercantiles a los mercaderes sirios (1 R. 20:34). En los días de Acab, las fortificaciones de la ciudad llegaron a tal grado de perfección que los sirios no la pudieron tomar (vs 1-21); aun los asirios, maestros en el arte de apoderarse de ciudades fortificadas, sólo la conquistaron después de un asedio de 3 años (2 R. 18:9, 10).


Cuando finalmente cayó (723/722 a.C.), casi 30.000 ciudadanos fueron llevados cautivos rumbo al exilio. Se los reemplazó por gente de Babilonia y de Siria (17:24). Mapa IX, D-3 Desde los comienzos de su historia, Samaria fue un centro de culto pagano y de idolatría, Jezabel, la esposa de Acab, introdujo el culto de Baal en la ciudad, y luego se levantaron un templo y un altar en honor del dios (1 R. 16:31, 32). El culto de Asera también encontró apoyo por parte de la casa real (18:18, 19). Una gran corrupción moral fue el resultado de este grosero sistema de idolatría (Os. 4:1-14). Los profetas denunciaron con denuedo la apostasía (ls. 7:9, 8:4; Ez. 16:46, 47; 23:4-10, 33: Os. 7:17; 8:5, 6; 13:16; Am. 3:9, 10, 12; Mi. 1:5-9). Elías (1 R. 17 y 18) y su sucesor Eliseo, quienes aparentemente vivieron en Samaria, trabajaron esforzadamente para contrarrestar la impiedad (2 R. 2:25; 5:39; 6:24, 25. 32).


En el 722 a.C., después de su caída ante Salmanasar V o Sargón II, Samaria se convirtió en la cabecera de una provincia asiria. Cuando Alejandro Magno invadió Siria (333 a.C.), ocupó Samaria y la hizo la sede de una gobernación. Pero Andrómaco, el gobernador instalado allí, fue asesinado por los samaritanos entre el 332 y el 331 a.C., cuando aquel se encontraba en Egipto. En consecuencia, Alejandro castigó severamente a sus habitantes, los trasladó a Siquem y la repobló con 1043 siro-macedonios. Como resultado, Samaria fue una de las primeras ciudades helenísticas de Palestina. Alrededor del 108 a.C., después de un sitio de un año, Juan Hircano, el rey macabeo de Judá, la conquistó y, en un intento de hacer desaparecer hasta los vestigios de su antigua gloria y su poder, se dedicó a demolerla sistemáticamente. Con el correr de los años fue reconstruida, y cuando Pompeyo llegó a Palestina (63 a.C.) la anexó a la provincia de Siria; luego, Gabino la fortificó. Poco después de esto, Samaria pasó por su período más glorioso, cuando Herodes el Grande, que se casó allí con Mariamne, su esposa favorita, y a quien se le dio en obsequio la ciudad, la reconstruyó, la volvió a fortificar y la embelleció con edificios magníficos, de los cuales todavía quedan algunas ruinas impresionantes. También le cambió el nombre por el de Sebaste, el femenino de Sebastós, "majestuoso", el equivalente griego de Augustus.


Ha conservado ese nombre hasta el día de hoy, puesto que se llama Sebastiyeh. Mapa XI, C-4.


444. Mapa de la antigua ciudad de Samaria.


En la Era Cristiana, Samaria (o Sebaste) fue sobrepasada en tamaño e importancia por Neápolis (ahora Nâblus), la sucesora de la antigua Siquem, aunque Sebaste llegó a ser la sede de un obispado. Esta sede episcopal fue reestablecida por los cruzados, y un obispo griego, que hoy reside en Jerusalén, sigue derivando su título de Sebaste, aunque ésta no sea más que una aldea.


Las primeras excavaciones en ese lugar las llevaron a cabo G. Schumacher, G. A. Reisner, D. G. Lyon y C. S. Fisher, por cuenta de la Universidad de Harvard, desde 1908 hasta 1910. Esta expedición descubrió los restos del Foro de Herodes, de una basílica romana y de un hipódromo. También fueron expuestos los fundamentos del palacio de Omri (1 R. 22:39), y las ampliaciones hechas por Acab y Jeroboam II, como asimismo la fuente donde los siervos del palacio lavaron el carro manchado de sangre, en el cual habían traído el cuerpo de Acab desde Ramot en Galaad. De gran interés son algunas óstracas, probablemente de los días de Jeroboam II, que contienen notas relativas al pago de aceite y vino para los depósitos reales, y que posiblemente correspondían a los impuestos. Bajo la dirección de J. W. Crowfoot se llevaron a cabo más excavaciones entre 1931 y 1933, y en 1044 .


1935, por expediciones combinadas, con las cuales cooperaron varias instituciones científicas, las que proporcionaron la posibilidad de establecer con más precisión las fechas de los descubrimientos previos, y aclarar algunos problemas arqueológicos e históricos. Los descubrimientos más interesantes de esta última expedición incluyen una gran cantidad de plaquetas de marfil* tallado, probablemente provenientes de la casa de marfil de Acab (v 39). También se encontraron otras óstracas hebreas adicionales.


Bib.: G. A. Reisner y otros, Harvard Excavations at Samaria [Excavaciones en Samaria por cuenta de Harvard], 2 ts (Cambridge, Mass., 1924); J. W. Jack, Samaria in Ahab's Time, Harvard Excavations and Their Results [Samaria en los días de Acab. Las excavaciones de Harvard y sus resultados] (Edinburgo, 1929); J. W. Crowfoot y otros, Samaria-Sebaste. Reports of the Work of the Joint Expedition in 1931-1933 and of the British Expedition in 1935 [Samaria-Sebaste. Informe de la tarea de la expedición conjunta realizada entre 1931 y 1933, y de la expedición británica de 1935] (Londres, 1938, 1942, 1957): t I, The Building at Samaria [La construcción de Samaria]; t II, Early lvories From Samaria [Antiguos marfiles de Samaria]; t III, The Objects From Samaria [Los objetos de Samaria]; ANET 284, 285; FJ-AJ xiii. 10.2, 3; FJ-GJ i.2.7; FJ-AJ xiv.4.4; 5.3.


445. Restos de un muro de la Samaria antigua de tiempos del rey Omri.





2.


Monte o colina donde estaba asentada la ciudad de Samaria (1 R. 16:24). Véase Samaria 1.



3.


Reino de Israel, o el territorio ocupado por las 10 tribus, que con frecuencia recibía el nombre de Samaria por causa de su ciudad capital (1 R. 21:1; 2 R. 17:24; Jer. 31:5). Véase Israel 3.



4.


Provincia de Samaria. Después de su conquista (723/22 a.C.) por parte de Salmanasar V o Sargón II, la ciudad de Samaria pasó a ser la sede del gobernador asirio. A 2 de los gobernadores que desempeñaron sus cargos durante el s VII a.C. se los conoce, sobre la base de registros cuneiformes, como Nabû-kêna-utsur (690 a.C.) y Nabû-shar-ahhêshu (646 a.C.). Nada se sabe sobre la forma de su administración, pero haciendo comparaciones con otras regiones del imperio es fácil pensar que tenía un solo propósito, a saber, obtener tanto tributo como fuera posible extraer, en productos de la tierra, de la población oprimida.


Cuando el territorio de Samaria cayó en manos de los babilonios, y más tarde en las de los persas, posiblemente la forma de administración haya sido la misma: con un gobernador que representaba a la corona. Podía ser un extranjero o un nativo del lugar nombrado por el gobierno central.


Un gobernador de Samaria durante el período persa fue enemigo de Nehemías: Sanbalat,* que es bien conocido por la Biblia (Neh. 4:1, 2; etc.) y por los papiros de Elefantina.* Gracias a estos papiros y a otros descubiertos en 1962 en una caverna del Wâd§ Dâliyeh, a unos 16 km al nornoroeste de Jericó, se conocen los nombres de varios gobernadores del período persa sucesores de Sanbalat.


Durante el período helenístico, Samaria ostentó la categoría de provincia: primero como parte del imperio de Alejandro, y más tarde bajo el dominio de los Tolomeos o los Seléucidas, según cuál de esos 2 poderes dominaba Palestina. Cuando Pompeyo ocupó ese país en nombre de Roma (63 a.C.), la región quedó bajo el control de la provincia senatorial de Siria, de la cual llegó a formar parte.


Bib.: R. W. Klein, IDBS 781, 782.



5.


Región de Samaria en tiempos del NT. Cuando Cristo nació, Samaria formaba parte del reino de Herodes. Después de su muerte, su hijo Arquelao la recibió en herencia (4 a.C.-6 d.C.), junto con Judea e Idumea.


Esas 3 regiones siguieron siendo una unidad política durante todo el tiempo del NT, y fueron gobernadas por procuradores romanos desde el 6 hasta el 41 d.C., en cuyo tiempo se llevó a cabo el ministerio de Cristo, y de nuevo desde el 44 hasta el 66. En el lapso transcurrido entre el 41 y el 44 d.C., Samaria formó parte del reino de Agripa I, que gobernó sobre una región equivalente a la de su abuelo: Herodes el Grande (Lc. 17:11; Jn. 4:4; Hch. 9:31; etc.). Mapa XVI, D-3.


Samaritanos/as


(heb. shômerônîm; gr. samarít's o samaréit's, samarítis o samaréitis).


Esta palabra aparece sólo una vez en el AT (2 R. 17:29, BJ; "los de Samaria", RVR), y se refiere a los ciudadanos del antiguo reino de Israel.


Pero más tarde se aplicó a la población de la región de la cual Samaria había sido el centro político, y donde se desarrolló un singular sistema religioso y social. El origen de estos 1045 samaritanos se describe en 2 R. 17:24-34. Después que Tiglat-pileser III (745-727 a, C.) y Sargón II (722-705 a.C.) llevaron a la mayor parte de la población de Israel al exilio, trajeron gente de Babilonia, del norte de Mesopotamia y de Hamat en Siria, y la distribuyeron por el territorio del antiguo reino de Israel. Esta gente trajo su religión, pero, como resultado de su contacto con el resto de los israelitas que habían quedado allí, también adoptó el culto a Jehová. La incorporación de la nueva religión se aceleró como consecuencia de algunas catástrofes que los recién llegados interpretaron como señal de disgusto de la divinidad local por causa de que ellos no le habían prestado suficiente atención. Bajo Esarhadón (681-669 a.C.) y Asurbanipal (669-627? a.C.; el Asnapar bíblico, Esd. 4:10), nuevos continentes de extranjeros se establecieron en el territorio de Samaria (Esd. 4:2, 9, 10).


Durante el reino de Josías (c 640-c 609 a.C.), rey de Judá, cuando el poder de Asiria declinaba rápidamente, éste pudo extender su autoridad sobre el territorio del antiguo reino de Israel, que desde el 722 a.C. había sido la provincia asiria de Samaria. Por eso, al llevar a cabo su reforma religiosa, abarcó no solamente su propio reino, sino también el territorio de las tribus del norte, y destruyó todo vestigio de cultos paganos y de idolatría (2 Cr. 34:6, 7). Es posible que la obra de Josías haya contribuido a que la adoración del Dios de Israel se extendiera entre los samaritanos, y que los cultos extranjeros se vieran cada vez más restringidos, aunque a pesar de eso los judíos consideraban que la religión de aquéllos era impura. Como texto bíblico adoptaron la versión del Pentateuco anterior al exilio babilónico de Judá. Algunos de los habitantes de Samaria tenían el hábito de asistir regularmente a los servicios religiosos llevados a cabo en Jerusalén, incluso después de la destrucción del templo (Jer. 41:5; cf Esd. 4:2).


Cuando los judíos regresaron del exilio (c 536 a.C.) y comenzaron a restaurar su religión, los samaritanos quisieron unirse a ellos, pero Zorobabel, Jesúa y los demás dirigentes rechazaron de plano el ofrecimiento (Esd. 4:13). Por las admoniciones de los profetas habían aprendido que su propia calamidad nacional había sido el resultado de su infidelidad a Dios. Convencidos de que los interesados habían corrompido la religión judía, querían evitar caer de nuevo en los errores de la época anterior al exilio, y por eso eligieron el aislamiento religioso y social. Como consecuencia de esta actitud se desarrolló un odio creciente entre las 2 naciones, que con frecuencia se manifestó en actos hostiles. Los samaritanos se opusieron a los judíos que acababan de regresar cuando estos construían el templo en tiempos de Ciro (vs. 4, 5), lanzaron acusaciones contra ellos en la época de Asuero (v 6) y estorbaron activamente la reconstrucción del muro de Jerusalén durante el reinado de Artajerjes. No se contentaron con acusar de rebelión a los judíos, sino que interrumpieron su tarea evidentemente por la fuerza de las armas, quemaron puertas y destruyeron partes del muro que ya habían sido levantadas (Esd. 4:7-23; Neh. 1:3). Nehemías describe con detalles los esfuerzos hechos por el gobernador samaritano, Sanbalat, para impedir su obra, aunque él había sido enviado por el rey y disponía de toda la autoridad necesaria para terminar la tarea de reconstruir el muro (Neh. 2:10, 19, 20; 4:1, 2; 6:1-14).


Josefo dice con respecto a ellos que eran tan poco sinceros, que pretendían ser judíos cuando éstos eran prósperos y respetados y cuando la afinidad con ellos les podía producir algunas ventajas, pero negaban toda relación con el judaísmo cuando temían que les perjudicara. Al ser rechazados por los judíos, los samaritanos construyeron un templo en el monte Gerizim, en el cual ofrecían sacrificios de acuerdo con el ritual mosaico. No se sabe a ciencia cierta si fue levantado en el s V o el s IV a.C., pues Josefo afirma que se lo edificó bajo la dirección de Sanbalat en la época de Alejandro Magno. Además informa que cuando los judíos entraron en conflicto con sus autoridades religiosas, se volvieron hacia los samaritanos. El contraste entre los judíos y los samaritanos se agudizó en tiempos de Antíoco IV Epífanes. Mientras los judíos resistieron sus intentos de helenizarlos, y sufrieron grandes persecuciones de los sirios (2 Mac. 6), los samaritanos dedicaron a Zeus (Júpiter) su templo del monte Gerizim por considerarlo el defensor de los extranjeros (2 Mac. 6:2). De allí que cuando los judíos recuperaron el control de Palestina durante el reinado de los Macabeos, se pusieran en contra de los samaritanos, y Juan Hircano (135-105/104 a.C.) destruyera el templo del monte Gerizim en el 128 a.C. Sin embargo, los samaritanos continuaron celebrando servicios religiosos en la cumbre, junto al lugar donde había estado su santuario, por considerar que ése era el verdadero lugar de culto (Jn. 4:20, 21). Aun hoy siguen celebrando la fiesta de la Pascua (figs 432, 446) en el monte Gerizim, de acuerdo con el rito mosaico, incluido el sacrificio del cordero 1046 pascual. (Para las discrepancias entre los datos de Josefo y Nehemías, vease Sanbalat.)


446. Un sumo sacerdote samaritano dirige a su congregación en oración en la ceremonia de la Pascua anual en el monte Gerizim.


El odio que existía entre judíos y samaritanos no había disminuido cuando Jesús ejerció su ministerio terrenal. Varios pasajes del NT lo indican claramente (Lc. 9:51-54; Jn. 4:9; cf 8:48). Por eso la mayor parte de los peregrinos que viajaban de Galilea a Jerusalén evitaban pasar por Samaria, y preferían hacer un desvío por Perea. El aislamiento social y religioso de los samaritanos los salvó de ser absorbidos por la invasión musulmana del s VII d.C. y subsiguientes, de tal suerte que algunos grupos de ellos han sobrevivido en la zona de Nâblus y en algunos otros lugares de la Palestina de nuestros días.


Su religión no difería demasiado de la de los judíos en tiempos de Cristo, porque también ellos aceptaban el Pentateuco y esperaban que apareciera un Mesías (Jn. 4:25). Pero sus creencias religiosas eran más liberales, especialmente más que las de los fariseos, y habrían sido algo parecidas a las de los saduceos. Los cristianos no manifestaron discriminaciones de ninguna clase, y aceptaron a los samaritanos en pie de igualdad (Lc. 10:29-37; 17:16-18; Jn. 4:1-42-1 Hch. 8:5, 6).


Bib.: FJ-AJ ix. 14.3; xi.8.2, 7.


Sambuca


(aram. sabbekâ' y sabbekâ'; LXX sambuk' ; lat. sambuca).


Instrumento, de forma triangular con 4 cuerdas y de tono brillante, que se tocó en la orquesta de Nabucodonosor en la ceremonia de dedicación de la estatua de oro (Dn, 3:7, 10, 15). De acuerdo con Lidzbarski, la "zampoña"* o "sambuca" no es un instrumento de origen occidental. Los griegos y los romanos heredaron de los fenicios el nombre y el instrumento, hecho que está atestiguado por Estrabón, quien dice que la palabra es de origen "bárbaro". Véase Arpa.


Bib.: Lidzbarski, Ephemeris 2 (1908):137; E-GS x.3.17.


Samgar


(heb. Shamgar, tal vez "copero" o "fugaz"; horeo Shimgari, "[el dios] Shimike lo ha dado", que aparece en los textos cuneiformes).


Probable nombre horeo para el hijo de Anat (Jue. 3:31). A juzgar por este nombre, Samgar pudo ser horeo, aunque el nombre de su padre es semita (había una diosa cananea que llevaba el nombre de Anat), de manera que es válida la conclusión de que su padre era cananeo, o incluso israelita.


Samgar luchó contra los filisteos y él solo dio muerte a 600 de ellos. Sus esfuerzos libraron a Israel de ellos, y permitieron que los caminos, que habían estado bajo el control de los opresores, pudieran ser transitados libremente por los hebreos (3:31; 5:6). No se le da el título de juez, y no hay indicación alguna de que los israelitas lo hayan considerado así, a pesar de que los liberó de la opresión.


Samgar-nebo


(heb. Samgar-ne).


Nombre que aparece junto al de Nergal-sarezer* como título de éste (Jer. 39:3), probablemente un error de los masoretas.


Samhut


(heb. Shamhûth, [nacido en el momento de] un horrible "acontecimiento" o "desolación [destrucción]").


lzraíta, capitán de David para el 5º mes (1 Cr. 27:8); posiblemente la misma persona denominada Sama (2 S. 23:25) y Samot* (1 Cr. 11:27). Véase Sama 4.


Samir


(heb. Shâmîr, "espina [punta]" o "pedernal").



1.


Ciudad situada en las montañas de Judea (Jos. 15:48), identificada con la actual Khir-bet Sômerah, ubicada a unos 21 km al oeste sudoeste de Hebrón.



2.


Ciudad localizada en las montañas de Efraín, hogar del juez Tola (Jue. 10:1, 2). Todavía no ha sido identificada, a menos que sea Samaria, como lo sugiere la LXX (Códice Alejandrino).



3.


Levita de los hijos de Micaía (1 Cr. 24:24).


Samla


(heb. Ðamlâh, "morada" o "prenda de ropa [vestidura, vestimenta]").


Rey de Edom, oriundo de Masreca (Gn. 36:36; 1 Cr. 1:47).


Samos


(gr. Sámos, "altura").


Isla del Mar Egeo, 1047 ubicada frente a Efeso. Fue famosa en el s VI a.C. durante el dominio del tirano Polícrates. Pasó después por diferentes circunstancias políticas a manos de los persas y los atenienses. Más tarde estuvo bajo la influencia de Pérgamo, y junto con ella cayó en poder de los romanos en el 133 a.C. Pero se le concedió autonomía en el 17 a.C., y en esa condición la encontró Pablo cuando se detuvo allí en ocasión de su viaje a Jerusalén, al finalizar su 3ª gira misionera (Hch. 20:15). Mapa XX, B-4.


Samot


(heb. Shammôth, "desolaciones").


Probablemente otro nombre de Sama (1 Cr. 11:27). Véase Sama 4.


Samotracia


(gr. Samotrák',"Samos [la altura] de Tracia").


Isla montañosa ubicada junto a la costa de Tracia, de donde viene su nombre. Era famosa por su culto prehelénico de Cabiri. El barco en que Pablo viajaba de Troas a Neápolis, durante su 2º viaje misionero, tocó esta isla (1 Hch. 16:11). Mapa XX, A-4.


Samserai


(heb. Shamsheray, de significado incierto).


Descendiente de Benjamín (1 Cr. 8:26).


Samúa


(heb. Shammûa{, "oído" [por Dios],"famoso [célebre]" o "fama").



1.


Representante de la tribu de Rubén entre los 12 espías (Nm. 13:4).



2.


Hijo de David nacido en Jerusalén (2 S. 5:13, 14; 1 Cr. 14:3, 4), llamado Simea (sinónimo de Samúa) en 1 Cr. 3:5. Véase Simea 1.



3.


Levita descendiente de Jedutún (Neh. 11:17); probablemente el Semaías de 1 Cr. 9:16. Véase Semaías 5.



4.


Jefe de una familia de sacerdotes en la época de Joiacim (Neh. 12:12, 18).



















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