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martes, 15 de marzo de 2011

Peleteos - Piedra del ángulo. DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
Francesco Lay Martínez
Ícone de exibição de Francesco Lay Martínez

Sacerdote y la Eucaristía

© Caliz de la Alianza

Sacerdotes y la Eucaristía.
Ordenaciones Sacerdotales y Diaconales.

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Corpus Christi, Eucaristía

Corpus Christi, Eucaristía. Fotografía de Francesco Lay Martínez. Seminario de Guadalajara

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SACERDOTE _ La identidad del sacerdote [ Francesco Lay ]

SACERDOTE _ La identidad del sacerdote [ Francesco Lay ]

Sacerdote con
La Santísima Virgen María,
Biblia (Palabra de Dios),
Magisterio,
Liturgia de las horas,
Sacramentos,
Celebración de la Eucaristía,
En formación permanente
y mirando siempre a Cristo,
puerta para llevar a todos a la vida eterna.

© Lay

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Francisco Orozco y Jiménez (103)

Obispo Francisco Orozco y Jiménez

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escudo del Obispo Francisco Orozco y Jiménez

escudo del Obispo Francisco Orozco y Jiménez

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Francisco Orozco y Jiménez (15) - Obispo Francisco Orozco y Jiménez

Obispo Francisco Orozco y Jiménez

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Francisco Orozco y Jiménez (24)

Obispo Francisco Orozco y Jiménez

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Obispo Francisco Orozco y Jiménez

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Obispo Francisco Orozco y Jiménez

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Ob. Francisco Orozco y Jimenez

Obispo Francisco Orozco y Jiménez









Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA



Peleteos - Piedra del ángulo

Peleteos


(heb. pelêthî, "correos"; aparentemente una variante del heb. pelishtîm, "filisteos").


Término que designa a ciertos miembros de la guardia personal de David.
Se los menciona junto con los cereteos (2 S. 8:18; 1 R. 1:38, 44; 1 Cr. 18:17); quizá los 2 términos se refieran a filisteos y cretenses. Como extranjeros, estos mercenarios no estarían involucrados en cuestiones de política interior o asuntos de interés nacional. por lo que permanecerían leales a David. Eso ocurrió durante la rebelión de Absalón, cuando muchos de sus súbditos lo abandonaron (2 S. 15:18-22). Los peleteos también tomaron parte en la lucha contra Seba, el hijo de Bicri, otro líder rebelde (20:7).


Pelícano


(heb. qâ'ath).


Ave palmípeda de pico grande. Sin embargo, no se conoce la especie exacta a la que se refiere el término hebreo, aunque se ha observado que el pelícano es un símbolo apropiado de la total soledad y del desaliento como el que expresa el salmista (Sal. 102:6). Qâ'ath aparece 5 veces en el AT (Lv. 11:18; Dt. 14:17; Sal. 102:6; Is. 34:11; Sof. 2:14). El pelícano se encuentra con frecuencia en los ríos, lagos y pantanos de Palestina, a veces sobre los árboles, con su largo pico descansando sobre su pecho, pero no se lo esperaría hallar en los desiertos o entre las ruinas (Is. 34:11; Sof. 2:14) como las lechuzas y los buitres. El qâ'ath está en la lista de los animales inmundos (Lv. 11:18; Dt. 14:17).


Pelo.



Véase Cabello.


Pelo de cabra


(heb. plural {izzîm).


Material usado para tejer telas ásperas. Se emplearon cortinas de pelo de cabra como cubiertas de protección para el tabernáculo (Ex. 26:7; 36:14).


Ciertos elementos portados por los guerreros estaban hechos con ese material (Nm. 31:20), probablemente tiendas o alguna ropa. Se hacían almohadas con él (1 S. 19:13, 16). Los beduinos del Cercano Oriente todavía tejen telas para tiendas con pelo de cabra, como la carpa que se ve en la fig 509.


Pelo de camello


(gr. tríjas kamelou).


Material con que estaba confeccionada la vestimenta de Juan el Bautista (Mt. 3:4; Mr. 1:6).


Pelonita


(heb. pelônî, "cierta persona" o "tal y tal").


Apelativo de Heles (1 Cr. 11:27: 27:10) y de Ahías (11:36). Algunos creen que por error el copista escribió "pelonita" en lugar de "paltita" (en la escritura premasorética sólo está involucrada una letra; véase 2 S. 23:26) o de "gilonita" (v 34). Otros piensan que el escriba no pudo entender el manuscrito del que estaba copiando y, por lo tanto, llamó a los 2 hombres sencillamente "tal y tal".


Pendiente para la nariz


(heb. nezem).


Joya que muchas mujeres usan en Oriente; también suele indicar un adorno en general (Ex. 35:22; etc.). El siervo de Abrahán puso un anillo o pendiente en la nariz de Rebeca (Gn. 24:47). Los "joyeles de las narices" están enumerados en Is. 3:21 entre los adornos que Dios quitaría a las "hijas de Sion" (v 17). Ezequiel los menciona, entre otras cosas, como símbolo de los beneficios y honores que Dios otorgó a Israel (Ez. 16:12).


En Pr. 11:22 se afirma que una mujer hermosa, pero sin buen juicio, es como un aro* de oro en el hocico de un cerdo. Estos anillos o aros se ponen atravesando el tabique central o un costado de la nariz.


Pendón.



Véase Bandera.


Peniel


(heb. penû'êl y penî'êl, "rostro [visión] de Dios").



1.


Lugar cerca del río Jaboc, en Transjordania, donde Jacob luchó contra el ángel de Jehová y recibió un nuevo nombre por esa experiencia (Gn. 32:30, 31). En tiempos de Gedeón 914 se lo menciona como un lugar fortificado con una torre. Por su hostilidad hacia la causa de Gedeón, éste lo destruyó y mató a sus habitantes (Jue. 8:8, 9, 17); Jeroboam I la habría reconstruido (1 R. 12:25). Sisac de Egipto lo menciona en la lista de ciudades de Judá e Israel que conquistó, escribiéndolo Pnir. El sitio ha sido identificado con Tulul edh-Dhahab, a unos 16 km al norte de Salt, en el Wâd§ Zerqa. Mapa VI, D-4.



2.


Torre que se encontraba en la localidad de Peniel* 1 (Jue. 8:8, 9, 17).



3.


Descendiente de Benjamín (1 Cr. 8:25).


Penina


(heb. Peninnâh, "uno con rico cabello" o "coral [perla]").


Una de las 2 esposas de Elcana, el padre de Samuel (1 S. 1:2-6).


Pentateuco


(gr. Pentáteujos, "en cinco tomos"; de pentá ["cinco"] + téujos [originalmente una "herramienta" o "instrumento", luego "una caja" para guardar rollos de papiro, y finalmente un "rollo" de material para escribir]).


Los primeros 5 libros del AT: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; la 1ª de las 3 divisiones del sagrado canon hebreo de las Escrituras. Los escritores cristianos usaron el término desde c s II d.C.



I. Designaciones.


El nombre corriente que los hebreos dan a estos libros es Tôrâh (del verbo yârah [hifil, "señalar", "mostrar", "dirigir" o "enseñar"). Por tanto, Tôrâh indica "instrucción", "dirección", "ley" o "enseñanza" (Neh. 8:2, 7; etc.). Otros nombres que se le dan en el AT al Pentateuco completo o partes de él, son: "Libro de la ley" (Jos. 1:8; 8:34; Neh. 8:3), "Libro de la ley de Moisés" (Jos. 8:31; 23:6; 2 R. 14:6; Neh. 8:1), "Libro de la ley de Dios" (Jos. 24:26; Neh. 8:18), "Libro de la ley de Jehová" (2 Cr. 17:9; 34:14), "Libro de la ley de Jehová su Dios" (Neh. 9:3), "Ley de Jehová" (1 Cr. 16:40; 2 Cr. 31:3; 35:26), "Ley de Dios" (Neh. 10:29) y "Ley de Moisés" (Dn. 9:11,13). En todos estos casos, "ley" es la traducción del heb. Tôrâh. Como "Libro de Moisés" se usa en Esd. 6:18. Estos diversos nombres indican que el Pentateuco era considerado como una sola obra literaria, enfatizando así su unidad esencial. La división en 5 rollos es muy antigua, anterior a la LXX y al Pentateuco samaritano, y habría sido hecha por el autor original. Los judíos hablaban del Pentateuco como de los "cinco quintos de la ley".


Los nombres que se dan al Pentateuco en el NT, son: "Ley" (Mt. 12:5; Lc. 16:16; Jn. 7:19), "Ley de Moisés" (Lc. 2:22; Jn. 7:23), "Ley del Señor" (Lc. 2:23, 24), "Libro de la ley" (Gá. 3:10) y "Libro de Moisés" (Mr. 12:26). "Ley" en estas referencias es una traducción del gr. nómos, el término que usaban para Tôrâh los judíos de habla griega.



II. Autor.




A. Conceptos tradicionales.


Hasta tiempos relativamente recientes, la autoría mosaica del Pentateuco era aceptada casi universalmente, tanto por judíos como por cristianos.


Los eruditos bíblicos conservadores de hoy encuentran evidencias, tanto internas como externas, para sostener que Moisés escribió los primeros 5 libros de la Biblia.


1. Testimonios del Pentateuco. Aunque no existe una afirmación categórica de que Moisés escribiera el Pentateuco entero, hay evidencias convincentes de que procede de su mano. Por ejemplo, algunas secciones legales de Éxodo son específicamente atribuidas a Moisés: según Ex. 24:4-8, él escribió el Libro del Pacto (cps 20-23), las leyes que corresponden al santuario y su servicio (cps 25-31) aparecen como comunicaciones personales de Dios a él (25:1, 13, 31; 26:1; 30:11, 17, 22; 31:1, 12; etc.); el informe de la construcción del tabernáculo (cps 35-40) menciona con frecuencia que todo fue hecho "como Jehová lo había mandado a Moisés" (8 veces en el cp 39); también le pertenece el Canto de Liberación junto al Mar Rojo (15:1-18); la narración de la victoria sobre Amalec debía escribirla "en un libro" (17:14). En todo Éxodo, como en todo el Pentateuco, con excepción de Génesis, Moisés es la figura central y el comunicador de la Tôrâh. En Levítico, la frase "como lo había mandado Jehová a Moisés" o su equivalente se encuentra unas 30 veces, y la entrega de la legislación sacerdotal está conectada directamente con el monte Sinaí y la intermediación de Moisés (Lv. 26:46; 27:34). La legislación sacerdotal de Números también tiene su origen en una orden directa de Dios a Moisés (Nm. 5:1, 5, 11; 6:1; 8:1; 9:1; 10:1; etc.). Se afirma que el itinerario y la lista de los lugares donde acamparon (cp 33) desde Egipto hasta Canaán fueron escritos por él (vs 1, 2). Deuteronomio comienza con la afirmación: "Estas son las palabras que habló Moisés" (Dt. 1:1; cf v 5; 4:5, 14; 29:1). También declara que escribió la ley (31:24), y el canto y la bendición de los cps 32 y 33 (31:22, 30; 32:44, 45; 33:1). Aunque no hay una afirmación específica atribuyéndole la autoría de Génesis, el libro constituye una parte orgánica del Pentateuco. Como Éxodo es sencillamente la continuación de Génesis, parece razonable concluir que ambos son del mismo autor.


2. Testimonios del resto del AT. Muchos otros libros del AT se refieren al Pentateuco como obra de Moisés. Las referencias más frecuentes a Moisés y sus escritos están en el 915 libro de Josué, donde su nombre aparece más de 50 veces. Josué obtuvo su autoridad de Moisés, y apeló constantemente a la ley de Moisés (Jos. 1:7, 8; 8:31, 32, 34, 35; 23:6). Se dice que los hechos de Josué se ajustaron a lo que "Jehová había mandado a Moisés" (11:15, 20; 14:2; etc.). La opresión de los israelitas en el período de los jueces era para probar a Israel, "si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había dado a sus padres por mano de Moisés" (Jue. 3:4). David hizo llevar el arca a Jerusalén sobre los hombros de los levitas "como lo había mandado Moisés" (1 Cr. 15:15), y encargó a su hijo Salomón que observara los preceptos "de la manera que está escrito en la ley de Moisés" (1 R. 2:3). Variada mención a sus escritos aparecen en Reyes y Crónicas (2 R. 14:6; 2 Cr. 23:18; 25:4; 34:14; 35:12; cf 2 R. 18:6, 12; 21:8; 23:25; 2 Cr. 8:13; 30:16). De la época del cautiverio están las referencias a Moisés en Daniel (Dn. 9:11-13); y del período de la restauración hay varias en Esdras, Nehemías y Malaquías (Esd. 3:2; 6:18; 7:6; Neh. 1:7, 8; 8:14; 9:14; 10: 29; 13:1; Mal. 4:4).


3. Testimonios del NT. Nuestro Señor hizo frecuentes referencias al Pentateuco, que obviamente lo consideraba de Moisés (Mt. 8:4; 19:7, 8; Mr. 1:44:10:3-5; 12:19; Lc. 5:14; 16:29, 31; Jn. 5:46, 47). Introdujo una cita de Éxodo (Ex. 3:6) con las palabras: "¿No habéis leído en el libro de Moisés ... ?" (Mr. 12:26). El testimonio de los apóstoles está en armonía con el de Jesús (Hch. 3:22:13:39; 15:5, 21; 26:22; 28:23; Ro. 10:5, 19; 1 Co. 9:9; 2 Co. 3:15; Ap. 15:3).


4. Testimonios de la tradición judía. Los samaritanos sostienen que el Pentateuco es obra de Moisés. También lo afirman los escritos apócrifos (Ec. 45:5; 2 Mac. 7:30). Igualmente Filón y Josefo. La misma posición asumieron tanto el Talmud Palestino como el Babilónico.


5. Evidencias internas. El relato de José en Génesis y la historia de Moisés en Éxodo revelan a un autor que tenía un conocimiento íntimo de la cultura de Egipto. El uso de los títulos correctos para los oficiales egipcios (Gn. 40:2; 41:40), el reflejo de las costumbres egipcias (41:42, 43), el énfasis en sueños y magos (v 8) y la momificación de Jacob y de José (50:2, 26) lo ponen de manifiesto. En forma similar, en la narración de Éxodo aparecen palabras egipcias y un cuadro exacto de la vida y las costumbres del país.


¿Quién, fuera de Moisés, "enseñado... en toda la sabiduría de los egipcios" (Hch. 7:22), podría estar mejor calificado para escribir estos relatos? El autor del Pentateuco también estaba bien familiarizado con el desierto.


Bib.: Filón, Moses ii.2; FJ-AA i.8.



B. Conceptos de la crítica moderna.


En general, los eruditos críticos modernos rechazan la autoría mosaica del Pentateuco. La mayoría sostiene alguna forma de la hipótesis documentaria, que especula que el Pentateuco es un compuesto de 4 o 5 documentos que datan de muchos siglos después del tiempo de Moisés.


Tal vez la idea más popular es la teoría de Graf-Wellhausen, que encuentra en el Pentateuco 4 documentos principales (llamados J, E, D y P [o S]) reunidos por un método de "tijera y pegamento". De acuerdo con este concepto hubo: 1. Un documento J (así llamado porque en él se usa el tetragrámaton JHWH como el nombre de Dios), escrito por un ciudadano del reino sureño de Judá (c 850 a.C.). 2. Un documento E (en el cual se llama 'Elohîm a Dios) redactado c 750 a.C. por un escritor llamado "Elohista", del reino norteño de Israel; los 2 fueron combinados como JE por un redactor o editor (c 650 a.C.).


3. Un documento D, llamado Código Deuteronómico. escrito en el 621 a.C., pero revisado por un autor posterior. 4. Un documento P (Código Sacerdotal; Priestly en inglés), que consistía en las indicaciones legales y religiosas del Pentateuco (c 500 al 450 a.C.). De acuerdo con esta teoría, la edición final del Pentateuco fue hecha c 400 a.C. Hay muchas variaciones de este esquema general que sostienen los eruditos críticos. Algunos añadirían una fuente no israelita, S (de Seir, el supuesto lugar donde se originó), para el libro de Génesis. Se ha presentado una cantidad de argumentos para apoyar el carácter compuesto del Pentateuco. Aquí se considerarán unos pocos.


1. Variaciones en el uso de los nombres divinos. Hay mucha variación para los nombres dados a Dios en el AT, particularmente en los primeros capítulos de Génesis. Por ejemplo, 'Elohîm aparece uniformemente en Gn. 1:1 - 2:3 (34 veces en 34 versículos); en el resto del cp 2 y todo el cp 3 encontramos la combinación Yahweh 'Elohîm (18 veces). En el cp 4 se usa predominantemente Yahweh (10 veces). Esta variación fue tomada por Jean Astruc en 1753 como base para dividir el libro en 2 documentos escritos por autores distintos. Los eruditos conservadores argumentan que las diferencias en el uso de los nombres divinos no es evidencia de una autoría múltiple. Sostienen que 'Elohîm (implica "fuerza", "poder" o "capacidad") es un nombre muy apropiado para Dios en la narración de la creación, ya que ella es una sorprendente exhibición 916 de poder divino en acción, y que Yahweh (Jehová) es el nombre del Dios del pacto (Ex. 6:3, 4). La combinación Yahweh 'Elohîm, creen, identifica al Dios de la creación con el Dios de la redención. Observan que en muchos pasajes los nombres divinos son usados en forma más o menos intercambiables, y que los manuscritos hebreos y las primeras versiones, como la LXX, tienen variaciones entre sí. Más recientemente, el bien conocido rollo del Mar Muerto de Isaías (1QIsa) muestra variaciones con el texto masorético en el uso de los nombres divinos, lo que indica que los copistas a veces, aparentemente, no tenían reparos en sustituir un nombre divino por otro (véase CBA 5:153, 154). Por tanto, no hay argumentos sólidos para usar tales diferencias como razón para disecar el Pentateuco.


2. Suposición de que Moisés no escribiera el Pentateuco. Los eruditos críticos del s XIX negaron la posibilidad de que Moisés escribiera el Pentateuco porque creían que en su tiempo sólo se conocían los sistemas complicados de escritura jeroglífica y cuneiforme, limitados a Egipto y la Mesopotamia, respectivamente. La escritura alfabética de Palestina más antigua que se conocía hasta 1880 era la Piedra Moabita* del s IX a.C. Sin embargo, el descubrimiento de las Cartas de Amarna* (Egipto, 1887) mostró que la cuneiforme se usaba extensamente en el 2º milenio a.C.


Muchas fueron escritas por pequeños gobernantes de Palestina y Siria a sus amos egipcios, lo que demuestra que la escritura era evidentemente bien conocida en esas regiones. Después de 1916 se supo que existían escritos en el alfabeto cananeo antes del tiempo de Moisés. En 1929 se encontró en Ras Shamra* toda una biblioteca de literatura cananea. Ahora se sabe que se usaban por lo menos 6 sistemas de escritura en Palestina antes de la conquista de los israelitas. Entre ellas estaba la escritura* proto-sinaítica, que se cree que es la precursora del alfabeto hebreo. Por ello, ningún erudito que se precie de tal pretende hoy que la escritura alfabética fuera desconocida en tiempos de Moisés.


3. Pasajes posteriores a Moisés. Se alega que el Pentateuco contiene pasajes que no podrían haber sido escritos por Moisés. El más notable de ellos es el informe de su muerte (Dt. 34). Pero tal adición posterior no está en desacuerdo con la integridad y la autoría mosaica del trabajo como un todo. También es posible que algunas revisiones y pequeños cambios en las palabras hayan ocurrido durante el proceso de trasmisión, junto con la inserción de ciertas formas tardías en los nombres de lugares.


4. La presencia de duplicaciones. Se alega que el Pentateuco contiene relatos duplicados de los eventos -que a menudo son contradictorios e involucran a personas diferentes-, lo que evidencia que éstos proceden de fuentes diferentes. Algunos pretenden que hay 2 relatos de la creación y 2 relatos del diluvio; otros ven informes repetidos y conflictivos en la narración de las 2 expulsiones, de Agar (Gn. 16:4-16; 21:9-21), las 2 apariciones de codornices en relación con el maná (Ex. 16; Nm. 11), las 2 ocasiones en que salió agua de la roca (Ex. 17; Nm. 20), etc. Los eruditos conservadores no admiten que estas "duplicaciones" sean informes diferentes del mismo hecho; los consideran narraciones separadas auténticas.


5. Variaciones en estilo y vocabulario indicarían documentos diferentes. Los argumentos basados en el estilo y el vocabulario son siempre débiles.


Generalmente se basan en opiniones y conclusiones que no son demostrables; se sabe que algunos autores varían sorprendentemente su estilo y vocabulario. Los eruditos conservadores creen que el problema de la hipótesis popular documentaría es una cuestión seria, de profundas implicaciones filosóficas y religiosas, ya que su aceptación o rechazo involucro el concepto que se tiene de la revelación, la inspiración y la credibilidad en la Biblia.



III. Contenido.


Acerca del contenido de los 5 libros de la Tôrâh, véase lo escrito bajo los nombres de cada uno de ellos.


Pentecostés, Fiesta de.



Fiesta de la cosecha del trigo, también llamada fiesta de las Semanas (Ex. 34:22), de las Primicias (los primeros frutos; Ex. 34:22; Nm. 28:26), de la Cosecha (Ex. 23:16) y, en tiempos del NT, de Pentecostés (Hch. 2:1). Era una de las 3 fiestas en la que todos los hombres debían "aparecer delante de Jehová" (Ex. 23:17); es decir, debían hacer el viaje hasta el santuario. La celebración era de un día, uno de los sábados ceremoniales (Lv. 23:21).


En ese día se ofrecían a Jehová 2 panes de harina fina, cocidos con levadura, junto con sacrificios de animales especificados (vs 17-20).


Los términos "Pentecostés" (del gr. pent'koste, "quincuagésimo") y "Fiesta de las Semanas" se refieren a la fecha de esta festividad en el día 50º, inclusive, o 7 semanas desde la ceremonia de la gavilla mecida, que ocurría el 2º día de la de los Panes* sin Levadura, el "día siguiente al séptimo día de reposo" (Lv. 23:15, 16). En tiempos de Cristo hubo 917 una disputa entre ciertos fariseos y aduceos. Algunos de estos últimos discutían que el de Pentecostés siempre debía caer al día siguiente de un sábado semanal, porque insistían que la gavilla mecida, desde la cual se contaban 7 semanas, se ofrecía el día después del sábado semanal que caía durante la fiesta de los Panes sin Levadura (Talmud, Menahoth 65a).


Sin embargo, prevaleció el otro punto de vista: "El día después del sábado" significaba el 16 de Nisán, el día después del sábado ceremonial, que daba comienzo a la fiesta de los Panes sin Levadura, después de haber sacrificado el cordero pascual el 14 de Nisán (véase CBA 1:819).


Penuel


(heb. Penû'êl, "rostro de Dios").



1.


Otro nombre para Peniel* 1 (1 R. 12:25).



2.


Descendiente de Judá y antepasado de los habitantes de Gedor (1 Cr. 4:4).


Peor


(heb. pe{ôr. "abertura [rajadura, hendedura]").



1.


Monte de Moab que domina el desierto (Nm. 23:28). Desde su cumbre, Balaam pudo ver el campamento de Israel (24:2), evidentemente en Sitim (25:11). Eusebio y Jerónimo afirman que un monte en esa región todavía llevaba este nombre en los ss IV y V d.C. Sin embargo, actualmente no existe en el lugar ninguno que se llame así; por lo tanto, no se ha identificado ese monte. Mientras estuvieron acampados cerca, los hebreos fueron inducidos a adorar a Baal-peor (25:1-5; 31:16).



2.


Dios pagano (Jos. 22:17) adorado aparentemente en el monte Peor; también llamado Baal-peor* (Nm. 25:18; 31:16). Sin embargo, es posible que estos 2 pasajes no se refieran al dios, sino al monte Peor, donde se adoraba al dios. Véase Peor 1.


Pepino


(heb. qishshu').


Fruto de una planta enredadera o rastrera bien conocida, la variedad alargada y con espinillas cortitas y raleadas. Esta verdura fue cultivada extensamente desde tiempos más remotos, y era parte de la alimentación diaria en Egipto y Palestina. Como parte del menú usual de los israelitas, junto con pescado, melones, ajos, puerros y cebollas. los extrañaban mucho en el desierto (Nm. 11:5). El campo cultivado con pepinos de denomina miqshâh (vocablo derivado del verbo qâsha', y del que también se deriva qishshu'). Se compara la desolación de Sion con la cabaña vacía de un campo de pepinos, construida para quien lo vigilaba (Is. 1:8, BJ; la RVR tiene "melones", planta de la misma familia). Los ídolos paganos son comparados con espantapájaros en campos de pepinos (Jer. 10:5, BJ).


Perazim


(heb. Perâtsîm, "brechas [divisiones]", "espacios").


Monte que se menciona en Is. 28:21 como el escenario, aparentemente, de algún acontecimiento bien conocido. Perazim es probablemente idéntico a Baal-perazim;* por ello, tal vez el evento sea la batalla de David contra los filisteos (2 S. 5:17-20; 1 Cr. 14:8-16).


Perdiz


(heb. qôrê', "el que grita", o "el que llama"; término que se identifica generalmente con la perdiz).


Ave que se encuentra en los montes y las colinas de Palestina. En Tierra Santa hay 2 especies de perdices, y la Escritura se referiría a ambas. Se cree que la perdiz del desierto es la única especie que existía en la región donde David fue perseguido por el rey Saúl, así como un cazador persigue a una de ellas en el monte (1 S. 26:20). La perdiz "chukar" es un ave grande y con marcas notables, muy extendida en las colinas de Palestina.


Se ha sugerido que la gente del tiempo de Jeremías creía que ésta se apropiaba de los huevos o los pichones ajenos, y así el profeta la compara con el hombre rico que acumula riquezas que no son suyas y es quebrantado en medio de su nefasto trato (Jer. 17:11; sin embargo, el texto hebreo es un tanto oscuro).


Perdón.



Traducción de varias palabras hebreas y griegas que tienen en común la idea de liberar a un ofensor de la culpa y restaurar la relación personal que existía ante de la ofensa. Los 2 verbos hebreos más comunes para "perdonar" son nâsâ' (literalmente "levantar [quitar]" la culpa) y sâlaj.


También se usa el verbo kâfar, "cubrir", "ocultar", que implica la idea de expiar. Los verbos griegos son jarízomai (literalmente "dar con gracia" como un favor), "remitir", "perdonar"; afí'mi (literalmente "soltar", "enviar"), "cancelar", "remitir", "perdona"; aní'mi; y afairéÇ. Los sustantivos son: heb. selîjâh y gr. áfesis. El perdón implica siempre una ofensa cometida contra la persona que extiende el perdón, y debería estar precedida por el arrepentimiento del ofensor.


Todos los hombres han pecado contra Dios (Ro. 3:23) y están condenados a la muerte eterna (6:23), a menos que se arrepientan de sus pecados (Lc. 13:3, 5; Hch. 3:19) y con ello obtengan el perdón (1 Jn. 1:9), con lo que se restaura una relación correcta con él (Ro. 5:1). Dios no está obligado a perdonar al pecador culpable, pero su carácter bondadoso lo impulsa a hacerlo cada vez que se desea o se pide perdón (Ex. 34:6, 7; Lm. 3:42). El pedido 918 debe hacerse, sin embargo, con toda sinceridad y con la intención de no aprovecharse de la gracia libremente otorgada. Cuando Dios perdona lo hace completamente y sin reservas, restaura al pecador al mismo estado de favor que antes gozaba, y elimina toda alienación y separación.


En las Escrituras se usan diversas expresiones en un esfuerzo por transmitir a las mentes humanas la plenitud del perdón divino. El arroja, por así decirlo, los pecados de los hombres a lo profundo del mar (Mi. 7:19); los aleja de sí y de ellos "cuanto está lejos el oriente del occidente" (Sal. 103:12); tras sus espaldas (ls. 38:17); y promete borrarlos y olvidarlos (ls. 43:25; Jer. 31:34). El perdón de Dios es perfecto, así como Dios es perfecto.


El cristiano, dentro de lo que le permiten sus limitaciones finitas, debería imitar la forma perfecta y completa del modo como Dios perdona cuando alguien lo ofende. El espíritu de perdón debe acompañar al acto de perdón. Además, puesto que el cristiano ha recibido una medida plena del perdón divino, está bajo la obligación más estricta de perdonar a sus semejantes, cuando se presenta la ocasión de hacerlo, con la misma medida conque él fue perdonado. En realidad, el cristiano que rehúsa perdonar a otros está renunciando al perdón de Dios para sí mismo (Mt. 6:12-15), y un espíritu no perdonador es un pecado horrible ante Dios. El aborrecimiento total con que Dios considera un espíritu no perdonador fue ilustrado por Jesús en la parábola del siervo que no perdonó (18:23-35).


Quien rehusa perdonar no puede, por la misma naturaleza de las cosas, ser perdonado mientras conserve ese espíritu no perdonador. Como le explicó Cristo a Pedro, para los cristianos no hay un límite en la extensión del perdón ni número de veces que se haya de perdonar cuando alguien venga a pedirlo (vs 21, 22). El cristiano siempre debe mantener el espíritu de perdón, aun antes de tener la oportunidad de perdonar. No sólo será
así, sino que también tomará la iniciativa en hacer todo esfuerzo razonable para ganar a quien lo ofendió y facilitarle la posibilidad de pedir perdón (vs 15-17).


Peregrinación por el desierto.



Cuando los israelitas salieron de Egipto en ocasión del éxodo,* pasaron por el Mar Rojo, quizá cerca del extremo norte del Golfo de Suez, y luego siguieron hacia el monte Sinaí, donde recibieron la ley y levantaron el tabernáculo. Allí pasaron casi un año, luego de lo cual avanzaron hacia Canaán para ocupar el país (Nm. 10:11, 12; 13:1-3). Sin embargo, la rebelión en Cades-barnea, después del informe de los 12 espías, impulsó a Dios a cambiar el programa, de modo que la nación pasó 38 años más en el desierto (Dt. 2:14) hasta que la siguiente generación hubo crecido y Dios le confió la conquista de Canaán. Generalmente se habla de esos 38 años como de "la peregrinación por el desierto", pero como el 1º año del éxodo y el último año antes de llegar a la tierra prometida también fueron pasados en su mayor parte en el desierto, también se incluirán esos períodos en el análisis que presentamos aquí (Nm. 14:26-35; Dt. 2:14). La tabla de la p 919 enumera los eventos fechados durante los 40 años de peregrinación.



I. Rasgos físicos de la región de la peregrinación.


La región por donde peregrinaron los israelitas está en la Península del Sinaí y en la tierra semiárida entre el Sinaí y Palestina. Este territorio, cuya características físicas son muy variadas, se puede dividir en 4 áreas:



1.


La franja arenosa del norte y noroeste, que constituye la faja costera entre Filistea y Egipto, y que se extiende hacia el oeste en dirección al Golfo de Suez; tiene un ancho aproximado de 50 a 65 km. Por esa región pasaba "el camino de la tierra de los filisteos" (Ex. 13:17) que usaron los ejércitos del antiguo Egipto para sus campañas contra Palestina y Siria, y que también utilizaban las caravanas y los correos; tal vez Abrahán, José y Jacob transitaron este camino para ir a Egipto. Esta región arenosa, a lo largo de la costa del Mediterráneo, torcía hacia el sur antes de llegar al delta del Nilo y formaba una franja de unos 16 km desde el Mediterráneo hasta el Golfo de Suez, orillando la costa oriental del golfo por unos 80 km. Esta era la parte occidental del "desierto de Shur" (15:22), que penetraba en dirección al este en la parte norte de la meseta interior, descripta en el punto 2. Casi no tiene vegetación, pero sí dunas ondulantes en la que los ejércitos y las caravanas sólo se pueden mover con dificultad. Mapa V, C-4 a B-5.



2.


La gran meseta de piedra calcárea que cubre la mitad norte de la Península del Sinaí y la parte al norte de ella hasta llegar a la franja de arena descripta en el punto 1. Esta región tiene unos 600 a 760 m de altitud, se inclina hacia el norte y se transforma en una región montañosa en el noreste. Está rodeada en los otros lados por montañas (llamadas Jebel et-T§h) de 1.200 a 1.525 m de altura. La parte central de esta meseta escurre sus aguas hacia el Mar Mediterráneo, principalmente mediante el Wâd§ el-{Arîsh, el bíblico "río [o torrente] de Egipto" (Nm. 34:5; Jos. 15:4; etc.) y sus tributarios, pero también por otros 919 wadis de menor importancia. La región es pedregosa y casi estéril, pero en los wadis se encuentra algo de vegetación, especialmente en la estación lluviosa durante el invierno. Toda la región tiene pocos manantiales de agua, y la poca que se encuentra es salobre, exceptuando algunos pozos y fuentes en la porción oriental que bordea el Wâd§ el-{Arabah, y en la zona de Cades-barnea. En la parte norte de esta gran meseta está el "desierto de Shur" (Ex. 15:22), por donde pasa el "camino de Shur" entre Beer-seba en Palestina y Egipto (Gn. 16:7), Parece que la sección noreste se llamaba "desierto de Sin", y la porción mayor, al sur, "desierto de Parán", aunque estos términos no están claramente definidos en el uso bíblico (Nm. 10:12; 13:26; 1 S. 25:1). En esta gran meseta pasaron los israelitas la mayor parte de los 38 años, y la recordaron como "aquel grande y terrible desierto"
(Dt. 1:19). Mapa V, B/C-5/6, B-7.


EVENTOS FECHADOS DE LOS CUARENTA AÑOS DE
PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO





3.


La franja de piedra arenisca que cruza la Península del Sinaí al sur de Jebel et-T§h. Se extiende casi desde el Golfo de Suez (Mar Rojo) hasta el Golfo de Aqaba, y separa la meseta del norte de las montañas graníticas del sur. Es montañosa y rica en minerales, y allí tenían los egipcios sus minas de cobre y de turquesas. Las montañas son muy pintorescas y coloridas, pero ásperas, y las estrechas planicies y los wadis entre los cordones montañosos son arenosos. El desierto de Sin y los lugares históricos de Refidim* y Hazerot se encuentran probablemente en esta franja. Mapa V, D-5.



4.


Los montañas graníticas en el corazón de la Península del Sinaí, a la que pertenece el tradicional monte Sinaí.* Cumbres de 1.800 a 2.100 m de altura hacen que la región sea de majestuosa grandeza.



II. La ruta de los israelitas por el desierto.


El cuadro de las pp 920 y 921 enumera 59 (ó 60 si se cuenta 13a) lugares y áreas diferentes, desde Gosén en Egipto hasta la frontera 920


ITINERARIO DE EGIPTO A CANAÁN


921


ITINERARIO DE EGIPTO A CANAÁN (Cont.)


oriental de Palestina, mencionados en el Pentateuco. Los primeros 5 se analizan en el artículo sobre el éxodo*. De los restantes 54 (55) sólo unos pocos han sido identificados con certeza razonable o casi absoluta. Los lugares geográficos identificados definitivamente son: Nº 39, Ezión-geber;* Nº 49, el río Arnón;* y Nº 55, Dibón-gad.* Sitios cuya identificación es razonablemente segura son: Nos 20 y 41, Cades-barnea;* Nº 45, Punon;* y Nº 57. Abarim.* Estos lugares, cuya identificación es más o menos segura, permiten seguir a los israelitas en su ruta durante la última parte de su peregrinación por el desierto. Si con los estudiosos conservadores de la Biblia se acepta la ubicación del monte donde se dio la ley en la Península del Sinaí, se puede trazar a grandes rasgos el camino de los hebreos desde Egipto hasta Palestina, aunque la mayoría de los sitios de peregrinación por el desierto no puedan ser identificados. Véanse los nombres de los lugares en sus correspondientes artículos.


1. Desde Gosén hasta el Sinaí.


Esta parte del viaje duró como 2 meses. Después que los israelitas cruzaron el Mar Rojo, marcharon a lo largo de la arenosa región costera del Golfo de Suez, pasaron por los oasis de Mara y Elim, y luego cruzaron las montañas de arenisca (el desierto de Sin*) hacia Refidim,* hasta que llegaron al monte Sinaí,* donde acamparon en la planicie er-Râhah y otros valles que rodean el monte donde se dio la ley (Mapa V, D-5/6).


2. Desde el Sinaí hasta Cades-barnea.


Después de pasar como un año en Sinaí, los israelitas avanzaron hacia el norte hasta que llegaron a Cades-barnea, desde donde se enviaron espías a Canaán y donde el pueblo se rebeló a su regreso. El intento abortado de conquistar Canaán también se hizo desde Cades (Nm. 13:1-14:45).


3. Los 38 años en la región de Cades-barnea.


De los 20 lugares mencionados en el intinerario de los israelitas durante el período más largo de su peregrinación, no se pueden identificar más que 1 ó 2 con alguna probabilidad. Se los debe buscar mayormente en la planicie calcárea, el desierto de Parán y el Jebel et-T§h. Durante los 38 años que Israel pasó en esta región, murió la mayor parte de los adultos que se rebelaron en Cades-barnea.


4. Desde Cades-barnea hasta el Jordán.


Durante el último año de su peregrinación, los israelitas pasaron por varios lugares que son identificables. Aarón murió en el monte Hor, 922 no lejos de la frontera de Edom (Nm. 33:37-39). Luego de este acontecimiento, los israelitas se desviaron alrededor de Edom, cruzaron el arroyo de Zered* y más tarde el Arnón, y después de pasar por la parte oriental de Moab llegaron al territorio del rey amorreo de Hesbón. Su último campamento antes de entrar en Canaán fue levantado en las planicies de Moab (Mapa I, C-2) cerca del Jordán, no lejos de Jericó (26:3).


Peres


(heb. Peresh [1], "estiércol"; heb. perês [2], "pieza" o "división [brecha]").



1.


Descendiente de Manasés (1 Cr. 7:16).



2.


Parte de la escritura en la pared interpretada por Daniel a Belsasar (Dn.
5:28
). Véase Mene.


Pérez-uza


(heb. Perets {Uzzâh Perets {Uzzâ', "el quebrantamiento [aniquilamiento; la brecha] de Uza [la fuerza]").


Lugar cerca de Jerusalén; no identificado, David le dio el nombre después que Uza fuera muerto por haber tocado el arca mientras era llevada a Jerusalén (2 S. 6:8; 1 Cr. 13:11).


Perfección.



Véase Perfecto.


Perfecto


(heb. generalmente tâm o tâmîm, "completo", "correcto", "pacífico", "sano", "saludable", "perfecto"; gr. generalmente téleios, "completo", "maduro", "perfecto", "completamente crecido", "plenamente desarrollado", "que alcanzó su propósito"; para "perfección" se usan el heb. shâlem y el gr. teleiót's).


En el AT, tâm significa algo completo, íntegro y sincero, pero siempre en sentido relativo cuando se aplica al hombre. Una persona con "corazón perfecto" era quien estaba completamente dedicada a Jehová (1 R. 8:61; 1 Cr. 12:38; Is. 38:3). Así, Job fue llamado "perfecto" (Job 1:1, 8), a pesar de las debilidades que reveló más tarde ante la adversidad (40:2-5; 42:2-6), mostrando que su perfección era relativa y no absoluta. En forma similar, de Noé también se dice que fue "perfecto" (Gn. 6:9) aunque más tarde sucumbió a la debilidad de la carne (9:21). La perfección fue el ideal que Dios puso delante de Abrahán (17:1).


En la literatura griega extrabiblica se utiliza teléioi, "los perfectos" o "los maduros", para señalar a las víctimas de los sacrificios, o para los animales maduros, o para los seres humanos adultos, y también para los profesionales completamente adiestrados. En el NT, la "perfección" consiste esencialmente en la madurez frente a la inmadurez, así como los adultos difieren de los niños y los jóvenes. Una persona madura es quien ha alcanzado los límites normales de estatura, fuerza y capacidad mental.


Este concepto de madurez es claramente evidente en pasajes como 1 Co. 2:6; 14:20; Ef. 4:13, 14; Fil. 3:15; He. 5:14. Pablo habla de sí mismo y de los cristianos como ya perfectos (1 Co. 2:6; Fil. 3:15), pero casi al mismo tiempo muestra que la perfección es todavía un blanco que está por delante (v 12).


El cristiano debe ser "perfecto" en su esfera limitada así como Dios es "perfecto" en su plenitud infinita (Mt. 5:48). De ese modo, un hombre puede ser perfecto ante el Señor, pero hay nuevas alturas a las que deberá aspirar; en esta vida nunca alcanzará la perfección absoluta. Una persona cuyo corazón y vida están plenamente dedicados a la adoración a Dios y a su servicio -es decir, a la meta del crecimiento permanente en la gracia y en el conocimiento y la práctica de la verdad espiritual, y que ha obtenido una medida de experiencia al cooperar con el Espíritu Santo- ha alcanzado la perfección cristiana (Col. 4:12; Stg. 3:2). Ya no es un niño en Cristo, ocupado con los hechos y las prácticas rudimentarios de la religión (He. 5:12-6:2). Un hombre perfecto a la vista de Dios es uno que ha alcanzado el grado de desarrollo que se espera de él en cualquier momento dado.


Es un cristiano maduro completamente dedicado a Dios, y quien, aunque todavía tiene debilidades que vencer, sigue adelante, al blanco de la elevada vocación de Dios en Cristo Jesús (Fil. 3:12-15).


Perfumador.



Preparador de perfumes o ungüentos e incienso. La palabra hebrea así traducida (raqqâj, "mezclador de perfumes [especias, aceites]") deriva del verbo râqaj, "mezclar", "componer", "perfumar" (1 S. 8:13; etc.). Los perfumadores también preparaban hierbas medicinales y extractos para dar sabor. En 2 Cr. 16:14 se menciona que preparaban especias, aceites y ungüentos para embalsamar. Las artes médicas se desarrollaron desde muy antiguo; por eso se mencionan el trabajo y los ungüentos de los perfumadores desde temprano en el AT (Ex. 30:25; 37:29; cf Ec. 11:1). Los "perfumeros" ayudaron a reconstruir el muro de Jerusalén (Neh. 3:8).


Perfume


(heb. rîaj; gr. múron, árÇma).


Ungüento, generalmente compuesto por aceite de oliva y especias dulces, resinas u otros elementos aromáticos, a menudo conservado en recipientes de alabastro (Mt. 26:7). Los perfumes eran un lujo muy codiciado en Palestina, y a menudo muy costosos (vs 8, 9). Se los usaba como cosméticos (Rt. 3:3; Ec. 9:8), como bálsamo medicinal (Jer. 8:22; Ap. 3:18), como medio para embalsamar un cuerpo para sepultarlo (Mr. 14:8; Lc. 23:56), y en relación con 923 los ritos de ungimiento y consagración del santuario (Ex. 30:23-25, 31-3). La persona encargada de preparar ungüentos recibía el nombre de "perfumero", "perfumador"* (Ex. 30:35; 1 S. 8:13; Neh. 3:8; RVR) o "perfumista" (DHH).


Perfumero.



Véase Perfumador.


Perfumista.



Véase Perfumador.


Pergamino


(gr. membrána; del lat. membrana, "piel").


Material para escribir hecho con pieles de animales jóvenes, en especial corderos y cabras, preparados por medio de un curtido más refinado que el empleado para los de uso común. Una tradición antigua afirma que el proceso de preparar pergaminos se inventó en Pérgamo durante el reinado de Eumenes II (197-160/59 a.C.), cuando el rey Tolomeo V de Egipto prohibió la exportación de papiros, el material de escribir más común de la antigüedad. Sin embargo, documentos fechados sobre pergaminos de comienzos del s II a.C. descubiertos en Dura Europos, sobre el Eufrates, demuestran que el pergamino también se producía en otros países desde una fecha muy temprana. Josefo menciona que en su tiempo existían escrituras hebreas sobre ese material, pero los manuscritos descubiertos cerca del Mar Rojo son casi exclusivamente de cuero común; entre ellos hay muy pocos pergaminos. Pablo poseía la Escritura en pergamino, la que había dejado en Troas cuando partió repentinamente para Roma. Al pedirle a Timoteo que los trajera, usó el extranjerismo lat. membrana (2 Ti. 4:13). Cuando en el s IV la iglesia cristiana se volvió rica, se escribieron muchas Biblias para las iglesias sobre códices de pergamino. Los famosos manuscritos bíblicos de los ss IV y V -los Códices Sinaítico, Vaticano y Alejandrino, etc.- son de este material. Como el pergamino siempre era costoso, los manuscritos antiguos eran ocasionalmente borrados y usados por 2ª vez. A esos se los suele llamar codex rescriptus o "palimpsestos". El más conocido es el Códice Efraimita de París, que contiene los sermones de Efraim el sirio, escritos sobre un texto bíblico borrado del s V.


Bib.: P-NH xiii.21; FJ-AJ xii.2.11.


Pérgamo


(gr. Pérgamos y Pérgamon, tal vez "ciudadela", "acrópolis" o "altura [elevación]"; lat. Pergamum).


Antigua capital de Misia, ubicada en el valle del Caico, a unos 24 km del mar y a 5 km al norte del río Caico. El período de su mayor importancia abarcó los ss III y II a.C., cuando los atálidas rigieron el reino de Pérgamo, que entonces abarcaba una gran parte del Asia Menor occidental. Atalo III legó su reino a los romanos, y cuando murió (133 a.C.) la región se transformó en la provincia de Asia, con Pérgamo como capital y residencia del procónsul. La acrópolis, construida en la cumbre y las laderas de un abrupto monte que se eleva unos 300 m sobre la llanura, albergaba la mayoría de los edificios públicos más importantes. Entre ellos estaba el palacio de los Atálidas, un gran teatro que rivalizaba en tamaño con el de Efeso, los templos dedicados a Atenea y Demeter, y la estructura más maravillosa de todas: el enorme altar de Zeus, de unos 39 m de largo, por 36,5 de ancho, y 12 m de alto. Las lozas de piedra esculpida que cubrían los lados del altar eran obras maestras. Describían una guerra entre gigantes y dioses que reflejaban las victorias de los habitantes de Pérgamo sobre los gaulos, a quienes empujaron al centro del Asia Menor, donde llegaron a ser los gálatas del NT.


404. Colina de las ruinas de Pérgamo. Al pie y a la izquierda, la moderna ciudad de Bergama.




405. Antiguo altar dedicado a Zeuz reconstruido en el museo de Berlín-Sección Pérgamo.


Pérgamo fue excavada desde 1879 hasta 1886 por Karl Humann, que descubrió el altar dedicado a Zeus y transportó los elementos que lo constituían a Berlín, donde fue totalmente reconstruido (fig 405). Los arqueólogos alemanes recientes se concentraron en el Asclepeion -el complejo en honor de Esculapio, el dios de la sanidad-, en donde encontraron una gran escuela de medicina, un hospital con salas de tratamientos, un teatro para entretener a los pacientes y un santuario de Esculapio. El famoso médico Galeno recibió su preparación en esta institución. El nombre de Pérgamo se ha perpetuado en la 924 palabra pergamino.* Este fue inventado o desarrollado allí luego que Tolomeo V de Egipto (203-181 a.C.) prohibió la exportación de rollos de papiro por temor a que la gran biblioteca de la ciudad pronto pudiera tener más volúmenes que la de Alejandría. Con esto, en Pérgamo refinaron el proceso de curtido del cuero y desarrollaron un excelente material para escribir que los griegos, en su honor, llamaron pergamenós. En ella existió una iglesia cristiana hacia fines del s I d.C., como lo muestra el hecho de que Juan le dirigió un mensaje desde la isla de Patmos (Ap. 2:12-17). La sucesora moderna de Pérgamo es la ciudad de Bergama, a los pies de la acrópolis (fig 404). Acerca del significado de Pérgamo como una de las 7 iglesias del Apocalipsis, véase CBA 7:98-101, 765, 766.


Perge


(gr. Pérgu', quizá "muy terrena").


Ciudad importante de Panfilia, sobre la orilla derecha del río Cestro. Fue una población insignificante hasta que los romanos la hicieron capital de la provincia. Perge fue el asiento de una diosa asiática de la fertilidad, Leto, que en la mitología desempeñaba funciones similares a las de Artemisa* o Diana* de Efeso, y a quien la gente llamaba "reina de Perge". El sitio del templo de esta diosa no ha sido identificado, pero el teatro de la ciudad, que acomodaba a unas 13.000 personas, está bien conservado, como también las ruinas de otros edificios públicos. Los apóstoles Pablo y Bernabé visitaron la ciudad 2 veces durante el 1º viaje misionero, y predicaron allí en ocasión de su 2ª visita (Hch. 13:13, 14; 14:25). Mapa XX, B-5.


Perida


(heb. Perîdâ' y Perûdâ', "singular", "único" o "grano" [de maíz]).


Cabeza ancestral de una familia de "siervos de Salomón" (Esd. 2:55, "Peruda";* Neh. 7:57). La diferencia en los nombres hebreos está en las letras y y w, que en la escritura hebrea postexilica son casi indistinguibles.


Perjurio


(gr. epíorkos, "perjuro" [1 Ti. 1:10]; epiorkéÇ, "cometer perjurio", "jurar falsamente", "blasfemar", "romper el propio juramento").


El verbo griego, que también aparece una sola vez (Mt. 5:33), es, algunas veces, ambiguo y se puede referir a jurar con falsedad o a romper el juramento una vez que se lo ha hecho.


Perla


(heb. gâbîsh, "cristal de roca"; heb. y ár. dar [Est. 1:6]; gr. margarít's [de márgaros, "ostra perlífera"]).


Joya muy apreciada que se forma alrededor de una sustancia irritante entre la concha y el manto de algunas ostras perlíferas y ciertos moluscos.


Crece en tamaño a medida que el animalito va segregando carbonato de calcio para envolverla con capas sucesivas, hasta que se forman objetos redondos o semirredondos de un blanco iridiscente o azulado. Las de buena calidad se obtienen de la ostra Pinctada margaritifera, abundante en el Golfo Pérsico y cerca de Sri Lanka.


La palabra hebrea traducida "perla" aparece una sola vez en el AT (Job 28:18). En la RVR también se tradujo "perla" la palabra heb. nôfek (Ez. 27:16), pero no es claro su significado. En el NT, en cambio, la identificación es segura. Jesús advirtió contra arrojarlas a los cerdos (Mt. 7:6), y comparó el reino de los cielos con un comerciante que buscaba las de buena calidad (13:45, 46). Pablo aconsejó a las mujeres de la iglesia a no adornarse con materiales costosos como oro o perlas (1 Ti. 2:9). Juan el revelador describe a Babilonia como una mujer cubierta de joyas, incluyendo perlas (Ap. 17:4; cf 18:12, 16). Cada una de las 12 puertas de la nueva Jerusalén aparece como una sola perla (21:21). Véase Esmeralda.


Perro/rrillo


(heb. keleb; gr. kúÇn; kunárion [diminutivo de kúÇn] "perrito").


406. Panel de basalto perteneciente al templo de Mekal, en Bet-sán, que muestra el combate entre un perro y un león.


Los perros de la Biblia no estaban domesticados en la misma proporción actual. Hay sólo 2 referencias bíblicas a los domésticos: Job 30:1, "perros de 925 mi ganado" (que probablemente ayudaban a los pastores); y Mt. 15:27 (cf 7:28), que se refiere a los perrillos bajo las mesas. Otras referencias muestran que estos animales del antiguo Oriente eran los mismos que se encuentran hoy en el Cercano Oriente. Se los describe como soñolientos, echados durante el día, sin mucho ruido ni ladridos (Is. 56:10, 11), buscando comida por las noches (Sal. 59:14, 15). Ladran a los transeúntes (Ex. 11:7), comen casi cualquier clase de comida (Ex. 22:31; Pr. 26:11; Mt. 7:6), aun cadáveres (1 R. 14:11; 21:19, 23; Jer. 15:3; Sal. 68:23), o lamen las heridas de un inválido indefenso en la calle (Lc. 16:21).


Como eran despreciados por los antiguos semitas (Ec. 9:4), la palabra "perro" era un insulto cuando se aplicaba a los seres humanos (1 S. 17:43; 2 S. 3:8; 16:9), o un término que indicaba la máxima denigración propia (1 S. 24:14; 2 S. 9:8; 2 R. 8:13). En el NT los opositores al evangelio son comparados con ellos (Mt. 7:6; Fil. 3:2). Mt. 15:26 refleja una actitud de los judíos hacia los gentiles, a quienes llamaban perros. Cristo usó el término sencillamente para probar la fe de la peticionante. En las excavaciones de Bet-sán se encontró un relieve de basalto que muestra 2 escenas de un combate a muerte entre un león y un perro salvaje (fig 406).


Persas


(heb. Pâras y Parsî; aram. Paras y Parsay).


Habitantes de Persia* (Neh. 12:22; Est. 1:19; Dn. 5:28; etc.). Para algunos estudiosos, "los de Persia" (aram. 'afarsâyê') de Esd. 4:9 se referiría a una clase de oficiales hasta ahora desconocidos; para otros sería un término genérico para designar a los persas (aunque, como vimos arriba, esta última definición requeriría una vocalización diferente).


Persia


(heb. y aram. Pâras; persa antiguo, P~rsa; bab. Parsu; egip. tardío, Prs).


Persia aparece por 1ª vez en los anales de la historia (s VII a.C.) como una región cercana a la costa noreste del Golfo Pérsico, limitada al este por Carmania, al norte por Media y al oeste por Susiana (Elam). Pareciera que las tribus persas se concentraron alrededor de Anshan, que fue identificada en 1972 con Tell-i-Maly~n, a unos 46 km al norte de Shiraz, por inscripciones encontradas en ese sitio. A Fraortes (c 647-c 625 a.C.), uno de los primeros reyes de Media conocidos en la historia, se le atribuye haber subyugado a las tribus persas, y desde ese tiempo hasta Ciro el Grande, Persia formó parte del reino medo, aunque el gobernante de los persas continuó llevando el título de "rey de Anshan". Mapa XII, D/E-9/10.


Su historia en realidad comenzó con Ciro* el Grande (c 553-530 a.C.).


Aunque se conocen 4 generaciones de sus antecesores reales, no hay registros históricos ni han sobrevivido tradiciones acerca de sus gobiernos.


Aquemenes, el tatarabuelo de Ciro, como también antepasado de Darío por otro linaje, fue considerado el fundador de la dinastía. En consecuencia, los reyes persas del período del antiguo imperio son conocidos como Aqueménidas. Por otro lado, los que gobernaron sobre grandes sectores del este, desde el 208 d.C. hasta el 641 d.C., son llamados Sasánidas, nombre derivado del de su familia. Mapa XII.


407. Soldados persas en un relieve sobre piedra encontrado en Persépolis.


Cambises (530-522 a.C.), no mencionado en la Biblia, siguió a su padre en el trono. Su principal logro fue la conquista de Egipto (525 a.C.). Quedó en ese país por 3 años y organizó el valle del Nilo en una sólida satrapía persa. Sin embargo, antes de salir hacia Egipto hizo asesinar a su hermano Bardiya (a quien los griegos llamaron Esmerdis) por temor de que usurpara el trono durante su ausencia, ya que era mucho más popular que él. En el 522 a.C., mientras Cambises todavía estaba en Egipto, Gaumata, un mago medo, pretendió ser Bardiya (Esmerdis) y usurpó el trono. Cambises se apresuró a volver a Persia, pero murió en el camino de regreso, ya sea por suicidio 926 o como resultado de un accidente. No dejó heredero, pero Darío, un pariente lejano, se levantó como pretendiente del trono (522- 486 a.C.) y mató al falso Bardiya, después que éste reinó sólo 6 meses (para mayores detalles, véase Darío 1). Luego vinieron Jerjes I (Asuero*), el hijo de Darío I, que fue un gobernante débil comparado con su padre, y sufrió derrotas severas en Grecia, aunque tuvo éxito en reprimir rebeliones en Egipto y en Babilonia; y Artajerjes* I, el hijo de Jerjes I, que tomó el trono cuando su padre fue asesinado. Por último, después de un corto intervalo llegó al trono Darío II (durante el cual Jerjes II, y quizá también Sogdiano, gobernó brevemente antes de ser eliminado por la fuerza). Parece que Darío II es el último gobernante persa mencionado en el AT, siendo tal vez el "Darío el persa" de Neh. 12:22, de cuyo reinado tenemos las últimas listas del personal del templo dadas en la Biblia. Véase Darío 2.


Otros 4 gobernantes ocuparon el trono de los Aqueménidas: Artajerjes II (405/04-359/58 a.C.), Artajerjes III (359/58-338/37 a.C.), Arses (338/37-336/35 a.C.) y Darío III (336/35-331 a.C.). Durante el reinado de ellos el imperio perdió mucho de su poder y de su territorio, incluyendo Egipto, mientras Macedonia se levantó para desafiar a Persia. En su lucha contra Alejandro Magno, Darío III perdió una batalla tras otra, hasta que pocos años más tarde todo el imperio cayó en manos del joven macedonio (Darío fue muerto por sus propios cortesanos mientras huía). Así el imperio, de 2 siglos de duración, desapareció y fue reemplazado por el poder greco-macedónico. Véase Grecia (II).


Las capitales o, mejor dicho, las residencias reales de los emperadores persas fueron: 1. Ecbatana (Acmeta), la de verano, situada en las frescas tierras altas del Irán. 2. Susa, la de invierno, ubicada cerca del extremo norte del Golfo Pérsico. En este lugar hacía demasiado calor en el verano, pero era agradablemente cálida en invierno. 3. Pasargada, la "ciudad de Ciro", donde éste, y quizá también Cambises, fue sepultado; la más gloriosa de los persas. 4. Persépolis, donde se guardaban los tesoros, con hermosos palacios, construida en el desierto por los Aqueménidas.


Parece que este lugar no fue usado como ciudad residencial por mucho tiempo; sin embargo, todos los gobernantes, desde Darío I en adelante, hicieron construir sus tumbas en las rocas cerca de ella. Los primeros 3 reyes del imperio también residieron un tiempo en Babilonia. Pasargada y Persépolis no se mencionan en la Biblia.


La religión persa del período del imperio fue la más ética de las religiones paganas que existieron. Su fundador fue Zoroastro (Zaratustra). Tenía un sólo dios, Ahura Mazda u Ormuzd, "el sabio señor", el principio básico de todo lo bueno, el sabio espíritu creador que se reveló a sí mismo en luz y fuego. El principio del mal estaba encarnado en Angra Mainyu (Ahriman), el jefe de todos los demonios, que se oponía a todo lo que el dios de la luz creaba. Como el hombre estaba involucrado en esta lucha de los poderes espirituales, tenía la tarea de ayudar al principio del bien a alcanzar la victoria por medio de la pureza y la verdad. Todo tipo de falsedad era despreciado y debía ser evitado. Por pureza, Zoroastro entendía salud, vida, fuerza, honestidad, lealtad, agricultura, cría de ganado, protección de los animales útiles y destrucción de las alimañas, que eran considerados la creación del maligno. La contaminación era cansada por la pereza, la deshonestidad o por el contacto con un cadáver. Zoroastro elevó así el código de ética de su pueblo y los educó como para llegar a ser los portadores de una elevada cultura moral, que se extendió por todo el imperio.


Bib.: A. T. Olmstead, History of the Persian Empire [Historia del Imperio Persa] (Chicago, 1948); R. Ghirshman, Iran [Irán] (Baltimore, MD, 1954), pp
127-205.


Pérsida


(gr. Persís, "persa", un típico nombre de esclavas documentado con frecuencia en las inscripciones).


Mujer cristiana de Roma a quien Pablo envió un cálido saludo especial en su epístola a los Romanos (Ro. 16:12).


Peruda


(heb. Perûdâ', "grano" [de maíz]).


Otro nombre para Perida* (Esd. 2:55).


Perverso.



Traducción de varias palabras hebreas y griegas, más o menos sinónimos, que significan "contrario", "perverso", etc. Dos de ellas, el heb. hafakpak (del verbo hâfak, "volverse", "girar"; Pr. 21:8) y tahpûkâh (Dt. 32:20; Pr. 2:12; 8:13; 10:31; etc.; "perversidad", "perverso"), enfatizan una conducta que se aparta de lo bueno y lo correcto. El heb. {iqqêsh (2 S. 22:27; Sal. 101:4; Pr. 11:20; etc.) y su derivado {iqqeshûth (Pr. 4:24; 6:12; "perversidad") describen la acción de una persona mala o un acto malo como algo "torcido" y "deformado", no en armonía con la norma de Dios. Otros términos traducidos como "perverso" enfatizan aspectos similares de la maldad obstinada de un corazón no regenerado. En el NT se usan el gr. pon'rós, "malo", "perverso"; pon'ría, "malicia", "perversidad"; átopos, diatréfÇ, skoliós y fáulos. 927


Pesca.



Como Israel era una nación interior y la costa casi siempre estuvo en manos no israelitas, la pesca de aguas profundas no se menciona en la Biblia. Aparentemente, se limitaba al Mar de Galilea y a los pocos ríos de Palestina. La pesca fluvial por medio de redes, anzuelos y arpones aparece en escenas pintadas en murales y relieves egipcios (fig 409). Los israelitas habrían tenido su 1ª experiencia en esta actividad en el país del Nilo (Is. 19:8), donde comían pescado libremente (Nm. 11:5). En Palestina los compraban de los fenicios que conocían el mar y, con ello, la pesca de aguas profundas (Neh, 13:16). El hecho de que en Jerusalén había una "Puerta del Pescado" (2 Cr. 33:14; etc.) se toma generalmente como una indicación de que allí había un mercado* de ese producto, porque tal actividad se desarrollaba cerca de las puertas en las ciudades. La pesca con redes se realizaba en el Mar de Galilea* (Lc. 5:1-6), mediante la red* de arrastre como también la arrojadiza. Varios de los discípulos de Jesús eran pescadores.


408. Redes de pescar extendidas para su secado en la antigua Sidón.




409. Pescando y cazando en los pantanos según muestra la pintura de un mural del antiguo Egipto.


Estudios recientes sobre el comportamiento y los movimientos de los peces en el Mar de Galilea arrojan valiosa luz sobre la narración de la pesca milagrosa registrada en Lc. 5:4-8. El relato cuenta cómo después que Pedro y sus compañeros habían pasado la noche entera sin recoger nada, Cristo les pidió que salieran al mar abierto y arrojaban sus redes.


Pedro y sus compañeros obedecieron, aunque su experiencia como pescadores les decía que sería perder tiempo y esfuerzo. Cuando contra todas las expectativas realizaron una captura extraordinaria, quedaron asombrados y reconocieron que era un milagro de su maestro. Por qué en el Mar de Galilea los pescadores esperaban capturar peces, con redes de alta mar y de arrastre sólo de noche, y no después que ésta pasó, ha sido recientemente explicado por un cuidadoso estudio de su comportamiento durante el día. Se ha descubierto que de noche permanecen junto a la abrupta orilla 928 oriental, o en las partes hondas del lago, en las cuales surgen fuentes de agua mineral. Hacia la mañana, van a lugares poco profundos, ya sea a la desembocadura del Jordán, donde encuentran mucho alimento en el agua que entra en el mar, o a los Siete Manantiales, cerca de Capernaum, cuyas aguas cargadas de radio los atrae. Por causa de esos factores, los pescadores saben que es inútil pescar con redes de aguas profundas o de arrastre después que comenzó el día. Por tanto, pescan durante el día cerca de la orilla de Betsaida o en Siete Manantiales, con redes arrojadizas. Estos descubrimientos aclaran lo que Pedro sabía por experiencia: que era inútil salir al mar abierto para arrojar la red a plena luz del día. Por eso, comprueba que la pesca de ese día fue realmente milagrosa. Véanse Anzuelo; Garfio; Pescador.


Bib.: J. Jeremías, ZDPV 70 [1954]:88.


Pescado.



Véase Pez.


Pescador


(heb. dayyâg; gr. halieús).


Oficio ejercido por los israelitas en el lago de Genesaret y en el río Jordán; no existen indicios de que lo ejercieran en el Mediterráneo, ni siquiera en lo que ahora llamamos "de cabotaje" a lo largo de las costas (Job 41:7; Is. 19:8; Ez. 47:10; Mr. 1:16; Lc. 5:2; etc.).


Pesebre


(gr. fátn').


Artesa o cajón que contiene el forraje para los animales. Los pesebres se mencionan en la literatura antigua no bíblica, y se han encontrado algunos de piedra en las antiguas caballerizas del tiempo de Salomón o de Acab, en Meguido (figs 95, 410). Un pesebre en el establo de Belén, en el que José y María se alojaron, fue la primera cama para el niño Jesús (Lc. 2:7, 12, 16). La misma palabra se usa en la BJ en Lc. 13:15 (en la RVR se la omite). En el AT hebreo se emplean los vocablos 'êbûs y 'urwâh, que pueden significar tanto el pesebre propiamente dicho como todo el establo o la caballeriza. Véase Ganadería.


410. Un pesebre de uno de los establos israelitas en Meguido.




Peste.



Véase Pestilencia.


Pestilencia


(heb. generalmente deber; gr. loimós; thánatos, literalmente "muerte").


Enfermedad contagiosa o infecciosa que alcanza proporciones epidémicas. Aunque esta palabra aparece en diversos libros del AT (Ex. 5:3; Nm. 14:12; 2 Cr. 7:13; Sal. 91:3, 6), se encuentra con mayor frecuencia en los escritos de los profetas (Jer. 21:6; 27:8; Ez. 7:15; 28:23; Am. 4:10; etc.) y allí se asocia frecuentemente con los términos "espada" y "hambre", como en la expresión "con espada, con hambre y con pestilencias" (Jer. 14:12; 21:9; 32:36; Ez. 6:11; 12:16; etc.). La historia humana había demostrado tan a menudo la trágica secuencia de las plagas de la espada, el hambre y la pestilencia, que por el tiempo de Jeremías y de Ezequiel estos 3 males fueron agrupados en la forma de un proverbio. Las pestilencias serían una señal del regreso de Cristo, según él mismo anunció (Mt. 24:7; Lc. 21:11). En Hch. 24:1, 5 el orador Tértulo llama a Pablo "una plaga" (gr. loimós, literalmente "pestilencia"). La "mortandad" de Ap. 6:8 y la "muerte" de 18:8 son traducciones de thánatos, sin duda adoptadas sobre la base de la LXX, que a veces vierte la palabra deber como thánatos (véase la LXX sobre Lv. 26:25; Jer. 21:6; Ez. 5:12).


Petaías


(heb. Pethajyâh, "Yahweh abre" [cf vientre], "Yahweh ha libertado" o "libertado por Yahweh").



1.


Descendiente de Aarón y cabeza del 190 grupo de los 24 en que David organizó a los sacerdotes (1 Cr. 24:16).



2.


Levita que se había casado con una mujer extranjera en tiempos de Esdras (Esd. 10:18, 23); posiblemente Petaías 3.



3.


Levita que ayudó a Esdras a bendecir a Dios después de la lectura de la ley (Neh. 9:5); posiblemente Petaías 2.



4.


Descendiente de la familia de Zera de Judá. Era un oficial de la provincia de Judá que representaba al pueblo judío en la corte del rey de Persia (Neh. 11:24).


Petor


(heb. pethôr, tal vez "interpretación").


Hogar de Balaam, cerca del río Eufrates, en 929 Aram (en el norte de la Mesopotamia; Nm. 22:5; 23:7; Dt. 23:4). La ciudad es mencionada primero por Tutmosis III (c 1482-c 1450 a.C.), quien la enumera como Pdr junto con otras ciudades sirias conquistadas. Más tarde, Salmanasar III (859-824 a.C.) tomó la ciudad, que en ese tiempo se llamaba Pitru. Su lugar no ha sido identificado aún con certeza. Véanse Aram; Arameos.


Petra.



Véase Sela.


Petuel


(heb. Pethû'êl, "joven [hombre; engrandecido] de Dios").


Padre del profeta Joel (Jl. 1:1).


Peultai


(heb. Pe{ullethay, probablemente "recompensa [paga] de Yahweh" o "industrioso").


Levita, cabeza ancestral de una familia de porteros coreítas (1 Cr. 26:1, 5).


Pez


(heb. dâg, dâ'g y dâgâh; gr. ijthús; ijthúdion, "pececito"; optós, "pececito cocido").


La Biblia no hace distinción entre las diversas especies de peces de agua dulce o salada con que los antiguos hebreos deben haber estado familiarizados, tanto por su propia industria pesquera como por sus conexiones comerciales que les proveían de los mares Mediterráneo, Rojo y de Galilea. Sin embargo, las leyes alimentarías de Moisés consideraban los peces con escamas y aletas como comestibles y limpios, pero prohibían comer los que carecían de ellas (Lv. 11:9-12; Dt. 14:9, 10). Con los peces inmundos, entonces, se deben clasificar los bagres o siluros que se encuentran en el Mar de Galilea, y las anguilas, los tiburones, las rayas y las lampreas de las aguas costeras. En la excavación de Hesbón se encontraron huesos de peces de las familias de bagres, caballas y escaros, pescados que posiblemente sirvieron como alimento a la población de la antigua ciudad.


Bib.: ALP 408-473; AMBL 68-72; O. Labianca, AUSS, 11 (1973):134.


Pezuña hendida


(heb. mafreseth parsâh).


Frase que aparece en Lv. 11:3, 7, 26, y que literalmente significa "hendidura abierta (de una pezuña)". En el v 26 la expresión se distingue de "dividir la pezuña", lo cual indica que no es un sinónimo de la expresión anterior. La pezuña hendida parece indicar una separación completa de las 2 partes de la pezuña, no sólo una división parcial, como lo sería en el camello. De acuerdo con la ley levítica, sólo eran comestibles los animales que tenían partida la pezuña, de pezuña hendida, y rumiaban.


Pibeset


(heb. Pî-beseth, "dedicado a Bastet"; transliteración de Pr-B3Ñt.t, el nombre de una ciudad egipcia llamada Bubastis por los gr.).


Estaba en el delta, sobre la margen izquierda del brazo más al este del Nilo, a unos 64 km al noreste de la moderna El Cairo. Fue habitada desde la 4ª dinastía hasta los tiempos romanos. En los días de Sheshonk I (el bíblico Sisac), cuando se la llamó Bubastis, llegó a ser la 2ª ciudad en importancia en el país; en consecuencia, la dinastía fundada por este faraón se llama con frecuencia Bubástida. Poseía un hermoso templo dedicado a la diosa Bastet, con cabeza de gato, al que muchos egipcios peregrinaban y donde se celebraban grandes fiestas en honor de la deidad. Pibeset sólo se menciona en el AT (Ez. 30:17). Sus ruinas se llaman ahora Tell Basta. Véase Bubastis en el Mapa V, B-3.


Pie


(heb. regel; gr. poús).


Antiguamente, como todavía hoy, en las tierras del Oriente la reverencia se demostraba descalzándose (Ex. 3:5; Jos. 5:15). Los hebreos también se quitaban el calzado en momentos de gran desgracia y de duelo (2 S. 15:30). El respeto por otra persona se mostraba postrándose a sus pies (2 R. 4:37; Est. 8:3; Mr. 5:22; Ap. 19:10). Los victoriosos los ponían sobre los cuellos de los conquistados como un signo de dominio (Jos. 10:24). El salmista declara que por cuanto sirvió fielmente a Dios sus pies estuvieron en "suelo llano" (Sal. 26:12, BJ). Cuando a alguien lo alcanzaban los resultados de su maldad, o caía en pecado, figuradamente se decía que los suyos habían tropezado o resbalado (Dt. 32:35; Sal. 73:2, 3). La expresión "sentarse a los pies de un maestro" era literalmente cierta (cf Hch. 22:3). El profeta llamó a su pueblo a apartar sus pies del sábado (Is. 58:13), con lo que quería decir que debían dejar de profanar ese día. En la última cena, Jesús lavó los pies de los discípulos, ocupando el lugar del siervo, que comúnmente lo hacía para limpiar el polvo de los pies de los invitados que llegaban (Jn. 13:4-14; cf Lc. 7:44).


Piedad


(gr. generalmente eusébeia, "piedad", "santidad", "religión").


Eusébeia enfatiza la idea de piedad y reverencia hacia Dios. Sin embargo, la fuerza básica del vocablo griego se acerca mucho más al sentido de piedad (1 Ti. 4:7, 8; 6:3; 2 P. 1:3, 6, 7). A veces eusébeia parece asumir una significación adicional como para denotar "religión", y especialmente la religión cristiana (1 Ti. 3:16, DHH; 2 Ti. 3:5, DHH).


Piedra


(heb. y aram. generalmente 'eben ; gr. generalmente líthos; también se usan las heb. tsûr y sela{, y la gr. pétra).


En la antigüedad se usaban las piedras como material para edificar, y en los países donde la madera de construcción era escasa los artesanos de la 930 piedra eran de más valor que los carpinteros. Los monumentos, los templos, los altares. los edificios públicos y las casas particulares de las clases altas eran de ese material (Ex. 20:25; Lv. 14:40; 2 S. 18:17; 1 R. 5:17; 2 R. 22:6; 2 Cr. 16:6; etc.). Los constructores de Egipto desarrollaron la habilidad de levantar sus edificios sin mortero, bastándoles la fricción y el peso de las estructuras para lograr la cohesión. Sorprende a los ingenieros actuales cómo las enormes piedras que se ven en las ruinas de Egipto, Siria y Judea pudieron ser exactamente labradas y transportadas desde las carteras hasta los lugares de edificación (Mr. 13:1).


Un agricultor que comenzaba a trabajar un terreno que no había sido cultivado antes primero tenía que despedregarlo (Is. 5:2). Las piedras se usaban para levantar cercas para los viñeros (cf Pr. 24:30, 31) y rediles para las ovejas, montículos o pilares para conmemorar eventos notables (Gn. 28:18; 35:14; Jos. 4:9; 1 S. 7:12) y como recordativos de un tratado o pacto (Gn. 31:45-47). Además, se las empleaba para la construcción de acueductos, estanques y puentes, para tapar bocas de pozos (29:2), cubrir o señalar tumbas (Jos. 7:26; 2 S. 18:17; Mt. 27:60; Jn. 11:38) y como hitos a lo largo de los caminos (cf Jer. 31:21). Los paganos adoraban las piedras (Is. 37:19; Ez. 20:32; etc.). Los meteoritos o aerolitos eran venerados en forma especial por haber caído del cielo. Las más comunes en Palestina eran la caliza y la arenisca. Las piedras fueron usadas en forma figurada para representar el corazón carnal (Ez. 11:19), al pueblo de Dios (1 P. 2:5), a Cristo (Lc. 20:17: 1 R 2:6-8; etc.) y simbólicamente para el reino de Dios (Dn. 2:43-45). Véanse Palestina (IV); Piedras preciosas.


Piedra del ángulo


(heb. 'eben pinnâh, "piedra de la esquina"; o sencillamente pinnâh, "esquina", donde el contexto sugiere que se habla de una piedra angular; rô'sh pinnâh, "principal piedra de la esquina" [literalmente "cabeza de la esquina"], se puede comparar con el ac. aban resha; gr. akrogoniáios).


Sobre la base de Is. 28:16, era considerada generalmente como una de las piedras fundamentales, quizá la que une 2 muros conectados entre sí (cf Mishná, Nega'im 13.2). En Sal. 118:22 el salmista se refiere a la piedra rechazada por los constructores. En el NT esta referencia se aplica a Cristo (Mt. 21:42; Mr. 12:10; Lc. 20:17; Hch. 4:11; Ef. 2:20; 1 P. 2:7).




















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