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sábado, 19 de marzo de 2011

Pretorio - Quefar-haamoni. DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 







Ícone de exibição de Luis Manuel Guaida

Galeria de Luis Manuel Guaida



Angkor Wat por Luis Manuel Guaida


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"Caput Mundi", "Cittá Eterna", "l' Urbe".

Capital del Mundo, Ciudad Eterna o solamente, La Urbe, fundada en 753 AC, es la cuna de la civilación romana, produciendo el mas grande imperio de la antigüedad clásica, el cual perduró por mil años.

Capital del mundo católico y de Italia, ahora cuenta con 3.5 millones de habitantes. Sin embargo, el sabor, el prestigio y el sello de su clacisismo aparece en cada esquina.

He aquí una breve muestra.
56 fotos



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Angkor Wat por Luis Manuel Guaida

Angkor Wat



Hard and Soft por Luis Manuel Guaida

Hard and Soft



Flat Urbanite por Luis Manuel Guaida

Flat Urbanite

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Quetzacoatl

Serpiente emplumada, divinidad precolombiana, aquí conceptualizada como en las esculturas aztecas y mayas. Pared en Tepoztlán, México

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Marmol y Marmol

Roma, Italia

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Bleu

Montreal, Canada

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Vitral Nocturno








Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA


Q



Pretorio - Quefar-haamoni


Pretorio


(gr. praitorion; del lat. praetorium, "perteneciente al pretor").


La palabra originalmente señalaba la sede del pretor o del general en el campamento, pero más tarde se aplicó a la residencia oficial del gobernador* provincial. El término se usa en los Evangelios para referirse a la residencia temporaria del procurador en Jerusalén durante su estadía en esa ciudad. En este edificio se realizó el juicio de Jesús ante Pilato (Mt. 27:27; Mr. 15:16; Jn. 18:28, 33; 19:9). No hay certeza si este lugar fue el palacio de Herodes, ubicado donde ahora está la ciudadela, en la parte oeste de Jerusalén; o si fue en la Torre Antonia, o fortaleza construida también por él, al norte del templo. El pretorio de Hch. 23:35 se refiere al magnífico palacio de Herodes, en Cesarea, que era la residencia oficial de los procuradores* de Palestina (6-41 d.C. y 44-66 d.C.).


En Fil. 1:13 se usa también la misma palabra griega, pero su significado es discutido. Si la epístola a los Filipenses fue escrita desde Roma, como es lo más probable, no se puede referir a un palacio, que en Roma no se llamaba "pretorio", sino a la "guardia pretoriana" o al tribunal de justicia, que en ambos casos se designaban con el término praitorion. Esta guardia estaba formada por un grupo de soldados que asistía al emperador y a los miembros de su familia en Roma y fuera de ella. En tiempos de Pablo constaba de 10 compañías de 500 soldados cada una, y estaba a las órdenes de un tribuno. Estos guardias servían durante 16 años y recibían el triple del pago que se daba a los legionarios; su campamento estaba en las afueras de la ciudad (fig 434). 944


Prevenir


(heb. qâdam, "estar delante", "ir al encuentro", "ir por delante"; gr. profthánÇ, "llegar antes", "adelantarse", "anticipar", "hacer [algo] previamente"; fthánÇ, "llegar antes", "preceder", "alcanzar", "llegar [a algo]").


Término que aparece en la Biblia con el sentido de "preceder" o "ir por delante" (2 S. 22:6, 19; Job 3:12; 30:27; Sal. 119:147; Mt. 17:25; 1 Ts. 4:15).


Primer día de la semana.



Frase que aparece 8 veces en el NT (Mt. 28:1; Mr. 16:2, 9; Lc. 24:1; Jn. 20:1, 19; Hch. 20:7; 1 Co. 16:2). Generalmente es traducción del gr. mían sabbátÇn o mía ton sabbátÇn. Como sabbátÇn puede significar "sábado" y también "semana", algunos lo han traducido "sábado", de modo que la frase de Mt. 28:1 sería "primero de los sábados", una versión que la sintaxis griega y el contexto no permiten (véase CBA 5:542, 543). Los pasajes de los Evangelios donde aparece la frase establecen que la resurrección ocurrió el 1º día de la semana, día que ahora llamamos domingo.


En Hch. 20:7 se hace referencia a una reunión religiosa que dirigió Pablo el 1º día de la semana. Los comentadores no se han puesto de acuerdo si en este pasaje Lucas usa el sistema romano de contar los días (con el inicio a medianoche) o el cómputo judío (con el comienzo a la puesta del sol). Si se usa el romano, la reunión se realizó el domingo de noche hasta la madrugada del lunes, porque Pablo "alargó su discurso hasta la medianoche". Si se emplea el judío, se hizo el sábado de noche hasta el domingo de madrugada, es decir, siempre que la asamblea comenzara después de la puesta del sol; de otro modo hubiera sido en domingo de tarde. La ocasión fue una reunión de despedida, porque Pablo debía "salir al día siguiente". El pasaje no ofrece ninguna prueba de que la iglesia primitiva observara el 1º día de la semana, como algunas veces se sugiere (véase CBA 6:382, 383).


La instrucción de Pablo a la iglesia de Corinto de apartar una suma de dinero como contribución para la de Jerusalén "cada primer día de la semana" (1 Co. 16:2, 3), también se ha sugerido como prueba de que los cristianos observaban como reposo el domingo. Sin embargo, el gr. par' heauto no traducido en la RVR en este texto, significa literalmente "por sí mismo", y es equivalente a la expresión "en su casa", como lo traduce la BJ y la RV anterior a 1960. De este modo, no se hace referencia a una ofrenda dada en la reunión cristiana, sino más bien en poner aparte algún dinero, privadamente, en las casas.


Primicias


(heb. bikkûrîm), "primer fruto [o el más temprano]"; re'shîd, "comienzo [del fruto]", "[fruta] selecta"; una vez bikkûrah, "primera fruta madura" [Os. 9:10]; gr. aparje , "el comienzo de un sacrificio", "primeros frutos").


Ofrendas presentadas a Dios como señal de lealtad de parte del adorador. Normalmente llegaban a ser propiedad del sacerdote (Nm. 18:12; Dt. 18:4), aunque se registra por lo menos una vez que se presentaron a un profeta (2 R. 4:42). La naturaleza de la ofrenda de las primicias se enfatiza con 2 palabras hebreas: 1. Consistía en la parte de la cosecha que maduraba más temprano (bikkûrîm). 2. Era la más escogida (rê'hîth).


Se hacían ofrendas especiales de primicias en cada una de las 3 grandes fiestas anuales de Israel: la de los Panes sin Levadura, la de Pentecostés y la de los Tabernáculos. El 16 de Nisán, el día siguiente del sábado anual de la Pascua, una gavilla de cebada recién madura era mecida ante el altar (Lv. 2:12; 23:10, 11).


El día de Pentecostés se presentaban a Jehová 2 panes de cebada, cocidos con levadura y harina de trigo de la nueva cosecha (Lv. 23:17; cf Ex. 34:22). La fiesta de la Recolección o de los Tabernáculos, en el mes 7º, era en sí misma un acto de gratitud a Dios por todas las cosechas recogidas, y aparentemente se ofrecían las primeras frutas o las más escogidas en relación con aquéllas (cf Ex. 23:16, 19; Lv. 23:39). Además de estas presentaciones nacionales de primicias, los individuos también podían dar sus ofrendas voluntarias personales (Nm. 15:20, 21; Dt. 26:2, 10).


En Ro. 16:5, Epeneto es llamado "el primer fruto... para Cristo", lo que significa que fue el primer converso o uno de los primeros. En 1 Co. 15:20 se afirma que Cristo es "primicia de los que durmieron". El es la garantía de la gran cosecha que seguirá cuando los muertos justos resuciten en su segunda venida (v 23). Los 144.000 también son llamados "primicias" (Ap. 14:4), ya sea como garantía de la gran cosecha de los redimidos, o como un don u ofrenda especial a Dios.


Primicias, Fiesta de las.



Véase Pentecostés, Fiesta de.


Primogénito


(heb, bekôr, bekôrâh; gr. protótokos, "primogénito").


Primer hijo de hombre o bestia. Como expresión figurada, el término también puede indicar superioridad de tamaño, rango, fortaleza, etc., o preeminencia de carácter o de posición. La palabra primerizo se usa a menudo para los animales, y primicia* para los frutos.


Entre los antiguos hebreos, el hijo primogénito tenía una posición de importancia especial, de acuerdo con costumbres bien definidas 945 y leyes dadas por Dios (cf Gn. 48:13, 14, 17, 18; Dt. 21:15-17; 2 Cr. 21:3).


Esta posición estaba íntimamente ligada al derecho de la primogenitura* y sus privilegios especiales, que incluían no sólo una porción favorecida de la herencia* sino también ciertas bendiciones y responsabilidades espirituales en la familia. Después de la experiencia de la Pascua y de la muerte de los primogénitos de los egipcios, Jehová enfatizó la posición especial del hijo mayor al ordenar que todos, tanto de hombres y como de bestias, debían ser especialmente consagrados a él (Ex. 13:2, 12; Nm. 3:13). El hijo primogénito debía ser redimido con el pago de un rescate (Ex. 13:13, 15; Nm. 18:15, 16). Parece que la dedicación del hijo mayor a Dios tenía la intención de ser una consagración especial a su servicio, pero este aspecto fue más tarde modificado por el llamamiento de la tribu de Leví en lugar de los primogénitos (Nm. 3:12, 45). Por todo ello los israelitas tenían que recordar la liberación de éstos dentro del pueblo de Dios durante la noche de la Pascua en Egipto (Ex. 12:22, 23, 29), lo que debía señalar a Cristo, el primogénito simbólico.


El término también se usaba en sentido figurado en frases como "el primogénito de la muerte" (Job 18:13), que quizá se refería a una enfermedad tan virulenta que se la consideraba la principal de todas las enfermedades fatales, y "los primogénitos de los pobres" (Is. 14:30), que significaba "el más pobre de los pobres". Estos casos explicarían cómo David pudo llegar a ser el "primogénito" (Sal. 89:27), aun cuando en realidad era el menor de los hijos de Isaí (1 S. 17:14). Lo que aparentemente se quería decir era que tendría un lugar distinguido y excelencia especiales. En forma similar, cuando Jehová designó a la nación de Israel como "mi primogénito" (Ex. 4:22), hacía referencia a su preeminencia entre las naciones a los ojos de Dios, así como el hijo mayor ocupa una posición distinguida entre sus hermanos. Del mismo modo, "la congregación de los primogénitos" destaca la condición exaltada de los santos (He. 12:23). Cuando Cristo es llamado "el primogénito de toda creación" (Col. 1:15), se destaca su superioridad sobre todos los seres creados. Pablo habla de él como "el primogénito de entre los muertos" (v 18), después de lo cual añade esta significativa explicación: "Para que en todo tenga la preeminencia"; véase también Ro. 8:29, donde se habla de Cristo como el "primogénito entre muchos hermanos". En He. 1:6 y Ap. 1:5 la expresión "primogénito" se usa quizá con el sentido figurado de preeminencia. Además de este empleo como un calificativo de Cristo, también se lo aplica en sentido literal cuando se refiere a Jesús como el "hijo primogénito" de María (Mt. 1:25; Lc. 2:7).


Primogenitura


(heb. bekôrâh; gr. prÇtotokéia).


Derechos o privilegios que corresponden al hijo mayor. De acuerdo con la ley hebrea, esto le permitía: 1. Suceder a su padre como jefe de la familia. 2. Heredar una porción doble de los bienes de su progenitor (Dt. 21:17; 2 Cr.21:3).


La primogenitura también implicaba una bendición (Gn. 27:1-4, 19, 36). Cuando Rubén, el hijo mayor de Jacob, perdió su primogenitura, José recibió una porción doble: 2 tribus descendieron de él (1 Cr. 5:1, 2). En el caso de que un hombre tuviera más de una esposa, el derecho estaba garantizado en favor del 1º hijo que naciera, aunque fuese el de una esposa menos amada (Dt. 21:15-17). Por los informes del AT, es evidente que todos los dones y privilegios se podían perder, como en el caso de Esaú, que vendió su derecho a Jacob (Gn. 25:29-34; He. 12:16), o como en el de Rubén, que perdió su derecho por inconducta (1 Cr. 5:1, 2).


Principado


(gr. arje, "gobierno", "gobernante", "autoridad").


Término que se usaba para los dirigentes políticos (Tit. 3:1, "gobernantes"
en la RVR), y de los poderes angélicos y demoníacos (Ro. 8:38; Ef. 3:10; 6:12; Col. 1:16; etc.). Este último uso puede reflejar el nombre judío de una categoría de ángeles (véase el seudoepigráfico libro de Enoc 61:10).


Príncipe


(heb. generalmente Ñar y nâÑî', aram. generalmente 'ajashdarpan; gr. generalmente árjÇn).


Varón de rango o autoridad por su relación en una familia real o por designación. Abrahán fue reconocido como un poderoso "príncipe" (Gn. 23:6). Los jefes de las tribus de Israel eran "príncipes" (Nm. 1:16). A veces se habla de los reyes de las naciones como de príncipes (2 R. 20:5; Dn. 10:13), como también de los principales consejeros de los gobernantes (Est. 1:14).


Entre los títulos de Cristo, cada uno de los cuales representa alguna fase de su carácter u obra, están los siguientes: "Príncipe de paz" (Is. 9:6), "Miguel vuestro príncipe" (Dn. 10:21), "el gran príncipe" (12:1), "el príncipe de la vida" (Hch. 3:15, en griego). La Biblia se refiere a Satanás como el "príncipe de las potestades en los aires" (Ef. 2:2), "el príncipe de este mundo" (Jn. 12:31; 14:30; 16:11), el "príncipe de los demonios" (Mt. 12:24).
946


Prisca


(gr. Príska, "anciana").


Otro nombre para Priscila* (2 Ti. 4:19).


Priscila


(gr. Prískilla, forma gr. de un nombre lat. que significa [mujer] "anciana [reverenciada]").


Esposa de Aquila. Los nombres de Aquila y Priscila siempre son mencionados juntos (Hch. 18:2, 18, 26; Ro. 16:3; 1 Co. 16:19; 2 Ti. 4:19). Acerca de la historia de la pareja, véase Aquila.


Prisión.



Véase Cárcel.


Probática


(gr. probatikós, "perteneciente a la oveja").


Aunque es razonable asumir que en Jerusalén funcionaba un mercado de venta de ovejas -donde eran vendidas, especialmente para propósitos sacrificiales-, el pasaje de Jn 5:2 más probablemente se refiera a una Puerta de las Ovejas* (en contra de algunas afirmaciones de que se trataba del Mercado de las Ovejas).


Procónsul


(gr. anthúpatos; traducción del lat. proconsul).


Funcionario que, durante la última parte de la República Romana, era el gobernador* romano de una provincia, generalmente un ex cónsul (o ex pretor) que actuaba en su provincia "en nombre del" (pró) cónsul. Bajo el imperio, "procónsul" era generalmente el título dado al gobernador de una provincia senatorial (que estaba bajo la jurisdicción del senado), a diferencia de las provincias imperiales. Los que detentaban este cargo eran corrientemente nombrados por un año, y ejercían todo el poder administrativo, judicial y militar en su territorio. Generalmente, eran oficiales de carrera de clase senatorial, de la nobleza romana, que tenían un nombre y una tradición familiar que defender, lo que los hacía, casi siempre, mejores administradores que los gobernadores de las provincias imperiales, o que los procuradores,* designados sólo por el emperador. El procónsul era asistido por los cuestores, que servían como cobradores de impuestos. En el NT se mencionan por nombre 2 procónsules: Sergio Paulo (procónsul de Chipre; Hch. 13:7, 8, 12) y Galión (procónsul de Acaya o Grecia; 18:12). Hch. 19:38 sencillamente se refiere a la administración proconsular en la provincia de Asia. Véase Legado.


Prócoro


(gr. Prójoros, "director [dirigentes] del coro [de bailarines]").


Uno de los 7 hombres cristianos que la iglesia de Jerusalén eligió para atender las necesidades de las viudas de habla griega y probablemente también de los pobres en general (Hch. 6:1-5).


Procurador


(gr. h'guemon, "dirigente", "jefe", "gobernador"; lat. procurator).


Por lo general era el representante financiero del César, asignado a una provincia imperial por un período indefinido, de menor rango que el gobernador,* pero responsable en forma independiente ante el emperador.


Unas pocas provincias menores, o las no totalmente organizadas, se ponían bajo un procurador que, además de sus responsabilidades financieras, era el administrador civil y el comandante general de las pequeñas fuerzas militares de sus respectivos territorios. Cuando el hijo de Herodes, Arquelao, etnarca de Judea, fue depuesto por Augusto (en el 6 d.C.), su territorio -Samaria, Judea e Idumea- se convirtió en una provincia imperial a cargo de un procurador ("gobernador"; Mt. 27:15, 21, 27; etc.), quien estaba sujeto en parte al legado* de Siria; sin embargo, también era responsable directo ante el emperador que lo había designado, y en su propia provincia tenía el poder de vida y muerte. Véase Procónsul.


Una inscripción latina en piedra, descubierta en Cesarea en 1961, registra la construcción de un templo por Poncio Pilato. En esta inscripción se lo llama praefectus, un título que en griego generalmente se da como éparjos.


Augusto originalmente prefirió este título al de procurator, y sólo más tarde se cambió el título del gobernador de una provincia imperial. Parece que Pilato comenzó su período en Palestina como prefecto, y sólo más tarde llegó a ser procurador. En esta última función, los escritores del NT, como también Tácito, lo llaman h'guemon.


La mayoría de estos procuradores eran de la clase ecuestre (inferior a la aristocracia senatorial), aunque por lo menos uno, Félix, era un liberto.


Residían en Cesarea, en el magnífico palacio de Herodes, pero generalmente se encontraban en Jerusalén durante las festividades religiosas judías, como para estar listos en caso de una revuelta. En esas ocasiones residían en el palacio de Herodes o en la Fortaleza* Antonia, construida por Herodes. Judea estuvo 2 veces bajo el gobierno de procuradores: la 1ª, del 6 al 41 d.C.; la 2ª, del 44 al 66 d.C. En el intervalo (41-44 d.C.) fue parte del reino de Agripa I. En la página 1002, en un cuadro general, se incluye a los 14 procuradores que gobernaron Judea: 7 en el 1º período y 7 en el 2º. Poco se sabe acerca de algunos de ellos, y las fechas para sus administraciones, en la mayoría de los casos, sólo son aproximadas.


Profano


(heb. jôl, "común", "contaminado"; gr. béb'los, "profano", "irreligioso").


En el AT, generalmente la palabra está en contraste con algo "santo" (Lv. 10:10; 1 S. 21:5; Ez. 21:25; etc.). En el NT, el término se usa para identificar 947 a la persona que no se interesa por los valores religiosos, como Esaú (He. 12:16), o a los paganos en general (1 Ti. 1:9; 4:7; 6:20; 2 Ti. 2:16).


Profeta


(heb. nâbî', "llamado [por Dios]" o "quien tiene una vocación [de Dios]"; probablemente del ac. nabû , "llamar"; aram. nebî'; gr. profet's).


Alguien que primero recibía instrucciones de Dios y luego las transmitía a la gente. Estos 2 aspectos de su obra se reflejaban en los nombres con que se los conocía: vidente (jôzeh o rô'eh) y profeta (nâbî'). El 1º fue más común en el período temprano de la historia hebrea (1 S. 9:9). El término que se usa con mayor frecuencia es nâbî', pues lo designa como vocero de Dios. Como "vidente" discernía la voluntad de Dios, y como "profeta" la trasmitía a otros.



I. El profeta y su obra.


El profeta es una persona llamada y calificada en forma sobrenatural como portavoz de Dios. Mientras que en los tiempos del AT los sacerdotes eran los representantes del pueblo ante Dios -sus portavoces y mediadores-, el profeta, en un sentido especial, era el representante oficial de Dios entre su pueblo sobre la tierra. Mientras el oficio sacerdotal era hereditario, la designación de un profeta provenía del llamado divino. El sacerdote, como mediador en el sistema de sacrificios, conducía a Israel en la adoración, aunque sus deberes secundarios incluían dedicar una parte de su tiempo a instruir al pueblo acerca de la voluntad de Dios como ya había sido revelada por los profetas, Moisés en particular. En cambio, la instrucción religiosa era tarea primordial del profeta. El sacerdote se ocupaba mayormente de la ceremonia y los ritos del santuario (que se centraban en la adoración pública), en la mediación para el perdón de los pecados, y en el mantenimiento ritual de las relaciones correctas entre Dios y su pueblo.


El profeta era principalmente un maestro de justicia, de espiritualidad y de conducta ética, un reformador moral con mensajes de instrucción, consejo, amonestación y advertencia, y su obra a menudo incluía la predicción de eventos futuros. En el caso de Moisés, uno de los mayores profetas (Dt. 18:15), la profecía fue una función comparativamente menor.


En un sentido más amplio del vocablo, profetas hubo desde los primeros días del mundo. Tanto Abrahán (Gn. 20:7) como Moisés (Dt. 18:15) fueron llamados profetas. Durante el período de los jueces el oficio profético languideció, y "la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia" (1 S. 3:1). El llamado de Samuel hacia el final de ese período fue trascendental. Fue el 1º "profeta" en el sentido más estricto de la palabra, y se lo puede considerar como fundador del oficio profético; iba de lugar en lugar como maestro de Israel (10:10-13; cf 7:16, 17).


Después de él y hasta el fin del tiempo del AT, diversos hombres escogidos hablaron a la nación en nombre de Dios, interpretando el pasado y el presente, exhortando a la justicia, y siempre dirigiendo su vista al futuro glorioso que Dios les había señalado como pueblo. Samuel habría fundado lo que se conoce como "las escuelas de los profetas". Los jóvenes que recibían su educación en estas escuelas (19:20) eran conocidos como los "hijos de los profetas" (2 R. 2:3-5). La 1ª de tales escuelas que se mencionan estuvo en Ramá (1 S. 19:18, 20), la sede de Samuel (7:17). Los hijos de los profetas no eran necesariamente recipientes directos del don profético, pero eran divinamente llamados, como los ministros evangélicos de hoy, para instruir a la gente acerca de la voluntad y los caminos de Dios. Las escuelas de los profetas fueron una poderosa fuerza que limitó el avance de la marea del mal, que tan a menudo amenazó con sumergir al pueblo hebreo bajo una inundación de idolatría, materialismo e injusticia, y proporcionó una barrera contra la ola de corrupción que avanzaba con mucha rapidez. Estas escuelas proveyeron el adiestramiento mental y espiritual a jóvenes seleccionados que serían los maestros y dirigentes de la nación.


Después de Samuel, en tiempos del reino unido de Judá e Israel, surgieron hombres como Natán el profeta, Gad el vidente (1 Cr. 29:29) y Ahías (2 Cr. 9:29). Luego, bajo la monarquía dividida, hubo muchos profetas. Algunos (Oseas, Isaías, etc.) fueron autores de libros preservados en el canon sagrado; otros (Natán, Gad, Semaías, lddo, etc.) también escribieron, pero no se conservaron sus escritos. Algunos de los mayores profetas, como Elías y Eliseo, no escribieron sus discursos proféticos, y por lo tanto a veces se los llama "profetas orales". En el canon hebreo, las 4 grandes obras históricas de Josué, Jueces, Samuel y Reyes reciben el nombre de Profetas Anteriores, porque se sostenía que sus autores fueron profetas. Aunque de naturaleza mayormente histórica, estos libros muestran el propósito de sus autores de conservar un registro del trato de Dios con Israel como una lección objetiva para su propia generación y las posteriores. Isaías, Jeremías, Ezequiel y "los Doce" - desde Oseas hasta Malaquías - son llamados Profetas Posteriores. 948


Bajo el reino dividido, los profetas Oseas, Amós y Jonás trabajaron mayormente para Israel, el reino del norte; el resto, especialmente para Judá, el reino del sur, aunque algunos de éstos también incluyeron al reino del norte en sus mensajes.


Dicho sea de paso, cabe aclarar la frase "Profetas Menores" (Oseas hasta Malaquías): se los llama así sólo porque sus libros son comparativamente breves en relación con los de los "Profetas Mayores" (lsaías hasta Daniel).


De ningún modo implica que el ministerio de sus autores fuera de corta duración o que sus escritos fueran de menor importancia y/o inspiración.


Los Profetas Posteriores se pueden dividir cronológicamente en 4 grupos:



1. Profetas del s VIII a.C.


Incluye a Jonás, Amós, Oseas, Miqueas e Isaías, aproximadamente en ese orden. El s VIII fue testigo del surgimiento de Asiria, y antes de finalizar este período la nación llevó cautivas a las 10 tribus del reino del norte, con lo que la nación desapareció. En por lo menos 2 ocasiones también Judá estuvo a punto de ser destruido por los asirios. El papel principal de los profetas del s VIII habría sido, primero, evitar, si era posible, la cautividad del reino del norte llamando a su pueblo a volverse al servicio y a la adoración del verdadero Dios, pero también -particularmente en el caso de Isaías- sostener al reino del sur durante este tiempo de gran crisis nacional. Con la muerte de Isaías el don profético parece haberse silenciado por medio siglo o algo más.



2. Profetas del s VII a.C.


Este siglo fue testigo del apogeo de Asiria, pero antes de terminar la centuria había desaparecido del escenario de acción y el Imperio Caldeo o Neobabilónico había ocupado su lugar. Durante los años de decadencia de Asiria y de surgimiento de los caldeos, Dios envió a varios profetas para llamar al pueblo de Judá a una reforma completa que impidiera la inminente cautividad babilónica. Entre esos profetas estaban Nahum, Habacuc, Sofonías, Jeremías y, tal vez, Joel.



3. Profetas del periodo del cautiverio babilónico.


Estos fueron Jeremías, Ezequiel, Daniel y, quizás, Abdías. La meta principal de los mensajes de este período fue ayudar a Judá a comprender el propósito que Dios tenía al permitir el cautiverio, inspirar esperanza en una restauración, y elevar los ojos de los judíos a la gloriosa oportunidad que los esperaba al regresar de la cautividad si eran fieles a Dios.


Jeremías entregó sus mensajes a los habitantes de Jerusalén y Judá antes y durante el comienzo del cautiverio, y Ezequiel ministró a los exiliados en Babilonia, Daniel fue enviado a la corte de Nabucodonosor para comunicar la voluntad de Dios al gran monarca y conseguir su cooperación con el plan divino para el pueblo de Dios.



4. Profetas postexílicos:


Hageo, Zacarías y Malaquías. Los 2 primeros animaron al pueblo a levantarse y construir el templo; Zacarías recibió una serie de visiones apocalípticas que describían el glorioso futuro que aguardaba a Israel durante la era de la restauración si eran fieles a Dios (Zac. 6:15). Como un siglo después de Zacarías vino Malaquías y, con él, el fin del canon profético del AT (1 Mac. 4:46; 9:27; 14:41).


Aunque el libro de Daniel contiene algunos de los mensajes proféticos más importantes que encontramos en las Escrituras, el pueblo hebreo no lo incluyó en la sección profético del canon. En vista de que se incluyen obras históricas como Josué, Jueces, Samuel y Reyes en la sección profético, es evidente que el contenido no fue el factor principal que determinó su clasificación dentro de los escritos canónicos. sino el oficio de su escritor. Así, Daniel sirvió principalmente como hombre de estado en la corte de Nabucodonosor, y aunque recibió algunas de las mayores visiones de todos los tiempos, no fue considerado un profeta en el mismo sentido que Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas o los otros, cuyas vidas se dedicaron exclusivamente al oficio profético; no obstante, Cristo lo llamó profeta (Mt. 24:15). Véase Canon (I).


En el amanecer de los tiempos del NT, el don de profecía fue reactivado con las declaraciones inspiradas de Elisabet (Lc. 1:41-45), y de Simeón y Ana (2:25-38). Unos pocos años más tarde vino Juan el Bautista en el papel de Elías (Lc. 1:17). Cristo declaró que Juan fue profeta "y más que profeta" (Mt. 11:9, 10). Pablo estimó el don profético como una de las gracias del Espíritu (1 Co. 12:10), y declaró que era uno de los mayores dones (14:1, 5). Como en los tiempos del AT, el don profético no necesariamente implicaba la predicción de acontecimientos futuros, aunque este aspecto de la profecía pudiera estar incluido, sino que consistió mayormente en la exhortación y la edificación (vs 3, 4).


El llamado al oficio profético y la dádiva consiguiente del don profético eran actos de Dios, como en el caso de Isaías (Is. 6:8, 9), Jeremías (Jer. 1:5), Ezequiel (Ez. 2:3-5) y Amós (Am. 7:15). Moisés lo recibió desde la zarza ardiente (Ex. 3:1-4:17). El llamado de Eliseo al oficio profético fue anunciado por 949


CRONOLOGÍA DE LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO


950 Elías (1 R. 19:19, 20; cf 2 R. 2:13, 14). Al llamado profético le acompañaba una entrega de capacidades especiales para que el profeta pudiera hablar en nombre de Dios. Lo constituía en un "atalaya" o "guardián" sobre la casa de Israel (Ez. 33:7), y lo hacía estrictamente responsable ante Dios por la entrega fiel de los mensajes que debía darles (vs 3, 6). Habiendo aceptado el llamado profético, no podía abandonarlo a voluntad, como Jeremías una vez pensó hacerlo (Jer. 20:7-9; cf 1 R. 19:9; Jn. 1:6-8, 23; 3:2). A veces Dios se dirigía al profeta en forma audible (Nm. 7:89; 1 S. 3:4), aunque más frecuentemente en sueños y visiones (Nm. 12:6; Ez. 1:1; Dn. 8:2; Mt. 1:19,20). Un verdadero profeta enseñaba por el Espíritu de Dios (1 R. 22:24; 2 Cr. 15: 1; 24:20; Neh. 9:30; Ez. 11:5; Jl. 2:28; Mi. 3:8; Zac. 7:12; 1 P. 1:10, 11) y hablaba movido por el Espíritu de Dios (2 P. 1:20, 21). El mensaje que entregaba no era propio, sino de Dios (Ez. 2:7; 3:4, 10, 11; cf Nm. 22:38; 1 R. 22:14). En ciertos casos, como en el de Natán (2 S. 7:3) y de Samuel (1 S. 16:6, 7), el juicio humano del profeta era modificado por Dios. Por un tiempo Ezequiel estuvo mudo, excepto cuando entregaba un mensaje de Dios (Ez. 1:2, 3; 3:26, 27; 33:21, 22). Esta experiencia singular fue una señal para los oyentes: cada vez que hablaba lo hacía por orden de Dios. En principio, algo similar sucedía con los demás profetas, porque ninguna profecía de las Escrituras "fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 P. 1:21). Por ello, haremos "bien en estar atentos" a sus mensajes "como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga" en nuestros corazones (1:19).


En algunos casos, los profetas vieron la necesidad de buscar e inquirir diligentemente el significado de las palabras que hablaban (1 P. 1:10, 11).


Por ejemplo, se dice específicamente que Daniel no comprendió algunas porciones del mensaje que le fue confiado (Dn. 8:27; 12:8, 9). Por otra parte, los profetas entendían claramente que hablaban en nombre de Dios, y así corrientemente introducían sus mensajes con expresiones como: "Jehová dijo así" (Is. 66:1), "Palabra que vino de Jehová a Jeremías" (Jer. 11:1), "Visión de Isaías hijo de Amoz" (Is. 1:1), "Miré, y he aquí" (Ez. 10:1; Ap. 4:1), "Y vi" (5:1). Dios confirmaba la autoridad de los hombres que él llamó al cargo profético con el mensaje que entregaban (1 S. 3:19-21), con señales sobrenaturales (2 R. 2:13-15), con el cumplimiento de sus predicciones (Dt. 18:22; Jer. 28:9) y con la conformidad de sus enseñanzas con la voluntad de Dios ya revelada (Dt. 13:1-3; Is. 8:20). Aunque estaban sujetos "a pasiones semejantes a las" de otros seres humanos, sus vidas reflejaban los elevados principios de lo que testificaban (cf Stg. 5:17). A menudo se levantaban falsos profetas, como en los días de Acab (1 R. 22:6; cf v 22), Jeremías (Jer. 27:14, 15; 28:1, 2, 5-9, 15-17), Ezequiel (Ez. 13:16, 17) y Miqueas (Mi. 3:11), pero podían ser descubiertos por sus motivos mercenarios (3:11), por su disposición a decir lo que el pueblo deseaba escuchar (Is. 30:10; Mi. 2:11), porque lo que anunciaban no se cumplía (Dt. 18:22), por las discrepancias entre sus mensajes y los de quienes habían sido probados como profetas (Dt. 13:2, 3-1 Is. 8:20; Jer. 27:12-16), por apelar a los deseos de los impíos (1 R. 22:6-8) y por sus propias vidas no consagradas (Mt. 7:15-20).


Del mismo modo que un profeta es un vocero o mensajero de Dios, la profecía es todo mensaje presentado de parte de Dios por orden de él: revelación especial de la voluntad y del pensamiento divinos, destinada a capacitar al hombre para cooperar con los propósitos infinitos de Dios, que consiste esencialmente en consejos, orientaciones, reprensiones y advertencias. Como "no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas" (Am. 3:7), él espera que los que lean lo que los profetas escribieron le presten la más cuidadosa atención. Al hacerlo podrán estar seguros de ser "prosperados" (2 Cr. 20:20). Los que no prestan atención a las palabras de un profeta como mensajero o guardián enviado por Dios son personalmente responsables ante el Señor (Ez. 3:17-21; 33:1-9). Israel, por lo general, rechazó las emocionantes apelaciones de los profetas (Lc. 11:47, 48), así como Dios lo había advertido a Isaías (Is. 6:9-11) y a Jeremías (Jer. 1:8, 17, 19). Esto trajo la ruina sobre Israel, lo condujo a su rechazo del Mesías y, así, a ser descartado como nación escogida.


Muchas de las profecías del AT están escritas en poesía hebrea. La calidad y la forma literarias reflejan el caracter, la educación y el estado emocional del profeta. La personalidad de Jeremías* está grabada vívidamente en el registro de su misión profética, hasta el punto en que un lector cuidadoso casi puede sentir que lo conoce personalmente. Algunas obras, como las de Is., Jl. y Hab. son de una belleza literaria superior y reflejan un desarrollo lógico del pensamiento. Pasajes como los de Is. 9:1-7; 40:1-8; 52:7-53:12; 55; 61:1-3 y Jl. 951 2:1-14 no han sido superados en imágenes gráficas, retórica equilibrada y lenguaje pintoresco. En algunas obras, como la de Jer., los hechos históricos constituyen el molde en el que se presentaron los mensajes proféticos. Otras parecen ser colecciones de sermones. Algunos profetas, como Oseas, reflejan hondas emociones y, como resultado, no se prestan fácilmente a un análisis literario lógico. La profecía de Hab. también manifiesta un profundo sentir humano al describir el profeta su propia lucha para comprender la voluntad revelada de Dios y su reconciliación con ella.


Los profetas se ocuparon del trato de Dios con Israel en lo pasado (Ez. 16; 20; etc.), y dejaron lecciones importantes para la generación actual; como también de los acontecimientos históricos contemporáneos, señalando los propósitos divinos y la realización de su voluntad entre las naciones (Is. 36-39; la mayor parte de Jer.; muchos pasajes de Ez.; Dn. 1-6; Hag.; etc.). A menudo, y extensamente, denunciaron los pecados de Israel (Is. 1:2-15; 3:12-15; 9:13; 10:2; Jer. 2:5-35; Ez. 8:5-16; Os. 5; Am. 8:1-6; Mal.).


Destacaron continuamente la responsabilidad personal de los que escuchaban sus mensajes de actuar en armonía con ellos (Ez. 3:17-21; cf 18:25-32; 33:7-16: etc.). A menudo instaron a realizar actos específicos (Is. 1:16-20; Jer. 27:1-18; 29:5-13; 38:14-23; 42:1-18; JI. 2:12, 13; Am. 5:4-15; Hag. 1:7, 8; Mal. 3:10-12; etc.). Fielmente señalaron las consecuencias del mal hacer (Is. 2:10-21; 7:17-25; 24; Jer. 4; 18:9, 10; 23:9-40; 24; Ez. 4; 5; 9; Dn. 9:3-14; Os. 5; JI. 1; Am. 7-9; Sof.; etc.) y del bien hacer (Is. 1:18-20; 38; Jer. 7:2-7; 17:20-26; 18:7, 8, Os. 14; JI. 2:12-32; etc.). Con frecuencia, mediante los profetas Dios elevó los ojos de su pueblo al glorioso futuro que los esperaba como nación si cooperaban cabalmente con sus propósitos para ellos (Is. 40-66; Jer. 33; Ez. 36-48; Mi. 4; Zac.; etc.). La culminación de sus mensajes siempre era la venida del Mesías y el establecimiento de su reino (Is. 9:1-7; 11:1-12; 12; 25; 52-66; Dn. 2:44; 7:18, 27; JI. 3:9-21; Mi. 4:1-5:15; etc.).



II. La interpretación de las profecías.


PROFECÍAS DE LOS 2.300 DÍAS-AÑOS


Las profecías del AT no siempre distinguen claramente entre lo que conocemos hoy como la 1ª y 2ª venidas de Cristo, sino que a Menudo tratan estos 2 grandes eventos como uno solo, o uno de ellos sigue inmediatamente al otro. La mayoría de los mensajes proféticos se expresan 952 en un lenguaje literal directo, pero otros son altamente figurados o simbólicos (Dn. 2; 7; 8; Zac. 1-6; Ap. 6-19; etc.). El elemento predictivo en la profecía tenía la intención de ofrecer un panorama de las cosas del tiempo a la luz de la eternidad, de alertar a la iglesia para que actúe apropiadamente en momentos oportunos, de facilitar la preparación personal para la crisis final, de vindicar a Dios y dejar al hombre sin excusa en el día del juicio, y de certificar la validez de la profecía como un todo. Los muchos ejemplos de profecías cumplidas -ya sea que los sucesos ocurrieran en forma inmediata o en épocas posteriores, registrados en la Biblia o en la historia- sirven para afirmar la fe en la inspirada Palabra (véanse los cuadros de las pp 951 y 953). Dios llama la atención a su poder singular de declarar "lo por venir desde el principio" (Is. 46:9, 10), y Jesús dijo: "Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis" (Jn. 14:29).


A veces -por el lenguaje altamente figurado o simbólico, o por la dificultad
de relacionar los mensajes con su contexto histórico, o por la operación de factores condicionales en la predicción de eventos todavía futuros (Jer. 18:7, 10), o por la transición del Israel histórico literal a la iglesia cristiana-, los libros proféticos se prestan más fácilmente para ser mal interpretados que las secciones históricas, poéticas o doctrinales de las Escrituras. Por eso, el único procedimiento seguro para la comprensión y aplicación de los mensajes proféticos es un estudio sistemático de la profecía como un todo, y una familiarización completa con ella. Sobre la base de tal estudio es posible llegar a sólidos principios de interpretación.


Primero es necesario determinar con precisión qué escribieron los profetas bajo la conducción del Espíritu Santo, y qué quisieron decir con lo que escribieron. También se necesita un estudio preciso de las palabras y las relaciones gramaticales del pasaje que se considera. A veces se puede resolver la incertidumbre acerca de su significado sólo por una referencia al lenguaje en que se escribió originalmente. Cada frase debe ser comprendida en relación con su contexto mayor. En ninguna circunstancia es seguro considerar un pasaje sin referencia a su contexto literario o histórico; cada mensaje profético tenía un significado para la gente a la que estaba destinado. Una de las primeras tareas del investigador, y de las más importantes, es la determinación de ese significado. Sólo entonces es posible llegar a una aplicación válida de las profecías para nuestros días. La Biblia debe ser su propio intérprete; es decir, los pasajes bíblicos deben ser comparados con otros pasajes bíblicos que tratan del mismo tema.


Hablando en general, las promesas y predicciones dadas por medio de los profetas del AT al Israel literal estaban sujetas a la obediencia y lealtad; eran condicionales. Sin embargo, el pueblo rechazó el plan de Dios para ellos como nación, y lo que Dios quiso cumplir mediante el Israel de la antigüedad finalmente lo realizará por medio de sus hijos espirituales. (Por eso, muchas de las promesas de Dios originalmente hechas al antiguo Israel se cumplirán, en principio, en la iglesia cristiana.) Los planes y propósitos divinos indefectiblemente se llevarán a cabo (Is. 46:10), aunque para satisfacer las nuevas condiciones se cambien los medios y los agentes con los cuales se realicen. Cuando una persona o una nación rehúsa cooperar con el expreso propósito de Dios, renuncia a su papel en el plan divino y es descartada (Jer. 18:6-10; cf Dn. 5:25-28). Cuando los judíos rechazaron a Jesús, en ocasión de la crucifixión, Dios les quitó el reino* y lo dio a "gente que produzca los frutos" del reino (Mt. 21:41-44; 23:36-38). La iglesia cristiana, como la "gente" de quien habló Jesús, reemplazó a Israel en el plan de Dios (1 P. 2:9, 10). Los escritos de los profetas del AT están plenos de significado para los creyentes cristianos (Lc. 24:25-27, 44; Ro. 15:4; 2 Ti. 3:16, 17; cf 1 Co. 10: 1-12), pero en vista de que la iglesia de Cristo no es un grupo racial ni político que viva en la tierra literal de Canaán, rodeada por enemigos literales, como los asirios, los babilonios y los egipcios, muchos detalles de las profecías del AT no son aplicables literalmente a los tiempos cristianos. Además, muchas de ellas tratan exclusivamente de situaciones específicas de un pasado remoto.


De la lectura de los profetas del AT un creyente puede lograr 2 beneficios: 1. Aprovechar la instrucción que Dios dio a su pueblo en lo pasado al aplicarla a sí mismo y observar los resultados de aceptar o rechazar esos principios. 2. Determinar qué predicciones, no cumplidas en el Israel literal, quedan para el pueblo de Dios de la actualidad. Sin embargo, se debe tener mucho cuidado en hacer aplicaciones injustificadas. Hay que determinar hasta qué punto esa profecía es de naturaleza condicional, cuántas de esas condiciones se cumplieron y, finalmente, si la inspiración ha indicado que tendrá una aplicación posterior. En particular, se debe estudiar cómo la transición del Israel literal a la iglesia cristiana puede 953 afectar el cumplimiento de esa predicción. Sólo cuando un escritor inspirado posterior aplica una profecía a los tiempos cristianos puede hacerse con certeza una nueva aplicación de ella.


El registro del trato de Dios con su pueblo en lo pasado se ha conservado para beneficio de las generaciones posteriores, hasta el fin del tiempo.


Bajo la conducción del Espíritu Santo, los mensajes originalmente proclamados por los santos hombres de Dios de la antigüedad al pueblo de sus días pueden llegar a ser un medio eficaz de descubrir la voluntad divina para su iglesia actual. Mediante los profetas ancestrales es nuestro privilegio escuchar la voz de Dios hablando con claridad en nuestros días.


En las afirmaciones inspiradas el sincero buscador de la verdad encontrará mensajes de inspiración, consuelo y orientación.


Acerca de los principios básicos de interpretación se puede ver CBA 1:1030-1033; 4:27-40, 685; y el índice general del t. 7 bajo "Biblia, interpretación" e "Interpretación profética". Para los principios de interpretación de las profecías simbólicas, véase CBA 4:606, 607. Para la interpretación y el cumplimiento específicos de profecías simbólicas básicas que no se pueden estudiar adecuadamente aquí para no exceder el panorama que se ofrece en este Diccionario, véase el CBA en los lugares donde se comentan los pasajes bíblicos respectivos. Para el "profeta" de Tit. 1:12, véase Poeta.


PROFECÍA DE LAS SETENTA SEMANAS DETERMINADAS PARA ISRAEL


Profetisa


(heb. nebî'âh; gr. profetis).


Mujer llamada por Dios para desempeñar el oficio profético. El don de profecía de tanto en tanto fue otorgado a mujeres devotas así como lo fue a los hombres. María fue la 1ª mujer en la Biblia honrada con este título (Ex. 15:20, 21; cf Nm. 12:2). Miqueas la nombra junto con Moisés y Aarón como instrumentos de Dios en el éxodo (Mi. 6:4). Los israelitas recurrieron a la profetisa Débora como jueza en los días en que Jabín y Sisara oprimían a Israel (Jue. 4:4-15). Hulda fue una profetisa de confianza durante el reinado de Josías (2 R. 22:12-20). Otras profetisas bíblicas fueron Ana (Lc. 2:36) y las 4 hijas de Felipe (Hch. 21:8, 9). "Profetisa" en Is. 8:3 puede designar sencillamente a la esposa de un profeta.*


Propiciación.



Véase Expiación.


Propiciatorio


(heb. kappôreth, "cubierta"; gr. hilasterion, "un medio [o lugar] de reconciliación").


Tapa o cubierta del arca del pacto, dentro del cual estaban depositadas las tablas de la ley (Ex. 25:17; Dt. 10:2). De este modo la ley y el evangelio -la justicia y la misericordia 954 divinas- estaban íntimamente asociadas en el antiguo servicio del santuario. Por supuesto, el propiciatorio era la tapa o cubierta literal del arca, pero el kappôreth implicaba mucho más, así como el uso frecuente de la forma verbal relacionada, kâfar ("cubrir"), significaba "hacer expiación" o "hacer reconciliación" en su significación más amplia (el apoyo para el significado de "cubierta" proviene de la Cueva 4 de Qumrán, gracias a la lectura, en una traducción aramea de Levítico, de kappôreth como ksy', "cubierta"). Por sobre el propiciatorio aparecía la gloria, llamada en el hebreo postbíblico la Shekînâh,* la señal visible de la presencia de Dios entre su pueblo (He. 8:5). El propiciatorio y las tablas de la ley dentro del arca representaban los principios fundamentales del trato de Dios con su pueblo: justicia atemperada con misericordia. Una vez al año, en el gran Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo con la sangre del sacrificio, la cual asperjaba delante del propiciatorio con la esperanza de que Dios aceptara la sangre vicaria de la reconciliación como evidencia de la confesión de sus pecados y obtener para ellos la misericordia. Véase Expiación, Día de la.


Bib.: J. T. Milik, Ten Years of Discovery in Wilderness of Judaea [Diez años de descubrimientos en el desierto de Judea] (Londres, 1959), p 31.


Prosélito/a


(gr. proselutos, "prosélito", "converso").


Por lo general la LXX traduce el heb. tardío gêr como proselutos. Originalmente gêr significaba un extranjero residente, pero, después de la dispersión, llegó a significar un converso; este uso ya estaba anticipado en Is. 14:1 (cf Ex. 12:19, 48).


En el NT, los conversos gentiles a la religión judía (Mt. 23:15; Hch. 2:10; 6:5; 13:43). Por el tiempo del NT los judíos estaban dispersos por todo el mundo, y más vivían fuera de Palestina que en ella. Pocas ciudades había en el mundo civilizado en que ellos no tuvieran una comunidad, cuyos miembros ejercían influencia en lo político y comercial. En algunas regiones de Siria y de Babilonia constituían la mayoría de la población.


Siempre que hubiera 10 varones hebreos adultos, se establecía una sinagoga. En comparación con sus vecinos gentiles, los judíos de la dispersión eran generalmente más prósperos, de moralidad incomparablemente superior, con una vida familiar más admirable y mejor educados que el promedio. Estas cualidades intrigaban a los gentiles más reflexivos, y como resultado asistían a la sinagoga, escuchaban la lectura de las Escrituras, eran atraídos por su concepto exaltado y monoteísta de Dios, y a menudo se convertían a la fe judía.


Para llegar a ser judío, un prosélito al judaísmo se debía bautizar por inmersión, y el varón tenía que circuncidarse. Antes de poder participar en los cultos del templo y comer alimentos consagrados debía ofrecer un holocausto. Los así iniciados y que aceptaban sin reservas todos las demandas de la ley eran considerados judíos plenos en todo sentido, en armonía con textos como Ex. 22:21, Lv. 19:34, Nm. 9:14 y Dt. 10:18, que se interpretaban como refiriéndose a los prosélitos (gêrîm), excepto que en el s I d.C. no se les permitía referirse a Dios como el "Dios de nuestros padres", a menos que la madre fuera judía o que un sacerdote se casara con una prosélito (sin embargo, estas restricciones fueron disminuidas más tarde). Aunque los prosélitos estaban al mismo nivel que los judíos naturales, a menudo la actitud hacia ellos era ambivalente, principalmente porque se sospechaba de la sinceridad o la integridad de su conversión.


Su número era pequeño, principalmente porque pocos gentiles estaban dispuestos a aceptar la circuncisión. En el NT sólo se menciona a uno por nombre: "Nicolás, prosélito de Antioquía" (Hch. 6:5).


Además de los prosélitos plenos, había conversos del paganismo que tenían una conexión más laxa con los judíos. En tiempos posteriores fueron llamados "prosélitos de la puerta". En el NT son llamados fobóumenoi tón Theón, "los temerosos de Dios", seboménou tón Theón, "los adoradores de Dios", o simplemente seboménois (Hch. 10:2; 13:16, 26; 16:14; 17:17; 18:7; cf 13:50; 17:4). Amaban a la nación judía y su religión (Lc. 7:5), y la apoyaban financieramente (Hch. 10:2). Los que estaban unidos menos estrechamente asistían a la sinagoga, se abstenían de inmoralidad y de comer sangre y carnes inmundas; los que tenían conexiones más estrechas, pero no eran prosélitos completos aún, guardaban el sábado, las fiestas judías y observaban todos los ritos.


Muchos nobles pertenecían a estos simpatizantes de la religión judía, especialmente mujeres. Esto aparece en el NT (16:13; 17:4, 12) y en otras fuentes. Josefo menciona a la esposa del emperador Nerón, Popea Sabina, como theosebés, "adoradora de Dios".


Al ir de ciudad en ciudad, Pablo comenzaba su predicación en la sinagoga (Hch. 13:14), y trabajaba principalmente por los judíos. Entre los presentes en esas reuniones había prosélitos gentiles (v 43), por medio de quienes Pablo obtenía acceso a la población pagna (vs 44, 45). Estos prosélitos de la fe 955 judía formaban un puente natural por el que el cristianismo encontraba paso al mundo gentil. Hubo prosélitos gentiles en Jerusalén el día de Pentecostés (2:10). Bib.: FJ-AJ xx.8.11.


Prostitución sagrada


(heb. qâdêsh, qedêshâh; ugar. qdshm).


Frase que se refiere a la prostitución en el templo (tanto por varones como por mujeres; Dt. 23:17; 1 R. 14:24; 15:12; 22:46; 2 R. 23:7; Os. 4:14). La ejercían personas devotas de diversas divinidades que servían a quienes venían a adorar a esos dioses. Tal adoración involucraba las inmoralidades más groseras. Algunas versiones hacen una distinción al traducir qâsdêsh, "sodomita", y qedêshâh, "prostituta". Véase Afeminados; Astoret.


Proverbio


(heb. mâshâl; gr. parabole, parorimía).


En un sentido amplio, proverbio es cualquier dicho o refrán popular. Pero cabe acotar que un proverbio bíblico es una frase aguda, breve -nacida espontáneamente de la lógica de las cosas inherentes a la realidad-, que con el tiempo adquiere valor de refrán y goza de aplicación universal para una situación análoga. Un aspecto notable es su tono enigmático, que pica la curiosidad y ayuda a su retención en la memoria, identificándose así con el enigma* (todo el libro de Proverbios;* Lc. 4:23; Jn. 4:37; etc.). En su forma simple, la raíz verbal mshl significa "parecerse", "ser semejante"; en su forma intensiva, "comparar", "asemejar". El sustantivo verbal derivado, mâshâl, equivale (como su versión griega parabole) a "comparación"; por tanto, véanselos bajo "parábola".*


Proverbios, Libro de los.



Libro poético que consiste en ensayos breves y declaraciones cortas acerca de temas de piedad práctica. El título "Proverbios" es una traducción de la primera palabra del libro en hebreo, Meshâlîm, cuyo singular es mâshâl (del verbo Mâshâl, "ser como", "comparar"), "comparación", "símil", "dicho proverbial".



I. Autor.


Parece evidente, por Pr. 1:1, 10:1 y 25:1, que Salomón fue el autor de por lo menos las porciones mayores del libro (cf 1:1 y 25:1 con 30:1 y 31:1). Pero no se nos dice, ni es una consideración importante acerca de la inspiración del libro, si él fue el escritor original de toda la sección inequívocamente atribuida a él, o si ciertas porciones representan su trabajo como editor o coleccionador inspirado de los dichos verdaderos de otros. De acuerdo con 1 R. 4:32, Salomón "compuso tres mil proverbios". En vista de su gran sabiduría, que recibió como bendición especial de Dios (1 R. 4:31-34; 10:1-13), estuvo en mejores condiciones que cualquier otra persona conocida de los tiempos del AT para escribir tal tratado sobre la sabiduría.



II. Ambientación


Salomón escribió Proverbios durante los primeros tiempos de su reinado.
Esto se ve en el hecho de que difiere notablemente de Eclesiastés,* escrito hacia el final de su gobierno, después de años de apostasía. Los principios sólidos y positivos presentados en aquél contrastan notablemente con las expresiones de desilusión tan a menudo visibles en éste.



III. Tema y Contenido.


El propósito lo expresa el mismo libro: "Entender sabiduría y doctrina" (1:1-6). Su tema es la exaltación de la verdadera sabiduría, que Salomón describe como "el temor de Jehová" (1:7; 9:10); es decir, no es tanto un tratado religioso como un compendio de instrucciones éticas y morales aplicadas a muchas situaciones prácticas de la vida. Los primeros 9 capítulos constituyen un poema didáctico en el que el padre procura ayudar a su hijo (1:8, 15; 2:1; 3:1; 5:1; 6:1; etc.). En el cp 10 comienza una sección nueva, titulada "Los proverbios de Salomón" (v 1). Esta sigue hasta el cp 24. Los cps 22:17-24:34 contienen una serie de máximas morales. Los cps 25-29 son "proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá". Parecen ser los transmitidos oralmente por un tiempo, después de su muerte, antes de ser escritos y más tarde transcriptos. Una 4ª sección, el cp 30, consiste en las "Palabras de Agur, hijo de Jaqué" (v 1); la última, el cp 31, es atribuido al "rey Lemuel" (un poema auróstico dirigido a la mujer virtuosa ideal).


Algunas secciones de Proverbios están duplicadas en un libro de sabiduría egipcio llamado La instrucción de Amen-em-Opet, que probablemente se originó en los ss VII ó VI a.C. Muchos eruditos sostienen que la obra de Amen-em-Opet constituye la base del libro de Proverbios, y consideran esa suposición como un argumento en favor de asignar una fecha tardía a Proverbios. Sin embargo, la idea contraria parece más razonable. Por causa de la fama de su sabiduría, Salomón atrajo a personas importantes desde lejanas tierras, quienes vinieron a su corte para conocerlo mejor.


Sus escritos sobre la sabiduría pudieron haber llegado a Egipto, y así constituir la base de la obra de Amen-em-Opet unos 2 siglos después de la muerte de Salomón.


Bib.: ANET 421-425; CBA 3:957, 958.


Provincia


(heb. y aram. generalmente medînâh, "distrito administrativo", "satrapía", "jurisdicción"; gr. eparjéia).


Distrito administrativo a 956 cargo de un gobernador* o un prefecto. Los babilonios (Dn. 2:48, 49; etc.), y más tarde los persas (Est. 1:1, 3; etc.), dividieron sus respectivos imperios en distritos bajo la administración de oficiales designados por el gobierno central (1:3; 3:12). Darío el Grande, cuyo imperio se extendió desde la India hasta Etiopía, lo dividió en 20 satrapías, que a su vez estaban divididas en unidades menores llamadas provincias. En tiempos de Ester había 127 provincias (subdivisiones menores) en el Imperio Persa (Est. 1:1). Durante el período persa, Judá fue una provincia que formaba parte de la satrapía llamada "Más Allá del Río" (Esd. 5:8, 3, 6); tuvo sus propios gobernadores, como Sesbasar y Nehemías (Esd. 5:14; Neh. 5:14, 15). Las provincias del Imperio Romano eran de 2 clases: imperiales y senatoriales. Estas últimas eran administradas por el Senado romano, que designaba un procónsul como gobernador de cada una de ellas.


Eran regiones que ya no necesitaban la presencia de un ejército romano para mantener el control. Acaya* (Hch. 18:12) y Chipre* (13:4; cf v 7) fueron provincias senatoriales. Las imperiales eran administradas directamente por el emperador, quien designaba un oficial militar, un legado, como gobernador.


Generalmente adquiridas hacía poco, o de zonas de frontera, necesitaban (así se creía) de la presencia de un ejército de ocupación.


Cuando Arquelao fue depuesto (6 d.C.), Judea fue anexada a la provincia imperial de Siria, y sus asuntos fueron administrados por un procurador* imperial responsable en parte ante el gobernador sitio.


Bib.: Herodoto i.192; iii.89-94.


Publicano


(gr. telon's [de télos ("impuesto") más onéomai ("comprar"), literalmente "comprador de impuestos"], "cobrador de impuestos"; lat. publicanus).


Persona a la que se le había dado el derecho de recaudar los impuestos internos para Roma. Tales impuestos abarcaban: 1. El del censo, que cada persona tenía que pagar; muy insultante para los judíos en vista de que era un reconocimiento tácito de su sumisión a Roma. 2. El impuesto sobre las propiedades, que era igualmente ofensivo, porque su pago se consideraba un insulto a Dios, a quien los judíos consideraban el dueño verdadero de la tierra y el dispensador de sus productos.


El procedimiento era el siguiente: En lugar de cobrar los impuestos directamente por medio de sus propios funcionarios, el gobierno romano remataba el privilegio dentro de una provincia o de una ciudad a un ciudadano rico que pagaba una suma establecida, sin importarle cuánto de ella podía recuperar mediante los impuestos. La persona que así contrataba subdividía la región que le había sido asignada entre subcontratistas, o empleaba a personas para que hicieran el trabajo. Los publicanos o "cobradores de impuestos" del NT eran los agentes que realmente recaudaban; quizás en casi cada caso eran judíos. Se esperaba que cada publicanus cobrara una suma adicional suficiente como para producir ganancia. Si ya era suficientemente odioso tener que pagar los impuestos a los romanos, infinitamente peor era que se les ayudara a cobrarlos. Los publicanos, con pocas honrosas excepciones, extorsionaban a la gente y, con la complicidad de los soldados romanos, explotaban todo lo posible sus fuentes de recursos. Por ello, eran sumamente detestados; la sociedad los aislaba y los evitaba en todo lo posible, y rara vez se los veía por el templo o la sinagoga (Mt. 11:19; 21:31).


Un judío que se hacía publicano era considerado un lacayo de los odiados romanos y un traidor de Israel.


Aunque Jesús reconocía el bajo estado moral de la mayoría de los publicanos (cf Mt. 5:46, 47; 18:17), se asoció libremente con ellos, y por esto incurrió en la censura de las autoridades judías (9:10-13; 11:19). La razón que daba para justificar su actitud era que había venido a llamar a pecadores como ellos al arrepentimiento (9:13). Apreciaban su bondad, y aparentemente unos cuantos creyeron en él y llegaron a ser discípulos suyos (21:31, 32). En la parábola del fariseo y del publicano, Jesús hace un contraste entre los 2, favoreciendo al último (Lc. 18:9-14). Uno de los discípulos de Jesús, Leví Mateo, había sido publicado (Mt. 9:9; 10:3). En algún momento posterior a su llamamiento, recibió a Jesús en su casa, donde asistieron muchos de sus compañeros publicanos (Mt. 9:9, 10; Mr. 2:14,15; Lc. 5:27-29). Unos pocos días antes de su crucifixión, Jesús se relacionó con Zaqueo, un judío cobrador de impuestos de Jericó (Lc. 19:1-9), que llegó a ser uno de sus seguidores.


Bib.: FJ-AJ xviii.1.1.


Publio


(gr. Póplios, "del pueblo" o "común"; lat. Publius; nombre rom. documentado en inscripciones, entre ellas, algunas de Malta).


Principal de la isla de Malta.* Su padre fue sanado por Pablo durante la estadía impensada del apóstol en la isla después del naufragio que sufrió en camino a Roma como prisionero (Hch. 28:7, 8). El título de "hombre principal" (gr. ho prótos) aparece en inscripciones de Malta, y probablemente se refería al oficial romano de mayor rango en la isla.


Pudente


(gr. Póud's, "vergonzoso [modesto]"; del lat. Pudens, en el que la n se perdió al Pasar al gr., como lo muestran las inscripciones).


957 Cristiano romano que envió saludos a Timoteo por medio de Pablo (2 Ti. 4:21). Las inscripciones muestran que el nombre correspondía a varios nobles de la época apostólica, pero no hay evidencias que relacionen a alguno de ellos con el Pudente bíblico.


Pueblo elegido.



Expresión que designa a Israel como el agente señalado por Dios para recibir y custodiar su voluntad revelada, para ser un ejemplo y un testimonio ante las naciones de la superioridad de la adoración y del servicio al verdadero Dios, y para ser sus representantes con miras a la conversión del mundo. En la Biblia es traducción del: 1. Heb. {am segullâh, literalmente "un pueblo de su [que constituye la] propiedad" privada de Dios (Dt. 14:2; 26:18).


Designa a Israel como perteneciendo exclusivamente a Dios, como siendo su propiedad privada. 2. Heb. misenâh segullâh y {ôtsâr segullâh, "especial tesoro" (Ex. 19:5; Sal. 135:4, DHH). 3. Gr. laós eis peripói'sin, literalmente "un pueblo hacia la posesión" o propiedad de Dios (1 P. 2:9). Pedro aplica la expresión a la iglesia cristiana. 4. Gr. laón perioúsion, "pueblo elegido" (Tit. 2:14). En la KJV se usa "peculiar", que apropiadamente significa "perteneciente a un individuo", "de propiedad privada", "perteneciente a alguien". Peculiar se deriva del lat. peculiaris, "propio de alguien", "perteneciente en particular a uno mismo". Pero no tiene el sentido moderno de "raro" o "excéntrico".


Dios eligió primero a Abrahán (Neh. 9:7), y más tarde a sus descendientes, el pueblo hebreo (Dt. 7:6). La posición singular de Israel como nación elegida está enfatizada en todo el AT (Is. 41:8; 43:21; 44:1, 2, 8; Os. 2:23; Am. 3:2, 3; etc.). La relación entre Dios e Israel como tal está definida por el pacto,* primero hecho con Abrahán y luego con su descendencia (Gn. 12:1-3; 15:18; 17:7; Ex. 19:5-7; Dt. 7:12). A menudo los profetas señalan la relación del matrimonio como una ilustración de los privilegios y las responsabilidades de Israel bajo el pacto (Ez. 16:6-8; Os. 2:2, 19, 23; etc.).


Sin embargo, el estatus del pueblo elegido era condicional (Ex. 19:5, 6), y el antiguo Israel renunció a él. En el NT la iglesia Cristiana reemplaza al antiguo Israel como el pueblo escogido (Mt. 21:43; 1 P. 2:9, 10), pero los objetivos y la meta de Dios en el nuevo pacto son los mismos que en el antiguo (He. 8:8-13). Véase Profeta (I).


Pueblos mezclados.



Véase Multitud mezclada.


Puerco/a.



Véase Cerdo.


Puerro


(heb. jâtsîr, "verdura").


Usualmente la palabra hebrea denota el pasto, pero se cree generalmente que en Nm. 11:5 se habla del puerro, una verdura bulbosa que se parece a la cebolla. La mayoría de las 20 veces en que aparece la palabra hebrea se lo tradujo como "pasto", pero en Nm. 11:5, ya que aparece con palabras que claramente significan cebolla* y ajo,* se adoptó la traducción "puerro".


Los israelitas suspiraban por esas verduras de sabor fuerte cuando se cansaron de comer todos los días el maná con su susto dulzón.


Bib.: PB 32-35.


Puerta


(heb. sha{ar, el conjunto de la puerta y, la mayoría de las veces, refiriéndose a una de gran multitud; dal, propiamente la hoja de la puerta, que solía ser de madera y, a veces, enchapada de metal; delet, que junto con dal se refieren a las puertas menores, las de casas particulares; aram. tera{ y gr. thúra, por lo general se refieren a la puerta de una casa familar; gr. púl', por lo general se refiere a la puerta monumental [del templo, la ciudad, el Hades, etc.]; pulon).


416. Una puerta antigua en el muro de la ciudad de Ugarit (Ras Shamra).


Entrada, generalmente protegida, a una ciudad, un palacio o un templo. La puerta de una ciudad servía como atalaya (2 S. 18:24; 2 R. 9:17), punto para hacer negocios (2 R. 7:1), para tener audiencias (1 R. 22:10), transacciones legales (Gn. 23:10, 18; Rt. 4:1-11) y juzgar los casos y pronunciar sentencias (Dt. 21:19-21; 22:13-21; Am. 5:10 958). Los lugares sin edificación cerca de las puertas dentro de las ciudades, eran sitios públicos de reunión y centros de vida comunitaria (Neh. 8:1, 3).


417. Modelo de los fundamentos de la puerta de la ciudad de Tell en-Natsbeh, probablemente en la antigua Mizpa, del período de los reyes hebreos. La torre (izquierda) en el muro exterior tenía una ranura para la barra de la puerta; nótese los asientos en la caseta del portero y en el exterior.


Las excavaciones en Palestina muestran diferentes estructuras de puertas. Las de las ciudades más antiguas eran sencillas, no mucho más que aberturas en el muro que se cerraban con un portón (fig 416). Con la llegada del 2º milenio a.C. fueron más complejas y techadas. Se construían de uno a 4 pares de torres en la abertura para que su captura fuera lo más difícil posible. Durante ese milenio la mayoría de las ciudades tenían una sola puerta, o a lo más 2, ya que tales brechas en los muros siempre eran puntos débiles en el sistema defensivo. Cuando se fortificaron y se hicieron más complejas sus estructuras su número también aumentó. Por ejemplo, Jerusalén tenía 7 puertas en tiempos de los reyes de Judá. Las puertas de madera, sin duda cubiertas o reforzadas con bronce (fig 516), probablemente estaban dispuestas por pares, afirmadas a postes verticales; el extremo inferior de éstas giraban dentro de un encastre de piedra, mientras el extremo superior lo hacía en uno metálico. Para asegurarlas se usaban vigas atravesadas y afirmadas en receso en los muros de las torres que estaban a cada lado de la puerta (Dt. 3:5; 1 R. 4:13; 2 Cr. 8:5; 14:7). En Gezer, Meguido y Hazor se encontraron puertas casi idénticas (figs 495, 496). También son de un diseño y tamaño similar a las del templo de Ezequiel (Ez. 40:6-19).


La fig 417 es una maqueta que representa la puerta de la ciudad de Tell en-Natsbeh, del período de los reyes hebreos, como se la veía cuando fue excavada por W. F. Badé en 1932. El primer plano muestra el atrio de entrada con sus bancos de piedra. Entre las 2 torres a cada lado del pasadizo había habitaciones que tenían asientos de piedra enfrentados.


La puerta tenía unos 4,25 m de ancho. Las hojas giraban sobre pivotes con bases de piedra. Una piedra en el medio del pasadizo servía como tope para ellas. En la torre fortificada del este (izquierda en la ilustración) había una ranura para la barra que se atravesaba sobre las hojas una vez cerrada la puerta.


En este Diccionario se mencionan las siguientes puertas (véase bajo cada nombre las explicaciones correspondientes; agréguese "Puerta de/del/de la/de las/de los"): Benjamín, Efraín, Josué, Shur y Sodoma. A continuación de esta entrada véanse las siguientes: Ángulo, Juicio, Muladar, Pescado, Cárcel, Fuente, Ovejas, Caballos, Tiestos, La Hermosa, Más Alta, Nueva, Oriental y Vieja.


Puerta de Arriba.



Véanse Puerta de las Ovejas; Puerta Más Alta.


Puerta del Ángulo


(heb. sha{ar happinnâh).


Puerta de Jerusalén* probablemente ubicada en la esquina noroeste de la ciudad, tanto pre como postexílica, a 400 codos (unos 178 m) de la Puerta de Efraín (2 R. 14:13; 2 Cr. 25:23; 26:9; Jer. 31:38; Zac. 14:10). Generalmente se la identifica con la Puerta Vieja de Nehemías (Neh. 3:6).


No hay certeza con respecto a su ubicación exacta, porque no se ha determinado con exactitud el recorrido del muro occidental. Sin embargo, desde el descubrimiento en 1970 y años siguientes de una parte del muro de Jerusalén del s VII a.C., parece que la esquina noroeste de la Jerusalén pre y postexílica se debe buscar en algún lugar al oeste de la Iglesia Luterana del Redentor, en el corazón de la actual Ciudad Vieja de Jerusalén. La "esquina" o el "ángulo" de 2 Cr. 26:9 y Neh. 3:24, 25 (que designa una cierta esquina en el muro de Jerusalén) probablemente se refiera a una forma de dicha naturaleza en el muro oriental del sector meridional.


Puerta del Cimiento.



Véase Shur (2).


Puerta del Juicio


(heb. sha{ar hamifqâd, "puerta de enrolamiento [suma]").


Puerta en la Jerusalén de Nehemías (Neh. 3:31). Mifqad, traducida como "conforme a la ley de la casa" (RVR), "en una dependencia de la Casa" (BJ), "en el lugar destinado para ello" (DHH), aparece en Ez. 43:21 como una dependencia del área del templo. Por esta razón, los comentadores han sugerido que la Puerta del Juicio o Puerta de Mifqad fue llamada así porque conducía a ese lugar específico del área del templo al que se refiere Ezequiel. El contexto de Neh. 3:31 indica que estaba en la parte norte del muro oriental del templo, quizá 959 cerca de la actual Puerta de Oro de Haram esh-Sherîf (fig 278). Mapa XVII, ii.


Puerta del Muladar


(heb. sha{ar hâ'shpôth).


Puerta en el muro sur de Jerusalén.* Recibió ese nombre porque la basura de la ciudad se sacaba por ella para ser quemada en el valle de Hinom (Neh. 2:13; 3:13; 12:31).


Puerta del Pescado


(heb. sha{ar haddâgîm).


Puerta que estaba aproximadamente en el medio del muro norte de Jerusalén (2 Cr. 33:14; Neh. 3:3; 12:39; Sof. 1:10), en algún lugar cerca del ángulo noroeste del actual Haram esh-Sherîf (fig 278).


Puerta de la Cárcel


(heb. sha{ar ha-mattârâh, literalmente "puerta de la guardia").


Se la menciona al describir la procesión de la dedicación del muro jerosolimitano (Neh. 12:39). Véase Puerta del Juicio.


Puerta de la Fuente


(heb. sha{ar hâ{ayin).


Puerta de la antigua Jerusalén (Neh. 2:14; 3:15; 12:37). Como estaba cerca del estanque de Siloé (Neh. 3:15; cf Jn. 9:7, 8), debió haber estado en la parte más meridional de la ciudad de David. Quizás era la del ángulo sudeste de la ciudad, la que comunicaba con la fuente de Rogel, el manantial o pozo que se encontraba en la unión de los valles del Cedrón y de Hinom (figs 431, 278). Algunos comentadores la han identificado con la "puerta entre los dos muros" (2 R. 25:4; Jer. 39:4; 52:7). Mapa XVII, i y ii.


Puerta de las Ovejas


(heb. sha{ar hatstsô'n).


Una puerta mencionada en Neh. 3:1, 32; 12:39 y Jn. 5:2, que se encontraba en el muro septentrional de la Jerusalén de los días de Nehemías, aparentemente cerca de su extremo oriental (fig 278). Es probable que hubiera un mercado de ovejas en las proximidades, donde se vendían estos animales especialmente para ser ofrendados como sacrificios, y que ese hecho explicara su nombre. Algunas versiones inglesas de la Biblia traducen Jn. 5:2, donde en gr. dice probatikós, por "mercado de las ovejas".


En realidad, la palabra griega sólo quiere decir "referente a las ovejas". Sin embargo, la mención en Jn. 5:2 parece aplicarse sólo a "la Puerta de las Ovejas". Por otra parte, siendo que el muro septentrional de la Jerusalén de los días de los reyes y de Nehemías probablemente también era el muro septentrional del recinto del templo, es posible que la Puerta de las Ovejas sea la misma "puerta más alta" ("mayor", "superior", "de arriba") o "puerta de Benjamín" de 2 R. 15:35; 2 Cr. 23:20; 27:3, Jer. 20:2; 37:13; Ez. 9:2 y Zac. 14:10, y que el nombre "Puerta de las Ovejas" le haya sido dado después del exilio. Mapas XVII, XVIII.


Puerta de los Caballos


(heb. sha{ar hassûsîm).


Puerta de la antigua Jerusalén. Una comparación de 2 R. 11:6 con 2 Cr. 23:14 y 15 parece indicar que no estaba lejos del templo ni del palacio real. Neh. 3:27 y 28 indica que estuvo en la vecindad del muro de Ofel, y apropiadamente podría ser considerada como perteneciente a él. Por eso, probablemente estaba ubicada en el ángulo sudeste del área del templo, en la ladera del monte Moriah.


Puerta de los Tiestos


(heb. sha{ar hajarsûth; Q hajarsîth).


Puerta en el muro de Jerusalén (Jer. 19:2), erróneamente llamada "puerta oriental" en la RVR, pero correctamente llamada "Puerta de los Tiestos" en la DHH y "de las Tejoletas" en la BJ. Probablemente estuvo en el ángulo sudoeste de la vieja ciudad de David, porque conducía al valle de Hinom, donde se echaban los desperdicios y los tiestos rotos. La Puerta de los Tiestos parece ser otro nombre para la Puerta del Muladar (Neh. 2:13; 3:14; fig 278). Mapa XVII, i y ii.


Puerta La Hermosa


(gr. thúran... HÇráian).


Puerta del templo, en tiempos del NT, en la cual Pedro y Juan sanaron a un mendigo cojo (Hch. 3:1-8). No se la menciona en ninguna otra parte, ni en la Biblia ni en la literatura judía, y su localización es incierta. Se han sugerido las siguientes posibilidades: 1. La Puerta de Susa, que comunicaba el valle del Cedrón con el Atrio de los Gentiles, ahora cerrada con mampostería y conocida como la Puerta de Oro. 2. Puerta de Nicanor, una hermosa puerta de bronce que daba acceso al Atrio de los Gentiles con el Atrio de la Mujeres, y que, de acuerdo con Josefo, "por lejos excedía en valor a las enchapadas con plata y engastadas en oro". 3. La puerta entre el Atrio de las Mujeres y el Atrio de los Hombres, en la cima de un tramo de escaleras. La identificación más probable es la segunda (véase CBA 6:153). Bib.: FJ-GJ v.5.3 [201].


Puerta Más Alta


(heb. sha{ar ha{elyôn).


Puerta del templo, de ubicación incierta. Fue construida por el rey Jotam de Judá (2 R. 15:35; 2 Cr. 27:3). Algunos eruditos se inclinan a ubicarla en el muro norte del templo (cf Ez. 9:2), ya que allí el suelo es más alto que en el sur. Algunos la identificaron con la "puerta superior de Benjamín" (Jer. 20:2), pero su ubicación también es incierta. Sin embargo, la puerta "mayor" de 2 Cr. 23:20 parece haber sido la que conectaba el recinto del templo con el área del palacio al sur de aquél, y quizá 960 se deba diferenciar de la "puerta más alta" del templo.


Puerta Mayor.



Véase Puerta Más Alta.


Puerta Nueva


(heb. sha{ar he-jâdâsh).


Puerta mencionada en el libro de Jeremías (26:10) como una de las entradas del templo. Junto a ella se sentaron los sacerdotes y profetas, en tiempos de Joaquim de Judá, para emitir sentencia de muerte contra Jeremías porque había vaticinado la destrucción de Jerusalén.


Puerta Oriental


(heb. sha{ar hamizraj).


Puerta de Jerusalén mencionada por Nehemías (3:29); no indica que fuera reparada. Pudo haber sido idéntica a la "puerta oriental" del templo que menciona Ezequiel (10:19; 11:1). En Jer. 19:2, la "puerta oriental" es una traducción errónea por "puerta de las Tejoletas" (BJ) o "Puerta de los Tiestos" DHH).


Puerta Vieja


(heb. sha{ar hayshânâh, posiblemente "puerta de la antigüedad", aunque la construcción de esta frase presenta dificultades gramaticales).


Puerta en el muro de Jerusalén (Neh. 3:6; 12:39) que habría tomado su nombre de la ciudad de Jesana (2 Cr. 13:19), ahora Burj el-Isâneh, al noroeste de Baal-hazor, a unos 24 km al norte de Jerusalén. Usualmente se identifica la "puerta Vieja" con la "puerta del Ángulo" de 2 R. 14:13, BJ; Jer. 31:38 y Zac. 14:10, en el ángulo noroeste del muro de la ciudad (fig 278). La LXX traduce yeshânâh como un nombre propio, Isana, de modo que el hebreo se leería "la puerta de Yeshanah". Mapa XVII, ii.


Puerto.



Generalmente un lugar de refugio para los barcos, además del lugar donde cargan y descargan su contenido. El término es traducción del: 1. Heb. jôf , una costa u orilla de un mar (Gn. 49:13). Véase Dt. 1:7 y Jos. 9:1, donde jôf es traducido como "costa". 2. Heb. mâjôz, una palabra rara de significado incierto, que sobre la base del contexto ha sido traducido "puerto" (Sal. 107:30); pero la palabra afín en diversos idiomas emparentados con el hebreo significa "ciudad", y ése sería el significado verdadero en hebreo. 3. Gr. limen (Hch. 27:12).


Pul


(heb. Pûl, tal vez "frontera" o "rey" [asirio]).


Otro nombre, de significado desconocido, para Tiglat-pileser III,* rey de Asiria (745-727 a.C.; 1 Cr. 5:26). Bajo el nombre Pulu, Tiglat-pileser III gobernó como rey de Babilonia entre el 729 y el 727 a.C. como lo muestran la Lista A de Reyes Babilonios, Josefo y el Canon de Ptolomeo. Antes se pensaba que Tiglat-pileser y Pul eran 2 reyes diferentes, pero el hebreo permite la traducción siguiente de 1 Cr. 5:26: "El espíritu de Pul... es decir el espíritu de Tiglat-pileser" (DHH). Además, la frase siguiente, "el cual transportó", sugiere que se trata de un solo rey. Bib.: FJ-AJ ix. 11.1.


418. Relieve del rey Tiglat-Pileser III de Asiria, cuyo nombre babilónico era Pul.




Pulga


(heb. par{ôsh).


Un insecto sin alas, muy saltador y una peste universal en Palestina. David, al rebajarse, se llama a sí mismo una pulga (1 S. 24:14; 26:20).


Pulgón.



Véase Langosta (6, 10).


Punón


(heb. Pûnôn, "socavón [oscuridad]").


Lugar donde se detuvieron los israelitas en su peregrinación por el desierto, poco antes de llegar a Moab (Nm. 33:42, 43). Se lo identifica con Feinân, a unos 50 km al sur del Mar Muerto, en el Wâd§ el-{Arabah. En su vecindad se descubrieron muchas minas de cobre que estaban en actividad en tiempos del rey Salomón y más tarde. Mapa V, B-7.


Puntos del cielo.



Los 4 puntos cardinales (Jer. 49:36). Véanse los nombres de los distintos puntos cardinales.


Puñado; Puño


(heb. qômets, kaf ).


Antigua medida de capacidad. Qômets (Lv. 6:15) y kaf (1 R. 17:12) se refiere al puñado normal (unos 12 centilitros; la excepción sería Gn. 41:47, literalmente "a puñadas", "a manos llenas"); sus variantes (qâmats, Nm. 5:26; melô' qumtsô, Lv. 2:2 y 5:12; mallê' kaffô. Lv. 9:17; melô' kaf , Ec. 4:6) se refieren al puñado abundante, rebosante (unos 23 centilitros).


Puñal.



Véase Daga. 961


Pur


(heb. pûr, [echar] "suerte"; extranjerismo proveniente del ac. pûru, "suerte").


Acto que dio lugar a la fiesta judía de Purim* (Est. 3:7; 9:24, 26).


Purificación


(heb. tohorâh', jattâ'th; gr. agnismós, katharismós, katharót's).


Bajo la ley levítica, el contacto con un cadáver humano, huesos humanos o una sepultura (Nm. 19:11-13, 16), con los cuerpos muertos de animales inmundos (Lv. 5:2; 11:31, 36, 39), líquidos emanados de los órganos reproductores (Lv. 12:1-5; 15:1-12) y la "lepra"* (cps 13 y 14), convertían a una persona en ceremonialmente impura. Esta no podía entrar al santuario o al templo (cf Lv. 12:4; Nm. 19:13, 20), ni tocar algún objeto sagrado durante el tiempo de su impureza (cf Nm. 19:22). Cualquiera que tocaba a una persona inmunda se volvía inmunda y se debía bañar, lavar su ropa y permanecer inmundo el resto del día. "A la tarde" volvía a ser limpio (19:19, BJ), es decir, "cuando el sol se pusiere" (Lv. 22:6, 7). Todo lo que la persona impura tocaba se volvía impuro. Y cualquiera que tocara lo que ella tocó, también era considerado impuro por el resto de ese día.


Para cada categoría de impureza se especificaba un procedimiento ritual de purificación:



I. Purificación de la impureza por haber tocado un cadáver (Nm. 19).


El procedimiento, para eliminar la contaminación proveniente de tocar un cuerpo muerto, un hueso o una sepultura, era el siguiente: preparación para la ceremonia misma, una vaca alazana (de "pelo rojizo", DHH) sin defecto, que nunca hubiera sido puesta bajo un yugo, debía ser llevado al sacerdote, el que acompañaba al ternero y al contaminado hasta un lugar apropiado lejos del campamento. La vaca era muerta por quien la presentaba en presencia del sacerdote; éste sumergía un dedo en la sangre que se había recogido y la salpicaba hacia el santaurio 7 veces.


Luego, el animal entero era quemado. En el fuego el sacerdote arrojaba madera de cedro, grana* e hisopo.* Una persona ceremonialmente limpia recogía después la ceniza y la guardaba en un lugar también ceremonialmente limpio fuera del campamento. El hombre que mató a la vaca y el sacerdote que participó quedaban impuros, y por lo tanto tenían que lavar sus ropas, bañarse y regresar al campamento, donde al ponerse el sol volvían a ser limpios.


Una persona ceremonialmente contaminada con el contacto con un cuerpo muerto, un hueso o una sepultura, permanecían ceremonialmente impuras 7 días. Al 3er y al 7º día debía ser salpicado con agua mezclada con ceniza de la vaca roja, por cualquier persona ceremonialmente limpia. Para ello se usaba un manojo de hisopo. Al 7º día la persona contaminada debía bañarse y lavar sus ropas; recuperaba su limpieza ceremonial al ponerse el sol. La persona limpia que oficiaba en ese rito debía lavar su ropa, pero se mantenía impuro por el resto del día. La tienda y el equipo doméstico de una persona impura también debía ser rociada por agua mezclada con cenizas de la vaca roja, y después de 7 días era considerada ceremonialmente limpia. Esta agua se llamaba "agua de la purificación" (RVR y DHH) o "aguas lustrales" (BJ).


Un nazareo contaminado por contacto con un cadáver debía permanecer impuro durante 7 días. Pero al 7º tenía que afeitarse el cabello, señal del voto que había hecho, y al 8º día presentar 2 tórtolas o palomas (una como una ofrenda por el pecado y la otra como holocausto) y un cordero como ofrenda de expiación. Los días de su voto transcurridos antes de la contaminación no podía contarlos como parte de su cumplimiento, y debía comenzar el período otra vez (Nm. 6:9-12).



II. Purificación del contacto con el cadáver de un animal inmundo (Lv. 11:29-31, 39).


No se especificaba ningún rito especial para una persona que se contaminaba de ese modo, pero quedaba impura hasta el final de ese día (v 40).



III. Impureza por emanaciones de los órganos reproductores (Lv. 15).


Estas emanaciones podían ser normales o anormales. Una persona así contaminada era considerada inmunda durante 7 días desde el momento en que el flujo se detuviera. Al 7º día se debía bañar en agua corriente y lavar su ropa. Al ponerse el sol era ceremonialmente limpia otra vez. Al 8º día se debía presentar en el santuario (más tarde en el templo) con 2 tórtolas o 2 palomas (una como ofrenda por el pecado y las otras como holocausto). El contacto físico con alguien en estado de impureza ceremonial, o con cualquier cosa que él hubiere tocado, contaminaba a la otra persona. Esta, sin embargo, recuperaba su limpieza al final de ese día.



IV. Purificación de una madre después del parto (Lv. 12).


La madre permanecía ceremonialmente impura durante 7 días en el caso de que hubiera tenido un hijo varón, y 14 días en caso de que fuese una niña, más 33 días adicionales por el varón y 66 días por la hija. Al final del período correspondiente, debía presentar un cordero como holocausto y una tórtola o paloma como ofrenda por el pecado. 962 Si era pobre, podía traer sólo las avecillas, una como holocausto y otra como ofrenda por el pecado (Lc. 2:21-24).



V. Purificación de la contaminación con lepra (Lv. 13 y 14).


Cuando se hubiera certificado el sanamiento de la lepra, se presentaban "dos avecillas vivas, limpias", junto con madera de cedro, grana e hisopo.


Una avecilla era muerta sobre una vasija de barro llena con agua corriente y su sangre se debía mezclar con el agua. Entonces, el sacerdote sumergía la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo en el agua con la sangre del ave que había sido muerta. Luego se rociaba con esa agua al leproso 7 veces, después de lo cual se soltaba la avecilla viva. El leproso sanado debía lavar su ropa, afeitarse el cabello y la barba, bañarse y volver al campamento, pero no podía entrar en su tienda o casa durante 7 días. Al 8º tenía que presentarse en el santuario con 2 corderos (uno para expiación y el otro para holocausto), junto con una cordera como ofrenda por el pecado. También debía traer una porción de harina mezclada con aceite como ofrenda de alimento, junto con un recipiente adicional con aceite. La ofrenda de expiación era muerta y mecida delante de Jehová, junto con el recipiente de aceite. El sacerdote luego tocaba con un poco de sangre de la ofrenda de expiación la oreja derecha, el pulgar derecho y el dedo grande del pie derecho del ofrendante. Luego rociaba el aceite 7 veces delante de Jehová y tocaba con aceite también la oreja derecha, el pulgar derecho y el dedo grande del pie derecho del leproso sanado. El resto del aceite lo derramaba sobre la cabeza del ofrendante. Finalmente ofrecía el sacrificio por el pecado, y el holocausto con la ofrenda de comida.


En caso de una persona pobre, era suficiente como ofrenda de expiación un cordero con el aceite y la harina, y 2 tórtolas o palomas (una como ofrenda por el pecado y otra como holocausto).


Purim


(heb. Pûrîm, [echar] "suertes").


Fiesta que celebraba la liberación de los judíos de la destrucción mediante la intervención de la reina Ester. Asuero (Jerjes), el rey persa de la época, había sido inducido por Amán a publicar un decreto de que cierto día todos los judíos del Imperio Persa debían ser muertos y expropiados sus bienes.


El día se escogió echando "Pur,* esto es, la suerte" (Est. 3:7). Cuando, por intervención de la reina Ester (5:1-3; 8:1-7), el rey resolvió salvar a los judíos, como no se podía revocar un decreto por cuanto las leyes de Media y de Persia eran inmutables (Est. 1:19; 8:8), decretó que el día especificado, el 13 de Adar (3:13), los judíos se podían defender (8:11-13).


En la ciudad de Susa se les permitió vengarse de sus enemigos también el día 14 (9:13-15). Esta gran liberación y victoria fue celebrada el día siguiente, y desde entonces se celebra cada año con un festival de gratitud los días 14 y 15 de Adar (vs 17-28). La fiesta fue llamada Purim, "suertes", porque la fecha de la matanza había sido seleccionada por suerte.


Por esto, en Est. 8:17 y 9:22 se mencionan los "días de fiesta" (heb. yôm tôb, literalmente "buen día"). Se refieren al período de regocijo que los judíos celebraron después de ser salvados del complot de Amán agagueo; festejo que se recordaría posteriormente como fiesta de Purim (9:26).


Púrpura


(heb. 'argâmân, "púrpura", "rojo"; tekêleth; ugar. 'rgmn, un extranjerismo proveniente de Anatolia; gr. porfuróus, porfúreos, "[color] púrpura"; porfúra, [género] "púrpura", [vestimenta del "púrpura").


Cualquier color dentro de una gama vagamente definida desde el violeta hasta el rojo azulado profundo. Primitivamente también se incluía el escarlata (cf Mt. 27:28; Mr. 15:17). En la antigüedad, la tintura púrpura se obtenía de una especie de molusco común en el Mediterráneo, el Murex; originalmente el gr. porfúra era el nombre de este animal. Más tarde porfúra y sus derivados se aplicaron a la tela o la ropa teñida con esa tintura. La famosa púrpura de Tiro se derivava de 2 especies de murex. Se descubrieron conchas de murex en Minet el-Beida, el puerto de la antigua Ras Shamra (Ugarit); esto indica que la tintura se producía allí desde el 2º milenio a.C. La púrpura de Tiatira, de la que se ocupaba Lidia (Hch. 16:14), no era producida a partir del molusco, sino de las raíces de una planta llamada "rubia", y era de un rojo vivo. Los pueblos idólatras usaban telas de ese color para entronizar a sus ídolos (Jer. 10:9). Algunas de las cortinas del tabernáculo y del templo eran de púrpura (Ex. 25:4; 26:1, 31, 36; 2 Cr. 3:14). De acuerdo con Josefo, la púrpura de las vestiduras del sumo sacerdote (Ex. 28:5, 6, 15, 33; 39:29) representaban el mar. La "púrpura" de Dn. 5:7 viene de la palabra aram. 'argewân, "púrpura". Ese era el color de la realeza en la antigüedad, como se manifiesta desde el tiempo de los persas (Est. 8:1 5), los medos y otros pueblos antiguos. El pasaje de Daniel indica que también era el color real en el período neobabilónico, que precedió al período persa, como asimismo de los reyes madianitas (Jue. 8:26). Los ricos de tiempos del NT se vestían con púrpura (Lc. 16:19). El manto púrpura con que vistieron a Jesús los soldados romanos 963 (Jn. 19:2) era una burla a sus pretensiones de rey. La mística Babilonia la Grande también se viste de púrpura (Ap. 17:4; 18:16). Véase Escarlata.


Bib.: P-NH ix.61, 62; FJ-GJ v.5.4; J-AC i.5.8; J-C i.3.2; ii.4.6.


419. La ciudad de Pozzuoli, la Puteoli bíblica, con la bahía de Nápoles en el fondo.




Put


(heb. Pût; bab. Put~; elam. Putiyap: persa Putaya ).


Otro nombre para Fut* (Jer. 46:9), que algunos eruditos consideran que se refiere a Libia.*


Puteoli


(gr. Potíoloi, "fuentes [pozos]", "cráteres [pocitos]").


Puerto cerca de Nápoles, Italia, ahora llamada Pozzuoli (fig 419). Fue fundada hacia fines del s VI a.C. por los grigos, quienes la llamaron Dicaearjía, no se sabe cuándo su nombre fue cambiado a Puteoli.


Se convirtió en una dependencia romana probablemente en el s IV a.C., y fue elevada al estatus de colonia en el 194 a.C. Como principal puerto para todo el comercio romano con el oriente, llegó a ser importante, rica y grande. Las instalaciones de su puerto artificial eran mejores que las de cualquier otro puerto italiano, incluyendo el de Ostia: tenía un faro y una brigada de bomberos. La ciudad era un puesto imperial, y estaba conectada con Roma por una carretera de primera clase, la Vía Domitiana, que se unía con la Vía Apia más al norte. Las ruinas del anfiteatro de la ciudad han sobrevivido hasta hoy. Pablo desembarcó en Puteoli en su viaje a Roma como prisionero, quizás a comienzos de la primavera (hemisferio norte) del 61 d.C., y pasó 7 días allí con los creyentes antes de seguir por tierra hasta Roma (Hch. 28:13, 14). Mapa XX, A-1. Véase Pablo (IV, 3).





Q



Quebar


(heb. Kebâr, "el grande").


Río de Babilonia junto al cual el profeta Ezequiel tuvo varias visiones (Ez. 1:1, 3; 3:15, 23; 10: 15, 20, 22; 43:3). Tabletas cuneiformes encontradas en Nippur, provenientes del tiempo de Artajerjes I, mencionan este río con el nombre de Nâru Kabaru, "gran río". En realidad era un canal que salía del Eufrates cerca de Babilonia y que se volvía a unir al mismo cerca de Uruk (la bíblica Erec, la moderna Warka). Corría junto a Nippur, cerca de donde Ezequiel tal vez vivió. Mapa XI, C-6.


Quebrantahuesos


(heb. peres [posiblemente del verbo pâras, "romper", "quebrar"]).


Por causa de su hábito de llevar huesos, serpientes y tortugas a gran altura y dejarlos caer sobre una piedra, para romperlos o matarlas, se ha sugerido el quebrantahuesos como traducción adecuada de peres.


También se lo llama águila barbada. Es una de las mayores aves de presa, que cuando está parada casi llega a 1 m de altura y tiene una envergadura de unos 2,70 m. Las Escrituras lo incluyen entre las aves imnundas (Lv. 11:13; Dt. 14:12). Driver sugiere que esta ave es el buitre negro.


Bib.: Driver, PEQ 87 (1955):20.


Quedorlaomer


(heb. Kedorlâ{ômer).


Rey de Elam, el dirigente de una confederación de reyes de Mesopotamia y del norte de Siria que invadió TransJordania y la subyugó (Gn. 14:1, 4, 5, 9, 17). Después de 12 años los reyezuelos del sur de Transjordania se rebelaron contra sus señores, tras lo cual 4 reyes del norte atacaron a estos vasallos, destruyeron sus ciudades y volvieron cargados de despojos hacia sus países de origen. En la región de Damasco, Abrahán, sus siervos y sus aliados los alcanzaron y en un ataque sorpresivo derrotaron a los 4 reyes, liberaron a los cautivos y recuperaron el botín (Gn. 14:1-16).


El nombre Quedorlaomer es positivamente elamita y significa "siervo de (la diosa) Laqamar". Se conocen varios nombres de reyes y gobernadores elamitas de Susa con kuter o kudur, "siervo", como primer elemento; por ejemplo, Kudur-Nahhunte, Kudur-Mabug y Kudur-Ellil. Además, la diosa elamita Laqamar o Lagamar se menciona repetidamente, como también un templo construido en su honor. Un texto menciona a Laqamar y Nahhunte lado a lado. Pero aunque las 2 partes del nombre Quedorlaomer están bien documentadas como palabras elamitas, ningún rey elamita llamado Kudur-Lagamar ha sido encontrado todavía en fuentes seculares.


Albright sugirió una identificación fonética de Quedorlaomer con Kudur-Nahhunte.


Bib.: F. M. The de Liagre Böhl, Opera Minora [Obras menores] (Leiden, 1953), p 478, nota 39; W. F. Albright, BASOR 88 (1942):34.


Quefar-haamoni


(heb. Kefar hâ{ammônâh, "aldea de los amonitas [paisanos]").


Lugar en el territorio de Benjamín (Jos. 18:24); no identificado.


















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SOUV2BalaramScaGoudyFOLIO 4.2Biblica Font







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