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jueves, 10 de marzo de 2011

Pablo - Parábola - DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 





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Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA




Pablo - Parábola

Pablo


(gr. Páulos; del lat. Paulus, un nombre romano que significa "pequeño").


El gran apóstol a los gentiles. En la Biblia se lo presenta como Saulo (gr. Sáulos, del heb. Shâzûl, "pedido [a Dios]", o "prestado [a Dios]"; Hch. 7:58) y se lo menciona por ese nombre en la narración de Hechos hasta el cp 13:9. Ha habido bastante especulación acerca de por qué en medio de Hechos se comienza a llamar Pablo a Saulo, y de allí en adelante sólo se lo nombra como Pablo, excepto el relato que él mismo hace de su conversión (22:7, 13; 26:14). Una respuesta sencilla y plausible sería que él, como otros (Hch. 1:23; 13:1; Col. 4:1 1; etc.), tuviera más de un nombre: un nombre hebreo, Saulo, y un nombre romano grecizado, Páulos o Pablo.


Quizás usara el nombre hebreo en su hogar y en sus contactos con los judíos, pero su nombre greco-romano estaría en armonía con la influencia y el ambiente helenísticos de la ciudad donde nació, y con su envidiable estatus de ciudadano romano. Más tarde, cuando comenzó su obra entre los gentiles, era ventajoso para él que se lo conociera como Pablo. Es digno de notar que hasta Hch. 13 se menciona a Pablo sólo en relación con su contacto con los judíos. Pero en ese capítulo comienzan sus actividades entre los gentiles, como también el uso de su nombre gentil, Pablo.



I. Pablo, el hombre.




1. Antecedentes.


Pablo fue hebreo por nacimiento, educación y sentimientos; tal es así que, a pesar de sus contactos tempranos con la cultura y las filosofías griega y romana, se pudo llamar "hebreo de hebreos" (Fil. 3:5). Era de la tribu de Benjamín (Ro. 11:1), y tal vez le pusieron el nombre por Saúl, el 1º rey de Israel, quien también era benjamita (1 S. 9:1, 2; Hch. 13:21). Poco se sabe de su familia. Su padre era un ciudadano romano (Hch. 22:28), y quizá fariseo (23:6). No se sabe cómo el padre obtuvo su ciudadanía romana, pero había ciertos procedimientos mediante los cuales un destacado judío podía llegar a ser ciudadano romano. Presumiendo que la lograra de esa manera, entonces podemos suponer que Pablo procedía de una familia de cierta importancia. Tenía por lo menos una hermana (23:16). En Ro. 16:7 y 21 se refiere a varios hombres como sus "parientes", pero este término (del gr. sunguenes) puede significar sencillamente "conciudadano", de modo que no es seguro si realmente hace referencia a parientes de sangre. Pablo pudo haber sido desheredado por su familia cuando se convirtió al cristianismo (cf Fil. 3:8), pero si fue así, no lo menciona.


Pablo nació en el Asia Menor, en la próspera metrópolis de Tarso (Hch. 21:39; fig 485), una ciudad notable por su filosofía, ciencia, educación y cultura; una cultura donde se mezclaban elementos griegos, romanos y judíos. La fecha de su nacimiento no se puede determinar con precisión.


De acuerdo con una tradición del s II d.C., la familia de Pablo había vivido originalmente en Giscala de Galilea, pero la ciudad fue capturada por los romanos y los miembros de su familia llevados como esclavos a Tarso c 4 a.C., donde más tarde obtuvieron su libertad y la ciudadanía romana. Si es así, Pablo nació después de esos acontecimientos, porque era romano de nacimiento (Hch. 22:28). Cuando aparece por 1a vez (7:58) se lo califica como "un joven" (gr. neanías). Sin embargo, este término, que se usaba para hombres que tuvieran entre 20 y 40 años de edad 867, poca ayuda nos ofrece para determinar la edad de Pablo.


2. Educación.


Probablemente Pablo asistiera a una escuela en relación con la sinagoga de Tarso. En esta ciudad políglota aprendió no sólo el hebreo y la lengua que hablaba su pueblo, el arameo (Hch. 21:40; 22:2), sino también el griego (21:37) y tal vez el latín. También aprendió a hacer carpas o tiendas, quizá de su padre, con lo que más tarde se pudo sostener (Hch. 18:1, 3; cf 20:34; 1 Co. 4:12; 1 Ts. 2:9; 2 Ts. 3:8). Siendo joven fue a Jerusalén (Hch. 26:4) y se sentó a los pies del rabino y fariseo más renombrado de sus días: Gamaliel (22:3; cf 5:34). Bajo su instrucción, Pablo fue enseñado "estrictamente conforme a la ley de nuestros padres" (22:3; cf 24:14), y como resultado vivió "conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión": los fariseos (26:5). Fue un estudiante tan brillante y un defensor tan ardiente de las doctrinas y tradiciones del judaísmo que aventajaba a muchos de sus pares en el aprendizaje y el celo (Gá. 1:14); y en su odio fanático por los cristianos aventajó por lo menos a su maestro (Hch. 8:3; 9:1; cf 5:34-39). Puede haber poca duda de que los líderes de la nación judía esperaban grandes realizaciones de él.


3. Apariencia personal y salud.


Parecería que, aunque Pablo impresionaba intelectualmente, físicamente no se destacaba. Sus enemigos dijeron de él que su "presencia corporal [era] débil, y la palabra menospreciable" (2 Co. 10:10). La tradición lo describe como un hombre bajo, un tanto jorobado y de piernas encorvadas ("chueco"). Parece haber sufrido de algún tipo de enfermedad crónica (2 Co. 12:7-10; Gá. 4:13); muchos creen que era una enfermedad relacionada con sus ojos, basando su conclusión en que generalmente dictaba sus cartas (2 Ts. 3:17), menciona que escribía con letra grande (Gá. 6:11) y dice que los creyentes de Galacia estaban dispuestos a arrancarse los ojos para dárselos, si hubiese sido posible (4:15). Se han sugerido algunos otros males, pero la evidencia bíblica es insuficiente para saber con precisión cuál fue "la espina en la carne" de Pablo.



II. Pablo, el converso.




1. Primeros contactos con el cristianismo.


El 1º contacto de Pablo con el cristianismo que se conoce tuvo relación con la muerte de Esteban. Algunos suponen que Pablo fue uno de los de Cilicia que, con otros, no pudo vencerlo en el debate (Hch. 6:9, 10; cf 21:39).


Aparentemente no arrojó piedra alguna sobre Esteban, pero "consentía en su muerte" (8:1) y cuidó la ropa de los testigos (7:58). La acción de masas que resultó en el apedreamiento de Esteban señaló el comienzo del 1º período de persecución que devastó a la iglesia naciente; y Pablo, según parece, se destacó en esta persecución. En un arranque de odio fanático contra los cristianos (26:11), intensificado por una conciencia acusadora (v 14), los arrancaba de las casas donde los encontraba y los arrojaba a la cárcel (8:3); los castigaba en las sinagogas (22:19; 26:11) y daba su consentimiento para su muerte (22:4; 26:10). Pablo cumplió esta tarea primero en Jerusalén (8:1, 3; 26:10), pero luego siguió a los creyentes esparcidos hasta otras ciudades y los "perseguía sobremanera" (Hch. 8:4; 26:11; Gá. 1:13).


389. Muro de la ciudad de Damasco, cerca del sitio de escape de Pablo de la ciudad. La hilada de mampostería más baja es muy antigua.




2. Su conversión.


En una de esas campañas de persecución el curso de la vida de Pablo cambió completa y espectacularmente. Al oír que había cristianos en Damasco, pidió cartas del sumo sacerdote -cartas de extradición- que lo autorizaran a arrestar y llevar a Jerusalén a cualquier cristiano que encontrase en dicha ciudad (Hch. 9:1, 2). Hay 3 informes de 868 la experiencia que tuvo en ese viaje (9:1-9; 22: 4-11; 26:9-18); el 1º está en 3ª persona, los otros 2 en 1ª persona (fueron contados por Pablo: uno a la multitud judía en Jerusalén; los otros, al rey Agripa y a su hermana Berenice). Mientras Pablo se acercaba a Damasco a mediodía con un grupo de hombres para ayudarlo en sus planes asesinos, lo rodeó una luz enceguecedora, más brillante que el Sol.


Pablo y sus compañeros cayeron a tierra (26:14), y una voz, que se identificó como Jesús de Nazaret, le preguntó: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?", y añadió: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón".


Abrumado por esta manifestación del Cielo, preguntó qué debía hacer. La voz le ordenó ser testigo para Cristo entre los gentiles (vs 16, 17). Se le instruyó que entrara en Damasco, donde recibiría instrucción adicional.


Entretanto, sus sorprendidos y atemorizados compañeros de viaje se habían levantado del suelo (9:7), pero no entendían lo que pasaba, porque aunque veían la luz y oían la voz, no podían comprender lo que ella decía (cf 9:7; 22:9). Al incorporarse, Pablo descubrió que estaba ciego.


En esas condiciones, fue conducido por sus compañeros al hogar de un cierto Judas, en Damasco, donde estuvo 3 días sin comer ni beber (Hch. 9:8, 9, 11). Mientras oraba, Jesús se le apareció en visión a un cristiano llamado Ananías y le indicó que fuera a la casa de Judas, en la calle llamada "la Derecha", donde encontraría a Pablo, quien había recibido una visión acerca de su visita. Ananías, con todo respeto, le recordó a Jesús las persecuciones de Saulo, pero se le informó que el anterior perseguidor había sido elegido por Dios (vs 11-16). Siguiendo las instrucciones, Ananías encontró a Saulo y al imponerle las manos recuperó la vista en forma inmediata, recibió el don del Espíritu Santo y fue bautizado (vs 17, 18; figs 148, 149). No se sabe cuánto tiempo permaneció en Damasco. El informe parece indicar que fue breve (v 19). Sabemos que allí se asoció con los cristianos. También, en armonía con su carácter -y para asombro de quienes lo conocían- comenzó a predicar en las sinagogas al Cristo que había vilipendiado, pero que ahora adoraba (vs 19-21). Tan poderosa y convincente era su predicación que ninguno podía derrotar su lógica o negar su poder (v 22).


3. Preparación y comienzo de su predicación.


En el relato de Hechos se omite el siguiente acontecimiento de la vida de Pablo, pero él lo menciona en Gálatas: allí cuenta que después de su conversión y su 1ª breve campaña de evangelización, se fue a Arabia* (Gá. 1:17) antes del viaje a Jerusalén (Hch. 9:26; Gá. 1:18). La región exacta identificada como Arabia es desconocida (aunque muy probablemente haya sido el país de los nabateos*), y tampoco se sabe cuánto tiempo estuvo allí. Este período de retiro le dio tiempo para meditar acerca del gran cambio que había ocurrido en su vida, y la soledad le permitió reexaminar, con oración y cuidado, todo el fundamento de su nueva convicción a la luz de las Escrituras, y así afirmar para siempre su fe en Cristo y su evangelio.


Después de este tiempo de aparente inactividad, regresó otra vez a Damasco (Gá. 1:17), donde se retoma la narración de Hch. 9. Parece que reanudó la predicación en las sinagogas con el mismo resultado de antes (v 22). En consecuencia, los judíos hicieron planes para asesinarle (vs 23, 24). En este intento fueron apoyados por el gobernador de la ciudad, quien servía bajo el rey nabateo Aretas* (2 Co. 11:32, 33). Como éste gobernaba esa región, tal vez entre el 37 d.C. y c 54 d.C., el incidente debió haber ocurrido en algún momento dentro de ese período. Sin embargo, los soldados que vigilaban las puertas para impedir que escapara de la ciudad vieron frustrados sus propósitos, porque algunos creyentes bajaron a Pablo en una gran canasta desde una ventana de una casa construida sobre el muro, permitiéndole así escapar de sus enemigos (Hch. 9:25; 2 Co. 11:33; fig 389).


4. La visita a los apóstoles en Jerusalén.


Habiéndosele terminado la oportunidad de trabajar en Damasco, Pablo se dirigió a Jerusalén. Ya habían pasado 3 años desde su conversión, pero hasta entonces no había tenido contacto alguno con los dirigentes de la iglesia (Gá. 1:17, 18), hecho que más tarde ofreció como prueba de que su evangelio no se había originado con los discípulos de Cristo sino con Cristo mismo (Gá. 1:10-12; cf 1 Co. 15:3-8). Su razón básica para ir allá era ver a Pedro (Gá. 1:18). Al llegar a la ciudad quiso unirse a Pedro y a los hermanos, pero pronto descubrió que 3 años no habían sido tiempo suficiente para borrar el recuerdo de su persecución anterior, o para eliminar las dudas y las sospechas (Hch. 9:26). La situación fue resuelta por Bernabé,* natural de Chipre, quien confió en el informe de Pablo acerca de su experiencia al contarlo a los demás en presencia del apóstol (v 27).


Pablo demostró que su experiencia era genuina al predicar a Jesús en la ciudad de Jerusalén. Su lógica incontrovertible despertó la ira de ciertos judíos helenistas que decidieron quitarle la vida (Hch. 9:29). En un informe 869 posterior de su experiencia (22:17-21), contó cómo Dios le había aparecido en visión en el templo y, a pesar de sus protestas, le indicó que saliera de Jerusalén, porque los judíos no recibirían su mensaje, y que sería enviado a los gentiles. Sus hermanos de inmediato lo acompañaron al puerto de Cesarea (9:30), a unos 85 km al noroeste de Jerusalén.


Probablemente lo pusieron a bordo de un barco para asegurarse de que escaparía de sus enemigos.


5. En las regiones de Siria y Cilicia, y en Antioquía.


De Jerusalén, donde había estado 15 días (Gá. 1:18), Pablo fue "a las regiones de Siria y de Cilicia" (v 21). Sus actividades durante los siguientes años no aparecen en las Escrituras. Bien podemos imaginar que estuvo activo en el ministerio en Tarso y las regiones circundantes (Hch. 11:25; Gá. 1:21-23). Habría sido durante este período que tuvo las visiones referidas en 2 Co. 12:2-4, que, según el v 2, vio 14 años antes de escribir 2 Co. Esta epístola fue redactada c 57 d.C., lo que apuntaría al año 43 como la fecha de la visión. Pablo estuvo en Tarso o las regiones vecinas desde c 38 hasta el 44.


Mientras estuvo en Cilicia, el cristianismo avanzó en otras áreas. Un interés creciente había surgido en Antioquía de Siria, y Bernabé fue enviado desde Jerusalén para desarrollarlo (Hch. 11:19-24). Como vio que necesitaba ayuda, viajó a Tarso, encontró a Pablo y lo llevó consigo a Antioquía (vs 25, 26). Pablo y Bernabé trabajaron juntos por un año entero, con éxito notable. Mientras estaban en Antioquía, vinieron de Jerusalén ciertas personas con don profético (Hch. 11:27). Uno de ellos, Agabo, fue inspirado divinamente para predecir una hambruna mundial (v 28). Como resultado, los creyentes de Antioquía decidieron enviar ayuda a los cristianos de Judea, y para ello eligieron a Pablo y Bernabé (vs 29, 30).


Habiendo cumplido su misión, regresaron a Antioquía trayendo consigo a Juan Marcos, sobrino de Bernabé (Hch. 12:25; cf Col. 4:10).



III. Pablo, el misionero al extranjero.


Mientras estaba en Antioquía por 2ª vez, Pablo recibió un llamado que lo inició en sus grandes viajes misioneros hacia el Asia Menor y Europa, lo que le significó el título de "apóstol a los gentiles". Cuando algunos de los miembros de la iglesia estaban "ministrando... al Señor, y ayunando", recibieron del Espíritu Santo la orden de apartar a Pablo y a Bernabé para una obra especial (Hch. 13:2). Así lo hicieron, con ayuno y oración; y luego, dirigidos por el Espíritu Santo, los apóstoles salieron para su 1º viaje misionero, acompañados por Juan Marcos (vs 3, 5).


1. Primer viaje misionero.


Fueron a Seleucia, el puerto de Antioquía, a unos 25,5 km de la ciudad, y allí tomaron un barco para Chipre (Hch. 13:4). a. Chipre. Desembarcaron en Salamina (fig 442), en la costa oriental de la isla (Mapa XX, B-5; seguir la línea roja hacia el oeste), y comenzaron a predicar en las sinagogas judías (Hch. 13:5) como era la costumbre de Pablo (cf 9:20; 17:1, 2; 18:4; etc.). Luego atravesaron Chipre de este a oeste y llegaron a la ciudad de Pafos (13:6), sede del procónsul o gobernador* romano de la isla, Sergio Paulo, un hombre prudente y de discernimiento (v 7), a quien frecuentaba un judío de nombre Barjesús o Elimas, que era un charlatán y mago (vs 6, 8). El gobernador oyó el informe de la predicación de Pablo y Bernabé y, deseando oír el evangelio, los llamó (v 7). Temeroso de perder la influencia que podía tener sobre el gobernador, Barjesús se opuso a los apóstoles en presencia de él (v 8), por lo cual Pablo (aquí se lo llama "Pablo" por 1ª vez). "lleno del Espíritu Santo" fijó sus ojos en el mago lo condenó duramente por representar mal a Dios y oponerse a él, y predijo que quedaría ciego temporariamente, lo que se cumplió al instante (Hch. 13:9-11). Este notable incidente convenció al gobernador de la verdad del evangelio y lo aceptó (v 12).


b. Perge. Después de su estadía en Pafos. Pablo y su grupo se embarcaron hacia Perge (Hch. 13:13), una ciudad cerca de la costa del Asia Menor, en dirección noroeste de Pafos. Aquí Juan Marcos, sin duda desanimado por las dificultades y las penurias, los abandono y regresó a Jerusalén (v 13).


c. Antioquía de Pisidia. Pablo y Bernabé continuaron hasta Antioquía de Pisidia (Hch. 13:14), una ciudad a unos 160 km al norte de Perge, en los montes Tauro. Invitado a hablar en la sinagoga el sábado, Pablo predicó acerca de la resurrección de Cristo (vs 15-41). El sermón impresionó tanto a los presentes que le pidieron que predicara a los gentiles el sábado siguiente (v 42). En esta ocasión "se juntó casi toda la ciudad" para escuchar el evangelio (v 44). Esto despertó los celos y la oposición de los judíos (v 45); por ello Pablo declaró que, como ellos despreciaban la salvación, él predicaría a los gentiles (vs 46, 47; fig 24). No se sabe cuánto tiempo trabajaron Pablo y Bernabé en esta región. Pero fue lo suficiente como para que toda la zona que rodeaba la ciudad conociera el evangelio (Hch. 13:49). Su éxito despertó finalmente la activa oposición de los judíos, quienes lograron que 870 los magistrados los expulsaran de la ciudad (v 50).


d. Iconio, Listra y Derbe. A unos 130 km al este sudeste de Antioquía estaba lconio, el siguiente lugar donde trabajaron Pablo y Bernabé. Sus esfuerzos se vieron coronados por un gran éxito (Hch. 14:1), y predicaron en esa ciudad "mucho tiempo" apoyados por el testimonio de señales y prodigios milagrosos (v 3). Pero los judíos que habían rechazado su mensaje consiguieron que muchos gentiles se volvieran contra Pablo y Bernabé, y dividieron la ciudad en 2 bandos (vs 2, 4). Finalmente hicieron planes de usar la violencia contra los apóstoles (v 5). Al saber de ello, huyeron a "Listra y Derbe, ciudades de Licaonia" (Hch. 14:6; cf Mt. 10:23), a unos 37 km al sudsudoeste, y a 83 km al sudeste de Iconio, respectivamente.


En Listra, Pablo sanó a un hombre que había sido inválido toda su vida (Hch. 14:8-10). Este milagro llevó a los habitantes supersticiosos a creer -quizá por algún antiguo mito que describía a los dioses Zeus (Júpiter) y Hermes (Mercurio) en sus visitas a esa parte del mundo- que Bernabé y Pablo eran Júpiter y Mercurio (Hch. 14:11, 12). Se prepararon para ofrecerles sacrificio, y sólo con gran dificultad Pablo pudo convencerlos de que no lo hicieran (vs 13-18; fig 322). En Listra las labores de los apóstoles terminaron cuando los judíos enemigos de Antioquía y de lconio soliviantaron a una multitud que apedreó a Pablo y lo arrastró fuera de la ciudad como muerto (Hch. 14:19). Conservado milagrosamente, se reanimó y entró de nuevo en la ciudad, pero salió de ella al día siguiente, acompañado por Bernabé (v 20). Después Pablo y Bernabé trabajaron en Derbe, donde quizá permanecieron un tiempo, porque allí hicieron "muchos discípulos" (Hch. 14:20, 21; figs 159, 160).


e. Regreso a Antioquía de Siria. Desde Derbe comenzaron a desandar su camino pasando por Listra, Iconio y Antioquía de Pisidia, donde visitaron las iglesias, fortalecieron a los creyentes y nombraron dirigentes en ellas (Hch. 14:21-23). También predicaron en Perge, donde Juan Marcos los había abandonado al comienzo de su viaje (v 25). Sin duda, impacientes por regresar a su base en Antioquía de Siria, los apóstoles se embarcaron en el puerto de Atalia, a pocos kilómetros de Perge (Mapa XX, B-5, la línea roja Nº 1 hacia el este). Al llegar a Antioquía contaron a la iglesia del éxito entre los gentiles (vs 25-27). Así terminó el 1º viaje misionero, que tal vez les llevó unos 2 años (c 45-47 d.C.). Pablo quedó en Antioquía por un tiempo (v 28), durante el cual, sin duda, siguió atrayendo a muchos gentiles hacia el cristianismo.


2. Los judaizantes y el Concilio de Jerusalén.


Con el correr del tiempo surgió una crisis, que si no se resolvía con prontitud retardaría grandemente la expansión del cristianismo entre los gentiles. Un grupo de judíos cristianos de Judea visitó la iglesia de Antioquía y comenzó a enseñar que la circuncisión y la observancia de la ley de Moisés eran necesarias para la salvación (Hch. 15:1). Pablo y Bemabé, sin embargo, sostenían que la circuncisión no era necesaria para los conversos gentiles. Como resultado, hubo una "discusión y contienda no pequeña" entre los 2 grupos (v 2). Finalmente, los creyentes decidieron que el asunto debía ser llevado ante los dirigentes de la iglesia de Jerusalén, y que Pablo y Bernabé y otros debían ir allá (v 2). Esta decisión habría sido sugerida por Pablo, que más tarde dijo que había recibido una revelación con respecto al tema, y que había ido con Bernabé y Tito, un converso griego, a consultar a los dirigentes (Gá. 2:2, 3).


Al llegar a Jerusalén, Pablo y la comitiva fueron recibidos cordialmente por los creyentes (Hch. 15:4). Contaron cómo Dios había bendecido el trabajo entre los gentiles, pero que ciertos fariseos, miembros de la iglesia, pronto levantaron la cuestión de la necesidad de la circuncisión y de la observancia de la ley mosaica (v 5). En consecuencia, se convocó a un concilio para decidir la cuestión (v 6; probablemente el 49 d.C.). El terna se discutió extensamente, con Pedro, Bernabé y Pablo hablando contra la exigencia de imponer la ley ceremonial a los gentiles (v 7-12).


Predominaron sus puntos de vista, y se decidió que los conversos gentiles no necesitaban circuncidarse o guardar la ley de Moisés. Sin embargo, se les pediría que se abstuvieran de contaminarse con los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre (vs 13-21). Luego de haber completado su misión con éxito, Pablo y el resto de la delegación de Antioquía volvieron acompañados por hermanos comisionados para llevar cartas de la iglesia de Jerusalén. El resultado de la reunión fue recibido favorablemente por los creyentes de Antioquía (Hch. 15:22-31).


Una vez más Pablo y Bernabé reanudaron su tarea de enseñar y predicar en Antioquía (Hch. 15:35). Es posible que el efecto del Concilio de Jerusalén, relatado en Gá. 2, ocurriera durante este tiempo. Pedro fue a visitar a los creyentes y, en armonía con el espíritu de la decisión del concilio, comió con los 871 gentiles, una práctica que era anatema para los judíos. Sin embargo, cuando ciertos cristianos judaizantes llegaron a la ciudad, Pedro, tal vez temeroso de una repetición de la anterior disputa sobre el tema de la ley ceremonial, no siguió haciéndolo (Gá. 2:11, 12); en tal actitud fue acompañado por Bernabé y otros (v 13). Cuando Pablo lo supo, los reprendió severamente en público por su conducta (vs 14-21).


La mente de Pablo se volvió ahora a las iglesias del Asia Menor. Le sugirió a Bernabé que volvieran a visitarlas (Hch. 15:36). Bernabé aceptó la idea, pero insistió en llevar consigo a Juan Marcos (v 37), lo que Pablo rechazó por cuanto Marcos los había abandonado antes y no se podía confiar en él (v 38). Esta diferencia de opinión llegó a ser causa de una disputa que los hizo separarse: Pablo escogió a un nuevo compañero de viajes, Silas, mientras Bernabé tomó consigo a Marcos y se fue a Chipre (Hch. 15:39, 40).


3. Segundo viaje misionero.


Pablo y Silas comenzaron lo que se denomina su 2º viaje misionero.


Viajaron por tierra (Mapa XX, B-6/5, línea roja Nº 2 hacia el oeste), visitando las iglesias de Siria y de Cilicia (Hch. 15:40, 41). Sin duda estuvieron con los creyentes de la ciudad originaria de Pablo, Tarso, en Cilicia. Al llegar a Derbe y Listra, Pablo encontró otro compañero de viaje: Timoteo,* un joven de buena reputación, de madre judía y padre griego (16:1-3). Desde Derbe y Listra, Pablo y los misioneros que lo acompañaban fueron "por las ciudades" informando a las iglesias de la decisión del Concilio de Jerusalén (Hch. 16:4). Estos decretos, que declaraban que a los gentiles no se les requería la observancia de la ley ceremonial, sin duda tuvieron mucho que ver con el posterior crecimiento de la iglesia en esa región (v 5).


a. Frigia y Galacia. Luego Pablo y sus compañeros viajaron "atravesando Frigia y la provincia de Galacia"* (Hch. 16:6). En ese tiempo, de acuerdo con el punto de vista de este Diccionario, se estableció la iglesia a la que dirigió su epístola a los Gálatas. En consecuencia, es en este viaje que Pablo fue afligido con la "enfermedad del cuerpo" mencionada en Gá. 4:13.


Después hizo planes de emprender obra de evangelización en la región al oeste de Galacia, conocida en esa época como Asia* (Mapa XX, B-4), pero el Espíritu Santo le prohibió hacerlo (Hch. 16:6). En consecuencia, con sus compañeros se dirigió a Misia en el noroeste, para ir a la región de Bitinia (Mapa XX, A-4/5) y predicar allí, pero el Espíritu también le cambio los planes (v 7). De modo que pasaron por alto Misia y Bitinia y siguieron su camino hasta que llegaron a la ciudad de Troas (Mapa XX, B-4), a orillas del Mar Egeo (v 8).


b. El llamado a Macedonia. En Troas, Pablo entró en un campo nuevo y lleno de desafíos. En una visión nocturna un hombre de Macedonia lo instó a llevar el evangelio a ese país (Hch. 16:9). Inmediatamente él y sus compañeros se prepararon para responder al llamado, que reconocieron como procedente de Dios (v 10). Se embarcaron en un navío que partía para Neápolis, en Macedonia (Mapa XX, A-3), y llegaron al 2º día (v 11); de allí siguieron a Filipos (v 12).


c. Filipos. Aparentemente no había sinagoga judía en Filipos (Mapa XX, A-3), pero al saber que existía cierto lugar para la oración fuera de la ciudad junto a un río, Pablo y sus acompañantes fueron allí el sábado, y él predicó a un grupo de mujeres que estaban reunidas (Hch. 16:13). Como resultado, una dama de negocios, Lidia, media prosélita* del judaísmo, se convirtió y, con toda su casa, fue bautizada. Desde entonces su hogar llegó a ser la sede de trabajo de Pablo y sus compañeros de ministerio (v 14).


Pronto ocurrió un incidente que detuvo los esfuerzos de Pablo en Filipos.


Una joven esclava, que supuestamente poseía capacidades sobrenaturales que eran usadas para ventaja económica de sus amos, comenzó a seguir a los misioneros gritando: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación" (Hch. 16:16, 17). La molestia llegó a un punto en que el apóstol no pudo soportar más, de modo que en el nombre de Jesús expulsó al mal espíritu que la había estado controlando (v 18). Como sus supuestas capacidades "proféticas" habían desaparecido, sus amos se vieron privados de los ingresos que ella les proporcionaba. Enojados contra Pablo y Silas, los arrastraron ante las autoridades civiles y los acusaron, como judíos, de enseñar cosas contra las leyes de Roma (vs 19-21). Esto fue suficiente para agitar al populacho y a las autoridades contra ellos. Se los azotó severamente y se los puso en el cepo en una celda interior de la cárcel (vs 22-24; fig 222).


A medianoche, mientras Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos de alabanza, un terremoto repentino sacudió la cárcel, abrió las puertas y liberó de las cadenas a los presos (Hch. 16:25, 26), quizás al desprenderse de las paredes a las que estaban fijadas. El carcelero se despertó, y al ver las puertas abiertas pensó que los prisioneros, por los que 872 debía responder con su vida, habían escapado. Estaba a punto de suicidarse cuando la voz serena de Pablo le informó que ninguno había huido (vs 27, 28). Convencido a esta altura de que los misioneros eran hombres de Dios, pidió luz y cayendo delante de ellos preguntó qué debía hacer para ser salvo. Pablo le habló de la fe en Cristo. Luego él tomó a los 2 apóstoles y los llevó a su casa, les curó las heridas, puso comida delante de ellos y reunió a su familia para escuchar su mensaje. Antes del amanecer, el carcelero y toda su familia fueron bautizados (Hch. 16:29-34).


Cuando llegó la mañana, las autoridades civiles enviaron a algunos oficiales a la prisión para liberarlos (Hch. 16:35, 36). Pero Pablo rehusó abandonar la cárcel, afirmando que él y Silas, ciudadanos romanos, habían sido azotados y puestos en prisión ilegalmente. Por tanto, quienes los habían condenado y maltratado injustamente en público debían hacer la reparación públicamente. Al escuchar esto, el magistrado de la ciudad les pidió disculpas y les rogó que se fueran de la ciudad. Después de pasar por la casa de Lidia y saludar a los hermanos, los 2 misioneros abandonaron Filipos (vs 37-40).


d. Tesalónica y Berea. Pablo y su grupo siguieron hacia el oeste (Mapa XX, A-3, línea roja Nº 2 hacia el oeste), pasando por Anfíposis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica* (Hch. 17:1). La afirmación de que había una sinagoga judía en esta última ciudad implica que no existía ninguna en las anteriores; tal vez esto explique por qué no se detuvieron en ellas. En Tesalónica, Pablo siguió su costumbre de predicar a Cristo en la sinagoga.


Lo hizo durante 3 sábados sucesivos, y como resultado se convirtieron algunos judíos, "y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas" (vs 2-4). Parecería que el apóstol siguió con su oficio de fabricar tiendas o carpas durante la semana (Hch. 18:3; 1 Ts. 2:9; 2 Ts. 3:8). Pero pronto comenzó a desarrollarse una situación que ya le resultaba familiar.


Ciertos judíos no creyentes, celosos del éxito de Pablo, agitaron toda la ciudad contra él y sus compañeros. La turba atacó la casa de un tal Jasón, donde habían estado alojados. Como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos de los creyentes ante las autoridades de la ciudad, acusándolos de perturbar la paz y de poner a Jesús como rival del César (Hch. 17:5-7), acusaciones que perturbaron a los ciudadanos y dirigentes de Tesalónica. En consecuencia, se obligó a Jasón y a los demás a pagar una fianza, tal vez como garantía de que mantendrían la paz, y luego fueron liberados (vs 8, 9); pero la situación tensa aconsejó que Pablo y Silas abandonaran la ciudad, y viajaron de noche a Berea* (v 10).


Al llegar a Berea, el apóstol una vez más fue a la sinagoga a evangelizar a los judíos. Los bereanos fueron "más nobles que los que estaban en Tesalónica", porque recibieron la palabra de Pablo después de verificarla con las Escrituras (Hch. 17:11). En consecuencia, un grupo grande, incluyendo un número no especificado de mujeres griegas, se unió a la iglesia cristiana (v 12). Entretanto, la noticia del trabajo de Pablo en Berea llegó a Tesalónica y así, no contentos de haberlo expulsado de ella, los judíos de esa ciudad decidieron correrlo también de Berea. Fueron hasta allí y agitaron a la gente contra el apóstol. Los creyentes lo embarcaron de inmediato en un barco que salía para Atenas* (Mapa XX, B-3, la línea roja Nº 2 hacia el sur), hacia donde fue acompañado por algunos creyentes bereanos. Sin embargo, Silas y Timoteo permanecieron en Berea (vs 13-15).


e. Atenas. Parecería, según Hechos, que Pablo no habría tenido la intención de predicar en Atenas, sino sólo esperar la llegada de sus colaboradores. Sin embargo, no se menciona en Hechos que Silas y Timoteo se le unieran en esa ciudad, aunque 1 Ts. 3:1-5 sugiere que Timoteo fue a Atenas, pero que fue enviado por Pablo inmediatamente a la iglesia de Tesalónica. De cualquier modo, la presencia de muchos ídolos en la capital griega lo motivaron a la acción. De acuerdo con un antiguo informe, en los días de Pablo allí había más de 3.000 estatuas, la mayoría de las cuales tenían relación con el culto pagano. Comenzó a predicar en la sinagoga y en el mercado o ágora (fig 53). Pronto consiguió la atención de ciertos filósofos griegos que, deseando conocer más de sus enseñanzas, lo llevaron al Areópago* (Hch. 17:16-22), o colina de Marte, en el centro cívico de la ciudad (fig 37). Su discurso, una porción del cual aparece en los vs 22-31, fue magistralmente adaptado al pensamiento de sus oyentes paganos, pero sólo consiguió que se burlaran de él (v 32). No obstante, tuvo éxito en ganar algunos conversos en esa ciudad (v 34).


f. Corinto. Después de esa experiencia en Atenas, Pablo viajó solo hacia el oeste, a Corinto* (Hch. 18:1; Mapa XX, B-3). Allí se puso en contacto con Aquila y Priscila, judíos que habían llegado hacía poco de Italia, después del decreto del emperador Claudio que expulsaba de Roma a todos los judíos (v 2). Como también eran fabricantes de tiendas, 873 Pablo se alojó con ellos y trabajó en su oficio (v 3). Muy probablemente el apóstol llegó a Corinto a comienzos del 51 d.C.; permaneció allí más de un año y 6 meses (Hch. 18:11, 18). Al comienzo trabajó con los judíos en la sinagoga (v 4), como era su práctica al entrar en una ciudad nueva. Sin embargo, una vez más, cuando la mayoría de los judíos se opuso y lo injurió, se apartó de ellos y comenzó a trabajar en forma directa por los gentiles (v 6). Como ya no podía predicar en la sinagoga, realizó sus reuniones en una casa contigua cuyo dueño adoraba a Dios (v 7). El evangelio produjo mucho fruto en esa ciudad, y entre los conversos estaba el dirigente de la sinagoga (v 8; fig 470). Entretanto, Silas y Timoteo llegaron con las animadoras noticias de la fidelidad de los tesalonicenses (Hch. 18:5; 1 Ts. 3:6). Estas buenas nuevas inspiraron a Pablo a escribir su 1ª epístola a los Tesalonicenses, probablemente en el 51 d.C. Es la la epístola que se ha conservado. Más tarde, tal vez a fines del mismo año o a comienzos del año siguiente (52 d.C.), escribió 2 Ts. Véase Tesalonicenses, Epístolas a los.


Por fin, la persecución activa que había sido tan pronta en otras ciudades, comenzó también a amenazarles en Corinto. Sus enemigos judíos lo acusaron ante Galión, el procónsul de Acaya, de enseñar una religión no legalmente reconocida por Roma. Sin embargo, Galión echó a los acusadores, rehusando inmiscuirse en un caso que él consideraba una disputa sobre la ley judía y no la ley romana. Al ver esto, la turba tomó al principal de la sinagoga y lo golpeó ante Galión (Hch. 18:12-17; fig 137).


Después de un período no definido de tiempo, durante el cual parece que predicó sin oposición activa, Pablo se embarcó hacia Siria* (Mapa XX, B-3, línea roja Nº 2 hacia el este), acompañado por Aquila y Priscila (Hch. 18:18). Se detuvo brevemente en Efeso y predicó en la sinagoga. Su mensaje fue recibido con alegría por los oyentes, quienes tal vez fueran tanto gentiles como judíos, y lo invitaron a quedarse más tiempo. Sin embargo, Pablo decidió seguir su viaje, prometiéndoles regresar si le era posible. Tomó un barco hacia Cesarea (Mapa XX, B-4/5, línea roja Nº 2 hacia el sur y el este) dejando a Aquila y a Priscila en Efeso, sin duda para seguir la obra que él había comenzado allí. Desembarcó en Cesarea (fig 123), visitó brevemente Jerusalén para saludar a la iglesia y luego siguió hacia Antioquía, donde había comenzado sus giras misioneras (vs 19-22).


Así terminó su 2º viaje misionero, que duró aproximadamente 3 años, quizá
desde algún momento del 49 d.C. hasta cerca del fin del 52 d.C.


4. Tercer viaje misionero.


No se sabe la duración de la permanencia de Pablo en Antioquía después de su 2º viaje misionero. Es probable que haya sido de algunos meses, por lo menos, antes de partir para el 3º (Mapa XX, B-6; sígase la línea roja Nº 3 hacia el oeste). Recorrió "por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando" a los miembros de las iglesias que había establecido antes (Hch. 18:23). "Después de recorrer las regiones superiores vino a Efeso" (19: 1), que sería su centro de acción esta vez.


a. Efeso. Allí (Mapa XX, B-4) encontró a 12 hombres que evidentemente recibieron instrucción de Apolos,* pero que no tenían el pleno conocimiento del evangelio. Pablo los instruyó y, al rebautizarlos, recibieron el Espíritu Santo (Hch. 19:1-7). Por unos 3 meses predicó y razonó con la gente en la sinagoga. Luego, por causa de la oposición, se mudó con sus conversos a "la escuela de uno llamado Tiranno", donde tenían reuniones cada día (vs 8, 9). Esta escuela fue su centro de operaciones por "dos años", durante los cuales "todos los que habitaban en Asia" oyeron el evangelio (v 10). Se hicieron muchos milagros (vs 11, 12) y muchos se convirtieron, y la palabra "crecía y prevalecía poderosamente" (vs 18-20).


Hacia el final de su estancia en Efeso, Pablo escribió 1 Co., quizás en la primavera del 57 a.C. En ella revelaba sus planes de visitar la iglesia vía Macedonia, después de permanecer en Efeso hasta Pentecostés (1 Co. 16:5-8; cf Hch. 19:21). Sin embargo, pronto surgieron circunstancias que apresuraron su partida del lugar: 1ª oposición había estado creciendo y culminó poco después que despachara su carta (1 Co. 15:32). Esto ocurrió cuando el platero Demetrio, tal vez un destacado miembro del gremio de fabricantes de templetes en honor de la diosa Artemisa (Diana*), se preocupó bastante por la pérdida de las ventas de estatuillas porque muchos se hacían cristianos. Por tanto, llamó a los artífices y les demostró cómo la predicación de Pablo contra la adoración de los ídolos había afectado su actividad, no sólo localmente, sino también en gran parte de la provincia de Asia. Además, les señaló que estaba minando el respeto por la diosa y su templo, "a quien venera toda Asia y el mundo entero" (Hch. 19:23-27). Los oyentes de Demetrio se enfurecieron y comenzaron a gritar: "¡Grande es Diana de los efesios!" Consiguieron agitar a toda la ciudad hasta la indignación. Buscando a alguien sobre quien descargar su ira, arrastraron a 2 de 874 los compañeros de viaje hasta el teatro (fig 174).


Pablo decidió ir también, pero sus discípulos y algunos de sus prominentes amigos efesios se lo impidieron (vs 28-31). Finalmente el escribano consiguió calmar a la turba y dispersarla pacíficamente (vs 32-41). Después de este tumulto, Pablo consideró oportuno dejar Efeso, donde había pasado "tres años" (20:1, 31), quizá desde el 54 hasta el 57 d.C, Separándose de los creyentes, salió rumbo a Macedonia. Acerca de la posibilidad de una visita a Corinto durante su permanencia en Efeso, véase CBA 6: 831, 832, 918, 919.


Véase Corintios, Epístolas a los.


b. Macedonia y Corinto. Lucas, en Hch. 20, sólo ofrece un informe rápido de la visita a Macedonia y Acaya, pero en sus epístolas Pablo agrega algunos detalles más. Viajó desde Efeso a Troas* (Mapa XX, B-4, línea roja Nº 3), donde su predicación fue recibida favorablemente. Allí el apóstol esperaba encontrar a Tito con un informe de la reacción de la iglesia de Corinto a su 1ª epístola, enviada poco antes, pero se chasqueó al no hallarlo. Entonces se apresuró a ir a Macedonia* (Mapa XX, A-3), mientras los creyentes de Corinto pesaban mucho en su alma (2 Co. 2:12, 13; cf 1:9). Vio a Tito y recibió noticias alentadoras de la iglesia (7:5-7). Muy animado por el informe, el apóstol escribió 2 Co., donde promete verlos (13:1, 2); evidentemente la envió con Tito (8:16, 17, 23). Luego Pablo fue hacia el sur (línea roja Nº 3), hasta Grecia (Hch. 20:2), y visitó a los creyentes. Quedó en Corinto unos 3 meses y allí escribió las epístolas a los Romanos* y a los Gálatas* (v 3), c 58 d.C.


c. Regreso vía Macedonía. Hizo planes de tomar un barco para Siria, pero cuando estaba por embarcarse se enteró de un complot de algunos enemigos judíos para matarlo, tal vez a bordo. En consecuencia, cambió su propósito y fue por Macedonia, frustrando el complot de sus presuntos asesinos (20: 3). Viajó hacia el norte, quizá pasando por Berea y por Tesalónica* (Mapa XX, A-3; volviendo por la línea roja Nº 3 hacia el norte y el noreste), hasta Filipos. Mientras varios de sus acompañantes cruzaron hasta Troas, Pablo y Lucas quedaron en Filipos durante la Pascua, y "pasados los días de los panes sin levadura" navegaron para unirse a los demás (20:4-6).


d. Troas y viaje a Palestina. Pablo pasó una semana en Troas. La tarde anterior a su partida hubo una reunión de despedida. Más o menos a medianoche un joven llamado Eutico, que estaba sentado en una ventana abierta de la sala del 3º piso en la que Pablo hablaba, se durmió y cayó al suelo, de donde fue levantado "muerto". El apóstol se apresuró a bajar, lo abrazó y afirmó que estaba vivo, y el joven revivió (Hch. 20:7-10, 12).


Regresando a la sala de reuniones, el grupo celebró la Cena del Señor, luego de lo cual siguieron conversando hasta el amanecer. Después se despidió y salió (v 11) para caminar unos 32 km hasta Assos, para tomar el barco en el que había estado viajando, el cual navegaba alrededor de la península (Mapa XX, B-4). Después de reunirse con sus compañeros, navegaron vía Mitilene, Jíos y Samos hasta Mileto (vs 13-17), a unos 64 km al sur de Efeso* (Mapa XX, B-4; línea roja Nº 3). A propósito había dejado de esta ciudad, porque sin duda una detención allí habría impedido que llegara a Jerusalén para Pentecostés, para lo cual faltaba poco. Pero envió un mensaje a los ancianos de la iglesia pidiéndoles que se reunieran con él en Mileto. El registro de este encuentro, durante el cual Pablo les advirtió contra las herejías y los exhortó a ser fieles, es uno de los pasajes más emotivos de Hechos (vs 18-35). Antes de salir, oró con sus visitantes, luego se despidió con lágrimas y siguió navegando (vs 36-38). Habiendo llegado finalmente, vía Cos y Rhodes (línea roja Nº 3 hacia el sur y el este), a Pátara, ciudad de la costa de Lisia, Pablo y sus compañeros tomaron otro barco con el que finalmente llegaron a Tiro (Mapa XX, C-6; fig 513), en Fenicia (21:1-3). Allí se encontró con algunos creyentes, y permaneció con ellos una semana. Durante ese tiempo fue advertido por un profeta del peligro de ir a Jerusalén. Cuando llegó el momento de embarcarse otra vez, todo el grupo de creyentes lo acompañó a la playa. El barco de Pablo se detuvo luego en Tolemaida, donde pasaron un día con los hermanos y después continuaron viaje, probablemente a pie, hasta Cesarea. Aquí se alojaron en casa de Felipe, el evangelista y diácono (Hch. 21:4-8; cf 6:5).


En algún momento de su estadía en Cesarea, el profeta Agabo* predijo los malos resultados que seguirían a la visita a Jerusalén. Al escuchar esto, tanto los que acompañaban al apóstol como la iglesia de Cesarea lo instaron a no ir, pero él se mantuvo inflexible en su decisión (21: 10-14). Véase Primer día de la semana.



IV. Pablo, el prisionero.




1. Arresto de Pablo en Jerusalén.


Cuando Pablo y su grupo llegaron a Jerusalén fueron recibidos alegremente por los cristianos del lugar. El informe que dio a los dirigentes de la iglesia, con respecto a la difusión del evangelio entre los gentiles, produjo gran regocijo. Sin embargo, 875 al mismo tiempo los líderes le contaron que circulaban informes de que estaba instando a los cristianos judíos helenistas, como también a los conversos gentiles, a no seguir la circuncisión y las demás leyes de Moisés (Hch. 21:15-21). Este informe no era cierto y evidentemente era una invención de sus enemigos (cf 16:3; 18:18; 24:14; 25:8). No obstante sugerían que, con el fin de demostrar que las acusaciones eran falsas, Pablo se uniera a otros 4 judíos cristianos que habían hecho un voto y se sometiera a un acto de purificación ceremonial en el templo, demostrando así públicamente que él no había rechazado las leyes mosaicas. El apóstol aceptó la idea. Casi había terminado el período de su voto cuando unos judíos del Asia, quizá de visita en Jerusalén para Pentecostés, lo reconocieron y agitaron a la gente contra él acusándolo falsamente no sólo de predicar contra las costumbres e instituciones judías, sino también de contaminar el templo por llevar consigo a griego, (21:22-29). El informe de esta presunta profanación del templo se esparció rápidamente, atrayendo una multitud a los recintos sagrados (fig 500); queriendo matarlo, lo tomaron y lo sacaron del edificio. Entretanto, Claudio Lisias, el tribuno militar a cargo de la guarnición romana y estacionado evidentemente en la vecina Torre Antonia que dominaba el templo, oyó los disturbios (23:26). Rápidamente acudió con sus soldados para aplastar el movimiento. Al ver que el motivo se centraba en Pablo, lo arrestó y lo hizo encadenar. Después de esto, preguntó quién era el hombre y cuál era su crimen por haber provocado tanto tumulto. Como no pudo conseguir una respuesta de la turba, ordenó que el apóstol fuera escoltado hasta la fortaleza. Luego de haber sido conducido con dificultad en medio de la multitud airada, Pablo pudo convencer al comandante de que no era un criminal buscado por las autoridades romanas. Se le permitió hablar a la gente desde la escalinata que llevaba a la fortaleza (Hch. 21:30-40; figs 498, 499), desde donde les contó en lengua "hebrea", es decir aramea,* la historia de su vida. Su audiencia lo escuchó en calma hasta que les dijo cómo Dios lo había comisionado para predicar a los gentiles. Ante estas palabras, los judíos comenzaron a gritar y exigieron su muerte. Por esto, el comandante que tal vez no entendía arameo y no sabía la razón por el repentino desorden, ordenó que Pablo fuera examinado con azotes. Mientras lo ataban, el apóstol reveló que era ciudadano romano, lo que lo salvó de la tortura. Al día siguiente, Lisias quiso conocer plenamente la razón de los disturbios: reunió al Sanedrín y puso a Pablo ante él, para que esclareciera el problema (cp 22). El apóstol estuvo en presencia del Sanedrín sólo unos minutos para darse cuenta de que no se realizaría un juicio imparcial (23:1-5). Con astucia dividió al concilio afirmando que se lo llamaba al tribunal por creer, como fariseo, en la resurrección de los muertos. Los saduceos, que la negaban, comenzaron a pelear contra los fariseos. Así, sin quererlo, éstos se vieron obligados a defenderlo. Tan grave fue la discusión que Lisias, temiendo que el apóstol fuera descuartizado en la refriega, envió a sus soldados para rescatarlo y llevarlo a la torre (vs 6-10).


Esa noche, Pablo recibió la seguridad divina de que Dios lo estaba conduciendo y que testificaría en Roma, como él había deseado (v 11). Al día siguiente, su sobrino (v 16), informado de que un grupo de más de 40 personas se habían juramentado para asesinarle (vs 12-15), fue a la fortaleza para avisarle. El apóstol le pidió que le contara al mismo Lisias del plan. El comandante, al saber que le pedirían como pretexto que al día siguiente presentara a Pablo otra vez ante el Sanedrín con el fin de dar oportunidad a los asesinos de matar al prisionero, ordenó de inmediato que con una fuerte escolta armada esa misma noche lo llevaran a Cesarea* (vs 17-24), capital romana de Judea.


2. Audiencias en Cesarea.


En Cesarea Pablo fue entregado a Félix, el gobernador de Judea, con una carta de Lisias. Félix le interrogó y luego ordenó que fuera confinado en el pretorio* hasta que llegaran los acusadores judíos desde Jerusalén (Hch. 23:25-35). Después de 5 días, Ananías, el sumo sacerdote, acompañado con algunos ancianos y Tértulo, un orador profesional, se presentó y acusó al apóstol de sedición y de profanación del templo (24:1-9). Después que el acusado habló en defensa propia, Félix postergó la decisión hasta que se presentaran más evidencias. Entretanto, Pablo gozó de una buena medida de libertad (vs 10-23). Algún tiempo más tarde fue llevado otra vez ante Félix y su esposa judía, Drusila.* Parece que esta audiencia no tuvo carácter legal, y que sólo fue un pretexto para escuchar lo que el detenido tenía para decir. En esta ocasión Pablo habló "de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero", con el resultado de que la conciencia de Félix fue muy perturbada, aunque sólo temporariamente (vs 24, 25). Después de este evento, quedó en prisión 2 años, hasta que el gobernador fue reemplazado por Porcio Festo (vs 26, 27). Esto ocurrió por el 60 d.C.


Casi tan pronto como éste asumió el cargo, 876 los judíos le solicitaron que enviara a Pablo a Jerusalén para juzgarlo, con la intención de asesinarle en el camino. El gobernador rehusó hacerlo, pero los invitó a presentar en Cesarea sus acusaciones contra el apóstol. Así lo hicieron, pero sus cargos no tenían fundamento. Festo le preguntó a Pablo si estaba dispuesto a ser juzgado en Jerusalén. Sin duda, considerando que una orden de reiniciar el juicio en Jerusalén equivaldría a una sentencia de muerte, Pablo decidió invocar su derecho de ciudadano romano, y apeló a César (Nerón). La apelación fue aceptada, y tuvo que esperar la oportunidad de ser llevado a Roma, fuera del alcance de sus irritados conciudadanos (Hch. 25:1-12). Véase César 4.


Poco después Herodes* Agripa II, rey de los territorios al norte y al este de Judea, vino con su hermana Berenice* a hacer una visita de cortesía a Festo, el nuevo gobernador de Judea. Este les relató la historia de Pablo, tras lo cual Agripa pidió escuchar al apóstol por sí mismo. Al día siguiente fue llevado ante los gobernantes (25:13-27), y se le dio permiso de hablar.


Describió sus antecedentes, su conversión al cristianismo y sus experiencias al ser perseguido por los judíos. Cuando habló de Jesús y de su resurrección de los muertos, Festo declaró que el apóstol estaba loco.


Sin embargo, Pablo apeló con poder a las convicciones del rey, pero sin éxito aparente. Después de su defensa, los gobernantes opinaron que el prisionero hubiera sido liberado si no hubiese apelado a César (Hch. 26:1-32).


3. Viaje a Roma.


Hecha la decisión de enviar a Pablo a Roma por barco (quizás en el otoño del 60 d.C.), junto con otros prisioneros, fue puesto bajo la custodia de un centurión llamado Julio, encargado del viaje a la capital del imperio (Hch. 27:1). Durante el mismo, tuvo por lo menos 2 compañeros cristianos: Aristarco (v 2) y Lucas, el autor de Hechos, como se observa por el frecuente uso del "nosotros" en la narración. Poco después de la partida, el barco se detuvo en Sidón* (Mapa XX, C-6, línea roja Nº 4). Allí Pablo, que fue bien tratado por el centurión, recibió permiso para conversar con los creyentes. De Sidón (fig 463) el barco navegó entre la isla de Chipre y tierra firme (Mapa XX, B-5), y finalmente llegó a Mira, en Licia (vs 3-5), donde todo el grupo tomó otro navío con rumbo a Italia (v 6), lo cual hacía un total de 276 personas a bordo (v 37). Al salir de Mira tuvieron vientos contrarios, por lo que les llevó varios días recorrer menos de 320 km hasta Gnido (Mapa XX, B-4). Al fin, el barco llegó a la isla de Creta (Mapa XX, B-3/4) y con dificultad navegaron hasta un lugar llamado Buenos Puertos (vs 7, 8).


Allí debatieron un tiempo si debían seguir o no por causa de lo tardío de la estación. Pablo aconsejó no continuar, pero el piloto y el patrón de la nave querían seguir, por lo que el centurión siguió el deseo de éstos. Como Buenos Puertos no era un lugar adecuado para pasar el invierno, decidieron tratar de llegar a Fenice, más adelante en la costa de Creta (vs 9-12). En consecuencia, tan pronto como hubo viento favorable salieron de Buenos Puertos. Sin embargo, poco después se levantó una gran tempestad con un viento del este o del este noreste. Cuando encontraron un poco de reparo en la isleta Clauda (Cauda), consiguieron subir a bordo al bote, que hasta entonces había sido remolcado. Al mismo tiempo, los marineros, temiendo que el barco naufragara, rodearon el casco con sogas para reforzarlo y arriaron las velas para determinar la velocidad con que eran arrastrados, porque tenían miedo de que la nave fuera llevada a Sirte, los temidos bancos de arena cercanos a la costa norte de África (Hch. 27:13-17; Mapa XX, C-2). Al día siguiente, como la tormenta no amainaba, creyeron necesario aliviar el barco arrojando algo de la carga al mar (cf v 38).


La tempestad duró varios días hasta que perdieron toda esperanza (Hch. 27: 20). Más o menos por ese tiempo, Pablo recibió una visión en la que se le mostró que no se perdería ninguna vida y que él tendría la oportunidad de estar ante el César. Contó este incidente a sus compañeros, exhortándoles a tener buen ánimo (vs 21-26). Por fin, una noche, 2 semanas después de iniciada la tormenta, los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra. Los sondeos lo confirmaron, de modo que comenzaron a temer que la nave fuera arrojada sobre rocas. La anclaron y luego procuraron abandonarla secretamente en el bote que llevaban. Pablo advirtió que debían quedar en sus puestos si todos se querían salvar; de modo que los soldados cortaron las amarras del bote (vs 27 32). Mientras esperaban que se hiciera de día para decidir qué hacer, Pablo los instó a que comieran, señalando que habían "ayunado" por 14 días (vs 33, 34). Después que todos comieron, el barco anclado fue aliviado otra vez arrojando el trigo al mar (v 39). El amanecer reveló una tierra no familiar para los marineros, con una bahía. Decidieron tratar de llevar el navío hacia ella. Levaron las anclas, pero al llegar cerca de tierra encontraron un lugar de corrientes encontradas que arrojaron la nave sobre las rocas, donde varó. La popa se abría por la violencia 877 de las olas.


Los soldados, considerando que debían responder con su vida por la de sus prisioneros, querían matarlos para que no pudieran escapar. Sin embargo, el centurión, en un intento por salvar a Pablo no se lo permitió.


En cambio, ordenó que todos intentaran llegar a la orilla como mejor pudieran, y todos llegaron a ella son seguridad (vs 39-44). La tierra era la isla de Malta, a unos 900 km de la isla de Clauda, la última tierra que habían visto. (Un análisis de este viaje y del naufragio se puede ver en CBA 6: 446 453.) Los habitantes de la isla de Malta (fig 331) fueron muy hospitalarios y procuraron satisfacer todas las necesidades de los náufragos. Mientras Pablo reunía combustible para hacer un fuego, fue mordido por una serpiente, por lo que los malteses supersticiosos pensaron que era un gran criminal que recibía el castigo por sus crímenes.


Como no sufriera ningún daño, creyeron en cambio que debía ser algún dios (Hch. 28: 1-6). Pablo y su grupo fueron invitados a ser huéspedes de Publio, el "hombre principal" de Malta, y quedaron con él 3 días (v 7). Por las oraciones de Pablo, el padre de Publio fue sanado de disenteria.*


Cuando la noticia circuló, muchos otros enfermos vinieron y fueron sanados. Esto estimuló a los isleños a traer muchos regalos a Pablo y sus compañeros. Finalmente, después de pasar 3 meses en la isla (v 11), el grupo de náufragos zarpó para Roma, probablemente en la primavera del 61 d.C., en un barco alejandrino que había invernado allí (vs 8-11).


Después de detenerse 3 días en Siracusa, en la isla ahora llamada Sicilia, el barco salió rumbo a Regio, en el extremo sur de Italia, y luego continuó hasta Puteoli, que estaba a unos 370 km más al noroeste (Mapa XX, A-1).


En Puteoli Pablo encontró a algunos cristianos, una evidencia de la difusión del evangelio en Italia (fig 419). Después de pasar una semana con ellos, los viajeros partieron hacia Roma. Entretanto, la noticia de la llegada de Pablo al país lo había precedido, de modo que grupos de creyentes salieron a su encuentro. Se encontraron con Pablo en el Foro de Apio y en Tres Tabernas (figs 227, 434), a unos 64 y 48 km, respectivamente, de Roma sobre la Vía Apia. El apóstol quedo muy agradecido y animado por esta recepción (vs 12-15).


4. Primer encarcelamiento en Roma.


Al llegar a Roma, junto con los demás prisioneros, fue entregado al "prefecto militar" (Hch. 28:16), quizás el jefe de la guardia pretoriana (la guardia imperial con sede en Roma) a cargo de los prisioneros que apelaban al emperador. En ese tiempo, el cargo lo tenía Burrus, un hombre de buenos principios, cuya influencia refrenadora había ayudado a limitar los excesos del emperador Nerón. Pablo, tal vez por recomendación del centurión que lo había escoltado desde Cesarea, recibió permiso para vivir en una casa con un soldado como guardián personal (v 16) al que estaba encadenado (Hch. 28:20; cf Ef. 6:20; Col. 4:18). Sin embargo, se debería notar que se puede citar importante evidencia textual para la omisión de la cláusula "el centurión entregó los presos al prefecto militar" (véase CBA 6:457).


Tres días después de su llegada a Roma, Pablo invitó a los ancianos judíos a visitarlo. Después de explicarles la razón de su prisión, se pusieron de acuerdo acerca de cuándo les expondría las doctrinas cristianas. El día señalado muchos vinieron a su alojamiento para escuchar mientras "les testificaba el reino de Dios". Esta reunión duró el día entero, durante el cual las verdades que predicaba se habrán debatido ampliamente. Al final de la reunión algunos creyeron, y otros, quizá la mayoría, no las aceptaron; no estuvieron "de acuerdo entre sí", por lo que citó de Is. 6:9 y 10, reprendiendo a los incrédulos por rehusar aceptar la luz que les había llegado (Hch. 28:17-28). El libro de Hechos y el informe bíblico terminan abruptamente con la afirmación de que Pablo, todavía preso, pudo vivir 2 años en una casa alquilada (fig 439), evidentemente con un guardia, y que los visitantes lo escuchaban predicarles de Cristo (vs 30, 31).


390. La mazmorra de la prisión Mamertina en Roma. De acuero con la tradición, en este lugar estuvo prisionero Pablo.


Para el resto de la vida del apóstol dependemos de escasos datos que se encuentran en sus epístolas redactadas durante su 1º encarcelamiento en Roma, de declaraciones contenidas en otros escritos tempranos y de la tradición. De este 1º período son las epístolas a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses y a Filemón. Estas revelan que la cárcel fue una experiencia difícil para el anciano apóstol (Ef. 3:1; 6:20; Col. 4:18; Flm. 1, 9, 10). Por 878 Hch. 27:2 y Ef. 6:21 sabemos que Lucas, Aristarco y Tíquico fueron sus compañeros. También tuvo con él a Marcos, Justo, Epafras y Demas, tal vez sólo durante una parte del tiempo (Col. 4:10-12, 14; cf 2 Ti. 4:10). Epafrodito entregó la epístola de Pablo a los Filipenses (Fil. 2:25-30). Tíquico llevó la epístola a los Efesios (Ef. 6:21, 22) y, acompañado por Onésimo, la epístola a los Colosenses (Col. 4:7-9), y la que dirigió a Filemón, cristiano dueño de esclavos. Onésimo, el esclavo de Filemón que había huido a Roma, habría sido convertido por el apóstol en Roma (Col. 4:9; Flm. 10). De Fil. 4:18 sabemos que los filipenses le enviaron regalos por medio de Epafrodito.


5. Absolución y actividades posteriores.


Después de 2 años (tal vez en el 63 d.C.), Pablo fue juzgado por Nerón y absuelto. Las epístolas escritas durante este período de libertad, 1 Ti. y Tit., muestran que el apóstol realizó viajes misioneros después de su liberación. Clemente de Roma (La primera epístola de Clemente a los Corintios 5) dice que Pablo predicó tanto en el este como en el oeste.


Como el apóstol había hecho planes de ir a España (Ro. 15:24, 28), es posible que visitara ese país en este período; el Fragmento Muratoriano (c 190 d.C.) afirma que visitó España. Quizá también cumplió su propósito de visitar Filipos (Fil. 2:24) y Colosas (Flm. 22; cf Col. 4:9; Flm. 10). De 1 Ti. 1:3 podemos concluir que fue a Macedonia y a Efeso. Aparentemente también visitó Creta (Tit. 1:5), y tal vez Corinto (2 Ti. 4:20). También habría pasado un invierno (tal vez el del 65 d.C.) en Nicópolis (Tit. 3:12), en la costa occidental de Grecia.


6. Segundo encarcelamiento en Roma; su muerte.




La narración bíblica guarda silencio con respecto a los eventos que llevaron al arresto final de Pablo. Bien pudo haber sido durante la cruel persecución de Nerón a los cristianos en esa época. El apóstol era un destacado líder entre ellos y, por tanto, un blanco natural para la sádica ferocidad del emperador. Se han sugerido Nicópolis, Efeso y Troas como posibles lugares del arresto, de los cuales Troas es el más plausible (2 Ti. 4:13). Fue llevado a Roma, donde no recibió ninguno de los favores otorgados en su anterior encarcelamiento. De acuerdo con la tradición, se lo confinó en la cárcel Mamertina, en el foro romano, y fue encadenado (2:9) como un criminal común (fig 390). Se vio abandonado casi por todos (4:16; cf vs 11, 20). La última epístola que tenemos de Pablo, la de 2 Ti., fue escrita en esta época. Sin duda, cuando la escribió ya había sido llevado a juicio una vez y se había defendido a sí mismo (vs 16, 17). Aparentemente, esperaba pronto un 2º juicio, y preveía una sentencia capital (v 6). Sin embargo, animó a Timoteo a hacer todo el esfuerzo posible para visitarlo antes de su muerte (2 Ti. 4:9, 21). Los autores cristianos tempranos son unánimes en la afirmación de que Pablo murió bajo Nerón en Roma. Su ejecución, que la tradición afirma que fue por decapitación en algún lugar de la Vía Ostia, habría ocurrido no más tarde que el 68 d.C., porque Nerón murió ese año. Probablemente fue ejecutado entre el 66 y el 68 d.C. Las propias palabras del apóstol en 2 Ti. 4:7 y 8 ofrecen un epitafio apropiado para su vida y resumen el propósito de ella: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida". Así murió un hombre de capacidades y virtudes realmente destacadas.


V. Pablo, su influencia.


Como teólogo está entre los mayores de todos los tiempos, y entre los que desarrollaron los fundamentos sobre los que se construyeron las doctrinas del cristianismo. Fue un orador hábil (Hch. 17:22-31) y un escritor de prosa vigorosa, que a veces llega a ser poética (1 Co. 13). También un gran evangelizador y organizador. Sin embargo, a pesar de sus muchos dones y su elevada vocación, fue un hombre de gran humildad (1 Co. 15:9; Ef. 3:8), deseoso de no ser carga para nadie (Hch. 20:34; 2 Co. 11:9; 1 Ts. 2:9; 2 Ts. 3:8). Se destacó como un predicador con un fuerte sentido del deber y del destino (Ro. 1:14; 1 Co. 9:16, 17; Gá. 1:15, 16). Fue versátil (1 Co. 9:19-22; 10:33), optimista (1 Co. 1:4; 2 Co. 4:16-18; Fil. 1:3-6; Col. 1:3; 1 Ts. 1:2), valeroso (Hch. 9:22-29; 13:45, 46; 20:22-24; etc.); poseyó un propósito definido (1 Co. 2:2; Fil. 3:13), una mente serena (Fil. 4:11, 12; 1 Ti. 6:6-8), celo (Hch. 22:3; Gá. 1:14; Fil. 3:6) y una fe inquebrantable (Ro. 8:28, 38, 39; Gá. 2:20; 2 Ti. 1:12).


Paciencia


(gr. makrothumía, "paciencia", "firmeza", "constancia", "resistencia"; hupomone, "paciencia", "constancia", "fortaleza", "perseverancia", "firmeza").


Paciencia es la cualidad de resistir con firmeza, con la confiada expectativa de un fin deseado, a pesar de las dificultades, del desánimo y de las circunstancias desalentadoras y, a menudo, del sufrimiento. Repetidas veces los escritores del NT incluyen la paciencia en la lista de las virtudes 879 cristianas (Ro. 5:3, 4; 2 Co. 6:4; 1 Ti. 6:11; 2 P. 1:6; 2 Ti. 3:10). La paciencia se basa en la esperanza (Ro. 8:24, 25; 1 Ts. 1:3, BJ). En vista de que "a través de muchas tribulaciones entraremos en el reino de Dios" (Hch. 14:22), y particularmente por cuanto la entrada en ese reino venidero de gloria involucra un prolongado período de espera, la paciencia o constancia perseverante llega a ser una virtud cristiana cardinal (He. 10:36; Stg. 1:3, 4); paciencia que siempre nos recuerda: "Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Ro. 8:18). El término "paciencia" aparece 2 veces en el AT: en Job 6:11 traduce el heb. 'arîk, que tiene el sentido de "prolongar la vida", en Pr. 25:15 traduce el heb. 'ôrek 'appayim, "soportar con buen ánimo".


Pacto


(heb. berîth, "pacto", "convenio", "acuerdo"; gr. diathek', "testamento", "decreto", "convenio", "acuerdo", "pacto").


Término que se usa en las Escrituras para los convenios entre hombre y hombre, y entre uno o más hombres y Dios. Hablando en general, "pacto" generalmente aparece en este último sentido. Los pactos antiguos eran de 2 clases: los que se hacían entre iguales, y los que involucraban a un señor y un vasallo. En un pacto entre iguales había un acuerdo mutuo acerca de las condiciones, los privilegios y las responsabilidades (Gn. 21:32; 26:28; etc.). En un pacto entre un señor y un vasallo, un conquistador y los conquistados, entre un superior y un inferior, el señor o el conquistador especificaba las condiciones, los privilegios y las responsabilidades que competían a ambos pactantes, y el vasallo o la nación subyugada se sometía a las condiciones que les eran impuestas (2 S. 3:21; 5:3; etc.). Un acuerdo semejante a éstos fue el que propuso Senaquerib a Ezequías (Is. 36:16, 17).


Sin embargo, a través de las Escrituras el término "pacto" describe más comúnmente la relación formal que existía entre Dios, por una parte, e Israel como el pueblo escogido, por otra. Obviamente, éste no era un pacto entre iguales, sino entre el Dios infinito y el hombre finito. El Señor mismo determinó las provisiones del pacto, las dio a conocer a su pueblo y les dio la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Una vez ratificado, sin embargo, se consideraba que era obligatorio tanto para Dios como para su pueblo.


En suma, abarcaba todo lo necesario para que el plan de salvación fuera totalmente efectivo. Por su parte, Dios prometía bendecir a su pueblo, darle en posesión la tierra de Canaán, revelarle su voluntad para ellos, enviarles el Mesías y emplearlos como un instrumento escogido para convertir al mundo. Por su parte, el pueblo debía rendir obediencia implícita y cooperar con todos los requerimientos de Dios.


En una forma preliminar, este pacto fue hecho con Adán, en ocasión de la caída (Gn. 3:15), y más tarde con Noé (9:12, 15, 16). Pero llegó a ser plenamente efectivo por primera vez para Abrahán y su descendencia (1 2:1-3; 15:18; 17:1-7; etc.). Fue ratificado formalmente en el Sinaí, cuando Israel como nación prometió cumplir las demandas divinas y aceptó las promesas (Ex. 19:5-8; 24:3-8). Después de siglos de infidelidad a su compromiso de cooperar con Dios, fue liberado del pacto y se le dejó ir en cautividad como señal de que sus provisiones ya no estaban en vigencia (Jer. 11:1-16; Ez. 16; He. 8:9; etc.). Al volver del cautiverio, Dios prometió hacer "un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá" (Jer. 31:31-34). Al rechazar y crucificar a Cristo, el pueblo judío renunció al pacto y fue rechazado como pueblo escogido de Dios (Mt. 21:43). Al mismo tiempo. Dios transfirió los privilegios y las responsabilidades de la relación del pacto a su nuevo pueblo escogido: la iglesia cristiana (Mt. 21:43; Gá. 3:29; He. 8:8-11; 1 P. 2:9, 10).


El autor de Hebreos se refiere al pacto con el antiguo Israel como el "primer" pacto, o "antiguo" pacto, y al que hizo con los cristianos como el "segundo" o "nuevo" pacto (8:7, 13). Esencialmente, las provisiones, condiciones y objetivos de los 2 pactos son idénticos. La principal diferencia es que el "antiguo" fue hecho con Israel como nación, mientras que el "nuevo" se hace con los creyentes en Cristo en forma individual.


Este también es llamado el "eterno" (Gn. 17:13; He. 13:20). Se puso en operación en el Edén cuando el hombre pecó, pero no fue ratificado hasta que la sangre de Cristo fue derramada en la cruz (He. 13:20). El "antiguo" fue ratificado en el Sinaí (Ex. 24:3-8); fue, en realidad, una disposición temporaria para permitir que quienes estaban ligados por sus provisiones pudieran entrar en los privilegios y las responsabilidades del pacto "nuevo" o "eterno".


Bib.: Para los pactos antiguos véase G. E. Mendenhall, BA 17 (1954):26-46, 49-76; CBA 1:1117; 4:662, 663.


Padan-aram


(heb. Paddan zArâm y Paddan, "llanura [llano] de Aram [Siria; la altura]").


Lugar de donde procedía Rebeca (la esposa de Isaac), donde vivía Labán y donde Jacob pasó 20 años sirviéndole (Gn. 25:20; 28:1, 2, 5-7; 31:17, 18; 33:18; 35:9, 26; 46:15). En 880 Os. 12:12 se lo llama "tierra [heb. Ñâdeh, "campo"] de Aram". Como Harán estaba en esa región y significa "camino", significado compartido con el acadio padânu, se ha sugerido que Padan-aram puede ser traducido como "ruta de Aram". Véase Arameos.


Bib.: R. T. Oz Callaghan, Aram Naharaim (1948), p 96.


Padón


(heb. Pâdôn, quizá "rescate [libramiento, redención]"; ugar. Pdy; cun. Padî, el nombre del rey de Ecrón).


Cabeza ancestral de una familia de servidores del templo, algunos de cuyos miembros regresaron de Babilonia con Zorobabel (Esd. 2:1, 2, 44; Neh. 7:1, 7, 47).


Padre


(heb. zâb; gr. pater).


Término que denota diversos tipos de relacionamientos: 1. Primariamente, al progenitor masculino inmediato (Gn. 22:7; 27:22, 38; Mt. 4:21; Lc. 1:59). 2. Pero también puede indicar al abuelo (Gn. 28:10, 13). 3. Y a cualquier antepasado varón, no importa cuán alejado sea (2 R. 15:38; Jn. 8:53). 4. "Padre" también puede significar el fundador de un grupo social u profesional específico (Gn. 4:21); así Jabal "fue padre de los que habitan en tiendas" (v 20). 5. En 1 Cr. 2:51 y 52, los fundadores de las ciudades de Belén, Bet-gader y Quiriat-jearim son llamados "padres" de esas ciudades, y en 1 Cr. 4:14 un Joab es llamado "padre" de los habitantes del valle de Carisim, que significa valle "de los artífices". 6. Una persona que actuaba con bondad paternal, o como un guía o maestro, a menudo era llamada padre (Jue. 17:10; 2 R. 2:12). 7. En un sentido especial se representa a Dios el Creador como un padre (Mal. 2:10), una relación hecha explícita en la vida de Cristo (Mt. 11:26; Mr. 14:36; Lc. 22:42; Jn. 14:9). Pablo compara la regeneración espiritual con la adopción por la cual Dios llega a ser nuestro Padre espiritual (Ro. 8:15; Gá. 4:5, 6).


Padre de familia.



Término que indica al dueño de casa o cabeza de la familia. Es traducción del: 1. Heb. 'îsh, "hombre" (Pr. 7:19; en el contexto, "esposo"). 2. Gr. oikodespót's, "amo de la casa" (Lc. 22:11). Otros pasajes dónde aparece la misma idea son: Mt. 10:25; 13:52; 20:1, 11; 24:43; Mr. 14:14; Lc. 12:39; 13:25; 14:21.


Padres.



Término que, usado en plural y en sentido traslaticio e impropio, tiene el sentido de progenitores directos de los miembros del hogar. Así aparece principalmente en el NT, aunque en el AT el concepto está indicado con expresiones tales como "padre"* o "madre" (Ex. 20:12; cf Ef. 6:1). El plural hebreo para "padre" (masculino) incluye también a las madres, a menudo a los abuelos y también otros antepasados. Se dan diversas amonestaciones acerca de los deberes de los padres hacia sus hijos y viceversa: se amonesta a los hijos a obedecer a sus padres "en el Señor" (Ef. 6:1); éstos, a su vez, están obligados a proveer lo necesario a sus hijos (2 Co. 12:14), pero los hijos o nietos de una viuda deberían aprender a cuidar de ella (1 Ti. 5:4). Jesús profetizó que vendría el tiempo cuando los hijos traicionarían a sus padres creyentes (Mt. 10:21; Mr. 13:12) e, inversamente, los padres entregarían a sus hijos cristianos (Lc. 21:16).


Pablo predijo que en los últimos días los hijos serían desobedientes a sus padres (2 Ti. 3:2).


Pafos


(gr. Páfos).


Ciudad ubicada originalmente a 1,5 km tierra adentro de la costa sudoeste de la isla de Chipre. Logró fama como asiento de Afrodita de Pafos, la diosa del amor -el equivalente griego de la Astarté fenicia-, quien, de acuerdo con la tradición, había aparecido allí surgiendo del mar. Era adorada bajo la representación de una piedra meteórica cónica. Según los griegos, el templo fue fundado por los fenicios bajo Cinyras, legendario rey de Biblos, contemporáneo de Agamenón. Todos los sacerdotes del templo eran considerados sus descendientes. La ciudad antigua fue sobrepasada más tarde por un puerto, llamado Nueva Pafos, a unos 11 km de distancia, junto a la desembocadura del río Bocaro. La ciudad nueva era la sede del procónsul de Chipre en tiempos romanos. Su nombre moderno es Baffo. Todavía se pueden ver muchas ruinas del tiempo del NT. Bernabé y Pablo la visitaron en su 1º viaje misionero y tuvieron una audiencia con Sergio Paulo, el procónsul (Hch. 13:6-13).


Pagano.



Véase Gentil.


Pagiel


(heb. Pag'îzêl, "Dios salió a mi encuentro" o "encuentro con Dios").


Príncipe de la tribu de Aser durante la peregrinación por el desierto (Nm.
1:13
; 2:27; 7:72-77; 10:26).


Pahat-moab


(heb. Pajath Mô{âb, "gobernador de Moab").



1.


Jefe ancestral de una familia; habría sido gobernador de Moab, tal vez en el tiempo de David. De sus descendientes, más de 2.800 varones regresaron de Babilonia con Zorobabel (Esd. 2:1, 2, 6; Neh. 7:6, 7, 11).


Otros 200 regresaron con Esdras (Esd. 8:1, 4). Entre ellos había algunos que se habían casado con mujeres extranjeras (10:30). Un miembro de esta familia ayudó a Nehemías en la reconstrucción del muro de Jerusalén (Neh. 3:11).



2.


Hombre que puso su sello en el pacto de 881 Nehemías (Neh. 10:14), evidentemente en representación de la familia de Pahat-moab 1.


Pai


(heb. Pâ{î, "balido" o "gritería").


Otro nombre para Pau* (1 Cr. 1:50).


Paja


(heb. mathbên, teben [ár. tibn], môts, qash; gr. kárfos).


Se da este nombre a lo que queda de los tallos secos y huecos después de trillar el trigo o la cebada; al rastrojo o parte de ella que queda sobre el terreno luego de segar o cosechar; lo que queda de las espigas después de trillarlas. Se usaba paja como forraje para los animales (Gn. 24:25, 32; Jue. 19:19; 1 R. 4:28; Is. 11:7; 65:25). Los egipcios usaban paja cortada para hacer ladrillos (cf Ex. 5:7, 12, 16), un procedimiento que triplica su resistencia, como lo han podido comprobar recientes experimentos. Esto se debía en parte a la presencia de la paja misma, y también a las reacciones químicas provocadas por la descomposición de su materia orgánica. Una carga adicional se le añadió a los esclavos israelitas cuando, después de un tiempo, se les exigió que consiguieran ellos mismos la paja para hacer igual cantidad de ladrillos que antes.


Los malvados son comparados con la paja que vuela con las tormentas (Job 21:18; Sal. 1:4, BJ; Is. 17:13, BJ; etc.). Isaías describe el día cuando Israel trillaría las montañas y los montes serían como paja, lo que representaba la victoria sobre los poderes del mal (Is. 41:14-16, DHH).


Juan el Bautista comparó la destrucción final de los malvados como la quemazón de la paja (Mt. 3:12; Lc. 3:17). En Mt. 7:3-5 y Lc. 6:41, 42, se refiere a cualquier partícula pequeña de paja, madera, etc. La BJ la traduce como "brizna".


Pajarillo; Pájaro.



Véase Ave.


Pala.



El AT menciona 2 instrumentos cuyos nombres hebreos han sido traducidos por "pala" y "paleta" en español: 1. Heb. plural yâ{îm. Eran utensilios de bronce que se usaban en el tabernáculo (Ex. 27:3; 38:3; Nm. 4:14) y en el templo (1 R. 7:40, 45; 2 R. 25:14: etc.), posiblemente para poner carbones en el altar y sacar las cenizas. Una pala de bronce, de unos 56 cm, aparentemente usada con propósitos similares, se encontró en las excavaciones de Meguido. Estaba constituida por un mango largo y delgado y un extremo ancho y rectangular. 2. Heb. rajath, una pala que se empleaba en las labores agrícolas, y que era más grande que la mencionada antes (Is. 30:24). Se la usaba especialmente para aventar.


Palabra, La.



Véase Verbo, El.


Palacio


(heb. y aram. hêkâl, en principio "templo", pero se aplica al palacio; bîrâh, "fortaleza", "palacio"; ugar. hkl, un extranjerismo a través del ac. ekallum procedente del sum. EGAL, "casa grande"; gr. aule', "patio" o "palacio; praitorion).


Residencia de un rey y de su corte, incluyendo su familia. Los palacios antiguos generalmente tenían cámaras privadas (que albergaban el harén e incluían las habitaciones para el rey), edificios públicos (que contaban con la sala del trono, en el que se celebraban las audiencias o se recibían a los embajadores extranjeros), y un recinto en el que el rey aparecía en público para juzgar u observar los desfiles. Generalmente había también una tesorería y un depósito de armas, y algunos de ellos tenían una sala para banquetes. Eran estructuras sencillas, tipo fortaleza, de dimensiones modestas como el palacio de Saúl; o la aparentemente más compleja "casa de cedro" del rey David en Jerusalén (2 S. 7:1, 2; que habría sido la ciudadela de los jebuseos [5:9]); o estructuras más elaboradas como las del rey Salomón (1 R. 7:1). Véanse Gabaa 2; Pretorio.


391. Vista aérea del gran palacio de Zimri-Lim en Mari.




392. Recontrucción artística del palacio del rey Sargón II en Khorsabad.


Aunque la Biblia no nos proporciona los planos ni la apariencia general o las funciones de los edificios del palacio de Salomón (1 R. 7:1-9), las evidencias arqueológicas obtenidas de muchas ruinas palaciegas nos ayudan a reconstruirlos, hasta cierto punto. De este modo, se puede identificar con certeza razonable el propósito de varias unidades de su palacio. Por causa de sus numerosas esposas y concubinas (1 R. 11:1-3) habrá tenido un gran edificio para el harén. Además, construyó un palacio 882 separado para la más honrada de sus esposas, la princesa egipcia (7:8). Este debió haber estado junto a sus habitaciones privadas, que probablemente estuvieron detrás de la "Sala del juicio", una estructura de la que no se registran detalles, excepto que había sido terminada en cedro (vs 7, 8). La "Sala de las columnas" habría sido el recinto del trono; allí se recibían a los embajadores y se realizaban otros actos importantes. Medía unos 50 x 30 codos (25 x 15 m, aproximadamente), y tenía un vestíbulo de columnas con un dosel por delante (v 6). La "casa del bosque del Líbano", así llamada por sus 45 columnas de cedro, probablemente era la sala de armas y la tesorería (10:17, 21). Era un edificio grande, pues medía 50 x 100 codos (aproximadamente 25 x 50 m). No es seguro si había 3 hileras de 15 columnas en 3 filas paralelas, o estaban frente a 3 paredes alrededor de un patio abierto (7:2-5). Tampoco es claro dónde estaba el trono, exquisitamente adornado (10:18-20). Como la "casa del bosque del Libano" se menciona antes y después de la descripción del trono (vs 17, 21), algunos comentadores han pensado que se hallaba en este edificio, mientras que otros lo ubican en la "Sala del juicio" y la "Sala de las columnas". Las 3 últimas estructuras mencionadas, como eran edificios públicos, quizás estaban agrupadas al rededor de un patio cuadrangular, y todo ello encerrado por un muro que lo separaba de los aposentos reales y del complejo del templo. Una puerta conectaba el palacio con el área del templo (2 Cr. 23:14, 15; 2 R. 11:6, 13, 15, 16). Las excavaciones de las ciudades reales generalmente revelan sólo los cimientos de los antiguos palacios. Esto ocurrió en Nínive, Khorsabad, Cala, Mari y Babilonia, en Mesopotamia; en Tebas y Amarna, en Egipto; y en Boghazöy, una ciudad real de los hititas. La única excepción son los de Persépolis, donde muchos marcos de puertas y ventanas aún están en pie.


Otros términos traducidos como "palacio" son el heb. bêth hamelek, "casa del rey" o "palacio real"; *armôn, "ciudadela", "castillo" o "palacio" (se refiere tanto a una sección fortificada del palacio real [1 R. 16:18; 1 2 R. 15:25], como también a Sion [Sal. 48:3, 13]); bâyith, "casa"; harmôn, "palacio" (Am. 4:3); tîrâh, "campamento" o "recinto reservado" para los jefes y príncipes; 'appeden (del antiguo persa apadana), "tiendas palaciegas"; bîthân, de origen oscuro pero que equivale y es traducido como "palacio".


Palal


(heb. Pâlâl, "él ha juzgado" o "juez").


Judío que ayudó a Nehemías a reconstruir el muro de Jerusalén (Neh.
3:25
).


Palestina


(heb. Pelesheth, "tierra de forasteros", o [erets] pelisthîm, "[tierra] de los filisteos"; asir. Palastu, Pilishta y Pilistu, "el país de los filisteos").


El primer término hebreo aparece en Ex. 15:14; Sal. 60:8; 83:7; 87:4; 108:9; Is. 14:29, 31; Jer. 25:20; Jl. 3:4. En la RVR y la BJ no se traduce Palestina, sino más bien Filistea o filisteos.


Como se usa la palabra hoy, no corresponde a Filistea* sino a la parte del Asia sudoccidental cuya frontera occidental es el Mar Mediterráneo; la oriental, el desierto de Siria o de Arabia; la del norte, aproximadamente el río Leontes o Litani (Nahr el-Lîtâîn), y la del sur, el desierto de la Península de Sinaí. El nombre "Palestina" procede del tiempo de los griegos, cuando las naciones occidentales llamaron al país por el nombre de los habitantes, los filisteos, quienes ocupaban la región costera, por lo que se relacionaron más con ellos que con los israelitas, que vivían mayormente en el interior. Pero este nombre se popularizó más que ningún otro y hoy se usa casi universalmente. Desde la creación del Estado de Israel en 1948, los judíos llaman al país Eretz Israel, "Tierra de Israel", mientras que los árabes la siguen llamando Palestina, y palestinos a sus habitantes.


Sin embargo, el nombre con el que más frecuentemente se designa el país en el AT es "tierra de Canaán"* (Gn. 12:5; etc.), nombre que recibió por causa de sus habitantes originales, los descendientes del hijo de Cam: Canaán (Gn. 10:6). Sin embargo, como se lo emplea en el AT, esta tierra no se extiende hasta Transjordania, la sección al este del Jordán (Nm. 34:1, 2, 10-12; 35:9, 14). Los textos egipcios y cuneiformes escritos en Palestina y Siria durante el 2º milenio a.C. también usan el nombre "Canaán". Los antiguos egipcios asimismo conocían el país con otros nombres, uno de los cuales, "Hurru" (H3rw) deriva de los hurrianos (horeos bíblicos), un pueblo que en el período patriarcal se extendió por todo el mundo civilizado y debió haber formado un sector considerable de la población de la antigua Palestina.



I. Tamaño e importancia.


El valle del Jordán y sus lagos dividen Palestina en Occidental y Oriental. La Palestina Occidental o Canaán tiene una superficie de aproximadamente 15.500 km2, y la Palestina Oriental o Transjordania unos 10.300 km2. Combinado, todo el país cubre una superficie de unos 25.800 km2. Por tanto, las distancias son comparativamente cortas. Los escritores bíblicos, cuando 883 hablan de toda la longitud del país, con frecuencia usan la expresión "desde Dan hasta Beerseba", puesto que Dan era la ciudad más norteña de Israel, y Beerseba la más sureña. La distancia en línea recta entre las 2 ciudades no es más de 224 km. Sólo 50 km separa Acre, sobre el Mediterráneo, del Mar de Galilea; y entre Gaza y el Mar Muerto hay unos 90 km. Mapas I; II; XX, C-5/6.


393. Dos secciones de Palestina, cortadas transversalmente de oeste a este, dibujadas con una escala vertical exagerada.





II. Extremos topográficos.


Hay pocos lugares en la tierra donde en tan poca superficie hay tantos extremos de alturas y profundidades como en Palestina. La fig 393 muestra 2 cortes del país: uno a la latitud del Mar de Galilea, y el otro a la latitud de Jerusalén. Si un viajero desembarca en la costa de Palestina al pie del monte Carmelo y avanza hacia el este, inmediatamente subirá una cuesta empinada hasta el cordón del Carmelo, donde el punto más alto, cerca de su extremo sur (no aparece en la fig 393), es de unos 550 m s.n.m. Descendiendo por el otro lado del monte, por la ladera oriental, cruzaría el extremo sur de la llanura de Acre, que es apenas más alta que el mar. Luego llegaría a los montes de Galilea, y subiría y bajaría varias veces antes de llegar al Mar de Galilea, a 209 m bajo n.m., a sólo unos 56 km al este del punto de partida. Después de cruzar el lago se encontraría con otra fuerte subida antes de alcanzar la meseta de Transjordania, que se eleva hasta los 520 m s.n.m. del lago o Mar de Galilea, en sólo 5 km.


En la latitud de Jerusalén los contrastes son aún más pronunciados que en el norte. La ciudad está a menos de 64 km al este del Mar Mediterráneo, pero su altura es de unos 760 m. Mientras la región costera goza de un clima agradable y suave, Jerusalén soporta grandes diferencias de temperatura, con vientos fríos, alta humedad y una nevada ocasional en invierno. Pero a sólo 24 km al este de ella comienza el valle del Jordán, donde predomina un clima subtropical, crecen bananos y datileras y donde es posible nadar en el Mar Muerto en pleno invierno, mientras el monte de los Olivos está cubierto de nieve. Como su cumbre está a unos 790 m s.n.m. y el Mar Muerto a unos 400 m b.n.m., la diferencia de altitud entre los 2 puntos, a menos de 32 km el uno del otro, es de casi 1.220 m. Al este del Mar Muerto hay otra subida muy pronunciada hasta la Meseta de Transjordania, que está a más de 1.200 m s.n. del Mar Muerto. Como esta meseta es semidesértica, cubre grandes extremos de temperaturas entre el día y la noche. Y a menudo es muy cálido de día y muy frío de noche.



III. El valle del Jordán.


Este valle, su río y sus lagos son analizados en artículos separados, de modo que aquí sólo se darán algunos datos. El valle del Jordán* es la depresión más profunda que hay sobre la tierra. Las fuentes del río Jordán están en las laderas del monte Hermón, el monte más meridional del cordón Antilíbano. Cuatro arroyos se unen para formar el río, que después de recorrer unos 11 km llega a los 2 m s.n.m. donde antes estaba el Lago Hule, que todavía figura en los mapas, pero que ha sido drenado. En los próximos 16 km desciende unos 210 m hasta llegar al Mar de Galilea* (209 m b.n.m.), lago que tiene unos 21 km de largo y 13 km de ancho. Los siguientes 320 km (unos 104 km si 884 fuera en línea recta) el Jordán serpentea hasta llegar al Mar Muerto,* a 392 m b.n.m. Recibe varios tributarios caudalosos del este y algunos menos importantes del oeste que hacen una contribución significativa al volumen de agua que lleva el Jordán (fig 289).



IV. Palestina Occidental: sus divisiones principales.


En la región montañosa de Palestina Occidental las divisiones geográficas son: Galilea, llanura de Esdraelón, Samaria y Judea (que incluye la Sefela y el Neguev [Negev]; en la región costera están las llanuras de Acre y de Sarón, y la llanura Filistea. Mapa I.


1. Galilea.*


Galilea se encuentra entre el río Leontes (Nahr el-Lîtâîn), en el norte, y la llanura de Esdraelón en el sur. Es una región irregular, áspera y montañosa. El monte más alto, el Jebel Jermak, no citado en la Biblia, se eleva a unos 1.200 m s.n.m. La ciudad más alta de Palestina es Tsafed, en el corazón de Galilea, a unos 850 m. s.n.m. (tampoco se la menciona en la Biblia, pero la tradición judía espera que el Mesías venga de Tsafed). En el s I d.C., la población de Galilea era bastante densa; de acuerdo con Josefo, tenía unas 240 poblaciones. La parte más al norte, más montañosa, era famosa por su riqueza en olivos; la del sur era rica en granos, de modo que un incremento de 100 veces no era desconocido (Mt. 13: 8). Los montes y las colinas del sur de Galilea tienen laderas más suaves que las del norte, y el clima en ellas es algo más benigno. La zona más floreciente era la llanura al sudoeste del Mar de Galilea, donde un ambiente más cálido y una cantidad suficiente de agua producían una vegetación más abundante.


Mapas I, B-2; XVI, C-3.


2. Llanura de Esdraelón.*


Este es el nombre griego más usado para la gran llanura interior que en el AT es llamada "el valle de Jezreel" (Jos. 17: 16; Jue. 6: 33). Su denominación árabe moderna es Merj Ibn {Amir. Su límite norte está formado por los montes de Galilea, de los cuales el monte Tabor (560 m s.n.m.) es el más notable. En el sur, la llanura está limitada por los montes de Gilboa y el cordón del Carmelo. La llanura mide unos 32 km de noroeste a sudeste y unos 22 km de noreste a sudoeste, y tiene un suelo rico y fértil formado por la erosión de los montes de Galilea y de Samaria.


Dos ríos la drenan: el Cisón* hacia el oeste, y el Goliat (Nahr J~lûd) hacia el este, donde el suelo suavemente se inclina hasta llegar al valle del Jordán (fig 286).


Esta gran depresión ha sido de mucha importancia militar a lo largo de la variada historia del país. A través de esta llanura existía un camino vital de la costa hacia Transjordania, y toda vía que recorría la Palestina Occidental de norte a sur la cruzaba. Por causa de su posición estratégica había en ella una cantidad de ciudades bien fortificadas, las más destacadas de las cuales eran Jocneam, Meguido, Taanac, Sunem, Bet-sán y Rehob. Como la posesión de ellas significaba el control de las encrucijadas más vitales, todas las potencias que miraban hacia Palestina las codiciaban. La llanura alrededor de Meguido llegó a ser el campo de batalla clásico de todos los tiempos, donde pelearon ejércitos de los faraones egipcios, de los jueces, de los reyes hebreos y de los generales occidentales modernos; desde Tutmosis III de Egipto hasta el general Allenby, vizconde de Meguido, quien arrancó Palestina del Imperio Turco en 1917.


3. Región montañosa de Samaria.


Si miramos en dirección noroeste, desde la región montañosa central de Palestina, veremos el cordón del Carmelo (c 24 km de largo). La zona de montañas al este y al sur de este cordón constituye Samaria; debe este nombre a la capital del reino de Israel. No hay frontera topográfica en el sur; por tanto, su límite político se determinaba con el borde geográfico.


Esta frontera llevaba una dirección oeste-este a unos 16 km al norte de Jerusalén. Samaria no es tan accidentada como Galilea. Tiene muchos cerros y valles agradables, ricos en bosquecillos de olivos, viñas y campos fértiles que sustentan a grandes poblaciones. Los valles formaban antiguamente una red de caminos en todas direcciones, y permitían el contacto de la gente de Samaria con muchas otras naciones, pero también los exponía a frecuentes invasiones. Los montes más famosos de Samaria fueron los gemelos: el monte Ebal* y el monte Gerizim,* en el centro geográfico del país. Por causa de su ubicación central, la ciudad capital del reino del norte siempre estuvo cerca de uno de esos montes: primero Siquem, luego Tirsa y por último Samaria.


4. Los montes y el desierto de Judea.


La extensión hacia el sur de la región de montañas de Samaria está formada por el cordón montañoso de Judea, que corre en dirección norte-sur hasta que se pierde en el Neguev, que comienza al norte de Beerseba. El eje de este cordón montañoso está más cerca del valle del Jordán que del Mediterráneo, de modo que las 2/3 partes de la zona están al oeste de esta divisoria de aguas. La mayor parte de los valles al oeste son suaves y amplios, y tienen suelo fértil, mientras que los del este son demasiado abruptos para la agricultura. El único 885


394. Caída anual de lluvia en la moderna Palestina.


886 camino bueno que cruza esta zona de norte a sur, recorre las cumbres del cordón para evitar los muchos valles y quebradas. Sobre esta vía o cerca de ella estuvieron muchas de las ciudades y pueblos importantes de Judea: Ramá, Mizpa, Gabaón, Jerusalén, Belén y Hebrón. Los valles occidentales proporcionaban buenas conexiones con la costa, pero también servían como puertas de entrada para los ejércitos atacantes.


Entre los más importantes está el de Refaim, por donde corría el camino principal de la costa hacia Jerusalén, que actualmente sigue una línea ferroviaria. Otra ruta estaba más al norte e iba desde Gabaón, Bet-horón y Lod hasta Jafa. Varios valles semejantes se encuentran también en la sección sur de Judá. Antiguamente, en la mayoría de ellos se construyeron ciudades fortificadas.


La zona al este de la divisoria y al oeste del Mar Muerto y el valle inferior del Jordán es llamada en el AT "el desierto de Judá". Es una región montañosa desnuda y estéril, con profundas quebradas, valles angostos, cerros empinados, casi sin corrientes de agua y con muy poca vegetación (fig 161), aunque siempre ha habido arbustos y pastos del desierto que permitían subsistir a algunos rebaños de ovejas y cabras. Como la distancia desde el cordón montañoso hasta el Mar Muerto es de sólo 24 km en línea recta, la caída de altitud es muy pronunciada, unos 1.200 m, o sea unos 50 m por cada km. Por esta razón, no se conserva el agua en ninguna parte, sino que después de cada lluvia corre en forma torrencial hacia ese mar. En esta zona (fig 144) vivía la comunidad semimonástica de Quinrán, cuyos tesoros literarios, conocidos hoy como los Rollos del Mar Muerto, fueron descubiertos en 1947. Durante la guerra judeo-romana de los ss I y II d.C. muchos judíos huyeron a esta región y, viviendo en cuevas o en cumbres inaccesibles, se sostuvieron durante más tiempo que sus compatriotas que lucharon en otras partes del país.


5. Las Tierras Bajas y el sur.


La porción de Judea cercana a la zona montañosa en el oeste se llama Sefela o Tierras Bajas. Sus amplios valles y suelo fértil, además de una cantidad suficiente de lluvias, atrajo grandes poblaciones productoras de granos, de modo que la Sefela llegó a ser el granero de Judea, si bien al mismo tiempo muchas viñas y olivares cubrían las colinas. Para defender esta rica región y la porción hacia el interior, se fundaron muchas ciudades fuertemente fortificadas. Ya existían en el período cananeo; más tarde fueron tomadas por los hebreos. Entre éstas se cuentan ciudades bien conocidas como Laquis, Debir, Soco, Eglón, Adulam, Libna y Azeca.


Al sur de Hebrón, las colinas gradualmente descienden hacia el Neguev, el "sur", que en términos bíblicos comenzaba a mitad de camino entre Hebrón y Beerseba, y se extendía hasta Cades-barnea y hasta el "arroyo de Egipto", el Wâd§ el-{Arîsh por el oeste, y cubría una superficie de unos 10.360 km2. Una cantidad de cordones recorren la región aproximadamente de este a oeste, formando escalones que conducen desde los montes de Judea hasta el desierto de Arabia, los que constituyen barreras naturales contra el tráfico en dirección norte-sur. Por causa de estas barreras, las caravanas que iban hacia el norte o el sur evitaban esta ruta y tomaban los caminos que rodeaban el Neguev. Las lluvias de invierno producen una vegetación abundante, que crece en el suelo fértil (Sal. 126: 4), pero los veranos largos y secos matan todo lo verde que hay, de modo que la zona parece árida como un desierto. Las exploraciones recientes han mostrado que los antiguos eran muy eficientes en la conservación del agua. Construyeron diques en los valles y las terrazas, los que eran regadas con el agua conservada en cisternas y reservorios. Las ruinas de muchas poblaciones, iglesias y monasterios, demuestran que en tiempos pasados estaba mucho más densamente poblada de lo que ha estado en los últimos 1.000 años. En el moderno Estado de Israel la región del sur, llamada Negev, corresponde (aunque no coincide totalmente) con el Neguev bíblico. El nuevo Estado está tratando de repoblarla y espera, cuando traigan agua del río Jordán, volverla fértil una vez más.


6. Llanuras costeras.


La costa de Palestina, a diferencia de la de Fenicia, no tiene promontorios o bahías que se puedan convertir en puertos, excepto el cordón del Carmelo y la Bahía de Acre; sin embargo, siempre fueron una protección pobre hasta que los ingenieros británicos construyeron una escollera o rompeolas del lado de la bahía para proporcionar un lugar seguro para los barcos en Haifa. La ciudad de Dor, a pocos kilómetros al sur del Carmelo, era un lugar de llegada y salida de barcos en tiempos bíblicos, pero no tenía un puerto verdadero. Lo mismo se puede decir de Jafa (Jope), que está a mitad de camino entre el cordón del Carmelo y Gaza, y era el principal puerto para Jerusalén. Hasta los tiempos modernos no tenía rompeolas ni puerto, pero una línea irregular de rocas en el mar otorgaba cierta protección. Los barcos antiguos, pequeños, pudieron haber entrado 887 por el río Yarkon y descargado su mercadería en Tell Qasîleh, un lugar al norte de la localidad del mismo nombre del río, excavado recientemente.


Pudo haber sido en este sitio, no mencionado por nombre en el AT, donde la madera del Líbano fue descargada para el rey Salomón y para Zorobabel, y enviada a Jerusalén (2 Cr. 2: 16; Esd. 3: 7).


También la gran ciudad de Gaza, en el sur de Palestina, que está a unos 5 km de la costa, no tenía puerto, y todos los esfuerzos de los antiguos para construir uno no tuvieron éxito permanente. Gaza no debió su riqueza al comercio internacional sino a la fértil región que la rodeaba, y al hecho de que estaba sobre la principal ruta entro Egipto y Asia.


Dunas de arena de hasta 6,5 km de ancho se elevan hasta unos 45 m y separan la llanura costera del mar. Estas avanzan sobre la tierra fértil en algunas áreas, y también forman barreras para el drenaje del agua de la llanura, lo que ha dado lugar a la formación de pantanos en el norte.


La parte más importante de las llanuras costeras es la filistea, una región que los israelitas nunca poseyeron sino que estuvo en manos de los filisteos. Es una zona plana, rica, bien regada, que originalmente era campo de pastoreo. Abarca desde el Wâd§ Ghazzeh, en el sur, hasta el Nahr Rubîn ("el río de Rubén") en el norte. Tiene unos 64 km de largo y unos 24 km de ancho. El cultivo de los cítricos, que en tiempos modernos se ha introducido con éxito en la región, demuestra su fertilidad. El control del principal camino de Egipto al Asia le daba riqueza e importancia a cualquier nación que la tuviera. Tres de las 5 ciudades filisteas -Gaza, Ascalón y Asdod- estuvieron entre las mayores ciudades de Palestina durante largos períodos de su historia antigua. Mapa I, C-1.


Al norte del Nahr Rubîn estaba la pequeña llanura de Lida (Lod), un fértil jardín y la puerta de entrada al área de Jerusalén, en el interior. Con excepción de la franja costera sobre la que está Jafa, generalmente estuvo en manos de los israelitas, quienes difícilmente podían dejar este vital distrito en manos de una nación poco amiga. Sin embargo, Jafa nunca estuvo bajo el control total de los hebreos hasta que los judíos en tiempos de los Macabeos se establecieron en la región.


Al norte del Yarkon comienza la llanura de Sarón, que se extiende hasta el río Azul, el Nahr ez-Zerq~ (no confundir con el Jaboc, en la Transjordania central, que tiene el mismo nombre en árabe), que llega al mar cerca de Dor. Tiene unos 64 km de largo y unos 19 km de ancho en el sur, pero sólo un km en el norte. Posee un suelo fértil, y está bien regada, de modo que ya en la antigüedad fue alabada por su fertilidad. En ese tiempo tenía espesos bosques, "la hermosura... de Sarón", que los profetas anunciaron que se convertiría en desierto (Is. 33: 9; 35: 2). Estos bosques, y los pantanos que predominan en algunos lugares, impidieron que estuviera densamente poblada y, como resultado, las ciudades sólo se desarrollaran en la costa. Entre ellas estuvo Dor, y más tarde Cesarea.


Mapa I, B-1/2.


La franja costera está interrumpida, al norte de Dor, por el cordón del Carmelo, al norte del cual está la llanura de Aco (Acre) que se extiende por unos 32 km hasta Ras el-Naqûra (llamado Rosh Haniqra por los israelíes modernos), que señalaba el límite moderno entre Palestina y el Líbano. El río Cisón (fig 130), que desciende de la llanura de Esdraelón, cruza la parte sur de la llanura de Aco; en tiempos antiguos la irrigaba bien, pudiendo así sostener una gran población, como lo indican la cantidad de importantes tells que existen en la región. En siglos recientes se volvió pantanosa, pero ha sido drenada y restaurada a su anterior utilidad. Varios arroyos que bajan de los montes de Galilea son importantes para la agricultura de esta zona. La región costera al norte del promontorio Ras el-Naqûra pertenece geográficamente a Palestina, pero fue políticamente de Fenicia desde tiempos antiguos, y por lo tanto no se incluye en este estudio de las costas de Palestina. Mapas II, B-3.



V. El otro lado del Jordán.


Transjordania se puede dividir en 5 secciones geográficas por los siguientes 4 ríos: 1. El de más al norte, el río Yarmuk o Jarmuk (no citado en la Biblia), que separa Basán de Galaad. 2. El río Jaboc (Nahr ez-Zerq~), en el corazón de Galaad (fig 271). 3. El río Arnón (Wâd§ el-Môjib), la frontera norte de Moab (fig 39). 4. El río Zered (Wâd§ el-Hes~), que constituye el límite entre Moab y Edom. Como los diversos pueblos que vivieron en esta región ocasionalmente extendieron su influencia o fueron empujados hacia su territorio, los nombres que se dan a las varias zonas de la Transjordania definían territorios de fronteras variables. Mapas I, B-2, C-2, C/D-2.


La sección de más al norte es Basán, llamada Batanea en el período greco-romano. Su extensión es aproximadamente equivalente a la Haurán de tiempos posteriores. Su límite norte no se puede definir con precisión, pero se puede considerar una línea este-oeste a la latitud de la fuente del arroyo más oriental 888 que constituye el Jordán, cerca de la ciudad de Cesarea de Filipo del NT. La parte norte de la antigua Basán es una meseta alta, tiene muchos volcanes y su suelo rocoso no es apto para la agricultura; proporciona medios sólo para una vida nómada. La del sur contiene una antigua capa de lava en desintegración que se ha transformado en suelo fértil; pero también tiene algunas regiones de roca granítica y muchos volcanes extinguidos. La zona occidental, llamada Gaulanitis durante el período greco-romano, se conoce ahora como Jaulán.


Su mayor elevación alcanza a los 1.280 m s.n.m. Las partes más elevadas de Jaulán proporcionan buenas pasturas para los grandes rebaños que se crían allí, mientras las más bajas producen abundantes cosechas de granos. La región oriental de la meseta está a unos 600 ó 760 m de altura, aunque algunas cumbres pasan los 1.820 m. Basán estuvo densamente poblada y era conocida en tiempos bíblicos por su ganado gordo y sus enormes robles (Am. 4: 1; Is. 2: 13, DHH). Para los israelitas era un país de frontera que soportaba permanentes presiones de los arameos desde el norte y de los árabes desde el este. Mapas I, A/B-3; XVI, B-4; II, A-4; XVI, B/C-4.


La tierra entre el Yarmuk y el Jaboc es hoy llamada {Ajlûn, y abarca una región del norte de Galaad. Como tiene muchos arroyos, el {Ajlûn está bien regado y en condiciones de sostener una población mucho mayor que Basán; en consecuencia, jugó un papel más destacado en la historia de Israel que su vecino del norte. También tiene bosques, que no son tan abundantes en Palestina. Algunas zonas del país, con sus bosques de robles, se parecen a un paisaje de Europa central (fig 233). Mapa I, B-2.


El territorio al sur del Jaboc y al norte del Zered se llama ahora el-Belq~, un nombre que, según se cree, deriva del rey moabita Balac, quien en tiempos de Moisés intentó maldecir a Israel por medio de Balaam (Nm. 22). La parte noroeste de el-Belq~ era el sur de Galaad, mientras la del este del país estaba ocupada por los amonitas. La mayor elevación del norte de el-Belq~ es el "monte de Oseas", el Jebel {Osha, que tiene unos 1.096 m de altura, mientras que más hacia el sur está el monte Nebo, de unos 806 m de altura, donde murió Moisés después de haber visto desde allí la tierra prometida por primera y última vez. En la parte amonita estaba la antigua ciudad de Rabat de los hijos de Amón, que ahora es 'Ammân, la capital del reino hashemita de Jordania. Este lugar es una meseta llana algo ondulada, cuyo carácter semiárido lo hace adecuado mayormente para habitantes nómadas. Mapas I, B/C-2; I, B-2/3; II, B-3, C-3.


El territorio al este del Mar Muerto era la tierra de Moab. En tiempos de Moisés sólo la mitad del sur estaba ocupada por los moabitas, mientras que la parte norte, que ya estaba perdida para ellos fue arrancada de los amorreos por los israelitas. Sin embargo, a través de toda la historia de Israel hubo una lucha permanente con Moab por esa sección al norte del Arnón. Moab es una meseta alta casi sin árboles, adecuada sólo para criar ovejas. Su principal río es el Arnón, que ha cortado un profundo cañón a través del centro del país y que en ciertas partes tiene más de 1.220 m de profundidad. Sus enormes barrancos y rocas coloridas lo hacen un paisaje inolvidable (fig 39), lo que recuerda un tanto al gran Cañón del Colorado, en Arizona, Estados Unidos. La frontera sur moabita era el Zered (Nm. 21: 12), hoy el Wâd§ el-Hes~, otro de los valles profundos de Transjordania.


Al sur de Moab está el país de los edomitas, que se extendía hasta el Golfo de Aqaba. En esta región está la pintoresca y estratégicamente ubicada ciudad de Sela (más tarde, Petra; fig 453). Es una zona desértica, pero que posee en sus montañas recursos naturales como el cobre, que fue explotado por los reyes de Judá que se apoderaron de Edom. Al controlar varias rutas comerciales desde el desierto hacia Gaza, Egipto y Fenicia, y por cobrar pesados tributos a las caravanas que pasaban por allí, especialmente las que llevaban incienso, los habitantes de estas tierras obtenían muchas ganancias.



VI. La geología de Palestina.


Las rocas de Palestina se pueden clasificar en 3 clases generales: 1. Las así llamadas primitivas, que están debajo de todas, que incluyen gneiss y esquistos, atravesadas por intrusiones de granito y otras rocas ígneas. 2. Las sedimentarias. 3. Las ígneas más recientes, de origen volcánico. Las rocas sedimentarlas más profundas son areniscas, de textura, color y contenido que varía de lugar en lugar. Encima de las areniscas hay calizas.


Se las clasifica de diversos modos por estratos, pero toda la serie ha sido llamada cretácico-numulítica. La variación de un lugar a otro en color y contenido de las capas de una roca sedimentaría dada ha sido explicada sobre la base del cambio de corrientes (por consiguiente, del cambio de origen del material) que ocurrió en ocasión del diluvio.* Las capas de rocas ígneas cubren enormes áreas del país. Como fueron arrojadas por acción volcánica a través de fallas y otros lugares débiles en la corteza, 889 este tipo de rocas cubre grandes superficies de las otras.


El terreno de Palestina presenta el aspecto de una masa de tierra generalmente montañosa y muy perturbada, con un predominio de caliza evidente en la mayor parte del país. A lo largo de la costa oriental del Mar Muerto y en muchos lugares en la ribera este del Jordán se puede ver afloramientos de arenisca Nubia. Las areniscas también están expuestas en ciertas áreas de las laderas occidentales del Antilíbano. La formación rocosa predominante en la llanura costera filistea es una cierta arenisca calcárea, cuya metoerización ha contribuido a formar las extensas dunas de arena a lo largo de la costa mediterránea. La acción del viento empuja estas dunas hacia el interior, dificultando la agricultura en las regiones cercanas a la costa. El rico suelo aluvial de las áreas entre el Jordán y el Mediterráneo son principalmente producto de la erosión de las rocas de las tierras más altas por el viento y las lluvias. Las precipitaciones del invierno siempre añaden contenido mineral a los depósitos de los ríos, hasta el punto en que se forman pantanos cuando las corrientes, en camino al mar, se bloquean por los sedimentos. Las llanuras de Genesaret, Esdraelón y las costeras del Mediterráneo presentan ejemplos de esta acción. En muchos lugares se puede ver 2 grupos diferentes de depósitos calcáreos.


Las capas del grupo superior presentan una apariencia relativamente pareja pero varían en color, desde el blanco al pardo rojizo. Sobre esta caliza sólida están construidos la mayoría de los edificios de Jerusalén.


Estos depósitos dan al paisaje su topografía característica de colinas suavemente redondeadas, separadas por valles que ocasionalmente toman las dimensiones de una llanura. Los estratos del grupo inferior de piedra caliza es característicamente parda en las capas superiores y llenas de cavernas y otras evidencias de depósito violento. El color cambia a un gris oscuro con la profundidad, y los fósiles (mayormente los restos de vida marina) son más abundantes. De las canteras fuera de la puerta de Damasco proviene una caliza más blanda que se usó en muchos edificios de Jerusalén. En algunos lugares, las colinas de caliza están coronadas con depósitos de tiza, evidencia de depósitos blandos que una vez estuvieron muy difundidos, pero que ahora se han reducido por siglos de erosión. La quebrada por el que corre el camino de Jerusalén a Jericó corta una serie característica de depósitos calcáreos de Palestina. Véase Diluvio IV.


Hay mucha evidencia de actividad volcánica, que ha levantado zonas y ha producido actividad intrusiva y de derrame. Se encuentran grandes áreas de rocas de tipo basáltico. Al oeste del Jordán se las encuentra mayormente en las regiones de más al norte. Sobre la región sudoeste de la llanura de Esdraelón hay una zona así; otra está al norte del monte Tabor. Al este del Jordán,* desde Damasco hasta la parte al sur del Mar Muerto,* las rocas ígneas -basalto, felsita, etc.- se encuentran por sobre la caliza que está en todas partes. Hay zonas de roca basáltica encima de ésta en varios lugares a lo largo del Jordán, pero al oeste del Mar Muerto y al sur de Samaria hay poca o ninguna evidencia de volcanismo pasado.


Otras evidencias de actividad volcánica aparecen como fuentes termales en Tiberias y diversos lugares de turismo a lo largo del valle del Jordán hasta tan al sur como el Mar Muerto, alrededor del cual hay grandes depósitos de azufre, sal de roca (fig 478) y otros productos de origen volcánico, mudos recuerdos de la destrucción de las ciudades de la llanura en tiempos de Lot (Gn. 19:1-28). Es probable que en ese tiempo hubieran cambios locales de los niveles del suelo.


La gran depresión en la que se encuentran el Mar de Galilea, el río Jordán, el Mar Muerto y el Wâd§ el-{Arabah es el rasgo más notable de la geología de Palestina. La altura general sobre el nivel del mar de Palestina es considerable, pero gran parte del valle del Jordán está debajo. En el Mar Muerto, la superficie del agua está en promedio a unos 392 m b.n.m.; en algunos lugares el fondo está a unos 790 m b.n.m. Las causas de esta gran grieta o fisura (rift) han sido tema de mucha especulación entre los hombres de ciencia, pero los acontecimientos catastróficos registrados en Gn. 6:11-8: 19 sin duda fueron importantes. Esta falla es de tal magnitud que su formación debe haber sido uno de los hechos geológicos más violentos de todos. Es evidente que el valle sigue una línea de discordancia de los estratos que forman el suelo de Palestina. Se extiende hacia el sur hasta África central -recorriendo 1/6 de la circunferencia terrestre-, y a lo largo de todo el valle del Jordán hay numerosas evidencias de fracturas y fallas. Al oeste del río (el lado descendente de la falla) la masa de tierra parece haber caído, mientras que al este los depósitos acumulados antes son claramente visibles en muchos lugares. Por causa de que esta gran falla geológica abarca todo el país, Palestina siempre está en peligro de terremotos. Se han registrado muchos de ellos, y sin duda han ocurrido muchos más que no se han anotado. Mapa II. 890


El fértil suelo del valle del Jordán es el producto de la erosión de diversas rocas en las tierras más altas y la acumulación aluvial del río y de sus tributarios. El valle muestra 2 niveles diferentes, o terrazas, en la mayoría de los lugares la más elevada llega hasta los barrancos de caliza formadas por la falla. Se obtiene asfalto (Gn. 11: 3) de pozos profundos en la tierra en el extremo sur del Mar Muerto. De tanto en tanto, se encuentra algún bloque que flota en el mar. Esta sustancia, producto de grandes volúmenes de material enterrado por el diluvio, ha sufrido transformaciones que dan como resultado esa variedad de petróleo.



VII. Un país de bosques, estepas y desiertos.


Quien visita Palestina difícilmente se pueda imaginar que esta zona montañosa, árida y rocosas una vez estuvo cubierta extensamente de densos bosques de robles y árboles de hojas perennes. Sin embargo, no sólo los registros egipcios de antiguos viajeros son testimonio de este hecho, sino también los botánicos modernos, cuyas investigaciones condujeron a la conclusión de que la mayor parte de la Palestina Occidental y ciertos sectores de Transjordania estuvieron cubiertos de bosques. De éstos sólo han quedado unos pequeños restos, y únicamente en unos pocos lugares, aunque se están haciendo grandes esfuerzos para reforestar ciertas partes del país. En ellos había robles de hojas perennes, robles de hojas caducas y pinos. Donde crecían los pinos, éstos eran tan densos que no permitían crecer vegetación debajo de ellos, de modo que no había posibilidades de pastoreo entre esos árboles.


Prácticamente todos esos bosques fueron destruidos con el correr del tiempo. Esta deforestación no sólo se debió a que las naciones que se establecieron en Palestina cortaron y quemaron los árboles para disponer de tierras de cultivo y establecerse ellos mismos, sino también a los muchos ejércitos que con frecuencia invadieron el país y destruyeron bosques y quintas de frutales por igual. Como Palestina es montañosa, una vez que los árboles fueron cortados y quemados, el suelo fácilmente se erosionó en las laderas y en la superficie quedaron grandes extensiones de rocas calcáreas. Además, la cría de ovejas, y especialmente de cabras, impidió en esa región la reforestación.


395. Zonas de vegetación en Palestina.


Las zonas forestales naturales de Palestina constituyen los bordes de una amplia franja de estepa, tierra de pastizales con lluvias insuficientes para sostener bosques o árboles frutales, pero suficiente para pastos, arbustos y una producción limitada de granos. Donde el riego ha permitido que llegara el agua en esa zona esteparia, o donde el agua de lluvia se conserva en cisternas y estanques, la fertilidad es notable, por cuanto la composición del suelo de las estepas de Palestina es más o menos similar a la región de bosques. Este cinturón de pastos, de ancho variable, va desde Gaza pasando por Beerseba y sube por las laderas orientales de los montes de Judea hasta el extremo oriental de la llanura de Esdraelón.


Luego cruza el Jordán y como una franja angosta corre hacia el sur al este del Jordán y del Mar Muerto por el Wâd§ el-{Arabah, pero hace otro giro al sur de Petra. Desde all í en 891 adelante el cinturón tiene entre 24 y 40 km de ancho y sigue el borde occidental del desierto de Arabia, luego encierra Haurán, que constituye un gran sector de bosques, y finalmente abandona la Palestina Oriental en dirección al norte, algo al sur de Damasco (fig 395).


Todo lo que no pertenezca a la zona de bosques o de estepas, es desierto.


Tales regiones se encuentran al sur de Beerseba, y abarcan las laderas orientales inferiores de los montes de Judea, el valle del Jordán y el este de áreas de población sedentaria de Transjordania. Comúnmente no son sectores horizontales cubiertos de arena, sino mayormente montañosos, con suelo capaz de producir vegetación si hay agua disponible, como se puede ver alrededor de los manantiales y los pozos. Jericó es un oasis de este tipo en el valle del Jordán, que debe su exuberante fertilidad a las aguas del Wâd§ Qelt. Otro oasis es En-gadi, al oeste del Mar Muerto (fig 190). Sus aguas vitalizadoras surgen de un manantial que dio su nombre a esta antigua ciudad. El descubrimiento reciente de muchas ruinas de antiguos pueblos en el Neguev, al sur, demuestra que las áreas desérticas de Palestina son capaces de sostener una población moderada si se pudieran descubrir medios para una conservación adecuada del agua.


Las investigaciones topográficas y arqueológicas han puesto en evidencia que los palestinos primitivos escogieron la estepa y los oasis para establecerse. Por ejemplo, las excavaciones en Jericó revelaron que esta ciudad fue uno de los primeros lugares habitados del país. El clima tropical de la zona, la abundancia de agua y el hecho de que no había que talar árboles, parecían convertirlo en un lugar ideal para el establecimiento de los primeros colonizadores. Sin embargo, cuando Israel entró en Palestina, grandes sectores de tierras forestales ya habían sido talados, y existían ciudades sostenidas por la producción de las fértiles zonas vecinas. Es bien posible que los israelitas también ocuparan y talaran bosques entre las ciudades cananeas, y que los de Palestina oriental y occidental desempeñaran un importante papel en el establecimiento de los hebreos en Canaán.



VIII. El clima de Palestina.


Como Palestina pertenece al mundo mediterráneo, en gran medida comparte el clima de esa región. Sin embargo, éste varía por causa de las grandes diferencias de elevación y por la presencia de mares y desiertos muy próximos entre sí. La diferencia de más de 3.040 m entre la cumbre del monte Hermón y Jericó, a sólo 175 km de distancia, es responsable de que en el primero pueda existir una vegetación similar a la del norte de Europa, y crezcan en Jericó frutas subtropicales de la zona del Caribe. La fauna muestra la misma diversidad que la flora.


Palestina pertenece a la zona subtropical por estar comprendida entre los 31 y 33º de latitud norte. Por lo tanto, sus días duran entre 10 y 14 horas, y no son frecuentes las variaciones extremas de temperatura, excepto en el valle del Jordán. La media anual en Jafa, por ejemplo, es de 19º C, y en Jerusalén de 17º C. Rara vez sobrepasa los 32º C, y las heladas son escasas. Sin embargo, ocasionalmente se han registrado temperaturas extremadamente altas o bajas. La más alta en Jerusalén fue de 44º C, y la más baja, -4º C. En Jericó, por otro lado, está siempre cerca de los 38º C en días de verano, y ocasionalmente puede llegar a 49º C.


Los vientos predominantes vienen del oeste. Cargados de humedad, producen lluvias en invierno, y aun cuando sean secos en verano, ayudan para que las altas temperaturas sean tolerables. Muy agotador es el viento caliente del este, del desierto, llamado sirocco (palabra italiana de origen árabe) o khamsin. A menudo está acompañado por enceguecedoras tormentas de arena. El del sur puede traer consigo un calor aplastante en el verano (Lc. 12: 55). Estos 2 últimos son comunes en el período de transición del verano al invierno, o viceversa.


Las lluvias de invierno son producidas por los vientos del oeste que chocan con las montañas. Cuando el aire cargado de humedad asciende, se enfría y descarga su humedad en forma de lluvia sobre las montañas de la Palestina occidental. Después de pasar sobre ellas, desciende a la cálida y profunda depresión del valle del Jordán y del Mar Muerto. El choque del aire más fresco con el caliente de esta depresión produce tormentas repentinas de gran fuerza y velocidad. Sin embargo, los vientos occidentales más frescos se calientan allí; en lugar de producir lluvia, absorben la humedad que encuentran, la que descargan en las laderas occidentales de la meseta de Transjordania cuando asciende otra vez en su camino hacia el este. Este sencillo proceso proporciona la lluvia y la fertilidad a la Palestina Occidental por el agua que se evapora en el Mar Mediterráneo; y la lluvia en la Transjordania Occidental, por la que se evapora en el Jordán y el Mar Muerto. Sin embargo, este proceso sólo funciona en el invierno. Hay 2 factores principales: primero, las montañas de Palestina no son lo suficientemente altas como para elevar el aire caliente cargado de 892 humedad del verano hasta el punto de enfriarlo para que se forme rocío. Segundo, en verano la zona del frente polar, que en invierno produce una circulación intensa y constante hacia las orillas del mar, se mueve hacia el norte, con lo que disminuye mucho el flujo de aire cargado de humedad desde el mar en este sector.


396. Extremo meridional del Mar Muerto.


Como consecuencia, hay sólo 2 estaciones en Palestina: una seca en verano, y una húmeda en invierno. Sin embargo, éstas no se pueden comparar plenamente con los veranos y los inviernos europeos o norteamericanos. El verano en Palestina es tan cálido y seco, sin lluvias desde junio a septiembre, que toda la vegetación se marchita y todo el país da la apariencia de ser un desierto muerto. Los que nunca han estado en Palestina durante la estación lluviosa, y que ven el país por primera vez al fin del verano, no pueden creer que la tierra produzca algo, con excepción de las zonas con riego. Sin embargo, después que comienzan las lluvias el paisaje se transforma completamente. Todo el país surge a la vida de repente, y de cada grieta del suelo aparecen flores, y el pasto pardusco se vuelve verde y lozano con una velocidad increíble.


La "lluvia temprana", mencionada con tanta frecuencia en la Biblia, se produce a fines de octubre o en noviembre y ablanda el suelo lo suficiente como para que los agricultores puedan ararlo y sembrar sus campos. Son comparativamente ligeras, pero hacia fines de diciembre comienzan las precipitaciones más fuertes, que generalmente alcanzan su máximo en enero. El agua penetra profundamente en el suelo y hace crecer los cultivos, pero una buena cosecha depende de la cantidad correcta y la oportunidad de la "lluvia tardía", también mencionada con frecuencia en la Biblia (Dt. 11: 14). Las últimas lluvias de la estación se producen en marzo y comienzos de abril, y favorecen la maduración de los granos. Si en los últimos meses de lluvia éstas son escasas, puede haber cosechas pobres, aun cuando las "tempranas" lluvias hayan sido abundantes.


A pesar de la larga estación seca, Palestina goza de precipitaciones pluviales que se parecen a las de Europa occidental y América del Norte.


Jerusalén, por ejemplo, tiene un promedio anual de 52 días de lluvia, que acusan aproximadamente 630 mm de agua. Sin embargo, hay diferencias aun en Jerusalén. Como la ciudad está sobre el cordón montañoso, la parte occidental recibe unos 150 mm más que los sectores orientales.


Jafa, en la costa, tiene una precipitación anual de unos 510 mm; el valle del Jordán, unos 460 mm en el norte, pero sólo 300 mm en el sur.


Beerseba, que está cerca del desierto del sur, recibe sólo 220 mm, mientras que sectores del noroeste de Palestina reciben hasta 910 mm de lluvia (fig 394).


Una bendición en Palestina es el rocío, especialmente abundante en el verano. Es llevado por el aire cargado de humedad, que de noche llega hasta las montañas de la Palestina Occidental y deja tras sí las gotas de líquido vivificante en una estación en que cada una es bienvenida.


397. El escarpado paso de En-gadi en el desierto de judá.


En Palestina cae poca nieve, y generalmente sólo en las zonas montañosas, pero produce grandes problemas y sufrimiento en un país 893 que no está preparado para tal contingencia. Una nevada fuerte, sin embargo, ocurre ocasionalmente. El 9 de febrero de 1920 cayeron en Jerusalén cerca de 90 cm de nieve en un sólo día; y en febrero de 1950 quedó en el suelo por una semana entera. Hasta se han registrado nevadas en el mes de abril en 2 ocasiones en tiempos recientes (1870, 1940).


Palestina ha tenido suma importancia durante toda la historia del mundo, fuera de proporción con su tamaño o el valor de sus recursos naturales.


Esta se debe, en 1º lugar, a su ubicación geográfica excepcionalmente favorable; es el puente que une 2 grandes continentes, territorio que todos los grandes poderes de la antigüedad codiciaron; en 2º lugar, es la tierra santa para 3 grandes religiones del mundo: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Los adherentes de las 3 religiones han derramado mucha sangre para lograr el control de sus lugares y santuarios sagrados.


Bib.: D. Baly, The Geography of the Bible [La geografía de la Biblia] (Nueva York, 1957); Y. Aharoni, The Land of the Bible [La tierra de la Biblia] (Filadelfia, 1967); E. G. Kraeling, Rand McNally Bible Atlas [Atlas bíblico Rand McNally] (Chicago, 1956); G. E. Wright y F. V. Filson, The Westminster Historical Atlas to the Bible [El atlas histórico Westminster de la Biblia] (Filadelfia, 1956).


Paleta.



Véase Pala.


Palma.



Véase Palmo.


Palmera


(heb. tâmâr, tômer, timmôrâh; gr. fóinix).


Los eruditos están generalmente de acuerdo en que la palmera de las Escrituras es casi siempre la datilera, un árbol erecto y sin ramas, que ocupó un lugar importante en la economía y la vida diaria de la gente en Palestina. Si se cultiva en forma apropiada crece hasta una altura de 18 a 24 m y puede vivir y producir hasta los 200 años. Generalmente comienza a dar fruto al 6º año, y alcanza su madurez a los 30; llega al máximo de su producción al fin del 1º siglo. Sus hojas inferiores, largas y plumosas (llamadas a veces "ramas" en la Biblia), cuando mueren quedan inclinadas hacia abajo alrededor del tronco hasta caer, mientras salen las nuevas (eso le da el aspecto de una sombrilla). Los dátiles crecen en racimos, que pesan entre 15 y 25 kg, y constituyen un elemento importante en la dieta de algunas tribus árabes. Las semillas se muelen como forraje para los animales. Las enormes hojas de las datileras, de 1,8 a 3 m de largo, sirven para muchos usos en la economía palestina: techos, cercados, material para esteras y decoración (los árabes dicen que hay tantos usos para una datilera como días en el año). Crecen en densos bosquecillos o solitarias. Puede ser que una vez la mayor parte del valle del Jordan, desde las orillas del Mar de Genesaret hasta el Mar Muerto, haya tenido bosques de datileras, pero ahora sólo hay pocas en Palestina, excepto a lo largo de la llanura marítima de Filistea y en la región alrededor de Jericó. La casi extinción de estos árboles importantes y gráciles ha sido atribuida al descuido de su cultivo, porque todavía crecen en forman abundante en otras regiones del Cercano Oriente (figs 112, 213, 398).


398. Palmeras en Refidim, en la península del Sinaí.


En su huida de Egipto los israelitas llegaron a un bosque de 70 palmeras Elim (Ex. 15:27; Nm. 33:9), y más tarde recibieron la instrucción de Lisar hojas de ese árbol para levantar sus cabañas en la fiesta de los Tabernáculos (Lv. 23:40; Neh. 8:15). Por cuanto era tan familiar para los israelitas, fue natural que su figura se usara en el diseño del templo de Salomón (1 R. 6: 29, 32, 35) y en el templo de la visión de Ezequiel (Ez. 40; 41). Jericó fue llamada "la ciudad de las palmeras" (Dt. 34:3; Jue. 1:16; 3:13; 2 Cr. 28:15). Las hojas eran usadas en diversas celebraciones (Jn. 12:13; Ap. 7:9; 1 Mac. 13:51; 2 Mac. 10:7).


Bib.: PR 169-172.


Palmo.



Se distinguía entre: 1. Palmo mayor o "cuarta" (heb. zereth [del egip. 8r.t]).


Medida de longitud equivalente al ancho de 3 palmas (una mano abierta, desde el pulgar hasta el meñique) o a 1/2 codo* (Ex. 28:16; 39:9; 1 S. 17:4; Is. 40:12; Ez. 43:13). De acuerdo con la escala de valores adoptada por este Diccionario sería de 26,16 cm, si se usa el codo egipcio; o 22,23 cm si el codo fuera de 44,45 894 cm (el que se usó para los trabajos del túnel de Siloé). 2. Palmo menor o "ancho de una mano" (heb. teƒaj y tôfaj). Medida de longitud derivada del ancho de una mano (o palma; ancho de la base de los 4 dedos); era 1/3 del zereth o 1/6 de codo (Ex. 25:25-1; 37:12-1; 1 R. 7:26; 2 Cr. 4:5; Ez. 40:5, 43; 43:13). Medía 8,72 cm si se toma el codo egipcio, o 7,41 cm si se emplea el hebreo del s VIII a.C.


Palo.



Maza, garrote o palo de guerra. En tiempos bíblicos era una piedra alisada o bola de metal atravesadas por un palo que servía de mango. Se sabe que se empleaban desde tiempos muy remotos en todo el Cercano Oriente como un arma de guerra mortífera. En la Biblia es traducción del heb. mêƒîts (Pr. 25:18) y del heb. tôthâj (Job 41: 29). El gr. xúlon, literalmente "madera" (Mt. 26: 47, 55; Mr. 14: 43, 48; Lc. 22: 52), probablemente no era una maza sino un pesado bastón de madera que se iba ensanchando hacia un extremo (como los bates de béisbol), usada como garrote o palo para intimidar, golpear o matar. Otros términos para "palo" son matteh y shêbet. Véase Vara.


Paloma/o


(heb. yônâh; gr. peristerá).


Ave de la familia Columbidae, caracterizada por su canto lastimero (Is. 38:14; 59:11; Nah. 2:7), su disposición suave (Cnt. 2:14; etc.) y su vuelo rápido. Entre los rabinos, la paloma era símbolo de Israel como nación, pero los cristianos llegaron a considerarla una representación del Espíritu Santo, sin duda porque el Espíritu descendió "como paloma" sobre Jesús en ocasión de su bautismo (Mt. 3:16). En el tabernáculo y en el templo se usaron palomas como sacrificios (Lv. 1:14; etc.; Lc. 2:24), y se vendían en el atrio exterior del templo en tiempos del NT (Mt. 21:12; etc.). Véanse Estiércol; Tórtola.


Palomino.



Véanse Paloma/o; Tórtola.


Palti


(heb. Paltî, "liberado", "liberación de Yahweh" o "a quien Yahweh libra"; forma abreviada de Paltîzêl, Paltiel; ac. Palitu).



1.


Representante de la tribu de Benjamín entre los 12 espías (Nm. 13:2, 9).



2.


Hijo de Lais a quien Saúl dio su hija Mical, la esposa de David, después que éste huyó para salvar su vida (1 S. 25:44). Palti más tarde fue obligado a devolverla a David (véase 2 S. 3:14, 15, pasaje donde se usa el nombre más largo: Paltiel*).


Paltiel


(heb. Paltîzêl, "El [Dios] me libró" o "Dios es libertad").



1.


Príncipe de la tribu de Isacar durante la peregrinación por el desierto (Nm.
34:26
).



2.


Acerca del Paltiel de 2 S. 3:14, 15, véase Palti 2.


Paltita


(heb. Paltî).


Apelativo de Heles, uno de los valientes de David (2 S. 23:26), Eso indica, probablemente, que era nativo o habitante de la ciudad de Bet-pelet en el extremo sur de Judá. Se dice que era de origen efraimita (1 Cr. 27:10). Véase Pelonita.


Pan


(heb. lejem; gr. ártos).


Principal elemento de alimentación en Palestina. Otros artículos como la carne, las frutas y las verduras ocupaban un lugar secundario en la alimentación. El pan se hacía de cebada (Jue. 7:13; Jn. 6:13) o de trigo (Ex. 29:2; etc.). La harina era molida gruesa (Lv. 2:14, 16), normal (Ex. 29:2) o fina (Gn. 18:6). Para elaborarla se usaba un mortero o diversos tipos de molinos* de fricción. En tiempos del NT se empleaban molinos rotativos.


En Ex. 8:3 se mencionan recipientes para amasar o artesas. La forma de los panes era diferente de la nuestra, ya que generalmente parecían tortillas delgadas y planas. Había tanto panes con levadura (12:34) como sin ella (Gn. 19:3). Estos últimos tenían importancia en la celebración de la Pascua, cuando durante 7 días se debía comer pan sin levadura (Ex. 13:6, 7; Lv. 23:5, 6). El pan de la proposición* era un elemento destacado en el servicio del tabernáculo y del templo (1 Cr. 9:32; 2 Cr. 13:11; Neh. 10:32, 33; etc.). Jesús escogió el pan quebrado como un símbolo de su cuerpo quebrantado en la ceremonia que debía conmemorar su muerte (Mt. 26:26; etc.). Véanse Cena del Señor; Horno; Pan, partir el.


Pan, Partir el.



Expresión que se usa en la Biblia en relación con la partición del pan que se realizaba en la celebración de la Cena del Señor (Mt. 26:26; Mr. 14:22; Lc. 22:19; 1 Co. 11:24), y también para el partimiento del pan en comidas corrientes (Mt. 14:19; 15:36; Mr. 8:6, 19; Lc. 24:30, 35). En Hch. 2:42, 46 y 20:7 el término se puede aplicar a una comida comunitaria o a la participación en la Cena del Señor o a ambas. De acuerdo con 2:46 el pan se partía diariamente, pero Cristo no estableció momentos específicos para observar esta ceremonia.


Pan de la proposición.


(heb. ma{areketh, "[pan de la] colocación"; ma{areketh lejem y lejem hamma {areketh, "pan colocado"; lejem happanîm, literalmente "panes de la cara" o "panes de la presencia"; gr. h' próthesis tón ártÇn, "hogazas que se presentan delante" [de Dios; He. 9: 21]).


Pan sin levadura colocado permanentemente sobre la mesa de los panes de la presencia en el santuario* (Ex. 25:30; Lv. 24:5-8; 1 R. 7:48). Aunque la Biblia no aclara si este pan era leudado o no, Josefo afirma que no se usaba levadura en su preparación. 895 Eran 12, que se cambiaban cada sábado. Puesto que se consideraban sagrados, los que retiraban los sacerdotes los comían "en lugar santo" (Lv. 24:5-9). Los panes constituían una perpetua manifestación de acción de gracias a Dios por parte de las 12 tribus, por las bendiciones que recibían a diario de él. En el cp 24:5 y 7 se dieron instrucciones definidas para la preparación y el uso de los panes de la proposición. Cada pan se hacía con unos 4 cuartos de harina, como en el caso de la oblación (cp 2:1) y, en algunas circunstancias, como la ofrenda para expiación (cp 5:11). Algunos levitas coatitas preparaban los panes y los ordenaban (1 Cr. 9:32). En el templo de Salomón había varias "mesas de los panes de la proposición", que eran 10 (1 Cr. 28:16; cƒ 2 Cr. 4:8, 19), aunque por lo común se encuentra sólo la palabra "mesa" para referirse a ellas (1 R. 7:48). Posiblemente, aunque eran varias, se las consideraba como si fueran una sola (2 Cr. 13:11; 29:18). Sobre la ubicación de la mesa véase el cuadro de la p 1124.


Bib.: FJ-AJ iii.6.6.


Pan mojado


(gr. psÇmíon, "un pedazo [pequeño] de pan").


Desde tiempos inmemoriales ha sido una manifestación de cortesía entre los orientales que el anfitrión moje un pedazo de pan en el plato, que se encuentra en el centro de la mesa, y se lo dé a uno de sus invitados. Sin embargo, en las tierras de Oriente, incluso hasta hoy, una persona evita comer con alguien de quien quiere obtener una ventaja. Que Judas haya aceptado el bocado que le dio Jesús, lo ubica fuera del ámbito de la respetabilidad (Jn. 13:26, 27, 30).


Panag


(heb. pannag).


Clase de alimento (Ez. 27:17); no identificado. La BJ sencillamente lo translitera: "cera" (pero corrigiendo el hebreo: dônag).


Panal.



Véase Miel.


399. Mujeres egipcias tocando panderos.




Pandero


(heb. tôƒ).


Especie de tambor de mano (Ex. 15:20; Jue. 11:34; 1 S. 18:6; etc.). Véanse Tamboril; Tamborín.


Panes sin Levadura, Fiesta de los.



Los 7 días de fiesta relacionados con la Pascua (Lv. 23:5-8), que a veces se consideraban parte de ella (Lc. 22:1, 7). Las instrucciones originales para la observancia de la cena pascual incluían la abstinencia en las casas de los hebreos del consumo de la ingestión o pan leudado, desde la puesta de sol del 14 de Nisán (el día cuando se sacrificaba el cordero pascual) hasta la puesta de sol del 21 de ese mismo mes (Ex. 12:8, 18-20). Más tarde se introdujo la costumbre de practicar una búsqueda para constatar que no quedara levadura alguna en el ámbito del hogar el día 14. El 15, un día después de la Pascua, era el primer día de la fiesta de los Panes sin Levadura, y un sábado ceremonial, día de reposo y de "santa convocación" o reunión; al siguiente ("pasado el sábado", RVR 1977), el 16, se realizaba una ceremonia que consistía en mecer una gavilla -las primicias de la cebada- que señalaba el comienzo de la temporada de la cosecha (Lv. 23:10-14). Este requisito de la "gavilla mecida" obligó a los judíos a ajustar su calendario lunar, de manera que concordara con las estaciones del año.* El último día de la fiesta de los Panes sin Levadura, el 21º del mes, era como el 15, un sábado* ceremonial (vs. 7, 8).


Panfilia


(gr. Pamƒulía, [de] "todas las tribus [razas]").


Territorio costero en el sur del Asia Menor y provincia romana en tiempos del NT. Los países limítrofes eran Licia, Pisidia y Cilicia. En una época la zona perteneció al reino de Lidia, luego pasó sucesivamente por manos de persas, seléucidas y el reino de Pérgamo. Después que Pérgamo llegó a ser una provincia romana (133 a.C.), Panfilia se unió con Cilicia por algún tiempo. Más tarde, perteneció brevemente al reino de Amintas, de Galacia.


Bernabé y Pablo pasaron por allí 2 veces durante su 1º viaje misionero (Hch. 13:13; 14:24-26; 15:38). En ese tiempo era una provincia romana (con Licia) y tenía como administrador a un procurador. Los judíos de Panfilia estuvieron entre los testigos del milagro de Pentecostés en Jerusalén (2:5, 10). Mapa XX, B-5.


Pantano


(heb. bitstsâh).


La única vez que aparece esta palabra en la RVR es en Ez. 47:11, pero en hebreo se encuentra también en Job. 8:11 (NBE; RVR, "lodo") y 40:21 (DHH; RVR, "lugares húmedos").


Paño; Pañuelo.



Véase Sudario.


Papel.



Término que aparece sólo en 2 Jn. 12 como 896 traducción del gr. járt's, una hoja o rollo de papiro.* Véase Escribir, Materiales para escribir.


Papiro


(heb. gômez).


Planta alta que fue abundante a lo largo del Nilo. La palabra generalmente se traduce por "juncos" en la RVR. Su extremo superior en forma de abanico aparece en diseños egipcios y es un símbolo del Bajo Egipto. Sus tallos, atados en manojos se usaban para hacer botes (Is. 18:2) similares a los que surcan el Lago Titicaca, del altiplano peruano-boliviano. Con ellos se fabricaba una especie de papel. El término "papiro" se aplicaba a este material y también (frecuentemente en plural) a los documentos escritos sobre ellos, como el Papiro Nash de un texto bíblico o los papiros judíos de Elefantina, Egipto, del tiempo de Nehemías (figs 165, 179, 400, 409, 448). Véanse Escribir, Materiales para; Patros.


400. Papiro en crecimiento frente al Museo de El Cairo.




Pará


(heb. Pârâh, "ternera [novilla]").


Pueblo en el territorio de Benjamín (Jos. 18:21, 23), identificado con Khirbet el-Fârah, a unos 11 km al noreste de Jerusalén.


Parábola


(heb. mâshâl [de una raíz sem. que evoca la idea de "efigie", "representación"], "símil", "comparación", "proverbio"; gr. parabole, literalmente "[poner algo] al lado de otro [para comparar]", "tipo", "figura [símbolo]", "ilustración", "parábola"; y términos relacionados como paroimía, "alegoría",* "proverbio"*, y áinigma, "enigma"*).


En español, "parábola" es una composición literaria en la que una narración breve, real o ficticia, ilustra una verdad moral o espiritual, Una parábola es un símil largo, en el cual se afirma o se implica que una cosa es "como" otra. Teóricamente, difiere de una alegoría, que es una metáfora larga, en la que una cosa se dice que "es" otra, La afirmación de que el Espíritu descendió como una paloma (Mt. 3:16) es un símil, pero el relato que compara "el reino de los cielos" con un tesoro escondido (13:44) es una parábola. En forma semejante, la afirmación: "Vosotros sois la sal de la tierra" (5:13) es una metáfora, pero la larga referencia de Jesús a sí mismo como "la vid verdadera" (Jn. 15:1-8) es una alegoría. En contraste, una fábula es una narración fuera del mundo real, que generalmente atribuye atributos humanos -como inteligencia, lenguaje y acciones- a objetos inanimados o plantas y animales. En los Evangelios, una parábola es generalmente una narración "puesta junto" a cierta lección espiritual como comparación. En el uso bíblico, puede ser también una afirmación breve y medulosa de la verdad (Mr. 3:23, 27). Estas distinciones teóricas no se observaban siempre en la antigüedad, y todas esas formas literarias se podían llamar mâshâl o parabole.


La enseñanza por parábolas era popular en los días de Cristo. Las de los rabinos son numerosas en la literatura judía de Palestina, aunque este género literario no parece haber sido cultivado fuera de ella. Llegaron a ser bastante estereotipadas, y generalmente tomaban la siguiente forma: 1. El punto que se debía ilustrar, generalmente un texto bíblico. 2. Una fórmula introductoria como: "Te diré una parábola. ¿A qué se asemeja el caso? Es como... " 3. El relato. 4. Una aplicación, generalmente iniciada con la palabra kak, "así". La siguiente es una parábola rabínica típica relatada por un rabino galileo para ilustrar Ex. 14:5: "Una parábola. ¿A qué se asemeja el caso? Es como uno a quien le tocó como herencia una parcela de tierra pero la vendió por una bagatela. El comprador abrió pozos en ella, y plantó jardines y árboles y huertas. El vendedor comenzó a ahogarse lamentándolo. Así le ocurrió a los egipcios, que dejaron salir sin darse cuenta de lo que dejaban salir".


Jesús usó y perfeccionó las parábolas en forma tan amplia y efectiva que llegaron a identificarse con su método de enseñanza. Aunque las de los rabinos tenían la intención de reforzar los valores convencionales de los fariseos, las de Jesús a menudo dan la impresión de que intencionalmente invertían esos valores en forma dramática. Para apreciarlo, sólo necesitamos comparar la parábola de Jesús acerca de los obreros de la viña (Mt. 20:1-16) con la parábola rabínica correspondiente (Continúa en la página 900.)


897


LAS PARÁBOLAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


898


LAS PARÁBOLAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


(Cont.) 899


LAS PARÁBOLAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


(Cont..)


900 (Viene de la página 896.) que se contaba para ilustrar Lv. 26:9: "Cuentan una parábola. ¿A qué se asemeja el caso? Es como un rey que contrató a muchos trabajadores. Y junto con ellos había uno que había trabajado para él muchos días. Todos fueron a recibir el pago por el día, y este obrero fue. El rey le dijo: 'Tendré consideración por ti. Los otros, que trabajaron para mí sólo un poco de tiempo, recibirán una paga pequeña. Pero tú tendrás una recompensa mayor'. Así, tanto los israelitas como las naciones del mundo buscan su paga de Dios. Y él dirá a los israelitas: Hijos míos, tendré consideración por ustedes. La gente del mundo ha realizado muy poco para mí, y les daré una recompensa pequeña. Ustedes, sin embargo, recibirán una grande".


Como las parábolas de los rabinos, las de Jesús se basaron generalmente en hechos comunes de la vida diaria y, con frecuencia, en incidentes recientes o en escenas que estaban a la vista mientras hablaba.


La narración misma era generalmente sencilla y breve, y su conclusión tan evidente que no dejaba dudas (Mt. 21:40, 41), aunque a veces necesitaba una explicación (13:18-23). En el caso de Cristo, la parábola era un puente mediante el cual conducía a sus oyentes por un camino agradable y familiar, de donde estaban a donde él quería que estuvieran, de lo conocido a lo desconocido, de los hechos concretos a las verdades abstractas, de lo visible a lo invisible, de lo terrenal a lo celestial. Era una ventana a través de la cual los invitaba a contemplar escenas de verdad celestial. Por medio de sus parábolas. Jesús llamó la atención de los hombres, despertó su interés y estimuló la investigación. A menudo, como en la parábola de los 2 hijos (21:28-31), impartía verdades no deseadas, grababa un mensaje importante que la gente escuchaba con gusto y, algunas veces, daba un veredicto contra sí misma antes de descubrir que se estaba condenando. Al enseñar por parábolas, Jesús impedía que los espías que lo seguían incansablemente tuvieran algo de qué acusarlo.


Sería muy difícil condenarlo por sólo relatar buenas historias. Las parábolas tienen la cualidad paradojal de revelar la verdad a los que están dispuestos a recibirla, y al mismo tiempo esconderla de quienes la rechazan. También creaban en las mentes de sus oyentes impresiones duraderas, que serían renovadas e intensificadas cada vez que las escenas mencionadas en ellas volvían a la mente o se presentaban ante la vista.


Cuando se trata de interpretar las parábolas se debe saber qué lección quería ilustrar el que las presenta, y no leer en ella más de lo que era su intención. A menudo, la explicación acompaña a la parábola (Lc. 7:41-47; 11:11-13), o está implícita en el contexto (16:19-31; cf vs 13-17). Las circunstancias, las personas presentes, o el problema que se estaba discutiendo con frecuencia ofrece la clave para la interpretación. Antes que su significado en el ámbito espiritual pueda quedar claro, es necesario comprender la narración en el marco de las costumbre y maneras orientales de pensar y expresarse (Mt. 25:1-13; etc.). Una parábola es una figura vívida de lenguaje, que se debe ver nítidamente antes que se pueda comprender con claridad la lección. En vista de que una parábola tiene el fin de ilustrar la verdad, y generalmente una verdad en particular -implícita o explícita en el contexto-, los detalles incidentales del relato únicamente son importantes por su contribución a la clarificación de esa verdad, y a menudo sólo sirven para completar la narración. Por lo tanto, no se les debe asignar un significado oculto, ni deben servir de base para puntos doctrinales.


Las listas de las parábolas de Jesús a menudo difieren, porque no todos los comentadores están de acuerdo acerca de qué ilustraciones se deben incluir como tales. La longitud es una consideración importante (Mt. 5:14, 15), pero algunos relatos que siempre se consideraron parábolas son muy breves (13:44-48). Otro factor es si las ilustraciones alegóricas, como las de Jn. 10:1-6 y 15:1-8, en sentido estricto, deben ser consideradas como aquéllas. En la tabla de las pp 897-899 se enumeran, clasifican y analizan 40 de las parábolas más importantes de Jesús.





















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