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miércoles, 2 de marzo de 2011

Mizar - Mula. DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 



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EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA


Mizar - Mula


Mizar


(heb. Mits'âr, "pequeño").


Monte, colina o cumbre al este del Jordán, probablemente cerca del monte Hermón (Sal. 42:6); no identificada.


Mizpa


(heb. Mitspâh y Mitspeh, "atalaya").



1.


Montículo de piedras o majano erigido por Jacob en los montes de Galaad como monumento del pacto hecho entre Labán y él, también llamado Galaad, "majano del testimonio". Este indicaba simbólicamente que Dios vigilaría entre las 2 partes (Gn. 31:45-49). Posiblemente Mizpa 5. Véase Galaad 1.



2.


Lugar mencionado en Jos. 11:3 como la "tierra de Mizpa". Es muy probable que sea idéntico con el "llano de Mizpa" de Jos. 11:8. Generalmente se lo busca cerca de las faldas sudoccidentales del monte Hermón, pero no se ha determinado su ubicación exacta. Mapa VI B-4.



3.


Ciudad en la Sefela de Judá, cerca de Laquis (Jos. 15:38); no identificada.



4.


Ciudad de Benjamín en la vecindad de Ramá (Jos. 18:21, 26; 1 R. 15:22). A veces fue el lugar de reunión de las tribus de Israel (Jue. 20:1-3; 21:1, 5-8; 1 S. 7:5, 6; 10:17). El rey Asa fortificó Mizpa y Geba contra Israel con el material de construcción que Baasa había reunido en Ramá para reforzar las fortificaciones de esa ciudad (1 R. 15:21, 22; 2 Cr. 16:6). Mizpa fue elegida por los babilonios, después de la destrucción de Jerusalén (586 a.C.), como el asiento administrativo de la provincia de Judá y ciudad de residencia de Gedalías (gobernador designado; 2 R. 25:21-23; Jer. 40:6-10). Habitada otra vez después del exilio, algunos de sus habitantes participaron en la reconstrucción del muro de Jerusalén bajo Nehemías (Neh. 3:7, 15, 19). Su ubicación ha sido tema de grandes discusiones entre los eruditos. Se han sugerido varios sitios, de los cuales los 2 principales son Neb§-Samwîl, a unos 7 km al noroeste de Jerusalén, y Tell en-Natsbeh, a unos 13 km al norte de Jerusalén en el camino a Siquem.


Este último sitio parece tener más puntos a favor que Neb§-Samwîl. Fue excavado bajo la dirección de W. F. Badé, desde 1926 hasta 1935. Se descubrió un sólido muro israelita (fig 417) y también muchas cisternas (fgs 356, 357). Mapa VI, E-3.


356. El monte en ruinas del Tell en-Natsbeh, probablemente la antigua Mizpa 4.




357. Reconstrucción artística de Mizpa 4, basada en los resultados de las excavaciones en Tell en-Natsbeh.




5.


Pueblo en Galaad, hogar del juez Jefté (Jue. 10:17; 11:34), llamado Mizpa de Galaad (11:29). Probablemente era idéntico a Ramatmizpa,* también conocido como Ramot de Galaad* o Ramá.* Ramot fue asignada a los levitas como ciudad de refugio (Jos. 21:38), y fue un distrito cabecera en tiempos de Salomón (1 R. 4:13). Israel y Damasco pelearon batallas sangrientas por la posesión de esta ciudad, aparentemente importante (1 R. 22:3-36; 2 R. 8:28, 29). Se la ha identificado con Tell er-Rumeith, a unos 7 km al este de Ramtha. Las excavaciones del lugar fueron dirigidas por P. Lapp en 1962 y 1967, y sacaron a luz restos desde el tiempo de Salomón hasta el de Tiglat-pileser III. En el reinado del primero se construyó una fortaleza pequeña. Los sirios de Damasco la destruyeron cuando conquistaron la ciudad en 1ª mitad del s IX a.C.; luego fue reconstruida.


Experimentó varias destrucciones y reconstrucciones más en los siguientes 150 años. Algunos lo han identificado con Mizpa 1. Mapa VI, C-5 o D-4.


Bib.: P, Lapp, RB 70 (1963):406-411; 75 (1968):98-105.



6.


Lugar en Moab (1 S. 22:3); no identificado.


Bib.: C. C. McCown y otros, Tell en-Natsbeh, 2 ts (Berkeley, CA, 1947); M. Broshi, EAEHL III:912-918.


Mizraim


(heb. Mitsrayim, "Egipto" o "tierra roja").


Segundo hijo de Caro (Gn. 10:6, 13) y antepasado de los egipcios. La palabra hebrea es de forma dual, lo que probablemente apunta a los 2 países de Egipto, el Egipto Inferior y el Superior, que fueron unidos por los reyes de la 1a dinastía. Véase Egipto. 795


Mnasón


(gr. MnásÇn, "que recuerda [recordando]"; documentado en muchas inscripciones gr.).


Natural de Chipre y discípulo cristiano temprano, en cuya casa Pablo fue huésped en Jerusalén (Hch. 21:16).


Moab


(heb. Mô'âb, "de su padre"; Piedra Moabita, M'b; cun. Ma'aba, Ma'ab y Mu'aba; jeroglíficos egip., Mib).


El nombre parece ser una combinación de (= min, "de") + 'âb ("padre"), con lo que se hace referencia al hecho de que el antepasado de la tribu nació de un incesto.



1.


Hijo de Lot con su hija mayor (Gn. 19:30-37).



2.


Nación de los moabitas;* los descendientes de Moab. Eran una nación hermana de los amonitas (Gn. 19:37, 38), y ambos parientes lejanos de los israelitas, ya que Lot, el padre de Moab, había sido sobrino de Abrahán (12:5).


La tribu se desarrolló en la Transjordania del sudeste, donde Lot habría vivido después de la destrucción de Sodoma. Cuando fueron lo suficientemente fuertes desplazaron a los emitas y ocuparon su territorio (Dt. 2:9-11) desde el Arroyo Zered (Wâd§ el-Hes~), que entra al Mar Muerto en el extremo sur, hasta los "campos de Moab" (Nm. 22:1), que estaban al noreste del Mar Muerto. Sin embargo, poco antes de la llegada de los israelitas, Sihón, un rey amorreo, tomó de Moab el territorio al norte del Arnón (Wâd§ el-Môjib) y estableció su capital en Hesbón (21:13, 26-30). Moab entonces se extendía desde el Zered hasta el Arnón, Mapa VI, F-4.


Cuando los israelitas llegaron a la frontera sur de Moab, pidieron permiso para cruzar el país, pero se les negó (Jue. 11:17). Como los edomitas, los moabitas y los amonitas estaban emparentados con los israelitas, no se le permitió a Moisés atacarlos o tomar partes de sus países (Dt. 2:4, 5, 9, 18, 19). Sin embargo, Balac, el rey de Moab, se alarmó cuando los israelitas conquistaron el territorio del rey Sihón, con lo que llegaron a ser sus vecinos del norte. Temiendo no poder enfrentarlos con éxito por las armas, alquiló a Balaam con la esperanza de debilitar a los hebreos mediante maldiciones. Por intervención divina, éstas se transformaron en bendiciones. Más tarde, por consejo de Balaam, los moabitas sedujeron a los israelitas a participar de la licencia sexual y la idolatría (Nm. 22-25). Por esta causa, fueron excluidos de la congregación de Israel hasta la 10ª generación, e Israel recibió la orden de mantenerse apartados de ellos (Dt. 23:3-6; Neh. 13:1,2).


Durante el período temprano de los jueces, los moabitas, bajo el rey Eglón, invadieron Canaán occidental, tomaron posesión de Jericó la "ciudad de las palmeras", y oprimieron al pueblo de Israel durante 18 años. Al final de ese período, Aod, un benjamita, asesinó a Eglón en su palacio, empujó a sus súbditos hacia el este y libertó al pueblo (Jue. 3:12-30). Más tarde, durante los jueces, cuando un hambre azotó la Palestina occidental, Elimelec, ciudadano de Belén, se mudó a Moab, donde sus 2 hijos se casaron con mujeres del país: Orfa y Rut. Después que los 3 hombres murieron, Noemí, la esposa de Elimelec, regresó a Belén con Rut, donde ésta llegó a ser la esposa de Booz y, con ello, antepasada de David, y por éste de Jesús (Rt.1-4). Saúl tuvo dificultades con los moabitas y peleó con éxito contra ellos (1 S. 14:47). Cuando persiguió a David, el rey de Moab protegió a sus padres (22:3, 4), posiblemente un pariente lejano de los antepasados de Rut. Sin embargo, luchó contra los moabitas después que fue rey (2 S. 8:2, 11, 12; 1 Cr. 18:2, 11), y quizá recibió tributos del país.


Luego de la división del reino unido, parece que Moab aprovechó la debilidad de Israel para reconquistar cierta independencia. Sin embargo, Omri, un rey fuerte, los subyugó una vez más y los obligó a pagar un alto impuesto anual (Piedra Moabita,* líneas 4-8; 2 R. 3:4). Después de la muerte de Acab, Mesa, rey de Moab, se rebeló contra Israel (2 R. 1:1; 3:4, 5).


Probablemente poco después de este evento, Joram de Israel hizo un intento de recuperar su dominio sobre el país. Indujo a Josafat y al rey de Edom (de quien no se da el nombre) a unirse con él en la campaña.


Aunque los ejércitos aliados derrotaron a sus enemigos en la batalla, invadieron su territorio, destruyeron muchas ciudades y sitiaron la fortaleza de Kir-hareset (Kerak), regresaron a su tierra poco antes de una victoria decisiva (3:6-27). Aparentemente, por ese tiempo, el rey Mesa extendió su frontera hacia el norte y ocupó mucho territorio de Israel, como sabemos por la Piedra Moabita. Hacia el fin del reinado de Josafat, los moabitas junto con los amonitas y los edomitas invadieron Judá. Sin embargo, Dios hizo que se destruyeran unos a otros, de modo que Josafat, rey de Judá, sólo tuvo que recoger los despojos (2 Cr. 20:1-30). Grupos moabitas devastaron partes de Israel durante el tiempo de cosecha después de la muerte de Eliseo (y tal vez también antes; 2 R. 13:20). Estas incursiones probablemente ilustran su hostilidad hacia sus vecinos hebreos. Nuevas invasiones contra Judá se registran en tiempos del rey Joacim (24:2). Los profetas denunciaron severamente a esta 796 nación hostil (ls. 15; 16; 25:10; Jer. 9:25, 26; 25:17, 21; 48:1-47; Ez. 25:8-11; Am. 2:1, 2; Sof. 2:8-11).


Sin embargo, algunos de los judíos encontraron refugio en Moab cuando su país fue devastado por Nabucodonosor y regresaron después del nombramiento de Gedalías como gobernador (Jer. 40:11, 12). Los moabitas son mencionados en forma tan convencional y ambigua en los libros postexílicos del AT, que es difícil decir si por entonces existían como nación. Mapas VII, E/F/G-4; VIII, F-4; IX, E/F/G-4.


358. Vista a vuelo de pájaro de las montañas situadas al sur de Moab.


Durante el período del Imperio Asirio, cuando prácticamente toda Siria y Palestina le estaban sometidas, Moab también fue su vasallo, y se lo menciona con frecuencia en los registros asirios pagando tributos. Figuran los nombres de los siguientes reyes moabitas: bajo Tiglat-pileser III (745-727 a.C.) el rey Salamanu de Moab; bajo Senaquerib (705-681 a.C.) el rey Kammusunadbi (ANET 287); y bajo Esar-hadón (681-669 a.C.) y Asurbanipal (669-627? a.C.), los reyes Musuri y Kamashaltu . Cuando Babilonia se apoderó del reino asirio, también incorporó Moab a su territorio. Durante el dominio de los persas hubo un ingreso de árabes en él, con el resultado de que los habitantes eventualmente perdieron su identidad y se confundieron con los árabes nabateos, formando parte del reino nabateo en tiempos de Cristo. Después del 105 d.C., el antiguo territorio moabita fue parte de la provincia romana de Arabia. Mapas X, E/F/G-4; XI, C-4; XVI, F-4.


Su religión era politeísta, y su dios principal, Quemos (Jer. 48:13), cuyo nombre aparece en la Piedra Moabita (líneas 3, 5, 9, etc.) y en nombres personales como Kammusunadbi y Kamashaltu, ya mencionados. En Nm. 25:3 y en otros pasajes se menciona a Baal de Peor, presumiblemente un dios local. El nombre de la diosa Astar también aparece en la Piedra Moabita;* y la estela de Balu'a, descubierta en Balu'a, muestra un dios similar a una deidad egipcia. Que ocasionalmente ofrecían sacrificios humanos a sus dioses está documentado en 2 R. 3:27. Su lengua estaba estrechamente emparentado con la hebrea, y había sólo variaciones de dialecto con el hebreo bíblico, como lo muestran las inscripciones de la Piedra Moabita. Mapa VI, F-4.


Bib.: ANET 282, 291, 294, 298; FJ-AJ x.9.7.



3.


Campos [estepas, llanos] (heb. Ñ'dêh ['arbôth] Mô'âb) que forman parte del valle del Jordán. Está entre las montañas de Transjordania y el río Jordán, al noreste del Mar Muerto, frente a Jerico (Nm. 22:1; 26:3, 63; 31:12; 33:48-50; 35:1; 36:13; Dt. 34:1, 8; Jos. 13:32). Recibió su nombre quizá por el hecho de que había sido parte de Moab antes que el rey amorreo Sihón se apropiara de ellos (Nm. 21:26). Mapa I, C-2.



4.


Ciudad (heb. 'îr Mô'âb) mencionada en Nm. 22:36 como el lugar donde Balac, rey de Moab, se encontró con Balaam, que había venido para maldecir a Israel. En otras referencias se la menciona como "la ciudad que está en el valle" o "la ciudad que está en medio del valle" (Dt. 2:36; Jos. 13:9, 16; 2 S. 24:5). Como los hijos de Israel aparentemente se acercaron a ella durante su peregrinación por el desierto alrededor de Moab, generalmente se la ha buscado en algún lugar próximo a las fuentes del río Arnón (Mapa VI, F-4), pero hasta ahora no se ha sugerido ningún sitio con certeza. Algunos eruditos identifican Ar ('=r) de Nm. 21:15, Dt. 2:18 e Is. 15:1 con la "ciudad" ('Îr) de Moab. Mapa VI, F-4.


Bib.: A. H. Van Zyl, The Moabites [Los moabitas] (Leiden, 1960).



5.


Desierto ubicado en la rejión de Moab (Dt. 2:8; etc.).


Moabita, Piedra.



Estela de basalto negro que contiene 34 líneas de texto escrito en hebreo preexílico (también llamado fenicio) del s IX a.C. Es la inscripción histórica más larga de la antigua Palestina descubierta hasta el presente en ese país. Está en lengua moabita, lengua estrechamente emparentado con el hebreo antiguo, del que sólo tiene diferencias de dialecto. Este monumento, ahora en el Museo del Louvre, París, fue descubierto en 1868 por el misionero alemán F. Klein en Dh§bân (la Dibón bíblica), al este del Mar Muerto, adonde en ese tiempo muy pocos europeos podían viajar con seguridad. Informó de su hallazgo al cónsul prusiano Petermann en Jerusalén, quien a su vez obtuvo fondos del Museo de Berlín para comprar el monumento. Entretanto, Charles Clermont-Ganneau del consulado francés escuchó acerca del descubrimiento de la piedra y obtuvo una copia de algunas líneas de su texto, que lo convenció de su importancia. 797 Por lo tanto, comenzó negociaciones con la gente del otro lado del Jordán para obtener la piedra para Francia. Esta competencia desafortunada entre 2 poderes occidentales despertó la sospecha de la gente de Dh§bân.


Presintiendo que la piedra tenía oro o algún valor mágico, aumentaron el precio, y cuando Petermann, desgraciadamente, hizo tratos con las autoridades militares turcas para obligar a sus poseedores a entregar el monumento de acuerdo con lo pactado, la gente de Dh§bân decidió destruirlo. Después de calentar la piedra al rojo le echaron encima agua fría y la quebraron en muchos pedazos. Estos se repartieron entre la gente que la usó como amuletos. Clermont-Ganneau hizo que sus agentes compraran tantos pedazos como pudieran. Eventualmente recuperaron unos 2/3 del monumento, y lo restauraron con la ayuda de un molde de muy mala calidad, hecho con papel por un nativo antes que rompieran la Piedra (fig. 359).


Este monumento, que por su contenido histórico puede ser fechado en la 2a mitad del s IX a.C., es de gran importancia para el estudio del alfabeto y la escritura hebreos. También arroja mucha luz sobre las características gramaticales y léxicas de la lengua hebrea que se usaba en ese tiempo.


Muchos de sus pasajes y expresiones son paralelos de pasajes bíblicos, y contienen el primer texto no bíblico conocido que menciona el nombre de Yahweh (Jehová*) con la misma ortografía que se encuentra en el hebreo (línea 18). También menciona a los reyes Omri de Israel, Mesa de Moab y a la tribu de Gad, además de numerosas ciudades transjordanas también conocidas por la Biblia.


La siguiente traducción es un intento de reproducir el texto tan fielmente como sea posible. Las divisiones de párrafo no están en la inscripción original, pero fueron hechas en la traducción por comodidad. Los pequeños números elevados indican las líneas, muchas de las cuales comienzan en medio de una palabra. Están insertadas aquí, ya que con frecuencia en este Diccionario se citan porciones de la Piedra. Los corchetes [ ] indican que el texto está cortado, y las palabras encerradas en ellos han sido agregadas. Cada vez que una porción no puede ser reconstruida con certeza, se usan puntos suspensivos entre corchetes [ ].


Las palabras incluidas entre paréntesis ( ) fueron añadidas para clarificar el significado del texto, pero ellas no forman parte de la inscripción. La línea 34 está muy mal conservada como para traducirla en forma coherente.


"1Yo soy Mesa, hijo de Quemos [... ] 4, rey de Moab, el D2ibonita. Mi padre reinó sobre Moab 30 años, y yo rei3né después de mi padre. Y yo hice este alto a Quemos en Qorjah [...,]4 porque él me salvó de todos los reyes y me hizo triunfar sobre mis enemigos. Omr5i, rey de Israel, había oprimido a Moab durante muchos días, porque Quemos estaba enojado con su tie6rra.


Y su hijo le sucedió y él también dijo: "Yo oprimiré a Moab'. En mis días él habló [así], 7pero yo triunfé sobre él y su casa, e Israel pereció para siempre. Y Omri había ocupado la [tier]8ra de Medeba, e (Israel) vivió en ella sus días y la mitad de los días de su hijo, 40 años, pero 9Quemos vivió allí en mi tiempo.


"Y yo construí Baal-meón e hice un estanque en él, y constr[uí] 10Quiriatan (Quiriataim). Ahora bien, los hombres de Gad habían vivido en la tierra de Atarot desde antiguo, y el rey de I11srael había edificado Atarot para ellos, pero yo peleé contra la ciudad y la tomé, y herí a todo el pueblo 12de la ciudad como una embriaguez para Quemos y para Moab. Y yo traje de allí a Orel, su comandante (?), arrastr[án]13dolo ante Qemos en Queriot y puse allí a los hombres de Sarón y a los hom[bres] de 14Maharat.


359. La Piedra Moabita.


"Y Quemos me dijo: 'Ve, toma a Nebo de lsrael', y yo 15fui de noche y peleé contra él desde el amanecer hasta el mediodía, y la 16tomé y herí de ellos a 7.000 hombres, [muchachos], 798 mujeres, [niña]s,17y siervas, porque la había dedicado a Astar-Quemos. Y yo tomé de allí lo[s va]18sos de YHWH (Yahweh) y los arrastré delante de Quemos. Y el rey de Israel había construido 19Yahas, y habitado en ella mientras peleaba conmigo. Pero Quemos lo echó de allí delante de mí, [y]20 yo tomé de Moab 200 hombres, todos jefes, y los puse contra Yahas, y yo la tomé21 con el fin de añadirla a Dibón.


"Yo construí Qorjah, el muro del bosque, y el muro22 de la ciudadela; yo también edifqué sus puertas y construí sus torres, y23 construí el palacio, e hice ambos estanques para agua dent[ro] 24de la ciudad. Y no había cisterna dentro de la ciudad de Qorjah. Y yo dije a todo el pueblo: 'Háganse para cada 25uno una cisterna en su casa'. Y corté madera para Qorjah con prisionero26s de Israel.


"Yo construí Aroer e hice el camino el Arnón. 27yo construí Bet-bamot, porque había sido destruida. Yo construí Beser, por (que estaba en) ruinas, 28[con] 50 [homblres de Dibón, porque todo Dibón era obediente. Y reiné 29[sobre] 100 ciudades que yo añadí a la tierra. Y yo construí 30[Med]eba y Bet-diblataim, y Bet-baalmeón, y puse allí [rediles] 31[para las] ovejas de la tierra. Y acerca de Hauronen, vivían allí [...], 32Pero Quemos me dijo: 'Ve, pelea contra Hauronen'. Y Yo fui [y] 33[la tomé] y Quemos [habitó] en ella en mis días [...]"


La inscripción se refiere a la conquista de Moab por Omri, y a la rebelión del rey Mesa contra el dominio de Israel en un período posterior. Trata casi seguramente con los eventos mencionados en 2 R. 1:1 y 3:4, 5. La conquista de Mesa de las ciudades de Medeba, Nebo y Jahaz tomadas a Israel, y su ocupación de Atarot, anteriormente poblada por Gad, probablemente ocurrieron después de la campaña fallida de Joram y Josafat contra Moab descripta en 3:5-27. Algunos eruditos, sin embargo, piensan que los actos hostiles de Mesa contra esas ciudades precedieron la campaña militar de Israel y de Judá. Es difícil tener certeza acerca de la secuencia de los acontecimientos, porque la Biblia no menciona los descriptos en la Piedra Moabita, y Mesa guarda silencio acerca de la campaña de Joram y Josafat, lo que es comprensible, ya que ella había devastado su país y había costado la vida de su hijo mayor, a quien había sacrificado sobre el muro de Kir-hareset (el-Kerak) para obtener la ayuda de su dios Quemos en la situación desesperada por el sitio de la ciudad.


Es interesante leer en las líneas 14-18 que Mesa había llevado consigo como botín de guerra algunos objetos de Yahweh, de Nebo, tal vez empleados en el culto de un lugar alto, sobre el que los israelitas, oponiéndose a la voluntad divina, lo adoraban al estilo pagano. Un sitio así parece haber estado ubicado en la cumbre del monte Nebo, que era venerado por el recuerdo de la muerte de Moisés (Dt. 34:1-5). En forma verdaderamente bárbara Mesa arrastró esos objetos de culto de Yahweh ante su propio dios Quemos, y de ese modo esperaba humillar al Dios de Israel, cuyo poder los moabitas creían que era inferior al de su dios.


Moabitas


(heb. mô'âb y mô'âbî).


Descendientes de Moab* 1 (Gn. 19:37; etc.).


Moadías


(heb. Mô'adyâh, quizá "Yahweh es uno que promete" o "fiesta [asamblea] de Yahweh").


Familia de sacerdotes en tiempos del sumo sacerdote Joiacim (Neh.
12:12, 17
).


Moisés


(heb. y aram. Môsheh [tal vez del verbo heb. mâshâh, "sacar fuera"], "uno sacado" [de las aguas]; quizá basado en el egip. o mÑw, "niño", "hijo", "el nacido de" ; gr. MÇuses).


Los egipcios incorporaron la palabra mÑw, "mosis", en nombres reales como Amosis, "el nacido de Ah" (la diosa luna); Kamosis, "el nacido de(l alma deificada de) Ka"; Tutmosis, "el nacido de Tot" (dios escriba); y el nombre común Ramosis (más tarde Ramsés), "el nacido de Ra" (el dios sol). En la vida diaria, estos nombres se abreviaban con frecuencia: "Mosis". En forma similar, el nombre original que la hija de Faraón le dio a Moisés habría incluido el de alguna deidad del país. Como los egipcios adoraban al Nilo, que deificaban como "Hapi" (H{py; y que comúnmente llamaban 'trw, más tarde 'Irw), la princesa lo habría llamado Hapimosis o Irumosis, pues ambos significan "el nacido (o sacado) del Nilo". Cuando Moisés "rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón" (He.11:24), naturalmente eliminó la referencia a un dios egipcio.


El libertador del pueblo hebreo de la esclavitud egipcia, su líder durante la peregrinación por el desierto, su gran legislador y el autor del Pentateuco.


Moisés pasó los primeros 40 años de su vida muy posiblemente bajo los reyes de la dinastía 18ª; Tutmosis I (c 1542-c 1524 a.C.) y Tutmosis II (c 1524-c 1504 a.C.), y la reina Hatshepsut (c 1504-c 1486 a.C.), una hija de Tutmosis I, que, sobre la base de la cronología sugerida aquí, sin duda es la "hija de Faraón" mencionada en Ex. 2:5-10. En ese caso, Moisés habría presenciado el ascenso de Egipto a la cumbre de su poder político. Bajo 799 Tutmosis III, cuyo reinado (c 1486-c 1450 a.C.) habría abarcado los 40 años durante los cuales Moisés peregrinó en Madián, el Imperio Egipcio se extendía desde las mesetas abisinias en el sur hasta el Eufrates en el noreste. Se desarrolló un extenso comercio, y las riquezas fluían de los países extranjeros para sostener los grandes proyectos de los faraones.


La vida cultural llegó un alto nivel, las artesanías y la arquitectura estaban muy avanzadas, y la astronomía, las matemáticas y la medicina florecían.


Egipto tenía razón para jactarse de ser el país más poderoso y civilizado de su época.


360. Moisés y la zarza ardiente, una pintura mural encontrada en la sinagoga de Dura Europos (s III d. C.; véase el Mapa XIII, C-5).


Moisés fue hijo de Amram y Jocabed, descendiente de Leví, de la 4ª generación (Ex. 6:16-20), de la familia de Coat (vs 18-20). Su hermano Aarón tenía 3 años más que él (7:7), y una hermana, María, también era mayor (15:20; cƒ 2:6, 7). Cuando nació Moisés los hijos de Israel ya estaban en Egipto unos 135 años (véase Gn. 12:4; 21:5; 25:26; 47:9; Dt. 2:7; 34:7; Hch. 7:30; cƒ Ex. 7:7; 12:40, 41; Gá. 3:16, 17). Jacob había muerto hacia unos 118 años (Gn. 47:28), y José, unos 64 años (50:22; 41:46, 47, 54; 45:6; 47:9). Con el criterio de un éxodo en el 1445 a.C., Moisés debió haber nacido en el 1525 a.C. (cƒ Ex. 7:7). Sobre la misma base, cuando los hebreos entraron en Egipto, los reyes hicsos, racialmente emparentados y amistosos, gobernaban el país. Sin embargo, a comienzos del s XVI a.C., unos 50 ó 60 años antes del nacimiento de Moisés, fueron expulsados por una dinastía egipcia nativa, la 17ª.


Alrededor del 1590 a.C. surgió la poderosa dinastía 18ª, uno de cuyos primeros reyes, tal vez Amosis o Amenhotep I, fue probablemente el "nuevo rey que no conocía a José" mencionado en Ex. 1:8. Los hebreos se habían multiplicado rápidamente hasta que "se llenó de ellos la tierra" y llegaron a ser un pueblo "mayor y más fuerte" que los egipcios, o por lo menos así pensaron éstos (1:7-9). Como los hebreos eran numéricamente fuertes, y porque los egipcios necesitaban con urgencia mano de obra barata para sus enormes proyectos de construcción, no es extraño que los reyes de esta nueva dinastía establecieran la política de mantenerlos sujetos con trabajos forzados (vs 10-14). No se sabe cuánto antes del nacimiento de Moisés fueron puestos a construir "las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés" (v 11) y les "hicieron servir... con dureza" (vs 12-14). Pero cuanto más los oprimían, "tanto más se multiplicaban y crecían" (v 12), y los esfuerzos para frenar el rápido aumento de población fueron totalmente ineficaces. Al principio, los egipcios se propusieron amargar "su vida con dura servidumbre" (v 14), pero cuando esto no dio el resultado esperado, ordenaron a las parteras hebreas que mataran a todos los hijos varones que nacieran (vs 15, 16). Sin embargo, ellas no cumplieron estas órdenes de Faraón, dando como excusa que las mujeres israelitas eran más vigorosas que las egipcias y que no necesitaban los servicios de las parteras (v 19). Entonces Faraón ordenó que los egipcios tomaran en sus manos la exterminación de los mitos hebreos y los arrojaran al Nilo para ahogarlos (v 22). Pero en vista de la cantidad de hombres físicamente capaces que hubo 80 años más tarde, parecería que esta cruel medida no entró en vigor o no estuvo en vigencia por mucho tiempo. Véase Cronología (II, B).


Al nacer Moisés, los padres reconocieron que "era hermoso" (Ex. 2:2). Sus esfuerzos por conservarlo con vida se mencionan como un acto de fe (He. 11:23), lo que tal vez implique una percepción de que Dios tenía previsto para él un importante papel. Al acostar a Moisés en un arca de juncos y ponerlo en el Nilo, Jocabed estaba cumpliendo con la letra de la ley que exigía que los hijos varones fueran ofrecidos como sacrificio al río, al que los egipcios adoraban como dios, en la suposición de que sus aguas tenían poder para impartir fertilidad y garantizar una larga vida. La visita de la hija de Faraón para "lavarse" en 800


361. Estatua de Moisés esculpida por Miguel Ángel (Iglesia de San Pedro in Vincoli, Roma).


801 Sus aguas habría estado motivada por el deseo de hacer abluciones rituales destinadas a obtener los supuestos beneficios para sí misma. La aparición de Moisés flotando en su pequeña cesta como si fuera un don del dios Nilo en respuesta a sus oraciones, aparentemente la impresionaron como un feliz augurio. La princesa tomó al niño como hijo propio, y contrató a la propia madre de Moisés como su nodriza.


La educación hogareña inculcó en el niño el amor a Dios y el sentido de la misión de su vida (cf Hch. 7:25). Bajo los tutores reales egipcios, y sin duda como un príncipe real y presunto heredero del trono, Moisés fue instruido "en toda la sabiduría de los egipcios" (v 22). Bajo los sacerdotes llegó a dominar las letras, la literatura, las ciencias y la religión; bajo los comandantes del ejército obtuvo la habilidad para el mando militar; y de otros oficiales reales el conocimiento de las leyes y de la administración civil. Algunos han sugerido que Moisés pudo haber dirigido algunas expediciones militares a países extranjeros. Como presunto heredero, sin duda fue popular en la corte, como también en el ejército y entre la población común. Su aspecto exterior, su vestido, su conversación, su conducta y su cultura pudieron haber sido completamente egipcios, pero su corazón nunca llegó a serlo. Su carácter, su religión y su lealtad siguieron siendo hebreos, como resulta evidente de los incidentes registrados en Ex. 2:11-13 (cf He. 11:24, 25).


Cuando llegó a los 40 (Hch. 7:23) -c 1485 a.C.- Moisés supo que había llegado el momento de escoger entre su fe hebrea y el trono de Egipto. La profunda lealtad a Dios (He. 11:24-26) y la percepción del propósito divino para su vida (Hch. 7:25) lo condujeron a echar su suerte con su propio pueblo y ser "maltratado" con ellos antes que "gozar de los deleites temporales del pecado" (He. 11:25). En vista de que rehusara adoptar la religión egipcia, sin duda habrá despertado preocupación en la mente de sus benefactores. Tal vez por miedo a que pudiera tomar el trono, los sacerdotes de Amón, en una rebelión del templo varios años antes, habían puesto en el trono a un hijo ilegítimo de Tutmosis II, el fallecido esposo de Hatshepsut, y habían obligado a la reina a aceptar a este príncipe como corregente. El nuevo rey adoptó como nombre real el de su padre y se lo conoce en la historia como Tutmosis III. En tales circunstancias, habría odiado en forma especial a Moisés, en quien podía ver a su mayor rival, lo que tal vez pudo apresurar la decisión de Moisés de echar su suerte con sus despreciados, conciudadanos e intentar liberarlos de la opresión egipcia. Actuando en forma precipitada, mató a un capataz egipcio (Ex. 2:11, 12), y por ese acto necio se puso en las manos de sus enemigos, tal vez Tutmosis III en particular, quien ahora tenía una razón legítima para llevarlo a juicio y destruirlo. Es muy posible que éstas fueran las circunstancias que condujeron a Moisés a huir de Egipto y a encontrar refugio en la tierra de Madián,* al este (v 15).


Como los madianitas eran descendientes de Abrahán y Cetura (Gn. 25:1, 2), Moisés estuvo con parientes durante sus 40 años de peregrinación, algunos de los cuales todavía adoraban al Dios verdadero. Entre ellos estaba Jetro, un sacerdote de Jehová (cf Ex. 18:1, 12, 23). Jetro también figura con el nombre de Reuel (2:16-18), que significa "amigo de Dios". Su hospitalaria recepción indujo a Moisés a entrar a su servicio, y con el tiempo su hija Séfora llegó a ser su esposa (vs 18-21). Jetro era un hombre de buen juicio, como se aprecia por el consejo que más tarde le dio a su yerno (18:12-27). Durante los 40 años que pasó en la región sur de la Península del Sinaí, sin duda Moisés se familiarizó con la geografía, los recursos y el clima de esa región desértica. Al conducir los rebaños de Jetro en medio de la solemne grandeza de las montañas, tuvo tiempo suficiente para reflexionar sobre sus experiencias pasadas. El Sal. 90, que se atribuye a Moisés, refleja sus pensamientos, tal vez hacia el fin de su peregrinación en Madián. Si es así, la interpretación siguiente parecería apropiada: Los versículos iniciales de este salmo parecen reflejar la soledad montañosa de Sinaí y la majestad de Dios, en contraste con la fragilidad humana en general y de los grandes errores de su propia vida (vs 7, 8).


Sabiendo que la Providencia le había señalado un papel (Hch. 7:25), sin duda reflexionó que su acto impetuoso de matar al egipcio había frustrado el propósito de Dios y distorsionado el plan divino para su propia vida. Ya había pasado la marca de los "setenta años" y se estaba aproximando a la de "ochenta" (Sal. 90:9, 10), pero con su gran chasco en la mente, oró a Dios para que le enseñara a "contar" sus días para poder aplicar su corazón a la 802 sabiduría (v 12). Todavía tenía fe en las promesas de Dios a los padres y esperaba su cumplimiento. Sus pensamientos se volvieron luego a sus hermanos sufrientes en Egipto (vs 13, 14) y oró por su liberación (vs 15, 16). Finalmente, suplicó a Dios que la obra de sus manos fuera confirmada, que su vida no fuese totalmente en vano (v 17).


Probablemente en la época en que se hacía estas reflexiones se le apareció Dios en una zarza ardiendo y le encargó que volviera a Egipto para liberar a los hebreos (Ex. 3:1-10). Recordando la amenaza contra su vida, sintiendo su insuficiencia para esa tarea (v 11), temeroso de que su pueblo no lo aceptara y dudando de su capacidad para persuadir a Faraón para que los dejara salir, Moisés vaciló en aceptar el llamado (vs 11, 13; 4:1).


Pero Dios, con toda paciencia, le eliminó esas aparentes dificultades una por una, y Moisés finalmente aceptó la tarea con poco entusiasmo (vs 1-19). En camino de vuelta a Egipto se encontró con Aarón, a quien Dios había enviado al desierto para encontrarse con él, y juntos regresaron y se reunieron con los ancianos de Israel (vs 20-31) antes de presentarse a Faraón (que habría sido Amenhotep II de acuerdo con la cronología sugerida por este Diccionario; véase la fig 214). Su primera audiencia con Faraón (5:1-3) sólo consiguió empeorar la situación de los hebreos (vs 4-19). Diez plagas cayeron sobre el país antes que el rey cambiara de idea. Con la última, la muerte de los primogénitos, Faraón llamó a Moisés de noche y le dio la orden de que los hebreos salieran del país (12:29-32).


Bajo la conducción divina, Moisés sacó a Israel de la tierra de servidumbre (Ex. 13:17-22). Después de varias crisis y liberaciones providenciales, Moisés y el pueblo hebreo llegaron al monte Sinaí (19:1, 2; fig 471).


Sobre el monte, recibió directamente las instrucciones de Dios para el establecimiento de la nación de los hebreos como una teocracia (Ex. 24:9-11; 33:11, 17-23; 34:5-29; etc.), incluyendo la ley básica de los Diez Mandamientos, que también fueron presentados en forma oral ante la congregación (20:1-18) y más tarde escritos sobre 2 tablas de piedra y conservados en el arca (31:18; 34:1-4; Dt. 10:1-5). Como vocero de Dios, dirigió al pueblo a la relación del pacto que constituía a Israel como una teocracia (Ex. 19:5-8; 24:3-8). Dios entonces llamó a Moisés para encontrarse con él sobre el monte (24:12), donde le reveló los planos completos para la construcción del tabernáculo, que había de ser el lugar de su morada como su Rey (cps 25-31), y al mismo tiempo le dio las 2 tablas de la Ley (31:18). En su ausencia el pueblo erigió un becerro de oro, que estaban adorando cuando regresó (32:1-6). Viendo su idolatría, quebró las 2 tablas de piedra (vs 15-19). El Señor le había revelado la idolatría de Israel y le había propuesto rechazarlo y cumplir sus propósitos mediante él mismo (vs 7-10), pero Moisés demostró su estatura como líder intercediendo fervorosamente en favor de Israel, y Dios los perdonó (vs 11-14). Después de haber castigado adecuadamente al pueblo (vs 30-35), Moisés una vez más buscó a Dios, quien le prometió: "Mi presencia irá contigo, y te daré descanso" (33:12-17). A su pedido, y como señal de la presencia de Dios entre ellos, se le permitió tener una vislumbre de la gloria divina (33:17-34:9). Durante otros 40 días en el monte (34:1, 2, 28; Dt. 9:18), recibió instrucciones adicionales para el gobierno de Israel y las segundas tablas de piedra (Ex. 34). Al descender al campamento, su rostro estaba radiante de la gloria divina, y la gente temía acercarse a él (vs 29-35). Durante los restantes meses que estuvieron en el Sinaí, construyeron el tabernáculo (cps 36-39), y posiblemente en ese mismo tiempo escribió las instrucciones que Dios le había dado.


Después de aproximadamente un año junto al monte Sinaí, durante el cual Israel se constituyó en nación, se codificaron sus leyes, se construyó el tabernáculo y se organizó el culto; luego Israel salió hacia Canaán (Nm. 10:11-13). Poco tiempo después, María y Aarón desafiaron el liderazgo de Moisés (12:1, 2) pero el Señor lo vindicó claramente como su portavoz designado afligiendo con lepra temporaria a María (vs 4-15). En Cades, por causa de un desalentador informe sobre la tierra de Canaán, la gente se rebeló contra Moisés y propuso regresara Egipto (14:1-4). Esta era la 10ª rebelión desde la salida de Egipto (v 22). Por causa de su fracaso, los hombres de esa generación fueron condenados a morir en el desierto (vs 29-35), y durante los siguientes 38 años (Dt. 2:14) la gente acampó en diversos lugares en la región de Cades-barnea y el extremo norte del Golfo de Aqaba. En Cades, casi 38 años más tarde, Moisés y Aaron pecaron, golpeando impetuosamente la roca en contra de las indicaciones de Dios, con lo que distorsionaron la lección que el agua milagrosa debía enseñar.


Como resultado, se les negó el privilegio de introducir a Israel en la tierra prometida (Nm. 20:7-12). Moisés condujo al pueblo alrededor de Edom, en la conquista de la Transjordania (vs 14-21), y finalmente al último campamento en Sitim, frente a Jericó, que estaba del otro lado del Jordán (cf 22:1; 803 25:1). Mientras estuvieron acampados allí, presentó una serie de discursos en los que repasó las providencias de Dios durante los pasados 40 años, destacando lecciones de esas experiencias y repitiendo las leyes que Dios le había revelado para el pueblo. Esos 4 discursos están registrados en el libro de Deuteronomio.* Durante el tiempo que estuvieron acampados en Sitim, Moisés designó a Josué como su sucesor (Nm. 27:18-23; Dt. 1:38), y poco antes de su muerte lo llevó al tabernáculo para recibir su responsabilidad del Señor (Dt. 31:14, 23). Luego, por indicación de Dios, ascendió el monte Nebo, donde contempló la tierra prometida (fig 378) y murió a la edad de 120 años (Dt. 32:48-52; 34:7).


Dios lo enterró allí (v 6), lo llamó del lugar donde descansaba (Jud. 9), y más tarde lo honró con Elías sobre el monte de la Transfiguración (Mt. 17:3, 4).


La gran capacidad literaria de Moisés es evidente por la cantidad y variedad de sus escritos. En el Génesis contó la historia del mundo desde la creación hasta la muerte de José. En Éxodo y en partes de Números y Deuteronomio conservó un registro del éxodo de Egipto y de los eventos más importantes en el camino hasta Canaán. En los últimos capítulos de Éxodo registró los detalles de la construcción del tabernáculo, y en Levítico describió los reglamentos del servicio sagrado. En Éxodo (cps 20-24), Levítico (18-20; 24:10-23) y partes de Deuteronomio escribió las leyes civiles que Dios le había dado para Israel. También fue un poeta consumado (Ex. 15:1-19; cf Sal. 90). Pero más que un escritor; fue uno de los grandes líderes y administradores de todos los tiempos. Bajo la dirección de Dios, organizó a Israel como nación y la guió con seguridad desde Egipto hasta las fronteras de Canaán. Le dio sus instituciones civiles, judiciales y religiosas. Como profeta (Dt. 18:15) fue favorecido con comunicaciones especiales de Dios durante 40 años y gozó de privilegios que ningún otro hombre tuvo. En no pequeño grado los grandes logros de la nación hebrea fueron el resultado del carácter, de la personalidad y de la vida consagrada de Moisés, que, por sobre todos los demás dirigentes, unificó sus familias y tribus para formar el pueblo escogido de Dios.


Abrahán fue el padre de Israel, pero Moisés fue el fundador y legislador de la nación. Como legislador y líder, Moisés sobrepasó a todos los hombres de la antigüedad, pero a pesar de sus talentos superiores fue"muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra" (Nm. 12:3).


Molada


(heb. Môlâdâh,"nacimiento [origen, generación]").


Ciudad situada en la parte sur de Judá (Jos. 15:21, 26), asignada a Simeón (Jos. 19:1, 2; 1 Cr. 4:24, 28). Fue habitada nuevamente después del exilio babilónico (Neh. 11:26). El sitio no ha sido identificado definitivamente, pero puede ser Tell el-Milh, a unos 16 km al sudeste de Beerseba. Las excavaciones dirigidas por Kochavi en 1967 y 1971 han revelado que existió durante 4 períodos. Los períodos 1 y 2 van desde el 3er milenio a.C. hasta el s XVI a.C.; el 3 representa la ciudad durante el reinado de los reyes hebreos; y el 4, la época de los romanos y los árabes tempranos. Algunos ubican Molada al noreste de Beerseba. Mapa VI, F-2.


Bib.: M. Kochavi, EAEHL III:771-775.


Moldura


(heb. jashûq [del verbo jâshaq, "unir"]).


El término se emplea en Ex. 27:10, 11; 36:38; etc., y probablemente se refiera a varillas que se extendían entre los pilares del tabernáculo, sobre las que se colgaban las cortinas.


Molid


(heb. Môlîd, "que engendra [engendrador]").


Descendiente de Judá, de la familia de Hezrón (1 Cr. 2:29).


Molino


(heb. tejôn, rêjayîm; tajanâh, "muela" [Ec. 12:4]; gr. múlos).


Máquina para moler granos y convertirlos en harina, un utensilio indispensable en todo hogar oriental. Por su uso en la preparación de los alimentos, la ley mosaica prohibía recibir las piedras de molino como prenda (Dt. 24:6). Su operación era tarea de las mujeres (Mt. 24:41), las esclavas (Ex. 11:5; Is. 47:2) y los prisioneros (Jue. 16:21). Uno de los sonidos más familiares en las aldeas y los pueblos era el de los molinos al triturar los granos, acompañado por la chala de las mujeres y las niñas que los hacían funcionar, de modo que el cese de ese sonido era una señal de total desolación (Jer. 25:10, Ap. 18:22). Antiguamente se usaban los siguientes tipos:



I . Molino de frotamiento.


La evidencia arqueológica muestra que los molinos desde los tiempos más antiguos hasta el período helenístico consistían de 2 piedras de basalto. La de abajo (heb. pelaj tajtîth) era alargada, con una depresión en el medio, que hace recordar a una montura. La de arriba (heb. pelaj rekeb) era mucho más pequeña. Su longitud era igual al ancho de la piedra de abajo. Era plana del lado inferior y elíptica del superior, y de un ancho que era cómodo para tomarla con las manos. Se la movía en vaivén sobre la inferior, rompiendo los granos entre ambas. La persona que molía se arrodillaba detrás de la 804 piedra (Ex. 11:5; fig 364). Probablemente la piedra superior de un molino de este tipo rompió la cabeza del rey Abimelec (Jue. 9:53).


362. Mujeres de Belén moliendo trigo en un molino de mano en el patio de su casa.




363. Una panadería en Pompeya que contiene 3 moledoras industriales de granos (centro); cuando fueron excavadas las ruinas, el horno (izquierda) contenía más de 80 hogazas de pan.




364. Figura de piedra de caliza de un siervo egipcio moliendo granos (procedente de Gîezeh).



II. Molinos rotativos Manuales.


No se sabe cuándo se comenzaron a usar estos molinos, que todavía hoy se utilizan en las aldeas de Palestina. Como se necesitan 2 mujeres para usarlo, evidentemente se empleaban en tiempos de Cristo (Mt. 24:41), y probablemente ya por varios siglos. Consistían en 2 piedras redondas, generalmente de basalto, de unos 45 a 50 cm de diámetro y de unos 5 a 10 cm de espesor. La de abajo era ligeramente convexa en su parte superior y tenía una clavija de madera que sobresalía de su centro. La de arriba era cóncava en su parte de abajo como para ajustarse a la inferior y tenía un agujero en el centro para que pudiera girar alrededor de la clavija de la de abajo. Cerca del borde de la superior se insertaba otra clavija de madera 805 que servía como manija. El grano se echaba por el agujero central y se molía entre las 2 piedras, mientras las mujeres hacían girar la superior alrededor de su eje. El grano molido salía por el borde de la piedra inferior y caía sobre una tela extendida bajo el molino (fig 362).



III. Molinos comerciales.


En tiempos romanos se comenzaron a usar grandes molinos para las panaderías comerciales: Algunos han sido excavados en ciudades romanas como Pompeya y Ostia en Italia, y Capernaum en Palestina. La piedra inferior tenía la forma de un cono cuyo vértice apuntaba hacia arriba.


La superior era ahuecada para ajustarse al cono. Se insertaban uno o más palos en agujeros de la piedra superior para hacerla girar (fig 363).


Estos molinos eran movidos por esclavos o animales como los burritos. A una piedra como éstas (gr. múlos onikós), y no a una de molino de mano, se refirió Cristo en Mt. 18:6.


Moloc


(heb. Môlek; gr. Molój).


Nombre de un dios a quien se ofrecían sacrificios humanos; no identificado. Originalmente el nombre probablemente fue Melek, "rey", que era un título que los hebreos también aplicaban al verdadero Dios (véase Sal. 5:2; 10:16; etc.). Si es así, parecería que los judíos posteriores, considerando vergonzoso referirse a una deidad pagana con la misma palabra que empleaban para el verdadero Dios, cambiaron la pronunciación a Môlek, al tomar las vocales o y e de la palabra heb. bôsheth, "vergüenza". Algunos eruditos han negado que existiera este dios en la antigüedad; sin embargo, textos descubiertos, en varios luagares, documentan su existencia. Un dios Malkûm, mencionado por 1a vez en 4 textos de Drehem (fines del 3º milenio a.C.), aparece como Mulûk en los de Mari, y como, Malik en 3 escritos asirios que lo identifican con Nergal, la divinidad asirio-babilónica del mundo subterráneo. Un texto recientemente descubierto de Ugarit habla claramente de un "sacrificio a Mlk", con lo cual no quedan dudas de que Mlk era un dios. En la lengua púnica, estrechamente emparentado con el hebreo, môlek aparece con el significado de "voto", "promesa". En consecuencia, algunos eruditos explican la expresión "pasar por el fuego a Moloc" diciendo que significa "pasar por el fuego como cumplimiento de un voto a cierta deidad". La palabra môlek pudo haber tenido este significado en Cartago, pero en el uso bíblico parece limitarse a designar a un dios pagano a quien se ofrecían sacrificios, entre los cuales también los había humanos.


La ley mosaica prohibía terminantemente dedicar los hijos a Moloc (2 R. 23:10) y con denaba a muerte a quienes transgredieran esta ley (Lv. 18:21; 20:1-5). Sin embargo, los israelitas con frecuencia siguieron esta práctica (Jer. 7:31; 19:4, 5; 32:35; Ez. 16:21; 23:37, 39). Acaz y Manasés quemaron a sus hijos en el alto de Tofet, en el valle de Hinom, al sur de Jerusalén (2 Cr. 28:1, 3; 33:1, 6), pero el piadoso rey Josías destruyó este lugar para que no se lo pudiera usar más (2 R. 23:10).


Una declaración del profeta Amós (Am. 5:26) citada por Esteban (Hch. 7:43) parece indicar que los hebreos tuvieron alguna vez un santuario portátil dedicado a este dios. Sin embargo, algunos comentadores entienden que el heb. sikkûth, traducido "tabernáculo" en la RVR, es un nombre propio: Sakkut (BJ). En consecuencia, ponen vocales diferentes en el término traducido "vuestro Moloc" para que se lea "vuestro rey", de modo que la frase diga: "Sakkut vuestro rey". En 1 R. 11:7, el nombre Moloc quizá se deba leer Milcom (cf vs 5, 33). La diferencia podría haber surgido por haberse omitido sin percibirlo la letra m final del nombre hebreo.


Bib.: A. R. W. Green, The Role of Human Sacrifice in the Ancient Near East [El papel del sacrificio humano en el Antiguo Cercano Oriente] (Missoula, Mont., 1975).


Moneda


(gr. kérma, nómisma d'nárion).


Pieza de metal emitida por las autoridades de un gobierno con valor garantizado para ser usada como dinero.* Se supone la 1ª moneda acuñada se debería a los reyes de Lidia del s VII a.C. Este acuñamiento fue adoptado por Ciro con la conquista de Sardis (547 a.C.) y posteriormente difundido a lo largo de todo el Imperio Persa y las demás naciones. Las monedas antiguas eran de oro, plata, cobre y bronce (las más comunes).


Algunas de las monedas mencionadas en el NT son traducciones del gr. d'náiron, drajme, leptón y mná (Mt. 22:19; Lc. 15:8, 9; 20:24; 21:2; 19:13; Mr. 12:15, 42). Los primeros 2 términos se refieren a monedas de plata, griegas o romanas. Estas, por lo general, llevaban el busto del emperador y sus títulos en el universo (fig 169), y a menudo la imagen de un genio o una deidad en el reverso. Tales representaciones hacían que fueran rechazadas por los judíos ortodoxos como ofrendas aceptables para el templo. Por consiguiente, los judíos en tiempos de Cristo usaban monedas de cobre, acuñadas localmente, que llevaban inscripciones hebreas, pero no imágenes de criaturas vivientes. Por esta razón los cambistas estaban muy ocupados los días de fiesta en el atrio del templo (Mt. 21:12; Jn. 2:15), cambiando las monedas de plata que los 806 adoradores traían de otras regiones por las de circulación corriente con el templo. Véanse Blanca; Cuadrante; Cuarto; Denario; Didracma; Dracma; Estater; Mina; Talento; Tetradracma.


MONEDAS DEL NUEVO TESTAMENTO*


Las monedas de oro, como el aureus romano, no se mencionan en el NT, con excepción tal vez de la referencia general de Mt. 10:9. Los judíos acuñaron otra vez sus propias monedas durante la guerra contra los romanos (66-70 d.C.), pero éstas no se mencionan en el NT; también las acuñaron durante la guerra romana del 132-135 d.C. (fig 462).


365. Ampliación (2 1/2 veces) de una moneda de plata judía (v IV a. C.), proveniente de Bet-sur, que imita la dracma griega.




Bib.: F. A. Banks, Coins of Bible Days [Monedas de los tiempos bíblicos] (Nueva York, 1955); A. Reifenberg, "Ancient Jewish Coins" [Antiguas monedas judías], JPOS 19 (1941):59-81, 286-313; F. W. Madden, History of Jewish Coinage and of Money in the Old and New Testament [Historia de la acuñación judía y del dinero en el AT y el NT] (nueva ed., Nueva York, 1967); M. Wacks, The Handbook of Biblical Numismatics [Manual de numismática bíblica] (Houston, 1976).


366. Dárico de oro de Darío I de Persia (tamaño real).



Mono/a


(heb. qÔ f [plural qÔ ffim], tukkî [plural tukkiyyîm; relacionados con el sáns. kapi, el sir. qûpâ, el egip. gif y el ac. uqûpu, palabras que significan "mono de cola larga"; LXX píth'kos).


Nombre aplicado a cualquier mamífero cuadrúmano del orden de los Simiae. El animal se menciona en 2 pasajes del AT que enumeran los artículos traídos desde Ofír hasta Palestina por las expediciones de Salomón (1 R. 10:22; 2 Cr. 9:21).


Albright demostró que tukkiyyîm, generalmente traducida "pavos reales", deriva del vocablo egip. kyw o t3-kyw y describe a la hembra de otra clase de mono (t3 es el artículo femenino). El cuento egipcio El marinero naufrago menciona entre los artículos que recibió en la Isla del Mar Rojo, donde sufrió el naufragio, 2 clases de monos: gif y kyw. Estos términos, tan similares a los bíblicos qÔf y tukkî, favorecen un origen africano de los animales, así como una ubicación africana para Ofir. No hay monos nativos en Palestina, y los importados por Salomón probablemente 807 eran los de cola larga (ya sea que vinieran de la India -como se pensaba antes-, o proviniesen de Somalía, África Oriental, como ahora sostienen muchos eruditos).


Bib.: W. F. Albright, AJSL 37 (1920-21):144; ARI (4ª ed., 1956):212, nota 16; AMBL.


Monstruo.



Véase Animales mitológicos (Dragón).


Monstruo marino.



Traducción del: 1. Heb. tannîn, "monstruo marino", un término genérico para referirse a grandes animales marinos (Gn. 1:21; Job 7:12). 2. Gr. ketos, "gran pez" (Mt. 12:40) que, como tannîn también tiene un sentido genérico. Véase Animales mitológicos (Leviatán).


Montaña.



Véase Monte.


Monte


(heb. har, "montaña", "monte", "colina"; aram. tûr; gr. óros).


En la Biblia a veces se usan los términos en conexión con nombres como monte Sinaí (Ex. 24:16), monte Nebo (Dt. 34:1), monte de los Olivos (Mt. 26:30), etc., y a veces en sentido genérico (Gn. 31:54; He. 8:5). En las Escrituras se mencionan las siguientes montañas [agréguese "Montaña de"]: Bet-el, Israel, Judá y Judea.


La Palestina oriental y la occidental, como también Siria, son montañosas, y en la Biblia con frecuencia se mencionan las montañas de estas regiones. La cumbre más elevada es el monte Hermón, con unos 2.750 m s.n.m., que constituye la cumbre más sureña del cordón Antilíbano. En comparación con él, las montañas de Palestina son más bien bajas, pues las más altas son el monte Ebal, el monte Gerizim y el monte de los Olivos, de una altura de sólo unos 915 m. Los poetas hebreos consideraban las montañas entre las obras mayores de Dios (Sal. 65:6; 90:2), y un refugio (Jue. 6:2; Sal. 11:1). Las montañas se usan figuradamente como símbolos de permanencia (Dt. 33:1-5; Hab. 3:6), de estabilidad (Is. 54:10), de grandes calamidades (Jer. 13:16) y de obstáculos insalvables (Zac. 4:7).


La zona montañosa mencionada en Jos. 13:6 desiona el área costera que va desde el Líbano hasta Misrefot-maim, a unos 19 km al norte de Aco (Ptolemaida, Acre). En el NT nuevamente se menciona la zona montañosa (Lc. 1:39, 65) y en este contexto se refiere a la región de Judá, que se extendía aproximadamente desde Hebrón en el sur hasta Jerusalém en el norte. En esta área estaba localizado el hogar de Zacarías y Elisabet (o tal vez en la ciudad sacerdotal de Hebrón o en Holón [Hilen]). Otros montes mencionados en la Biblia son: monte de Neftalí (Jos. 20:7), de Efraín (17:15) y de Judá (21:11). Las colinas de Neftalí son la Galilea superior.


En las Escrituras y en este Diccionario se mencionan los siguientes montes (véase bajo cada nombre las explicaciones correspondientes; agréguese "Monte"): Abarim, Carmelo, Ebal, Gerizim, Halac, Líbano, Nebo, Perazim y Senir (agréguese "Monte de/ del/ de la/ de los"), Amalec, Baala, Baal-hermón, Basán, Bet-el, Beter, Efraín, Efrón, Esaú, Gaas, Ga-laad, Gidgad, Gilboa, Heres, Hermón, Hor, Israel, Jearim, Judá, Mizar, Moriah, Neftalí, Parán, Salmón, Samaria, Sefer, Seir, Sinaí, Sion y Tabor. A continuación de esta entrada, véanse los siguientes Testimonio, Destrucción y Olivos.


Monte del Testimonio


(heb. har-mÔ{êd, "monte de la asamblea").


Lugar descripto en Is. 14:13, 14 ("monte de la Reunión", BJ) como la montaña sobre el cual aspiraba sentarse el rey de Babilonia (cf v 4). El pasaje está expresado en términos de los conceptos míticos de los babilonios, quienes creían que los dioses tenían sus concilios sobre una montaña alta del norte. La profecía se refiere simbólicamente a Lucifer, o Satanás, de quien el rey de Babilonia era un símbolo. Satanás deseaba controlar los concilios celestiales y ser igual a Dios. Véanse Armagedón.


Monte de la Destrucción


(heb. har-hammashjîth, "monte de la destrucción").


Lugar donde Salomón construyó altares para los dioses paganos adorados por sus esposas extranjeras (2 R. 23:13; cf 1 R. 11:7). Se lo identifica generalmente con la porción sur del monte de los Olivos, tradicionalmente llamado el "monte de la Ofensa".


Monte de los Olivos


(heb. ma{alêh ha-zêthîm, "cuesta de los olivos", y har ha-zêthîm, "monte de los olivos"; gr. óros tÇn elaion).


Cerro al este de Jerusalén, del otro lado del valle del Cedrón. El nombre aparece sólo 2 veces en el AT (2 S. 15:30, Zac. 14:4), aunque tal vez se refiera a este lugar el pasaje de Ez. 11:23; pero el nombre aparece 11 veces en el NT. Cuando David salió de Jerusalén durante la rebelión de Absalón, subió el monte de los Olivos y adoró a Dios en su cumbre en su viaje de huida (2 S. 15:30, 32). Probablemente fue sobre este monte que Ezequiel vio que descansaba la gloria de Dios (Ez. 11:23). Zacarías profetizó que cuando el Señor volviera, sus pies se posarían sobre el monte de los Olivos que se partiría, formando un enorme valle (Zac. 14:4). 808


Durante las visitas de Jesús a Jerusalén, con frecuencia pasaba la noche en el monte de los Olivos, probablemente en Betania (Lc. 21:37; 22:39).


Comenzó su célebre entrada triunfal en Jerusalén desde este monte (19:37, 38), y sobre él dio su gran sermón acerca de su segunda venida y el fin del mundo (Mt. 24:3). El sufrimiento final de Jesús comenzó en un huerto sobre la falda del monte de los Olivos (Mt. 26:30, 31), y su ascensión al cielo ocurrió en este memorable monte (Lc. 24:50, 51; Hch. 1:9-12).


El monte de los Olivos es uno de los más altos de Palestina, aunque tiene sólo unos 60 m más que el área del templo de Jerusalén, del que está separado por el valle del Cedrón (véase la fig 393). En un sentido más amplio, es en realidad un cordón montañoso que corre de norte a sur, con 3 cumbres principales: en el norte el "monte Scopus", en el centro et-Túr, y en el sur el "monte de la Ofensa".


Sobre el monte Scopus (834 m), en el 70 d.C., Tito estableció su campamento para el asalto final a Jerusalén. Ahora están ubicados allí el Cementerio de Guerra Británico y parte de la Universidad Hebrea. La sección central del cordón, ahora llamada Jebel et-Tûr (a la que más apropiadamente corresponde el nombre de monte de los Olivos), está exactamente al este del área del templo de Jerusalén, y desde allí se tiene una vista excelente de la santa ciudad y el lugar donde estuvo el templo, ahora Haram esh-Sherîf. La cumbre central se subdivide en 3, que de norte a sur son: 1. Galilea (830 m), donde, de acuerdo con la tradición medieval, estuvieron los discípulos cuando les aparecieron los ángeles después de la ascensión (Hch. 1:12). 2. Ascensión (806 m), desde el cual, de acuerdo con una tradición que se remonta al s IV d.C., Jesús ascendió al cielo. 3. "La colina del profeta", que recibió ese nombre por causa de varias tumbas excavadas en las rocas llamadas "las tumbas de los profetas". La cumbre de más al sur es el monte de las Ofensas o la Destrucción (735 m), donde se dice que Salomón había construido santuarios para los ídolos de sus esposas paganas (1 R. 11:7, 8). Sobre el "monte de la Ascensión", el mismo monte de los Olivos, se encuentra una mezquita sobre el lugar donde el emperador Constantino construyó la primera capilla de la Ascensión en el s IV d.C. La torre más alta sobre este monte es la del convento ruso, desde la cual se ve en todas direcciones una gran parte de Palestina, desde el Mar Mediterráneo en el oeste hasta los montes de Moab al este, y desde los montes de Samaria en el norte, hasta los montes del sur de Judá. En las faldas orientales del cordón del monte de los Olivos está la aldea de Betania, y del lado occidental, sobre la ladera oeste que da al valle del Cedrón, el sitio tradicional del Getsemaní.* con muchos olivos. Grandes partes de la ladera oeste están cubiertas con tumbas judías (figs 239, 367).


367. El monte de los Olivos visto desde el muro oriental de la antigua ciudad de Jerusalén.




Monumento


(heb. nâtsar).


Lo que recuerda a alguna persona o acontecimiento, etc. Los monumentos bíblicos, que algunas veces se llaman "memoriales", incluyen: las 12 piedras del lecho del Jordán que conmemoraban la división del agua del río (Jos. 4:3-9); la fiesta de la Pascua* (Ex. 12:12-14; cf 13:7-9); el registro de la derrota de Amalec, escrito por Moisés para recordar a las generaciones futuras las providencias de Dios (17:14; cf vs 8-13); las 2 piedras sobre los hombros en el efod* del sumo sacerdote, y las 12 piedras de su pectoral, sobre las que estaban arabados los nombres de las tribus (28:12, 29); porciones de ciertas ofrendas que se debían quemar como "memoriales" para Dios (Lv. 2:2. 9.16; 5:12; etc.), probablemente para recordar a quien la ofrecía las demandas de Dios sobre él; la observancia de la Cena del Señor, que mantiene ante el creyente la percepción de la importancia de la muerte, la resurrección y la pronta venida de Cristo (Lc. 22:17-19; 1 C. 11:23-26). Cristo predijo que la recordación de su ungimiento por cierta mujer serviría como perpetuo recordativo de ella (Mt. 26:13). El sábado es el monumento especial de Dios para recordar la relación entre el Dios Creador y sus hijos leales a su plan y propósitos (Ex. 20:8-11; 31:13, 16, 17).


Moré


(heb. Môreh, "maestro").



1.


Nombre de un árbol grande o un bosque en Siquem donde Abrahán acampó al llegar a Canaán desde Mesopotamia (Gn. 12:6). El nombre tal vez le fue dado por causa de algún maestro que había vivido allí antes. La palabra "encino" significa "árbol grande", y quizás aquí se lo use con el sentido de bosquecillo, porque una referencia posterior al lugar (Dt. 11:30) contiene la palabra heb. {êlÔn en plural. El lugar exacto no se conoce, pero 809 de acuerdo con el contexto estaba cerca de Siquem.



2.


Colina en el valle de Jezreel, al norte de la fuente de Harod (Jue. 7:1), identificada con Neb§ Da1§ , también llamado Pequeño Hermón, un monte frente a Gilboa en el lado norte del valle de Jezreel, y al sur del monte Tabor, a unos 5,5 km al este noreste de Afula.


Morera; Moral


(gr. sukáminos).


Morera negra, cultivada ampliamente en Palestina por su fruto. Jesús mencionó el árbol en su discurso sobre la fe (Lc. 17:6, DHH, NBE, LPD).


En 2 S. 5:23, 24 y 1 Cr. 14:14, 15 aparece el término heb. bâkâ', que algunos creyeron se referiría a la morera; el consenso es que se trata de la balsamina* o del cabrahígo.*


Bib.: PB 140, 141.


Moreset


(heb. Môresheth, "posesión"; môrashtî, "moresita" o "de Moreset [Moreset-gat]"; Cartas de Amarna, Mujrashti).


Pueblo del profeta Miqueas (Mi. 1:1, 14; Jer. 26:18). Se lo menciona en conexión con otros pueblos de Judá (vs 13-15), en cuya vecindad debió estar. Se lo ha identificado con Tell ej-Judeideh, a unos 22,5 km al noreste de Hebrón; excavado en 1899 y 1900 por Bliss y Macalister.


Bib.: M. Broshi, EAEHL III 694-696.


Moreset-gat


(heb. Môresheth Gath, "posesión de Gat [del lagar]").


Otro nombre para Moreset* (Mi. 1:14).


Moriah


(heb. Môriyyâh, "Yahweh ve [lo ha hecho ver; provee]").



1.


Lugar adonde fue enviado Abrahán para sacrificar a su hijo Isaac (Gn. 22:2). El nombre Moriah parece haber sido muy poco común, porque aparece en sólo un pasaje más (2 Cr. 3:1), donde se lo usa para designar el monte sobre el que Salomón construyó el templo. La "tierra de Moriah" debió haber sido, entonces, la región montañosa alrededor de Jerusalén, y el monte Moriah, el monte específico. Josefo llama al monte sobre el que Abrahán debía sacrificar a Isaac "el monte Moriah". Los samaritanos, que consideran el Gerizim como el monte santo de Dios, ubican el sacrificio de Isaac sobre él, y creen que Moriah era Moré, cerca de Siquem, y que era el lugar donde Abrahán hizo su 1º campamento en la tierra de Canaán, donde construyó un altar al verdadero Dios (Gn. 12:6, 7). Tal identificación, creen, justifica su separación de Jerusalén, y su derecho a adorar a Dios en el monte Gerizim (Jn. 4:20, 21). Por supuesto, esta idea no tiene ninguna base bíblica.


Bib.: FJ-AJ i. 13.1.


368. La roca del monte Moriah, donde Abrahán iba a ofrecer a Isaac, y que también fue el sitio del altar del holocausto de Salomón. El lugar hoy está cubierto por el Domo de la Roca (véase la fig. 281).





2.


Monte donde estaba situada la era de Ornán, el jebuseo. David compró la era y más tarde la eligió como el sitio para la construcción del templo que su hijo Salomón edificó (2 Cr. 3:1; cf 2 S. 24:18). La colina del templo en Jerusalén estaba entre los valles del Cedrón y de Tiropeón, al norte de la antigua ciudad de David (fig 278 ), a unos 744 m s.n.m. Su forma original ha sido alterada por los escombros y por enormes cimientos y plataformas sobre las que está el área del sagrado santuario musulmán, Haram esh-Sherîf. Véanse Jerusalén; Moriah 1.


Una inscripción grabada en la pared rocosa de una tumba cerca de Laquis, que procede de c 700 a.C., contiene las palabras: "El (monte de) Moriah tú has favorecido, la habitación de Yahweh". Esta es la única referencia no bíblica al monte Moriah antes del tiempo de Josefo.


Bib.: J. Naveh, IEJ 13 (1963):85. 86.


Mortero.



Traducción del: 1. Heb. jÔmer y tît. Material de construcción plástico para unir las piedras o los ladrillos (como lodo, argamasa, etc.). En la Biblia se mencionan varias clases de mortero o mezcla: a. Un mortero hecho con arcilla y agua, sin cal, que los campesinos del Oriente usan hasta hoy. Tal vez a esto se refiera Nah. 3:14, donde se implica una situación de emergencia. b. Una mezcla que consistía en arcilla, cal y agua, a la que a veces se añadía cenizas y paja. Se usaba mucho en Palestina y Egipto, donde había grandes cantidades de piedra caliza. Se empleaba para construir casas de mejor nivel y edificios públicos (Ex. 1:14; Is. 41:25). c. El asfalto, utilizado en lugar de mortero en los edificios públicos de la antigua Mesopotamia, porque el material era de fácil obtención en pozos abiertos.


En Jer. 43:9 se traduce la palabra heb. melet como "barro" ("cemento", BJ), pero no se sabe 810 qué tipo de mezcla se sugiere. El "barro" de Lv. 14:42 (heb. {âfâr) literalmente significa "polvo". Véase Blanqueado.


2. Heb. medÔkâh y maktêsh. Recipiente fuerte de piedra (Nm. 11:8; Pr. 27:22) en el que se molían o pisaban sustancias como granos, pintura, especias, droga, y otros productos mediante una mano de mortero o pisón (heb. {elî). Se han excavado numerosos utensilios como éste en Palestina.


Eran generalmente de basalto y tenían unos 90 cm de alto. Para el mortero de Sof. 1:11 (BJ) véase Mactes (RVR).


Mosa


(heb. MÔtsâ', "surgiendo [manando]" o "fuente").



1.


Descendiente de Judá, hijo de Caleb y de su concubina Efa (1 Cr. 2:46).



2.


Descendiente de Saúl por medio de Jonatán (1 Cr. 8:33, 36, 37; 9:39, 42, 43).


Mosca.



Traducción del: 1. Heb. zebûb, un insecto mencionado sólo 2 veces en la Biblia, aunque es una verdadera plaga en Palestina; ataca continuamente a hombres y animales. La mosca pertenece al orden Diptera, y la mosca común se puede encontrar por todas partes en las tierras bíblicas. Is. 7:18 menciona la mosca como un símbolo de las fuerzas egipcias, y Ec. 10:1 nos recuerda que una mosca muerta que caica en un frasco de perfume, arruina todo su contenido. Los filisteos en Ecrón tenían un dios especial de las moscas, Baal-zebub,* que supuestamente podía ser aplacado con sacrificios y librar así de esa plaga a quienes lo consultaban (2 R. 1:2). En las excavaciones de sitios filisteos se encontraron numerosos objetos de oro con forma de moscas (fig 369), que tal vez se habían dedicado a ese dios. 2. Heb. {ârôb, los enjambres de moscas que trajo sobre Egipto la 4ª plaga (Ex. 8:21-31; Sal. 78:45; 105:31). Siguiendo antiguas versiones, los comentadores han visto en ella a los tábanos que chupan la sangre y pueden ser muy molestos para los animales domésticos y aún para el hombre; otros consideran que se trata de los mosquitos comunes.


369. Réplicas de oro (tamaño real) de moscas encontradas en Tell el-'}jjûl, un sitio de Filistea. Probablemente eran objetos ofrecidos para aplacar al dios de las moscas filisteo.




Mosera


(heb. Môsêrâh, "advertencia", "castigo" o "prisión [coyunda]").


Lugar donde acamparon los israelitas durante su peregrinación por el desierto, cerca del sitio donde murió Aarón (Dt. 10:6); no identificado. En Nm. 33:37, 38 se afirma que fue en el monte Hor; por ello Mosera debió haber estado próximo a esa montaña.


Moserot


(heb. Môsêrôth, "advertencias", "castigos" o "prisiones [coyundas]").


Según Nm. 33:30 y 31, muy probablemente el lugar donde Israel acampó y que se denomina Mosera* en Dt. 10:6.


Mosquito


(heb. colectivo kinnâm; gr. konÇps).


Para consideraciones sobre el término hebreo, véase piojo. Generalmente se cree que la palabra griega designa al "mosquitos", aunque Aristóteles usa konÇps para cierta larva que se encuentra en el vino. La palabra aparece en un proverbio en el que se dice que los fariseos colaban el mosquito, uno de los insectos más pequeños, pero tragaban el camello, por lo común el animal corriente más grande en el Cercano Oriente. Con eso quería decir que éstos eran extremadamente cuidadosos en observar los detalles más pequeños de cada regla religiosa, pero no practicaban las normas realmente esenciales (Mt. 23:24).


Bib.: ALP 273-295; Aristóteles, History Antique [Historia antigua] 5.19.


Mostaza


(gr. sínapi).


Cualquier planta del género Brassica. La variedad bíblica probablemente sea la mostaza negra. Crece silvestre en Palestina y también se la cultiva por sus semillas, que se usan como condimento y se muelen para producir aceite. Aunque la planta sólo tiene de 1 a 1,20 m, puede alcanzar alturas de 1,80 a 3,60 m, y tener así suficiente resistencia como para soportar que se posen pájaros en sus ramas. El contraste entre el tamaño de sus semillas y la ya desarrollada planta arbustivo fue usado por Jesús en la parábola para ilustrar al crecimiento del reino de los cielos (Mt. 13:31; Mr. 4:31; Lc. 13:19); la pequeñez de la semilla fue empleada por el Señor en relación con la fe (Mt. 17:20; Lc. 17:6).


Mosto.



Véase Vino.


Mozah


(heb. Môtsâh, probablemente "salida [fuente]" o "manando").


Pueblo de Benjamín (Jos. 18:21, 26), también conocido como Emaús, generalmente identificado con Qalôniyeh, a unos 7 km al noroeste de Jerusalén. El nombre aparece en 2 impresiones de sellos encontrados en Tell en-Natsbeh, probablemente la antigua Mizpa.


Bib.: N. Avigad, IEJ 8 (1958):113 -119.


Muela


(heb. tôjanôth [del verbo tâjan, "moler"], molares").


El término, que literalmente significa "los moledores", aparece en Ec. 12:3; 811 la expresión hebrea indica que se debería añadir la palabra "dientes").


Tanto en el árabe como en el siríaco existen formas similares a tanôth, derivadas de la misma raíz, como metáforas para los molares.


Muerte


(heb. mâweth; gr. thánatos).


La muerte entró en el mundo como consecuencia del pecado (Gn. 2:16, 17; 3:19; Ro. 5:12), y es un enemigo (1 Co. 15:26). Todos los hombres deben morir (1 Co. 15:22; He. 9:27), pero todos volverán a vivir (Jn. 5:28, 29; 1 Co. 15:22).


En la Biblia con frecuencia se llama a la muerte un sueño. De David, Salomón y muchos otros reyes de Israel y de Judá se dice que duermen con sus padres (1 R. 2:10; 11:43; 14:20, 31; 15:8; 2 Cr. 21:1; 26:23; etc.).


Job se refirió a la muerte como a un sueño (Job 7:21; 14:10-12), como también lo hizo el salmista (Sal. 13:3), Jeremías (Jer. 51:39, 57) y Daniel (Dn. 12:2). En el NT, Cristo afirmó que la fallecida hija de Jairo estaba durmiendo (Mt. 9:24; Mr. 5:39). Se refirió a Lázaro muerto del mismo modo (Jn. 11:11-14). Pablo y Pedro también llaman sueño a la muerte (1 Co. 15:51, 52; 1 Ts. 4:13-17; 2 P. 3:4). Muchos santos "que durmieron" se levantaron de sus tumbas en ocasión de la resurrección de Cristo y "aparecieron a muchos" (Mt. 27:52, 53). Lucas, el autor de Hechos, describe la muerte de Esteban como el dormirse (Hch. 7:60).


El sueño es un símbolo adecuado de la muerte, como lo demuestra la siguiente comparación: 1. El sueño es un estado de inconsciencia (Ec. 9:5, 6). 2. En el sueño el pensamiento consciente está dormido. "Sale su aliento... en ese mismo día perecen sus pensamientos" (Sal. 146:4). 3. Con el sueño terminan todas las actividades del día. "En el Seol [sepulcro], adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría" (Ec. 9:10). 4. El sueño nos separa de los que están despiertos y de sus actividades. "Y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol" (v 6). 5. El sueño normal desactiva las emociones. "Su amor y su odio y su envidia fenecieron ya" (v 6). 6. El sueño es transitorio y supone un despertar.


"Entonces llamarás, y yo te responderé" (Job 14:15). "Porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepucros oirán su voz; y... saldrán" (Jn. 5:28, 29). Véase Resurrección.


En el sueño de la muerte el aliento cesa (Sal. 146:4), el cuerpo físico se descompone y sus elementos se mezclan con la tierra de donde procedió (Sal. 146:4; Gn. 3:19), y el espíritu regresa a Dios, de donde vino (Ec. 12:7).


Sin embargo, el espíritu así separado del cuerpo no es un ente consciente. Es el carácter del hombre lo que Dios conserva hasta la resurrección (1 Co. 15:51-54; Job 19:25-27), de modo que todos los hombres volverán a tener su mismo carácter (véase CBA 6:1092, 1093). En ocasión de la 2ª venida de Cristo los justos recibirán la inmortalidad, y al mismo tiempo serán revestidos de cuerpos glorificados (1 Co. 15: 25-49). Véase Espíritu.


Entre el tiempo de la muerte y el de la resurrección se representa a los muertos como durmiendo en el Seol (Ec. 9:10 ) o en el Hades (Hch. 2:27, 31). No están en el cielo (vs 29, 34), porque no están con el Señor hasta la 2ª venida (Jn. 14:1-3). La Biblia menciona una 2ª muerte (Ap. 20:6). La 1ª sobreviene a todos como resultado de la operación normal de los efectos degenerativos del pecado; la 2ª muerte afecta sólo a los impenitentes al final de los 1.000 años de Ap. 20, cuando los malvados serán eternamente aniquilados (Mt. 10:28). En la conflagración final esta tierra será purificada por fuego (2 P. 3:10). Con la destrucción de Satanás y de los impíos, la muerte resultará destruida (1 Co. 15:26; Ap. 20:14). Véase Segunda muerte.


Figuradamente, se describe a los pecadores como "muertos en... delitos y pecados" (Ef. 2:1; cf Col. 2:13). A menos que el Espíritu Santo toque sus corazones, son insensibles a todo lo espiritual. En Ro. 6:2, Pablo, invirtiendo la figura, se refiere a los cristianos como muertos al pecado; ya no viven en él.


Muerto, Mar.



Véase Mar Muerto.


Mujer


(heb. zishshâh; gr. gune, "mujer", "esposa").


Las diversas mujeres son descriptas en artículos bajo el nombre de cada una de ellas. Este artículo sólo se ocupa de la mujer como una clase en los sucesivos períodos de la historia bíblica.



I. La mujer original.


Cuando Dios "creó... al hombre a su imagen... varón y hembra los creó" (Gn. 1:27). Dios dio a ambos sexos, sin distinción, la bendición, la orden de fructificar y de multiplicarse (1:28), y la tarea de sojuzgar la tierra y enseñorearse de todas las criaturas vivientes. Gn. 2 da algunos detalles adicionales: Adán fue formado primero -del polvo- y se le dio la oportunidad, antes de formar a Eva, de observar los animales para darse cuenta de que únicamente él estaba solo, de sentir la necesidad de una contraparte femenina, una "ayuda" (heb. {êzer) "idónea" (heb. kenegdô). El término para "ayuda", aplicada también a Dios (Ex. 18:4; etc.), no implica que es inferior; la palabra para "idónea" significa "con su contraparte", "correspondiente 812 a él". Que Eva fuera formada de la costilla de Adán, y no tomada ni de su cabeza ni de su pie sino de su costado, es un símbolo adecuado de la igualdad y la unidad de la pareja.


La subordinación de Eva a su esposo fue una de las consecuencias de la caída, después que la naturaleza humana se volvió egoísta y competitiva.


Como algunos lo han señalado, la palabra hebrea traducida "enseñoreará" no indica un decreto sino sencillamente afirma el hecho de que el esposo dirigirá a la esposa.


Sin embargo, algunos toman ciertos pasajes del NT (véase la sección VI) como que implican un cambio de estatus destinado a adecuarse a la naturaleza pecaminosa de la humanidad; y algunos citan otros textos para indicar algún grado de preeminencia de Adán desde el comienzo. En cualquier caso, desde la caída los descendientes masculinos de Adán han extendido de hecho la supremacía del hombre en la familia hasta incluir su dominación sobre las mujeres, lo que no establece el informe de Gn. 1 y 2.


Otro punto de vista es que el estatus de Eva fue alterado, no por causa de inferioridad, sino como un ajuste necesario por la pérdida de la paz y la armonía que había entre ambos socios iguales antes del pecado; pero que el cristianismo del NT tiene la meta de contrarrestar los efectos de la caída al restaurar aún en esta tierra las relaciones originales (véase la sección VI).



II. En el período patriarcal.


Entre Adán y Abrahán no sabemos nada de la mujer, excepto que un descendiente de Caín introdujo una pluralidad de esposas (Gn. 4:19). Pero entre Abrahán y Moisés conocemos mucho por la descripción que hace la Biblia acerca de la sociedad patriarcal. El padre era la cabeza de la familia extendida, que incluía las de sus hijos y tal vez las de sus nietos. Por ello, se valoraba a los hijos por sobre las hijas, ya que ellas se apartarían para formar parte de otras familias o clanes. (Por tanto, en las genealogías sólo se mencionan los hijos varones, excepto en el caso de mujeres de significación especial para el relato.) Las mujeres actuaban principalmente como esposas y madres, y se ocupaban de las tareas domésticas: cocinar, acarrear agua, y cuidar e instruir a los niños (Gn. 18:6; 24:13; 27:13, 14). Algunas veces cuidaban de los rebaños, y otras veces oficiaban como nodrizas o parteras (Gn. 29:9, 10; Ex. 1:15, 16). Sin embargo, la mujer podía actuar en las actividades religiosas, sociales y económicas, y podía tener considerable influencia sobre su esposo e hijos (por ejemplo, Sara en el incidente con Agar e Ismael: o Rebeca al asegurar la primacía de Jacob [Gn. 16:5, 6; 21:9-14; 27:6-17, 23]). La esposa, aunque bajo la autoridad de su esposo como su "señor" (18:12), no estaba al mismo nivel que los esclavos. Abrahán se dirigió a Sara con respeto en el pedido que le hizo (12:13).


En la época patriarcal las mujeres tenía una considerable libertad de movimiento: trabajaban en el campo o con los rebaños, y se mezclaban con los pastores junto al pozo de agua (24:15-28; 29:9-11). Rebeca aparentemente fue sin velo al pozo y viajó así hasta que se encontró con su prometido (24:15, 16, 65); Sara también fue vista por los egipcios, quienes admiraron su belleza (12:14). Aparentemente la novia llevaba velo durante el casamiento (29:23, 25).


Los casamientos eran arreglados por padres o parientes, pero se pedía el consentimiento de la novia (24:58). Parece que era costumbre que ella llevara consigo su criada personal a su nuevo hogar. Una esposa podía dar su esclava a su esposo como esposa secundaria (16:2, 3), cuyos hijos pertenecían legalmente a ésta, por lo que podían llegar a estar al mismo nivel que los de la esposa (por ejemplo, los 4 hijos de las criadas de Raquel y de Lea). En el caso de Abrahán, sin embargo, los hijos de la esposa secundaria, Agar, y Cetura, su segunda esposa legal, fueron despedidos del clan (16:3; 21:10; 25:1-6) con regalos pero sin herencia.


Cuando una mujer casada quedaba viuda, sin hijos, era deber del hermano mayor sobreviviente de su esposo casarse con ella, y el primer hijo de ese matrimonio debía continuar con la línea del fallecido (38:8-11).



III. Bajo la ley mosaica.


En la teocracia israelita, establecida después del éxodo, el código de leyes continuaba los rasgos principales del sistema patriarcal, aunque mitigaba algunos de sus males más graves. Por ejemplo, no se prohibió la poligamia, pero fue reglamentada. El divorcio exigía un certificado legal que daba a la mujer divorciada el derecho de casarse otra vez (Dt. 24:1-4).


Las mujeres israelitas dependían del jefe de la familia -ya sea padre o esposo- y, a menos que enviudara o se divorciara, no podía hacer un voto sin el consentimiento de él (Nm. 30:3-15). Sin embargo, su estatus era muy superior al de las mujeres de las naciones vecinas.


Al casarse, las mujeres pasaban de la autoridad del padre a la del esposo. Un hombre no podía vender nunca a su mujer, aún cuando la hubiera tomado cautiva en la guerra (Dt. 813 21:10-14). Podía vender a su hija sólo con el propósito de llegar a ser una esposa secundaria de su amo o del hijo de su amo. No podía ser vendida otra vez a un extranjero, ni podía salir libre al fin de los 6 años (Ex. 21:7-11), como ocurría con la esclava hebrea que no era vendida en matrimonio (Dt. 15:12-14). Si un hombre seducía a una señorita soltera tenía que pagar la "dote" acostumbrada y tomarla como esposa; no podía divorciarse nunca de ella (Ex. 22:16, 17; Dt. 22:28, 29). En caso de adulterio, la penalidad para ambas partes era la muerte (Lv. 20:10).


Una viuda no heredaba los bienes de su esposo; éstos pasaban a sus hijos o, si no había hijos varones, a las hijas mientras éstas no se casaran fuera de su tribu (Nm. 27:1-9; 36:2-9). Una viuda sin hijos se debía casar con su cuñado para continuar con la línea de su esposo (Dt. 25:5-10): la ley del levirato. Las viudas podían espigar en los campos y se podían beneficiar con el diezmo* del 3º, año.


La ley hebrea trataba al hombre y a la mujer por igual en ciertos casos: se exigía el respeto por el padre y la madre (Ex. 20:12; 21:15, 17; Lv. 19:3; 20:9); los crímenes de violencia contra un hombre o una mujer eran castigados del mismo modo (Ex. 21:15-32). Pero en el caso de votos especiales, el dinero de la valuación de una mujer era menor que el de un hombre (Lv. 27:1-7), y el período de purificación después del nacimiento de una niña era el doble que el período para un varón (12:1-7).


La mujer desempeñaba un papel secundario en la vida religiosa. Sin embargo, enseñaba a los niños en casa y participaba en la observancia del sábado (Ex. 20:10). Las familias enteras celebraban juntas la Pascua (Ex. 12:3, 14, 15), y las mujeres y las niñas podían acompañar a los hombres a las fiestas de las Semanas (Pentecostés) y de los Tabernáculos (Dt. 16:10-16). Las mujeres de las familias de sacerdotes podían comer de la parte del sacerdote o de las ofrendas de paz (Lv. 10:14; Nm. 18:11). Entre los laicos, "el hombre o la mujer" podían presentar ofrendas por las ofensas (Nm. 5:6-8). En otra descripción de la misma ofrenda, "un alma" (heb. nefesh), traducido como "persona" o "alguno", es aparentemente equivalente a "un hombre o una mujer" (Lv. 6:2-7). Esto indica que las mujeres podían traer otras clases de ofrendas prescriptas para "un alma" (4:2, 27; 5:1, 4, 15, 17).


No se les impedía acceder a cargos de liderazgo y autoridad. Hubo profetisas (María, Débora y más tarde Hulda). Débora también fue juez* y una especie de líder militar; pero no hubo sacerdotisas en Israel. (Algunos censuran hoy esta restricción como un desprecio a las mujeres capaces.


Otros la invocan como un argumento para impedir que las mujeres ejerzan cualquier cargo pastoral. Sin embargo, un sacerdote que ofrecía sacrificio sobre el altar tenía una función totalmente diferente de la de un ministro religioso.) La ventaja de la ausencia de sacerdotisas es evidente cuando se considera el ambiente alrededor de Israel. Entre las naciones vecinas las sacerdotisas a menudo tenían la función de prostitutas sagradas en los cultos de fertilidad, que involucraban ritos groseramente inmorales en relación con los templos y los lugares altos.



IV. En el AT fuera del Pentateuco.


En el Israel posterior al Pentateuco la posición de la mujer estuvo regida por el mismo código de leyes sociales y religiosas. La subordinación de la mujer no impedía una genuina relación de amor (1 S. 1:5, 8; Ec. 9:9) y el respeto genuino de su esposo e hijos (Pr. 18:22; 31:28). Sin embargo, los profetas vieron necesario anunciar el desagrado de Dios por el descuido y la crueldad hacia la mujer, especialmente las madres y las viudas (Mi. 2:9; Am. 1:13; Is. 10:1, 2). En el AT hay muchas referencias a la amenaza que constituye una mujer contenciosa, malvada o inmoral (Pr. 21:9,19; 6:24, 26:7). Pero también existen muchas relativas a mujeres de buen juicio, sabias, bondadosas y con otras buenas cualidades (1 S. 25:3; 2 S. 20:16; Pr. 11:16). El epítome del carácter femenino es la esposa industriosa, de muchos recursos, habilidosa, bondadosa, sabia, honrada y piadosa (Pr. 31:10-31).


La buena mujer de Pr. 31 podía comprar propiedades. Lo mismo hizo la rica y destacada mujer de Sunem podía recurrir al rey personalmente para reclamar sus derechos sobre ellas (2 R. 4:8-37; 8:1-6). También podía montar un burrito e ir a ver al profeta sin tener que dar cuenta a su esposo por su decisión (4:22, 23).


Sobre el lienzo de la narración del AT aparecen las figuras de muchas mujeres: unas pocas retratadas de cuerpo entero, desde la pobre, pero fiel Rut, que espió en los campos, hasta la malvada Jezabel, que condujo a Israel a una idolatría generalizada de la peor especie; desde el encanto, descripto con intensidad oriental, de la joven campesina amada por el rey Salomón, hasta el valor de Ester, que arriesga su trono y su vida para salvar a su pueblo.



V. Jesús y la mujer.


Jesús nunca hizo campañas en favor de los derechos de la mujer, pero su trato con ellas, cuando se lo considera 814 en el marco de las ideas y costumbres de la época, es revolucionario. Los lectores modernos no perciben el impacto del sereno desprecio de Jesús por las costumbres de Palestina en el s I d.C. en su trato con las mujeres como personas de valor.


Aunque la mujer judía de esos días podía, de acuerdo con su capacidad y sus oportunidades, tener una influencia considerable sobre su esposo e hijos, su ámbito de acción era principalmente el hogar (esposa, madre y dueña de casa). En cierta forma, tenía menor libertad que en épocas anteriores, a menos que perteneciera a la clase obrera y tuviera que trabajar junto a los hombres en el campo o el taller para ayudar a mantener a su familia. Era miembro de la comunidad religiosa, pero en forma limitada. Podía asistir a la sinagoga en la sección de las mujeres, probablemente una galería, y podía participar de las grandes fiestas anuales con su familia. Pero estaba eximida de estudiar la Torá y de todo deber religioso positivo relacionado con momentos específicos, aunque la principal excepción a esto era la preparación para el sábado y, particularmente, el encendido de las velas al comienzo de éste (y, por supuesto, la observancia del sábado).


En el templo podía pasar más allá del atrio exterior de los gentiles, hasta el de las mujeres, pero no podía entrar en el atrio de Israel, que estaba junto al de los sacerdotes, reservado para los hombres israelitas. (Parece que esto apareció tardíamente; no se mencionan atrios separados para las mujeres en el templo de Salomón ni en el postexílico.) Se ha aceptado que la Mishná implica que una mujer sólo podía ofrecer 2 sacrificios (la ofrenda de cereales o harina con el voto de los nazareos, y la que tenía que ver con la ordalía del agua amarga), y tenía que depender del perdón de sus pecados de los sacrificios que llevaban su esposo o su padre. Si fue así, significó un cambio desde los días del AT (véase la sección IV).


Basta percibir que se juzgaba un escándalo que un hombre hablara con una mujer en la calle y que los rabinos a menudo las considerasen inferior y un peligro para la moralidad de un hombre, para ver cuán revolucionaria fue la actitud de Jesús hacia ellas. Violó las costumbres rabínicas cuando las recibió como seguidoras, y aceptó tanto la asistencia como el dinero de un grupo de mujeres dedicadas de Galilea que lo acompañaban con los Doce en sus viajes (Lc. 8:1-3; Mt. 27:55, 56), y que fueron las primeras en llevar la noticia de la resurrección (Lc. 23:55-24:10). Sorprendió a sus discípulos al conversar con una mujer junto al pozo, en Samaria (Jn. 4:7, 27). Escandalizó a su huésped fariseo Simón al mostrar gratitud y comprensión por el perfume de María (Mt. 26:6-13; Lc. 7:36-50). Aceptó la amistad y la hospitalidad de Marta y María (Lc. 10:38-42; Jn. 11:1-5). Pero en medio de todo esto, sus peores enemigos nunca pudieron acusarlo de impureza en palabras o actos.


Enseñó un elevado concepto del matrimonio y restringió el divorcio al caso de infidelidad conyugal; sustentó la norma única al exigir pureza de los hombres (Mt. 5:27-32). Sin embargo, sin condonar el pecado, perdonó a la adúltera que fue llevada ante él (Jn. 8:1-11). Muchas de sus parábolas se basaron en experiencias de las mujeres. Tomó nota de la pobre viuda cuyas 2 moneditas de cobre fueron evaluadas por Jesús como superiores a los dones de los ricos (Mr. 12:41-44). Su 1º milagro fue realizado respondiendo a un deseo de su madre (Jn. 2:1-11); y casi las últimas palabras que dijo en la cruz fueron para su madre al ponerla al cuidado del discípulo Juan (19:25-27).



VI. Pablo y la mujer en la iglesia primitiva.


Con excepción de Dorcas y Safira, que están relacionadas con Pedro, casi todas las mujeres de la iglesia primitiva mencionadas en la Biblia están asociadas con Pablo. El 1º contacto de Pablo con mujeres cristianas fue la persecución de que él las hizo objeto (Hch. 8:3; 9:2), probablemente algunas del "gran número así de hombres como de mujeres" (Hch. 5:14) que se añadieron a la iglesia después del Pentecostés. Pero fue Pablo quien puso en palabras la gran declaración de la iglesia naciente: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abrahán sois, y herederos según la promesa" (Gá. 3:28, 29).


En el libro de Hechos y en las epístolas encontramos muchos nombres de mujeres activas en la iglesia. En Listra estaba Eunice, la madre de Timoteo (Hch. 16:1; 2 Ti. 1:5); en Filipos, Lidia, la 1ª conversa de Europa (Hch. 16:8-15), y también Evodia y Síntique, colaboradoras de Pablo (Fil. 4:2, 3); en Atenas, Dámaris (Hch. 17:34); en Corinto, Priscila, que con su esposo Aquila trabajaron con Pablo y lo acompañaron a Efeso (18:1-3, 18, 19).


Pablo ha adquirido la reputación de tener prejuicios contra la mujer. En Corinto reprendió el escándalo, las divisiones, las contenciones y las reuniones desordenadas; su tema: limiten 815 sus libertades cristianas si debilitarán u ofenderán a otros. Por ejemplo, los conversos para quienes el comer alimentos ofrecidos a dioses inexistentes todavía era idolatría (1 Co. 8; 10:27-32); o los no cristianos para quienes una mujer en la iglesia con la cabeza descubierta (o con el cabello suelto en lugar de estar atado a la cabeza; 11:5, 6) significaba que ella repudiaba su matrimonio o la autoridad de su esposo (vs 15, 10 cf Nm. 5:18). Pero la explicación de Pablo acerca de Adán y Eva deja, al parecer, ambigua la situación de la mujer (1 Co. 11:8, 9; cf vs 11, 12). En el cp 14, ¿pide a las mujeres que guarden silencio en la iglesia y pregunten después a sus esposos en casa (vs 34, 35) porque son subordinadas, o porque provocan confusión con sus preguntas? Ciertamente no desaprobó a las mujeres que hablan en oración o profetizan, sino sólo a las que tienen un arreglo no apropiado de su cabello (11:5, 13).


Aparentemente, había detalles conocidos para los corintios que la carta de Pablo no revela a los lectores actuales.


Más tarde tuvo que pedir a Timoteo que no permitiera que las mujeres enseñaran o usurparan la autoridad de los hombres (1 Ti. 2:11-14). El caso de Adán y Eva, ¿sugiere una situación entre esposos o una regla general? La amonestación a enseñar a las esposas a ser obedientes a sus maridos está acompañada por una razón: "Para que la palabra de Dios no sea blasfemada" (Tit. 2:4, 5). Notemos que la misma razón se da para que los esclavos cristianos honren a sus amos: el bien de la causa (1 Ti. 6:1).


Las opiniones todavía difieren con respecto a la actitud de Pablo hacia las mujeres, pero ciertamente él aceptó y apreció calurosamente a muchas de ellas como amigas y colaboradoras (Ro. 16), y presentó el gran ideal de que "ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gá. 3:28).


Mula.



Véase Mulo/a.





















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