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martes, 29 de marzo de 2011

Sabá - Salmón - DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 









Amigo del Románico>
Aubie et Espessas

Iglesia de Saint-Pierre de Espessas








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Círculo Románico
Fotos | Perfil
04/02/2008 03:22

Magnífica iniciativa, me encanta tu trabajo en Francia y me gustaría que contases detalles de tu ruta, para "soñar" poder hacerla algún día. Respecto de la pila benditera, tengo algo fotografiado en Portugal y puedes verlo en el lugar correspondiente de circuloromanico. com (http://www.circuloromanico.com)

Si careces de espacio para narrar e incluír mapas, anécdotas, narraciones o reportajes, te brindo poder hacerlo en el nuestro.

Un saludo J. Blázquiz (Beato), también amigo del románico.





Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA



Sabá - Salmón

Sabá


(heb. Shebâ', quizá "siete" o "juramento"; sudar. Ðb').


Aunque ha habido opiniones contradictorias en cuanto a si Etiopía o Arabia son el lugar de residencia de la reina de Sabá, en la actualidad se cree generalmente que era la reina de la ciudad árabe de Sabá, en la región que ahora se conoce como Yemen. Según las Escrituras, le hizo una visita a Salomón (1 R 10:1-13). Veanse Reina de Sabá; Seba 1.


Sabactani


(gr. sabajtháni, sabajthanéi).


Transliteración, a través del griego, de la palabra aram. shebaqtanî, "tú me has abandonado" (Mt. 27:46; Mr.15:34). Véase Eloi.


Sábado


(heb. shabbâth, "[día de] reposo", "cesación"; shabbâthôn [una variante de shabbâth]; ambas palabras derivan del verbo shâbath, "cesar", "descansar", "guardar el sábado"; gr. sábbaton, "sábado").


El día de reposo semanal, instituido al final de la semana* de la creación y observado por los adoradores de Dios, tanto judíos como cristianos, durante toda la época abarcada por la historia bíblica. Cuando Dios acabó de crear la tierra, "reposó el día séptimo de toda la obra que hizo" (Gn. 2:1,2). Este "reposo"* no fue consecuencia del cansancio o la fatiga (Is. 40:28), sino del hecho de que la tarea estaba completa y el mundo era perfecto (Gn. 1:31). Concordaba en todo sentido con su ideal, y le puso fin a su trabajo, porque su obra ya no se podía mejorar. Entonces "bendijo Dios el día séptimo, y lo santificó" como un monumento recordativo de su obra creadora (2:3). Puesto que "el día de reposo [sábado] fue hecho por causa del hombre" (Mr. 2:27) -es decir, en beneficio del hombre- es lógico llegar a la conclusión de que la bendición divina con que el Creador invistió al 7º día de la semana debía constituir un canal de felicidad para Adán y Eva. Puesto que Dios también lo "santificó" (Gn. 2:3), o lo separó para uso sagrado, podemos estar seguros de que nuestros primeros padres dedicaron esas horas santas a Dios. Que el Creador tenía la intención de que la bendición del sábado fuera para todos los hombres de todos los tiempos, resulta evidente de la declaración de que "fue hecho por causa del hombre" (Mr. 2:27), con el propósito de que éste descansara y lo empleara con motivos santos. De acuerdo con esto, el 7o día es un día de reposo para todos los que reconocen que son descendientes de Adán y Eva, y no sólo para los judíos. En efecto, éstos recién aparecieron muchos siglos después de la creación, y Dios nunca tuvo la intención de que ellos monopolizaran la observancia del sábado. 1017


Es evidente que nuestros primeros padres y sus descendientes entendieron el significado del 7º día, porque: 1. Dios no llevó a cabo las obras de la semana de la creación en beneficio propio, sino en favor del hombre. Y puesto que el reposo de Dios en el 7º día no era consecuencia del cansancio, y que ese día formaba parte de la semana de la creación, tal como su nombre lo indica, resulta evidente que la bendición y la santificación del sábado también eran en beneficio del hombre, particularmente para su bien espiritual y moral. 2. Desde los albores de la historia la semana de 7 días ha sido conocida y aceptada como medida de tiempo (Gn. 7:4, 10; 8:10, 12; 29:27). Puesto que su duración no depende de los movimientos de ninguno de los cuerpos celestes, y no hay manera de trazar su origen aparte del relato de la creación que encontramos en Gn. 1 y 2, la aceptación por parte del hombre de la semana de 7 días en aquellas primeras épocas se debe remontar al hecho de que Dios estableció el 7º día de la semana como día de reposo, bendición y santificación.


La 1ª aparición de la palabra sábado en las Escrituras se encuentra en Ex. 16:21-30, en relación con la caída del maná antes de la llegada de Israel al monte Sinaí. Dios puso énfasis en la importancia del 7º día de la semana, como día de descanso, al proporcionar una doble ración en el día 6º y nada en el 7º. Este milagro semanal comenzó el 2º mes después de la partida de Israel de Egipto (vs 1, 14, 15), y duró 40 años, hasta el mes 1º (Jos. 5:10-12; cf Ex. 12:2-11; 16:35), es decir, más de 2.000 sábados semanales sucesivos.


En el monte Sinaí, Dios prescribió la observancia del reposo del 7º día con las palabras del 4º mandamiento del Decálogo (Ex. 20:8-11). Escribió esta ley con su propio dedo en tablas de piedra (Ex. 31:18; Dt. 9:10) y le dio instrucciones a Moisés para que fuera puesta en el arca del pacto (Dt. 10:1-5). La palabra "acuérdate", con que comienza el mandamiento relativo al sábado, no quiere decir que la observancia del 4º mandamiento es más importante que la de los otros 9, porque todos son iguales (Jos. 2:8-11; Stg. 2:10, 11). El pueblo de Dios tenía que "acordarse" del sábado porque "en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día"; es decir, el sábado es un monumento recordativo del Creador y de la creación. Por eso, "Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" en el mismo principio. Dios sabía que la tendencia natural del hombre consistiría en preocuparse tanto de las cosas que había hecho durante los 6 días de la creación, que olvidaría Quién las había hecho, una tendencia universal y evidente desde aquellos lejanos tiempos (Ro. 1:20-25).


Las Escrituras del AT a menudo diferencian al verdadero Dios de los dioses falsos por su poder creador. Por ejemplo, en Sal. 96:5 leemos: "Todos los dioses de los pueblos son ídolos; pero Jehová hizo los cielos".


Era el propósito del Señor que el hombre comprendiera "las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad" por medio "de las cosas hechas" (Ro. 1:20). De acuerdo con esto, el Creador infinitamente sabio instituyó el sábado con el fin de que no se olvidara a Dios y se deslizara hacia la idolatría, y así fuera una bendición para el ser humano y no una carga. El Señor declaró definidamente que sería una "señal" permanente entre él y su pueblo, por medio de la cual siempre reconocerían que el verdadero Dios era su Dios (Ex. 31:13). Además de su importancia universal para todos los hombres, el sábado tendría un significado adicional para Israel como recuerdo de que el Señor los había librado de la esclavitud egipcia y les había dado descanso (Dt. 5:12-15).


Aparte de los sábados semanales (Lv. 23:3) había 7 sábados ceremoniales por año, diseminados a lo largo del calendario litúrgico: 1 y 2.


Los días 1º y último de la fiesta de los Panes sin Levadura (vs 7, 8). 3. El Pentecostés (v 21). 4. El 1º día del 7º mes (v 24). 5. El Día de la Expiación (v 27). 6 y 7. Los días 1º y último de la fiesta de las Cabañas (vs 34 - 36).


Los sábados ceremoniales podían caer en cualquier día de la semana, y de vez en cuando coincidían con el sábado semanal. Además de los sábados semanales y anuales, cada 7 años había un año sabático,* durante el cual no se trabajaba la tierra (25:3-7). Cada 50 años se proclamaba un jubileo,* que duraba un año, durante el cual las propiedades volvían a sus dueños originales.


Al imponer la suspensión del trabajo, el 4º mandamiento proveía el tiempo para el descanso físico y el refrigerio espiritual. Sin embargo, ese tiempo no se debía dedicar a la ociosidad, porque Dios instruyó a su pueblo para que se reuniera en "santa convocación" (Lv. 23:3; cf Ez. 46:3). La preeminencia del sábado sobre los demás días de la semana se acentuó en el ritual del antiguo tabernáculo y del templo mediante la ofrenda de un cordero adicional (Nm. 28:9, 10) y de la renovación en ese día de los panes de la proposición (Lv. 24:5-8; 1 Cr. 9:32). De acuerdo con la ley levítica, la sanción que merecía la violación del sábado era la muerte (Ex. 31:14-16), y a lo menos se registra un caso de ajusticiamiento 1018 de alguien que violó el sábado voluntariamente (Nm. 15:32-36).


La violación del sábado fue uno de los pecados que dio como resultado el cautiverio babilónico (Jer 17:19-27). Tal como Jeremías, el profeta Ezequiel se lamentaba porque en sus días el sábado era ignorado en gran medida (Ez. 20:12-24; 22:8; 26:23, 38). Al escrutar el futuro, Isaías previó la conversión de los gentiles y prometió una bendición para quienes guardaran el sábado (ls. 56:2-6; cf 58:13). Después del cautiverio los judíos cayeron de nuevo en el descuido con respecto a la observancia del sábado, y Nehemías impulsó una reforma con el fin de fomentar dicha observancia (Neh. 10:31-13:15-22).


Durante la época intertestamentaria los fariseos cargaron el sábado con una cantidad de reglamentos triviales que hicieron de él una carga en vez de una bendición. Esos pesados reglamentos, codificados más tarde en la Mishná, formaban parte de la tradición que Jesús combatió tan vigorosamente durante todo su ministerio (Mt. 23:4; Mr. 7:1-13). La Mishná (Shabbath 7.2) hace una lista de 39 trabajos diferentes que no se pueden llevar a cabo en ese día, y hay además una cantidad innumerable de otros minuciosos reglamentos. En efecto, 2 tratados completos de la Mishná, Shabbath y {Erubin, se dedican a enumerar los diversos reglamentos concernientes al sábado. Estaba prohibido, por ejemplo, deshacer un nudo, escribir más de 2 letras del alfabeto o borrar un espacio mayor del que da cabida a 2 letras, encender un fuego o apagarlo. El reglamento más conocido es el que se refiere al "camino de un sábado", que era de más o menos 1 km. También se consideraba violación del día de reposo contemplarse en un espejo fijo en la pared. Se podía vender a un gentil el huevo que la gallina ponía en sábado, pero no se lo podía comer; también se podía contratar a un gentil para que encendiera una vela o el fuego ese día: se consideraba ilegal escupir en tierra, no fuera que una hoja de pasto recibiera irrigación por ese medio; no se permitía que alguien llevara un pañuelo durante el sábado, a menos que una punta estuviera cosida a la ropa, en cuyo caso ya no era técnicamente un pañuelo, sino parte de las vestiduras. De este modo Los rabinos ponían énfasis en los aspectos negativos de su observancia, es decir, en lo que no había que hacer, y de esta manera magnificaban la importancia de las formas de la religión mientras le restaban trascendencia a su contenido. Hicieron del sábado un fin en sí mismo, y convirtieron a los hombres en esclavos de él. Estos reglamentos negativos y minuciosos sirvieron eficazmente para oscurecer su verdadero propósito. Este énfasis rabínico sobre su rígida observancia llegó a su apogeo durante el ministerio terrenal de nuestro Señor, y en ningún otro aspecto entró Jesús en un conflicto más agudo con los dirigentes del judaísmo que con respecto a la observancia del sábado.


Enseñó que éste había sido instituido en beneficio del hombre (Mr. 2:27, 28), y enfatizó los aspectos positivos de su observancia, es decir, en la clase de actividad que se puede llevar a cabo en ese día. Nada de lo que dijo o hizo se puede interpretar como opuesto al sábado que aparece en los Diez Mandamientos o en la ley levítica. Su protesta estaba orientada exclusivamente contra los abusos que había sufrido el día de reposo en manos de los rabinos, y su propósito consistió en liberar el día de los pesados reglamentos con que lo habían sobrecargado (Mt. 23:13). Era su costumbre dedicar el día a su participación en los servicios religiosos y a la instrucción religiosa (Mr. 1:21; 3:1; Lc. 4:16-27; 13:10), a actividades sociales apropiadas (Mr. 1:29-31; 2:23; Lc.14:1-3) y a obras de misericordia. Llevó a cabo 7 de sus milagros de sanidad durante el sábado (Mr.1:21-31; 3:1-5; Lc. 13:10-17; 14:1-4; Jn. 5:1-15; 9:1-7). Véase Sábado, Camino de un.


Durante toda la epoca comprendida por el NT, los cristianos guardaron el 7º día de la semana como su día de reposo. En vista de la gran importancia que los judíos le adjudicaban, y a la luz de la tormenta de oposición suscitada por la inobservancia por parte de los gentiles de las prescripciones rituales (Hch. 15; Gá. 2; 3), la más mínima desviación de la observancia del sábado establecida por el Decálogo, ya sea por parte de Pablo o de cualquiera de los dirigentes de los tiempos apostólicos, inevitablemente habría producido una avalancha de protestas similar a la que surgió con respecto a reglamentos como la circuncisión, a comer con los gentiles y diversas otras disposiciones relativas a la liturgia (Hch. 11:1-3; 15:1, 2; 21:20, 21; Gá. 3:1; 4:10; 5:1). Parece imposible que si hubiera habido una contienda acerca de la observancia del sábado, no haya sido registrada en el NT. Pero los autores del NT guardan un completo silencio al respecto. Por el contrario, se menciona frecuentemente que el apóstol Pablo, al recorrer el mundo gentil para proclamar el evangelio, entraba "en la sinagoga en un día de reposo [sábado]" (Hch.13:14, 44; 16:13; 17:2; 18:4). Se puede argumentar que lo hacía porque estaba seguro de encontrar en ese día una buena audiencia.


Pero, al mismo tiempo, el NT guarda silencio con respecto a cualquier reunión religiosa cristiana celebrada en el 1º, día de la semana que pueda proporcionar la más mínima evidencia de que los creyentes de aquel tiempo le adjudicaban alguna importancia especial a ese día. Entre los pasajes del NT que a veces se citan en un intento de probar la observancia del 1º, día de la semana por los cristianos de los días apostólicos, se encuentran Mt. 28:1, Hch. 20:7, 1 Co. 16:2 y Ap. 1:10, pero cuando se los examina se descubre que estos versículos no proporcionan evidencia alguna que indique la transferencia de la santidad del 7º día de la semana al 1º, o que los cristianos de la iglesia primitiva hayan considerado alguna vez que el 1º día era un día santo. La verdad absoluta es que desde el principio hasta el fin la Biblia no reconoce otro día fuera del 7º de la semana como día santo semanal de perpetua obligación. (Para una explicación del problema presentado en el texto griego de Lc. 6:1, véase CBA 5:726,147, 148.) Véanse Día del Señor; Primer día de la semana.


440. Ostracon encontrado en Elefantina. La inscripción aramea menciona el sábado.


La 1ª mención al sábado proveniente de fuentes extrabíblicas aparece en un óstracon con inscripciones, que se encontró en la isla de Elefantina* (fig 440). Estas inscripciones del s V a.C. fueron hechas por colonos judíos que vivían en la isla, quienes eran mercenarios por cuenta de los persas.


En los registros de las naciones antiguas no se menciona nunca el sábado. El término bab. shabatu, relacionado por algunos con el 7º día, no era de descanso semanal, sino el nombre que se le daba al día en que caía la luna llena, y que se celebraba como festividad una vez por mes.


Algunos han visto vestigios de la existencia del 7º día de la semana en los tabúes especiales adjudicados a los días 7º,14º, 21º y 28º del mes, que aparecen en las antiguas hemerologías de Mesopotamia, es decir, en las listas de días propicios y adversos, que contienen reglas acerca de lo que se debe hacer y no hacer en ciertos días. Es posible que estas disposiciones reflejen en cierto modo y en forma vaga el recuerdo de la semana original conocida por los patriarcas. Un estudio de las prácticas religiosas de las naciones paganas de la antigüedad pone en evidencia que el politeísmo y la idolatría borraron casi totalmente el conocimiento de Dios y del verdadero culto. Los paganos se enteraron de la existencia del sábado por medio de los judíos de la Dispersión.


Sábado, Camino de un.



Expresión que se aplicaba en tiempos de Cristo a la distancia que podía recorrer un judío durante el sábado sin quebrantar la ley judía tradicional.


La frase aparece en la Biblia únicamente en Hch 1:12, donde Lucas la usa con el fin de indicar la distancia que existía entre Jerusalén y el monte de los Olivos, para información de Teófilo, el destinatario del libro (v 1),quien aparentemente no estaba familiarizado ni con Palestina ni con Jerusalén. La distancia que hay entre el muro oriental y el lugar tradicional de la ascensión es de unos 686 metros en línea recta, pero es bastante más cuando uno recorre el camino realmente. Los rabinos fundamentaban este reglamento relativo al camino de un sábado en la prohibición que encontramos en Ex. 16:29, donde dice: "Estése, pues, cada uno en su lugar" durante el día de reposo, y establecieron que este "lugar" se podía extender a una distancia de 2.000 codos a partir de la casa de un hombre. La distancia de 2.000 codos (unos 890 m en tiempos del NT; según otros, hasta unos 1.200 m) la obtenían en parte de Nm. 35:5, donde dice que el ejido de una ciudad levítica debía ser de 2.000 codos a partir del muro, en todas direcciones; y en parte de Jos. 3:4, en que se da la orden que los israelitas, cuando estaban en marcha, no debían acercarse al arca a una distancia no menor de 2.000 codos. De ahí la interpretación de que el campamento se encontraba a esa distancia del tabernáculo, naturalmente al cual sí se podía ir durante el sábado. Dentro del perímetro de la ciudad no había restricciones para caminar, por más que ésta fuera bien grande. Puesto que estas prohibiciones les producían a los judíos muchos problemas y dificultades, los rabinos descubrieron la manera de obviarlas: ampliar la distancia de 2.000 a 4.000 codos, lo que se logró estableciendo que la "residencia" podía ubicarse al final de los primeros 2.000 codos, depositando alimentos allí antes que comenzara el sábado.


Sabeos/as


(heb. shebâ'îm o Sebâ'îm).


Habitantes de Sabá* (Jl. 3:8) o de Seba* (ls. 45:14). De estas 2 palabras hebreas proviene el término sabeos. Los sabeos de Ez. 23:42 (heb. K Sâbâ'îm, Q Sôb'îm), eran gente de incierta identificación. 1020


Sabetai


(heb. Shabbethay, "nacido (durante) el sábado"; cun. Shabbatai; en inscripciones nab. y de Palmira, Shbty).


Influyente levita contemporáneo de Esdras y Nehemías que se opuso a la manera como Esdras encaró el problema de los matrimonios mixtos (Esd. 10:15). Presumiblemente era él quien le ayudó a Esdras en la enseñanza de la Ley, y quien estuvo a cargo de las obras exteriores del templo (Neh. 8:7; 11:16).


Sabiduría


(heb. y aram. generalmente jokmâh, "pericia", "sabiduría"; gr. generalmente sofía, "sabiduría").


Cualidad de buen juicio desarrollada a partir de la experiencia, la observación y la reflexión. La sabiduría es una función de la mente educada, que los escritores bíblicos afirman que proviene del Señor (Job 28:20, 23, 27; Sal. 111:10) y la relacionan con la obediencia a los mandamientos de Dios (Sal. 37:30, 31; Pr. 2:1, 2). Entre los libros canónicos, Job, Pr. y Ec. pertenecen al grupo de los llamados "sapienciales". "La sabiduría es mejor que las piedras preciosas", dice Job (28:18). "El temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia" (v 28). Como con Job, la verdadera sabiduría capacita al hombre para enfrentar con ecuanimidad las vicisitudes de la vida; sólo al contemplar a Dios y confiar en él puede relacionarse sabiamente con las frustraciones, y las dificultades de la existencia. David también buscó a Dios para recibir sabiduría (Sal. 51:6). Un salmo atribuido a Moisés pide a Dios que enseñe a los hombres a contar de tal manera sus días, que logren alcanzar la sabiduría (Sal. 90:12). Aquí, como en Job 12:12, se considera que la sabiduría se desarrolla con la experiencia por la que Dios permite pasar a los que le temen. El propósito de Salomón al escribir Pr. era que la gente pudiera "entender sabiduría y doctrina" (Pr. 1:2). En los primeros capítulos del libro personifica a la sabiduría (3:16-18; etc.).


"Sabiduría ante todo -dice-; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones, adquiere inteligencia" (4:7). El libro de Ec. resume la sabiduría que adquirió Salomón después de muchos años de disipación, durante los cuales se embotó su sensibilidad moral, adormeció su conciencia y pervirtió su juicio. Al final de su vida su conciencia se despertó de nuevo, y Salomón comenzó a ver en toda su magnitud la insensatez de su conducta, al punto de darse cuenta de que había llegado a ser un "rey viejo y necio, que no admite consejos" (Ec. 4:13). Se acercaba ya al momento de su muerte, y no encontraba satisfacción alguna cuando reflexionaba en su vida disipada (12:1). Sinceramente arrepentido, trató de retomar la buena senda, y abrumado de espíritu se apartó, cansado y sediento, de las cisternas rotas de este mundo para beber una vez más de la fuente de la vida. Llegó a darse cuenta de lo insensato de su conducta anterior, y mediante el Ec. procuró dar una voz de advertencia para salvar a otros de las amargas experiencias por las cuales él mismo había pasado, con la esperanza de contrarrestar de la mejor manera posible la influencia negativa de su ejemplo anterior.


En el NT la palabra sofía tiene un significado muy parecido ajokmâh. Contrasta la sabiduría del mundo (1 Co. 1:22; 3:19) con la sabiduría de Dios (Ro. 11:33;1 Co. 2:7; 1:21; Stg. 3:13-17). Se dice que Cristo es la "sabiduría de Dios" (1 Co. 1:24), por el hecho de que su vida y sus palabras manifestaron la sabiduría divina, y porque la salvación lograda por medio de él demuestra la sabiduría de Dios al establecer la forma cómo se podía redimir a los seres humanos. Pablo predicaba la "sabiduría de Dios en misterio" (vs 6, 7), refiriéndose al maravilloso y profundo plan de salvación, que ni siquiera los ángeles podían sondear plenamente (cf 1 P.1:12). Los que necesitan sabiduría para hacer frente a circunstancias que están más allá de su capacidad o su dominio, pueden pedirla a Dios con fe, y se les proporcionará (Stg. 1:5, 6).


Sabio.



Véanse Mago 2; Sabiduría.


Sabta


(heb. Sabtâh y Sabtâ', de significado incierto).


Hijo de Cus (Gn. 10:7; 1 Cr. 1:9) y, aparentemente, antepasado de una tribu árabe. Algunos han identificado esta tribu con Sabota, la principal ciudad de Hadramaut, región de Arabia Meridional; otros con la Safta de los Tolomeos, en el Golfo Pérsico. En la actualidad es imposible identificar definidamente este lugar. El Mapa IV, D-6 asigna esta tribu a Arabia Meridional.


Sabteca


(heb. Sabtekâ', quizá "terror" o "herir").


Hijo de Cus (Gn. 10:7; 1 Cr. 1:9) y antepasado de una tribu árabe no identificada. El Mapa IV, D-6 ubica esta tribu en Arabia Meridional.


Sacar


(heb. Ðâkâr, "empleo", "contrato [alquiler]", "pago [sueldo/s [jornal]" o "recompensa").



1.


Levita, 4º hijo de Obed-edom, y portero del templo (1 Cr. 26:4).



2.


Ararita, padre de Ahíam, uno de los valientes de David (1 Cr. 11:35; se lo llama Sarar* ararita en 2 S. 23:33).


Sacerdote


(heb. kôhên; gr. hieréus).


Para "sumo sacerdote", heb. kôhên haggâdôl, "gran sacerdote", y kôhên haro'sh, "primer sacerdote"; 1021 gr. arjieréus. Para el sacerdote hebreo también se suele emplear el vocablo mal' âk "ángel"; para el sacerdote idolátrico se emplea la palabra heb. kômer. El término español "sacerdote" proviene de 2 palabras latinas, sacerdos y otis, referidas al ministro de un determinado culto.



I. Oficio.


Persona debidamente consagrada para ministrar en cosas sagradas como mediador entre el hombre y Dios, y para ofrecer sacrificios por los pecados de los hombres (He. 5:1; 8:1-3; cf v 6). Como institución, el sacerdocio se fundamenta en el concepto de que el hombre por naturaleza no goza del favor de Dios, y por tanto necesita de un mediador que conozca los caminos del Señor y pueda llevar a cabo la reconciliación. En Israel, así como en otras naciones de la antigüedad, los sacerdotes constituían una clase diferente (Gn. 41:45; Ex. 2:16; 1 S. 6:2; Hch. 14:13). Durante la monarquía, generalmente el sumo sacerdote ocupaba un lugar inmediato al del monarca, tanto en rango como en dignidad e influencia, y en ocasiones ejercía el poder detrás del trono. El principal papel que desempeñaban los sacerdotes hebreos consistía en presentar "ofrendas y sacrificios por los pecados" (He. 5:1; cf 8:3), con el fin de "expiar [lograr reconciliación por] los pecados del pueblo" (2:17), con lo que, figuradamente, volvían a poner los seres humanos bajo el favor divino. Era "necesario" que el sacerdote tuviera "algo que ofrecer" (8:3), puesto que, simbólicamente, cuando Dios aceptaba el sacrificio, también aceptaba la súplica de aquel en cuyo favor se lo ofrecía.


Además de ministrar los ritos sagrados, se consideraba que los sacerdotes eran maestros religiosos del pueblo (Lv. 10:11; Dt. 33:10; Ez. 44:23; cf Esd. 7:25). En ocasión de la conquista de Canaán no recibieron herencia entre las tribus, pero se les asignaron 13 ciudades rodeadas de campos de pastoreo y de huertas (Jos. 21:10-19; 1 Cr. 6:57-60). No se debían dedicar a ninguna tarea que implicara lucro, sino que tenían que ser sostenidos exclusivamente por los diezmos y ciertas ofrendas especiales (Lv. 10:12-15; 23:17-20; Nm.18:11, 20; Dt. 18:3-5). Incluso los físicamente defectuosos, provenientes de familias de sacerdotes, que por esa causa no podían ministrar delante del altar, tenían derecho a ese sostén (Lv. 21:21-23). En tiempos de Esdras los sacerdotes estaban exentos de pagar impuestos (Esd. 7:24).



II. Vestimenta.


En términos generales incluía el efod* de lino (heb, 'êfôd bad) y la túnica (heb. metsîl qâtôn). La de los sacerdotes simples comprendía 4 partes: kuttôneth, prenda en forma de camisa; 'abnêt, ceñidor; migbâ{âh, tocado para la cabeza (gorro abovedado en forma de cuña); y miknesê bad, calzones de lino que debían cubrir los órganos genitales y el cuerpo desde las caderas hasta las rodillas (Ezequiel recurre a otros vocablos: el gorro es pa'aré pishtîm ["turbante de lino"], y la vestidura siempre es bigdê pishtlîm ["vestiduras de lino"]). El sumo sacerdote usaba un vestido blanco de lino (kethôneth bad qôdêsh), y turbante (mitsnefeth), calzones y ceñidor de lino (el uso del lino está justificado en Ez. 44:18; ropa ligera, no transparente, pero sobre todo que no haga traspirar). Para oficiar en la ceremonia: bolsa, pectoral con 12 piedras preciosas y el Urim* y el Tumim, efod colorido Y bordado primorosamente, túnica azul con campanitas en el ruedo, camisa, turbante* o mitra y ceñidor. En la parte delantera del turbante había una especie de flor de oro puro (tsîts zâhâb tâhôr) que tenía grabada la inscripción "Santidad a Yahweh" (qôdesh le- yahweh). Nada se dice de calzados, ni para los sumos sacerdotes ni para los sacerdotes comunes (1 S. 2:18; 22:18; Ex. 28:1- 42).



III. Responsables.


En los primeros tiempos, antes que hubiera un sacerdocio organizado, ciertas personas, como Caín y Abel (Gn, 4:3-5), ofrecían sacrificios y ejercían las funciones esenciales de un sacerdote (cf Ex. 19:21, 22). Aun después de la organización de un sacerdocio regular, ciertos individuos ofrecían sacrificios en circunstancias especiales (Jue. 6:18, 24, 26; 13:16).


Durante toda la dispensación patriarcal el jefe de la familia o de la tribu se desempeñaba generalmente como sacerdote. Por eso Noé (Gn. 8:20), Abrahán (22:13), Jacob (35:3) y Job (Job 1:5) sirvieron como sacerdotes de sus respectivas familias.


Al establecerse la teocracia en el Sinaí, y al erigirse el tabernáculo, Dios encomendó a la tribu de Leví que se encargara de sus sagrados ritos en lugar de los primogénitos o los jefes de las familias (Nm. 3:6-13). Se escogió a la tribu de Leví por la lealtad que manifestó en ocasión de la adoración del becerro de oro (Ex. 32:26-29). Se separó a Aarón y a sus hijos para el oficio sacerdotal, y desde ese momento sólo ellos desempeñarían tal cargo (Nm. 3: 10). El sacerdocio era hereditario en el caso de su familia (Ex. 28:1; 40:12-15; Nm. 16:40; 17; 18:1-8), de modo que cada descendiente suyo de sexo masculino tenía el derecho a ser sacerdote, a menos que tuviera un defecto físico (Lv. 21:17-21) o estuviera 1022 temporariamente "impuro" (22:3). Según Lv. 21:10; Nm. 35:25, 28, etc., por su oficio, Aarón era "sumo sacerdote" y sacerdote "ungido" (Lv. 4:3, 5, 16). Como "el sacerdote" vitalicio (Ex. 31:10), transmitía el derecho a su cargo sagrado al mayor de sus descendientes calificados. Por eso, le sucedió su hijo Eleazar (Nm. 20:28; Dt. 10:6), quien a su vez fue reemplazado por su primogénito Finees (Nm. 25:11), en cuyo tiempo se estableció definidamente la sucesión del sumo sacerdocio (vs 12,13). En un sentido especial, el sumo sacerdote representaba a todo Israel, y los sacerdotes comunes servían en su nombre y como representantes suyos.


El sumo sacerdote podía llevar a cabo todos los deberes de los sacerdotes comunes, pero el derecho de entrar en el lugar santísimo en el Día de la Expiación* era exclusivamente suyo (Lv. 16:2, 3, 17, 33, 34).



IV. Historial.


En la época de David, la cantidad de sacerdotes había aumentado tanto que los organizó en 24 turnos o divisiones (1 Cr. 24; Lc. 1:5, 9). No se sabe mucho acerca de las actividades de los sacerdotes durante la monarquía después de Salomón, aunque es evidente que cierto número apostató y en ocasiones apoyó a reyes impíos (Jer. 1:18; 2:8, 26; etc.). Pero una declaración de Ezequiel parecería indicar que no cayeron tan profundamente en la idolatría como los levitas (Ez. 44:10-15). Es evidente que los sacerdotes retuvieron su conciencia profesional durante el exilio, porque miles de ellos pudieron probar su condición por medio de documentos cuando volvieron a su patria (Esd. 2:36-39). Muy probablemente fueron ellos los principales dirigentes religiosos durante la cautividad en Babilonia, entre los cuales se destacó Ezequiel (Ez. 1:3; 8:1; 14:1-4; cf 2 Cr. 17:8, 9; 23:16; 30:27), y quienes continuaron sus funciones durante el período de restauración después del regreso (Neh. 8:2; Hag. 2:11, 12). Entonces, al principio, sólo se reconoció a 4 familias el derecho al sacerdocio, pero con el tiempo otras 20 más recuperaron su posición, lo que dio como resultado que, de acuerdo con Josefo, los 24 turnos que existían en la época de David se desempeñaran nuevamente en el sacerdocio durante la época neotestamentaria. Cabe acotar que por lo menos 2 de los grandes profetas del AT fueron sacerdotes: Jeremías (Jer. 1:1) y Ezequiel (Ez. 1:3), y quizá Zacarías (Esd. 5:1; cf Neh. 12:16); también lo habría sido Hageo.


Muy poco se sabe acerca de la historia del sacerdocio en tiempos de los persas. Bajo los Tolomeos y los primeros Seléucidas, el sumo sacerdote disponía de poder religioso y civil, pero estaba sometido al rey extranjero.


La aristocracia sacerdotal, que vivía de los diezmos del pueblo y además recibía otras contribuciones, se enriqueció y, por consiguiente, procuró con vehemencia preservar la condición política de la nación y evitar cualquier rebelión que pusiera en peligro su lucrativa situación. Abrazaron el helenismo bajo los Seléucidas, pero un sacerdote común, Matatías, condujo una revuelta contra el deseo de Antíoco Epífanes de imponer el paganismo helénico; y sus hijos, los Macabeos,* galvanizaron a la nación para conseguir la independencia del yugo extranjero. Jonatán Y, después de él, su hermano Simón, aunque no pertenecían a la familia de los sumos sacerdotes obtuvieron ese cargo, y los Asmoneos (Macabeos) llegaron a ser sacerdotes-gobernantes, y más tarde sacerdotes-reyes de Judea.


Poco a poco se mundanalizaron y, en gran medida, se helenizaron. Aunque la mayor parte de la gente se puso del lado de los fariseos (partidarios de la estricta observancia de la ley), los sacerdotes eran los dirigentes del partido político religioso de los saduceos. Que hayan podido mantenerse en su cargo en tales circunstancias se explica por el hecho de que el pueblo, por tradición y educación, estaba acostumbrado a honrar a los detentores de altos cargos eclesiásticos íntimamente relacionados con el templo y sus servicios.


Cuando aparecieron los romanos, dejaron en su cargo a los sacerdotes-gobernantes Asmoneos, pero más tarde instalaron a Herodes el Grande como rey vasallo. Durante su reinado, éste nombraba a los sumos sacerdotes, y esa costumbre continuó hasta la destrucción del templo en el 70 d.C. En el transcurso de ese período de 106 años (37 a.C.-70 d.C.) no menos de 28 sumos sacerdotes ocuparon el cargo. La mayor parte pertenecía a 5 familias destacadas, y algunos de ellos eran extremadamente mezquinos e ineptos para el puesto que ocupaban.


Inclusive, cuando se deponía a un sumo sacerdote, generalmente se lo seguía considerando sumo sacerdote o sacerdote principal; de allí el plural "principales sacerdotes" que aparece en el NT (Mt. 2:4; 16:21; 20:18; etc.).


Aunque éstos procuraban la muerte de Jesús, había muchos sacerdotes piadosos, entre los que se encontraba Zacarías (Lc. 1:5, 6), y un buen número de ellos se unieron a la naciente iglesia (Hch. 6:7). Con la destrucción del templo (70 d.C.), el sacerdocio judío desapareció y nunca más se restableció.


El ministerio del sacerdocio aarónico sólo era simbólico (He. 8:4, 5): nunca tuvo realmente eficacia en sí y por sí mismo para borrar los pecados (10:11). Tal como el santuario en el que servían, los sacerdotes eran sólo "símbolo para el tiempo presente" (9:9). La ley ritual de los sacrificios nunca podía "hacer perfectos a los que se acercan" (10:1), puesto que "la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados" (v 4). Ese sacerdocio formaba parte de un sistema "impuesto" sólo "hasta el tiempo de reformar las cosas", cuando Cristo mismo llegaría a ser "sumo sacerdote de los bienes venideros" (9:10, 11). Unicamente como consecuencia de su sacrificio y su muerte, al final de la era levítica, cuando "por el sacrificio de sí mismo" quitó "de en medio el pecado" (v 26), recibieron perdón las transgresiones de las generaciones pasadas que habían creído en un Redentor venidero (v 15). Durante todo el período abarcado por el AT la salvación era provisoria, porque dependía de la muerte de Cristo, todavía en el futuro.


Puesto que la nación judía dejó de ser el Pueblo escogido de Dios como consecuencia del rechazo y del sacrificio de su Mesías (Mt. 21:40-43), Dios le quitó al templo el honor de ser su "casa", y de allí en adelante los servicios dejaron de tener significado para él (23:38). De acuerdo con esto, el sacerdocio fue mudado (He. 7:12; cf vs 15-17; 6:20).


Después de haber muerto por los pecados de la humanidad, Cristo ascendió a los cielos y se sentó " a la diestra de Dios" (He. 10:12): fue consagrado como nuestro Sumo Sacerdote y apartado para ministrar en favor de nosotros en la misma presencia del Padre (8:1, 2). Sólo luego de ofrecerse como sacrificio por el pecado, Cristo pudo comenzar su ministerio especial (8:3, 10:12). Sólo después que participó de carne y sangre, hecho "en todo semejante a sus hermanos" (2:17) -ya que "fue tentado en todo según nuestra semejanza", para poder "compadecerse de nuestras debilidades" (4:15; cf 2:14, 18)-, estuvo en condiciones de llegar a ser un "misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo" (2:17). Por tanto, después de su ascensión, Cristo entró "en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios" (9:24). "Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie" (v 8).


Tal como Aarón, Cristo fue "llamado por Dios" (5:4) y no asumió el cargo de sumo sacerdote por decisión propia (v 5). Mediante un juramento (7:21), Dios lo declaró "sumo sacerdote según el orden de Melquisedec" (5:10; cf v 6). De este modo el sacerdocio fue "cambiado" (7:12) de la tierra al cielo; y puesto que él vive "siempre para interceder por ellos" (v 25), su sacerdocio dura para siempre (v 24). Como consecuencia de su sacrifico perfecto, "no tiene necesidad cada día. . . de ofrecer. . . sacrificios. . . porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo" (v 27). El suyo es un "mejor ministerio", puesto que es "mediador de un mejor pacto" (8:6), lo que en el estricto sentido del término ocurrió sólo en ocasión de su muerte (9:15-17). Este es "el camino nuevo, vivo que él nos abrió" por medio de su encarnación, "a través del velo, esto es, de su carne" (10:20). Tenemos un gran Sumo Sacerdote obre la casa de Dios (v 21), y se nos invita a acercarnos "con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (v 22), "confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (4:16).


Bib.: FJ-AJ vii. 14.7;


Sacerdotes idólatras


(heb. Kemârîm, "sacerdotes" [sólo para los idólatras]; ocurre en textos fen., de Palmira, nab., ac. y egip.; Cartas de Amarna, kamiru).


Término que describe a los sacerdotes de Baal (Sof. 1:4); los judíos de Elefantina la usaban cuando hablaban de los sacerdotes egipcios de Khnum. El mismo vocablo hebreo aparece en 2 R. 23:5 y Os. 10:5.


Saco


(heb. generalmente 'amtjath, "costal", saq, "saco", cilicio";* tsiqqâlôn, "alforja").


Con 2 excepciones en la RVR, Lv. 11:32 y Jos. 9:4, las referencias bíblicas en que aparece esta palabra tienen que ver en todos los casos con las bolsas de trigo que José dio a sus hermanos en Egipto (Gn. 42-44).


Sacrifícios y Ofrendas.



Productos de origen animal o vegetal que se presentaban al Señor como una expresión de adoración, gratitud o dedicación, o para la expiación del pecado. En el AT se emplean los siguientes términos hebreos genéricos para sacrificios y ofrendas: 1. Minjâh, "ofrenda" cruenta e incruenta; luego, en la ley levítica, "ofrenda de cereal" (1 R.18:29, 36; Is. 1:13; 19:21; etc.).


Cabe acotar que para designar el sacrificio cruento en general se usa el heb. zebaj (de la raíz verbal zbj, "inmolar para el sacrificio"). 2. Qorbân, "ofrenda" y/o "don" santificados (Lv. 2:4 7; etc.). 3. Terûmâh, "contribución" (2 Cr. 31:14; Is. 40:20; etc.). En Ez. 45:1-7 y 48:8-21 el término hebreo significa la porción de tierra adjudicada al santuario y a los sacerdotes, un área que debía ser muy santa. Véase Ejido.


El sistema de sacrificios fue establecido 1024 cuando el pecado entró en el mundo (Gn. 4:3, 4), y sirvió durante los siglos siguientes como un recordativo de que su paga es muerte, y que la vida eterna se puede lograr únicamente como un don de Dios (Ro. 6:23). Por siglos los sacerdotes eran los jefes de cada familia, pero en el monte Sinaí se hizo provisión sistemática para varias clases de sacrificios, y con el tiempo todos ellos eran ofrecidos por los sacerdotes. De una manera u otra, todos prefiguraban al inmensamente más grande, al del "Cordero de Dios" (Jn. 1:29; cf Is. 53:7).


Las ofrendas por el pecado y la transgresión, en particular, representaban el sacrificio vicario de Cristo, que "fue herido por nuestras rebeliones" (ls. 53:4, 5; cf v 6). En sí y por sí misma, ninguna ofrenda cruenta del AT no podía, y en realidad nunca pudo, "quitar los pecados" (He. 10:4, 11) ni tampoco "hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto" (9:9). Sólo el inmaculado sacrificio de Cristo puede "limpiar" la "conciencia de obras muertas" (vs 11-15). La verdad fundamental expresada simbólicamente por los sacrificios era que "sin derramamiento de sangre no se hace remisión" del pecado (v 22), y que esta muerte es vicaria (Is. 53:4, 6).


En Levítico (especialmente los cps 1-7, 16 y 23), y en Exodo y Números, se nos da detallada información acerca de los diversos sacrificios.


Los sacrificios y las ofrendas del AT se pueden clasificar tomando en cuenta su propósito, quién las ofrecía y su clase.



I. Propósito.


1. El "holocausto" (ofrenda totalmente quemada) expresaba adoración, gratitud y dedicación. Representaba la adoración inalterable e ininterrumpida y la devoción de la totalidad de la congregación al Señor. 2. Las ofrendas "por el pecado" representaban la confesión de las faltas cometidas contra Dios, y su expiación; por otra parte, las ofrendas por "la transgresión" y "la culpa" implicaban la confesión del mal cometido contra los hombres y la restitución por el daño o la pérdida infligidos, aunque la diferencia exacta entre ellas no siempre es clara. 3. Las ofrendas "de paz" expresaban gratitud, buena voluntad, fraternidad y el cumplimiento de ciertos votos.



II. Quién las ofrecía.


Se establecía una diferencia entre los sacrificios que se realizaban en favor de toda la nación y los que se ofrecían por los individuos. 1. Entre los primeros se encontraban los holocaustos regulares (es decir, los que se ofrecían en momentos previamente establecidos); todas las ofrendas periódicas por el pecado; las que se presentaban en ocasiones determinadas por faltas cometidas por todo el pueblo; holocaustos especiales que se ofrecían junto con las ofrendas por el pecado cometido por toda la congregación; y la ofrenda de paz regular que se presentaba junto con el pan del Pentecostés. 2. Las que ofrecían los individuos eran todos los holocaustos y las ofrendas por pecados especiales (requeridas en circunstancias específicas), con excepción de los holocaustos y las ofrendas por pecados especiales de toda la congregación; todas las ofrendas por la transgresión y la culpa; y todas las ofrendas especiales de paz. La ofrenda de un príncipe era más complicada que la requerida del común del pueblo, en armonía con su cargo y su responsabilidad; lo mismo ocurría con los sacerdotes, para quienes se establecía, además, un holocausto especial ofrecido en el momento de su consagración.


Todos los holocaustos especiales, las ofrendas por el pecado y las de paz, y todas las ofrecidas por la transgresión, eran siempre en favor de individuos.



III. Clases de sacrificios que se presentaban.


Excepto las ofrendas por el pecado de una persona muy pobre, se prescribía para las diversas ofrendas específicamente la selección de animales "limpios" y sin tacha del rebaño o la hacienda; en algunos casos pichones de palomas, o adultas. Algunos debían ser machos, otros hembras, y había casos en que era indistinto que fueran machos o hembras. A veces se especificaban ciertas clases de corderos y carneros, y en ocasiones un cordero o un carnero se podía emplear indistintamente.


Entre los animales grandes se especificaban los bueyes y los becerros. Junto con todos los holocaustos, las ofrendas de paz y algunas otras, se prescribían productos de origen vegetal, constituidos por granos, harina de trigo o de cebada, a menudo elaboradas en forma de pan; a éstos se les añadía sal, aceite e incienso y libaciones de vino (Lv. 2:2-7; Nm.15:4-11).


En el caso de las ofrendas de origen vegetal, después de haber ofrecido una porción, el resto generalmente lo comían el sacerdote y el oferente. No se nos dice nada acerca de las libaciones; algunos creen que en un comienzo se derramaban sobre la ofrenda que acompañaban, y Josefo nos dice que en su tiempo se las derramaba alrededor del altar.


Un holocausto diario regular se ofrecía cada mañana y cada tarde a lo largo de todo el año, incluso en los días cuando otras ofrendas ya estaban prescriptas. Se requerían holocaustos adicionales durante los sábados, las nuevas lunas, las 3 grandes festividades anuales 1025 -la fiesta de los Panes sin Levadura, de las Semanas (Pentecostés) y de los Tabernáculos (las Cabañas)-, el día de Año Nuevo y el Día de la Expiación.


Se ofrecían holocaustos especiales: con la ofrenda del pecado en favor de la congregación, en ocasión de la dedicación de los sacerdotes, junto con el voto de nazareato, con la ofrenda por el pecado en favor de los pobres, para la purificación de algunas contaminaciones corporales, por la lepra, después de un parto, por algunos individuos voluntariamente, o por lo que estaba prescripto que acompañaran ciertas otras ofrendas.


Las ofrendas regulares por el pecado se ofrecían en favor de toda la congregación en ocasión de las lunas nuevas, del Año Nuevo y del Día de la Expiación; y durante las 3 grandes festividades nacionales. Se requerían ofrendas especiales por el pecado: 1. En ocasión de la dedicación de los sacerdotes y los levitas. 2. En el caso de violación accidental del voto de nazareato y cuando se completaba un voto. 3. Por el pecado de la congregación. 4. Por el pecado de un sacerdote o dirigente. 5. Por los pecados individuales. También se requería una ofrenda por el pecado en relación con impurezas corporales, en oportunidad del parto o para la purificación de la lepra. El sacrificio por la culpa siempre era individual, y se ofrecía en caso de ofensas como el perjurio, el sacrilegio involuntario, el fraude, los robos; además, en algunos casos se estipulaba una especie de compensación.


En el día de Pentecostés se requerían ofrendas o sacrificios de paz. Algunos de paz especiales se ofrecían en relación con el cumplimiento de un voto, en particular el de nazareato, y cuando se consagraba sacerdotes. Además, todos podían ofrecer sacrificios pacíficos en cualquier momento.


También existía una diferencia en el procedimiento que se seguía al ofrecer los diferentes sacrificios. Los holocaustos siempre se consumían totalmente sobre el altar, y la sangre se vertía separadamente sobre el mismo (y en un caso al costado, Lv. 1). En el sacrificio por el pecado, por un sacerdote o por la congregación, la sangre siempre se asperjaba delante del velo, y con algo de ella se untaban los cuernos del altar de oro (cp 4). Pero cuando se trataba del sacrificio por el pecado, ofrecido individualmente por un dirigente o por el común del pueblo, la sangre se ponía sobre los cuernos del altar de los holocaustos. En ambos casos, el resto de la sangre se derramaba al pie del altar de los holocaustos.


Ciertas porciones definidas de los animales que se presentaban como ofrendas por el pecado se quemaban sobre el altar; el resto, si involucraba a un sacerdote o a la congregación, se consumía a fuego fuera del campamento (cp 4); sin embargo, cuando el sacrificio por el pecado era individual, de un dirigente o de alguien del común del pueblo, el sacerdote debía comer la carne del animal (6:25, 29). En el caso de los animales ofrecidos por la culpa, el procedimiento que se seguía era semejante al de los sacrificios por el pecado, sólo que la sangre se rociaba alrededor del altar en lugar de ponerla sobre los cuernos del mismo (7:1-7). También se rociaba alrededor del altar la sangre de los animales ofrecidos como sacrificios de paz (cp 3). Algunas porciones definidas del animal eran "mecidas" y "elevada", delante del Señor, y quedaban con el sacerdote (7:29-34); el resto tenía que ser comido por los que presentaban el sacrificio de paz y sus familiares (7:11-21; cf Dt. 12:6, 7; 27:7). Para los pecados cometidos "con soberbia", esto es, en rebeldía contra el pacto y sus provisiones, no había sacrificios previstos (Nm. 15:30).


El sacrificio se presentaba a la puerta del santuario, donde quien lo ofrecía ponía sus manos sobre la cabeza de la víctima para dedicarla a Dios y hacer de ella su verdadero representante y sustituto. Quien la ofrecía derramaba la sangre -esto fue después tarea del sacerdote- y éste la aplicaba simbólicamente. A esto le seguía la total destrucción del sacrificio por medio del fuego, o de partes de él, o la ingestión de algunas porciones, tal como estaba prescripto para los diferentes casos.


El sistema de sacrificios era un medio educativo adaptado a la comprensión de la gente de aquel tiempo, y tenía como propósito ayudarles a desarrollar conceptos correctos con respecto a la santidad de Dios, el carácter aborrecible del pecado y acerca de cómo podían acercarse al Señor para reconciliarse con él.


Pero tanto el AT (Mi. 6:6-8) como el NT (Mt. 9:13; 12:7) aclaran que su importancia estaba subordinada a la piedad práctica. Mientras Cristo vivió en esta tierra, el sistema de sacrificios estaba en pleno funcionamiento, y él lo sancionó (Mt. 5:23, 24; 8:4; 23:2, 3; cf Gá. 4:4).


También subrayó su carácter simbólico (Mt, 26:28). Del mismo modo, Pablo se refiere a ellos como tipos o símbolos del verdadero sacrificio de Cristo(1 Co. 5:7; cf He. 10:1-11).


Bib.: FJ-AJ iii.9.4.


La tabla que aparece en las páginas siguientes resume los ofrecidos por grupos o individuos, en momentos y con propósitos definidos, y la clase de ofrenda que se prescribía para cada caso (cf CBA 1:710-723).1026


TABLA DE SACRIFICIOS Y OFRENDAS I


1027


TABLA DE SACRIFICIOS Y OFRENDAS II


1028


Sacrilegio


(gr. hierosúl'ma).


Acto de profanar o apropiarse por medio del robo de lo que se considera sagrado. En Ro. 2:22, RVR, "comete, sacrilegio" es una traducción del término griego hierosuléÇ, que literalmente significa "robar algo de un templo". En la versión DHH dice: "Si odias a los ídolos, ¿por qué robas las riquezas de sus templos?" En esa misma versión, Mt. 24:15 y Mr. 13:14, que en la RVR aparece como "abominación desoladora", leemos en cambio "horrible sacrilegio" como traducción de la frase griega bdélugma tes er'mÇseÇs, que significa "abominación de la desolación". En Hch. 19:37, la versión RVR traduce el término griego hierósulos como "sacrílegos", aunque la traducción literal sería "ladrones de templos".


Sacrílego


(gr. hierósulos [de hierón ("templo") + súlos ("uno que desmantela", "ladrón")]).


Expresión que sólo aparece en Hch. 19:37. Los papiros atestiguan tanto el sentido figurado de "sacrílegos" como el literal de "ladrones de iglesias".


El verbo relacionado, hierosuléÇ ("cometer sacrilegio"), aparece en Ro. 2:22. Pablo no había hecho nada en Efeso que pudiera ser interpretado como saqueo del templo de Artemisa (Diana), pero los paganos podían considerar su predicación del verdadero Dios como sacrilegio contra sus dioses, especialmente contra Artemisa.


Sadoc


(heb. Tsâdôq, "justo [justificado]"; nombre que aparece en la manija de una antigua vasija heb. y en un antiguo sello del mismo origen; gr. Sadok, Zadok, Saddóux).



1.


Abuelo materno del rey Jotam de Judá (2 R. 15:33).



2.


Sacerdote descendiente de Sadoc 3, y antepasado de Esdras (1 Cr. 6:12; 9:11; Esd. 7:2; Neh. 11:11; pero es posible que no todos estos pasajes se refieran a la misma persona).



3.


Uno de los 2 principales sacerdotes durante el reinado de David. Era descendiente de Aarón por medio de Eleazar (1 Cr. 24:3), hijo de Ahitob (2 S. 8:17) y uno de los príncipes de las tribus del norte que vino a Hebrón con el fin de invitar a David a que fuera el rey de toda la nación (1 Cr. 12:23, 28).


El y Abiatar, que habían sido los principales sacerdotes de David mientras éste todavía huía de Saúl, compartían como iguales sus deberes y derechos (2 S. 17:15; 19:11; 20:25). Cuando Absalón se rebeló, los 2 sacerdotes se quisieron unir a David y seguirlo en su exilio, pero éste les pidió que se quedaran en Jerusalén (15:24, 29). Después de su victoria sobre Absalón, los envió para que convencieran a los ancianos de Judá con el fin de que lo invitaran a regresar a la capital (2 S. 19:11). Cerca del fin del reinado de David los 2 hombres discreparon acerca de quién debería ser su sucesor en el trono. Abiatar apoyó el fallido intento de Adonías de apoderarse del reino. Sadoc permaneció fiel a David, y tanto él como el profeta Natán tuvieron éxito cuando lograron que Salomón fuera coronado antes que los esfuerzos de Adonías alcanzaran su objetivo (1 R. 1:7, 8, 32-45). Como resultado de su actitud, Abiatar fue depuesto del sacerdocio por Salomón y enviado a su hogar en Anatot (2:26, 27). Sadoc quedó como el único sumo sacerdote (v 35) y continuó desempeñando ese cargo hasta su muerte.



4.


Hijo de Baana; ayudó a Nehemías en la reconstrucción del muro de Jerusalén (Neh. 3:4). Tal vez sea la misma persona mencionada como Sadoc 6.



5.


Hijo de Imer; le ayudó a Nehemías a reconstruir el muro de Jerusalén (Neh.
3:29
). Quizá sea la misma persona mencionada como Sadoc 7.



6.


Destacado judío que le puso su sello al pacto de Nehemías (Neh. 10:21).
Posiblemente sea el mismo Sadoc 4.



7.


Escriba a quien Nehemías nombró tesorero del templo (Neh. 13:13). Puede que sea el mismo Sadoc 5.



8.


Miembro de la tribu de Judá que figura en la genealogía de Jesús según Mateo (Mt. 1:14).


Sadrac


(heb. Shadrak, tal vez "revolución del sol [real]").


Nombre que le dieron los babilonios a Ananías, uno de los 3 compañeros judíos de Daniel (Dn. 1:7; 2:49; 3:12-30). Este nombre no significa nada en la lengua de los babilonios. Algunos creen que sería una corrupción de Marduk, el nombre del más importante de los dioses del país. Otros tratan de darle un significado recurriendo al auxilio de palabras sumerias. Y hay quienes sugieren que es el nombre del dios elamita Shutruk, pero resulta difícil explicar por qué los babilonios tenían que usar un nombre extranjero.


Saduceos


(gr. saddoukáios, "partidarios de la justicia"; transliteración del heb. tsadûqîm, que podría provenir del verbo tsâdaq ["ser justo"] o de Tsâdôq [Sadoc], el nombre de un sumo sacerdote de la época de David [2 S. 8:17; 15:24], de quien pretendían ser descendientes todos los sumos sacerdotes que vinieron después).


Partido judío político-religioso, minoritario, de los tiempos del NT, que representaba el ala rica, liberal, aristocrática y secularizada del judaísmo.


Casi nada se sabe de sus orígenes ni de la primera etapa de su historia. En la época de los Macabeos, Alejandro Janeo (103-73/75 a.C.), hijo de Juan Hircano I, 1029 favoreció a los saduceos hasta el punto de crucificar a una considerable cantidad de fariseos.* Pero hacia el fin de su vida se malquistó con ellos, y en su lecho de muerte le aconsejó a su esposa que favoreciera a los fariseos, lo que ella efectivamente hizo. Después de su deceso, los saduceos se pusieron de parte de su hijo Aristóbulo II el menor y más capaz de sus 2 hijos, y apoyaron sus pretensiones en contra de su hermano Juan Hircano II. Más tarde se aliaron con el partido de los herodianos y colaboraron con los romanos. Manifestaron mucho interés por los asuntos seculares de la nación, aceptaron con gusto diversos cargos públicos y ejercieron una influencia que excedía por mucho a la que correspondía a su número.


Durante la dominación romana y el gobierno de los Herodes, la conducción de las actividades políticas de los judíos estaba mayormente en sus manos. A diferencia de los fariseos y los esenios, quienes dejaron una cantidad de escritos con información referente a sus creencias, los saduceos no legaron obras de tal naturaleza. Por eso, nuestra información acerca de sus opiniones y sus doctrinas es más bien escasa, y debernos basar nuestro conocimiento de ellas mayormente en Josefo y el NT. Como partido religioso, se enorgullecían de su estricta interpretación de "la Ley", es decir, de los 5 libros de Moisés, que eran los únicos que ellos aceptaban como inspirados, al punto que rechazaban toda doctrina que no tuviera un apoyo explícito en ellos. Sin duda, éste es el Fundamento de la acusación de Jesús de que erraban "ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mt. 22:29). Al negar la resurrección, la vida futura y la idea de un castigo venidero (Mt. 22:23; Hch. 23:8), le daban destacada importancia a los intereses seculares y materiales de la vida. Creían que Dios le prestaba muy poca atención a los seres humanos y manifestaba escaso interés en sus asuntos, y sostenían a la vez que el hombre era el árbitro de su propio destino. Negaban la existencia de ángeles y de espíritus (Hch. 23:8).


Tanto los saduceos como los fariseos fueron objeto de las punzantes denuncias de Juan el Bautista (Mt. 3:7). Se unieron a los fariseos para pedirle a Cristo una señal del cielo (16:1-4), y Jesús previno a sus discípulos acerca de ambos (vs 6-12). Después de la ascensión, se unieron a los sacerdotes para perseguir a Pedro y a Juan (Hch. 4:1-3).


Había fariseos y saduceos presentes en el juicio de Pablo ante el Sanedrín, y el apóstol, al darse cuenta de esa circunstancia, puso a discutir a los unos con los otros (23:6-10). Un sumo sacerdote saduceo presidió el Sanedrín responsable de la muerte de Santiago, hermano de nuestro Señor, y de otros cristianos. Cuando el templo fue destruido en el 70 d.C., con la desaparición del estado judío, los saduceos dejaron de existir como partido.


Bib.: FJ-AJ xiii.10.6; xviii.1.4; FJ-GJ. ii.8.14; FJ-AJ xiii.5.9; FJ-GJ ii.8.14; FJ-AJ xx.9.1.


Saeta


(heb. jêts, jêtsî, jâtsâts; gr. bélos).


Proyectil que se dispara con el arco. Las saetas o flechas antiguas consistían de: 1. Una punta o cabeza, hecha en tiempos primitivos de pedernal, más tarde de bronce y en tiempos romanos de hierro. 2. Una vara larga, mayormente de caña, ocasionalmente de madera pulida. 3. Unas plumas en su extremo para mantenerla en un curso rectilíneo. A veces, la cabeza de la flecha o saeta se insertaba en un extremo de la caña o tenía un tubo para recibirla. Las puntas primitivas fueron planas, pero más tarde mostraron secciones triangulares. Los asirios inventaron las flechas barbadas, que eran difíciles de remover de las heridas. Los soldados usaban aljabas de cuero para llevarlas. Algunas veces se embebían en veneno (Job 6:4). También se usaban flechas incendiarias para prender fuego los equipos de guerra, el campo o la ciudad del enemigo. Se han encontrado puntas de estas saetas, que muestran los orificios por donde se atravesaban pedazos de estopa saturadas con aceite.


441. Cuatro puntas de flachas encontradas en Palestina.


La Biblia usa frecuentemente "flecha" y "saeta" en sentido figurado; Dios hiere a los impíos con sus saetas (Dt. 32:23, 42; Sal 7:13; 64:7); se compara al siervo de Dios con una saeta bruñida (ls. 49:2); los relámpagos son llamados las saetas del Señor (Sal. 144:6); y la "saeta que vuele de día" (Sal. 91:5) quizá sea una figura para la insolación (aunque muchos eruditos oscilan entre que era un símbolo familiar del folclore antiguo para la enfermedad o el dolor repentinos hasta la personificación de un demonio). El NT 10:30 menciona los fieros dardos de Satanás, los cuales pueden ser apagados con "el escudo de la fe" (Ef. 6:16).


Saf


(heb. Saf, "umbral"; bab. Sippê y Sippai).


Gigante filisteo a quien dio muerte Sibecai, uno de los valientes de David (2
S. 21:18
). Se lo llama Sipai* en 1 Cr.20:4.


Safán


(heb. Shâfân [l, 2], "tejón [conejo] de las rocas"; Shâfâm [3] quizá "prudente"; también aparece en algunas inscripciones fen.).



1.


Escriba o secretario real que actuó durante el reinado de Josías. Cuando se encontró el libro de la Ley en el templo, Hilcías, el sumo sacerdote, se lo dio a Safán, quien, después de haberlo leído, lo leyó a su vez delante del rey. El, junto con otros, fue enviado por el monarca a entrevistar a Hulda, la profetisa, para preguntarle acerca de la voluntad de Dios (2 R. 22:3-14; 2 Cr. 34:8, 15-20).



2.


El nombre Safán aparece también como el del padre de una cantidad de hombres de la siguiente generación: Ahicam (2 R. 22:12; 2 cf Cr. 34:20; Jer. 26:24; 39:14), Elasa (Jer. 29:3), Gemarías (36:10-12), Jaazanías (Ez. 8: 11); y, por medio de Ahicam, como el abuelo de Gedalías (2 R. 25:22; etc.).


Es imposible determinar si sólo un Safán fue el padre de todos éstos, y en ese caso, si era el secretario de Josías.



3.


Descendiente de Gad (1 Cr. 5:11, 12).


Safat


(heb. Shâfât, "él juzgó" o "juez"; nombre que aparece en algunos sellos heb. antiguos y en inscripciones fen.).



1.


Representante de la tribu de Simeón entre los 12 espías (Nm. 13:5).



2.


Padre de Eliseo, el profeta (1 R. 19:16, 19).



3.


Descendiente postexilico de David (1 Cr. 3:1, 22).



4.


Gadita que vivía en Basán (1 Cr. 5: 11, 12).



5.


Superintendente del ganado que David tenía en el valle (1 Cr. 27:29).


Safir


(heb. Shâfir, "hermosa [bella; hermosura, belleza]").


Ciudad mencionada por Miqueas (Mi. 1:11) que ha sido identificada provisoriamente con Khirbet el-Kôm, ubicada a unos 13 km hacia el oeste noroeste de Hebrón.


Safira


(gr. Sápfira o Sapféir'; transliteración del aram. Shappîra', "hermosa [linda, bella]" o "zafiro"; el nombre aparece en los osarios gr. y aram. descubiertos en las cercanías de Jerusalén).


Mujer de Ananías y quien se confabuló con éste en la venta de cierta propiedad aparentemente para beneficio de la iglesia. Fue cómplice voluntaria en el subterfugio de retener una parte del precio mientras entregaban a los apóstoles el resto como si fuera la totalidad. Pedro denunció esta fraudulenta conducta, a continuación de lo cual Safira cayó muerta, como había ocurrido con su esposo un poco antes (Hch. 5:1-11).


Sage


(heb. Shâgê', tal vez "errante").


Hararita, padre de uno de los "valientes" de David (1 Cr. 11: 34).


Saharaim


(heb. Shajarayim, "doble [dos] aurora [alba/s]" o [nacido en el momento de la] "aurora").


Benjamita que tuvo numerosos descendientes (1 Cr. 8:8).


Sahazima


(heb. Shajatsûmâh, Q Shajatsîmâh, "lugares elevados [altos]" o "alturas").


Ciudad ubicada en los límites de Isacar, entre Tabor y el Jordán (Jos. 19:22); no ha sido identificada con certeza.


Sal


(heb. melaj; gr. hálas, háls).


Cloruro de sodio, o cualquiera de las diversas combinaciones químicas concomitantes (como ser, cloruro de magnesio, cloruro de calcio, etc.). La sal común (cloruro de sodio) se encuentra en el agua de mar o en los yacimientos subterráneos o superficiales, y se usa para conservar diversas sustancias y para dar sabor. En la antigüedad, cuando la refrigeración y muchos otros métodos modernos que se usan ahora para conservar alimentos no se conocían, la sal era de muchísimo más valor que en la actualidad, y su estima aumentaba por sazonar los sacrificios (Lv. 2:13; Ez. 43:24); también se refregaba con sal a los recién nacidos, por la creencia de que de ese modo la piel quedaba más seca, firme y limpia (Ez. 16:4). Palestina dispone de una gran fuente natural de esa sustancia en el Mar Muerto; pero sus playas y sus colinas adyacentes están cubiertas de sal de mala calidad. Ella le dio su nombre al mar en el cual desemboca el Jordán (Gn. 14:3; Jos. 3:16; etc.), y al valle de la Sal, posiblemente ubicado en la extremidad meridional del Mar Muerto o Mar Salado (2 S. 8:13), como también a la Ciudad de la Sal (Jos. 15:62). A veces se cubría de sal las tierras capturadas como señal de maldición (Jue. 9:45). Pero cuando se la usa en los lugares correctos y en las cantidades adecuadas, esta sustancia es de gran valor. Por causa de su obra y su influencia, Cristo comparó a sus discípulos con la sal (Mt. 5:13; cf Mr. 9:50; Le. 14:34).


Los que no alcanzaban las normas del evangelio eran como la que había perdido su sabor (Mt. 5:13; Le. 14:34, 35). Véase Sal, Mina de.


Sal, Mina de


(heb. mikrêh-melaj).


El pasaje de Sof. 2:9 se referiría a las minas de sal de Jebel Usdum, una cadena de elevaciones ubicada en la orilla sudoccidental del Mar Muerto (compuesta en un 50% de piedra salina; fíg 478), o 1031 a las orillas salitrosas que se encuentran junto a la playa de este mar, donde el agua ha salido de madre para evaporarse después, dejando allí una costra de sal.*


Sala.



Nombre que remite a un personaje y a una dependencia.



I. Nombre propio


(heb. Shelaj, "renuevo [vástago, extensión]": gr. Salá, "jabalina"). Hijo o nieto de Arfaxad (Gn. 10:24; 11:12-15; Lc. 3:35). uno de los antepasados postdiluvianos de Abrahán.



II. Dependencia.


Traducción del: 1. Heb. 'aliyyâh "sala [cámara] techada" (Jue. 3:20, 23-25). 2. Heb. lishkâth, "vestíbulo", "antesala", "pasillo [zaguán]", "sala [salón]" (1 S. 9:22). Aquí se referiría a un salón adjunto al lugar santo donde se comía la comida sacrificial. 3. Gr. aule, "palacio" (Mr. 15:16, BJ), "patio" (Lc. 22:55).


4. Gr. praitorion, "pretorio" (Mt. 27:27). En este pasaje se hace referencia a la residencia oficial de Pilato en Jerusalén. pero existe incertidumbre con respecto a si estaba en el palacio de Herodes o en la Torre Antonia. 5. Gr. akroaterion, "sala de audiencias" (Hch. 25:23). 6. Gr. numƒon o gámos, "sala de bodas" (Mt. 22:10) existen importantes evidencias textuales para ambos términos griegos). Otros términos hebreos y griegos fueron traducidos por "sala" (1 S. 9:22; Dn. 5:10), "pórtico" (1 R. 7:6-8) y "casa" (Est. 5:1). Véase Fortaleza.


Salaf


(heb. Tsâlâf, "alcaparra" o "fractura [herida]").


Hombre cuyo hijo Hanún le ayudó a Jeremías a reparar los muros de Jerusalén (Neh. 3:30).


Salai


(heb. Sallay, tal vez "cestero").



1.


Bejamita elegido para morar en Jerusalén en tiempos Nehemías (Neh. 11:4, 8).



2.


Familia sacerdotal posterior al exilio (Neh. 12:1, 20), posiblemente descendientes de Salú. Véase Salú 2.


Salamina


(gr. Salamís, "azotado por las olas").


Principal ciudad griega de la isla de Chipre, situada en su margen oriental.

Llegó a ser su capital en el s V a.C., en lugar de una ciudad micénica anterior que se llamaba Enkomi. Fue la 1ª ciudad chipriota en acuñar monedas; gracias a ellas disponemos de una lista de sus reyes. En el s IV a.C. Salamina cayó en manos de Tolomeo de Egipto, y en el 58 a.C. pasó a ser posesión romana. Bernabé y Pablo la visitaron durante su 1º viaje misionero y predicaron el evangelio en varias de sus sinagogas (Hch. 13: 5), porque Salamina contaba con una gran comunidad judía. Mapa XX, B-5.


442. Ruinas de Salamina en Chipre.


Salario


(heb. sakîr; gr. misthós, opsonion).


Paga que un trabajador o un siervo recibía en compensación por los servicios prestados. Los autores bíblicos emplean el término "salario" tanto literal (Gn. 30:28) como figuradamente (Ro. 6:23, BJ; Jn. 4:36).


Cuando lo usaban en sentido literal, se referían a 2 métodos principales de pago: 1) en especies (Gn. 29:15, 20; 31:7, 41). y 2) con dinero (Ex. 2:9; Mt. 20:2). La ley de Moisés requería que el salario se pagara cada tarde (Lv. 19:13; Dt. 24:14, 15), y las Escrituras denuncian decididamente su retención (Jer. 22:13; Mal. 3:5). La única referencia a la cantidad pagada como tal se encuentra en Mt. 20:2, donde se nos dice que el jornal diario de un trabajador era de 1 denárion, palabra traducida por "denario" en la RVR. y por "jornal de un día" en la DHH (fig 169).


Salatiel


(heb. y aram. Shê'altî{êl "el he pedido a Dios"; cun. Salti-ilu; gr. Salathiel).


Hijo de Jeconías (joaquín) de Judá (Mi. 1:12) y padre* de Zorobabel* (Esd. 3:2, 8; 5:2; Neh. 12:1; Hag.1:1, 12, 14; 2:2, 23). Pero Lc. 3:27 nos dice que Salatiel era hijo de Neri, del linaje de David por medio de Natán. Esta aparente contradicción se explica al asumir que unos de los descendientes de Jeconías, tal vez un hijo, murió sin tener familia, y que al casarse Neri con la viuda, de esa unión nació Salatiel. En ese caso, Neri sería el padre biológico (Lc.), y Jeconías el antepasado legal (Mt.). Otros han sugerido que Salatiel era hijo literal de Neri, pero hijo de Jeconías por adopción; o que una hija de Jeconías, el caso con Neri, y que por tanto Salatiel era hijo de Neri y nieto de Jeconías (pero, según la costumbre, judía "hijo"); o que Salatiel probablemente se caso con la hija y heredera de Neri, y por ello se lo consideró "hijo" de éste. Véase Genealogía.


Salca


(heb. Salkâh, tal vez "peregrinación" o "el que se mueve [errante]").


Ciudad ubicada en 1032 el límite nororiental del reino de Og, de Basán, cerca de Edrei (Dt. 3:10; Jos. 12:4, 5; 13:11). Más tarde constituyó el límite septentrional del territorio de Gad (1 Cr. 5:11). Es la moderna Salkhad, ubicada a unos 25 km al este de Bosra. Mapa XIV, C/D-6.


Salem


(heb. Shâlêm, "completa [perfecta]", "pacífica" o "paz"; gr. Salem).


Ciudad de la cual Melquisedec* era rey (Gn. 14:18; He. 7:1, 2). De acuerdo con una tradición judía, registrada en un manuscrito arameo de uno de los rollos de la Cueva 1 de Qumrán, era Jerusalén. Esto concuerda con Sal. 76:2, donde Salem y Sion aparecen como sinónimos. También en los textos cuneiformes de Ebla, el nombre de la ciudad figura como Salem, referido a la época anterior a los patriarcas.


Salequet


(heb. Shalleketh, "sacar hacia afuera" o "talando").


Nombre de una de las puertas del templo de Salomón. Parece que estaba ubicada en el costado occidental del atrio (1 Cr. 26:16). Véase Templo I.


Salim


(gr. Salím, "paz [apacible]" o [tierra de] "zorras"; transliteración del heb. Shâlêm, Salem).


Lugar cerca del cual bautizaba Juan el Bautista (Jn. 3:23); no ha sido identificado con certeza. El Mapa XVI da 2 posibles ubicaciones; véase D-3 y D-4. Véase Enón.


Salisa


(heb. Shâlishâh, "tercera tierra [parte]" o "tierra triple").


Distrito de la región montañosa de Efraín por donde pasó Saúl mientras buscaba las asnas de su padre (1 S. 9:4). Se lo ha tratado de ubicar al noreste de Lida, pero no se lo ha identificado todavía. Véase Baal-salisa.


Salma


(heb. Tsalmâ', "cubierta [vestidura, ropaje]").


Descendiente de Judá a través de Caleb, hijo de Hezrón, y fundador de Belén (1 Cr. 2:50, 51, 54).


Salmai


(heb. Tsalmay y Shamlay, abreviatura de "[a Jehová] le va bien"; en heb. los 2 nombres son idénticos, salvo la transposición de 2 letras).


Antepasado de una familia de servidores del templo, algunos de los cuales regresaron del cautiverio babilónico con Zorobabel (Esd. 2:46; Neh. 7:48).


Salmán


(heb. Shalman, "vestidura [ropaje, vestido]").


Nombre del destructor de Bet-arbel* (Os. 10:14), quien no ha sido identificado en forma contundente. Damos a continuación algunas ideas que se han adelantado con respecto a su posible identidad: 1. Podría ser Salmanasar V (Salmán sería una abreviatura de ese nombre), quien tomó Galilea y destruyó Arbela, conocida ahora como Khirbet Irbid. 2. Salum, el asesino de Zacarías, hijo de Jeroboam II. Esta interpretación cuenta con el apoyo de la LXX, que traduce Bet-arbel por "la casa de Jeroboam". 3. Salamanu, un rey moabita de la época de Tiglat-pileser III (745-727 a.C.), quien la habría destruido, aunque no tenemos registros de que lo haya hecho. Mapa VI, C-4. Véase Salum 1.


Salmanasar


(heb. Shalman'eser, "adorador del fuego"; as. Shulmânu-asharid, "[el dios] Shulman es superior").


Nombre de 5 reyes asirios, de los cuales Salmanasar I, Salmanasar II y Salmanasar IV no desempeñaron ningún papel en la historia bíblica, y por tanto no se los considerará en este artículo.



1. Salmanasar III (859-824 a.C.).


Hijo de Asurbanipal II. Fue el 1º rey asirio del período imperial, un gran guerrero y el 1º rey que se puso en contacto con Israel. En su ler año desató una guerra agresiva en el norte de Siria, y obligó a varios reyes de Siria y Palestina a formar una alianza y resistir la amenaza. Doce reyes constituyeron una liga que Salmanasar enfrentó en su 6º año (853 a.C.) en Qarqar, centro de Siria. Los ejércitos aliados, bajo la conducción de Ben-adad de Damasco y del rey de Hamat, recibieron de Acab de Israel 10.000 infantes y 2.000 carros; más o menos la mitad de los vehículos de los ejércitos aliados. Salmanasar pretendió haber logrado la victoria, pero se duda de la veracidad de su afirmación porque regresó rápidamente a Asiria, lo que hace suponer que sufrió algún revés. Regresó a los 5 años, pero los aliados lo detuvieron de nuevo, y lo mismo ocurrió durante la campaña siguiente. Por fin, en su año 14º (845 a.C.) pudo quebrantar la resistencia de la liga, y en su año 18º (841 a.C.) derrotó en el monte Hermón al rey Hazael de Damasco. Los reyes de Tiro y Sidón, como asimismo el rey Jehú de Israel, le pagaron tributo e inmediatamente se convirtieron en vasallos de Asiria. En el famoso Obelisco Negro, descubierto en 1845 por Henry Layard, en Nimrod, y que ahora se encuentra en el Museo Británico, aparece esculpido el pago de tributo por parte de Jehú: en la 2ª de las 5 hileras de relieves se lo ve en actitud de besar el suelo a los pies de Salmanasar, mientras le ofrece como tributo barras y vasijas de metales preciosos, a cargo de cortesanos israelitas (figs. 269 y 274). Durante su largo reinado de 35 años, este rey asirio realizó campañas prácticamente en todos los países que rodeaban su patria y estableció su señorío en sus territorios. Le sucedieron varios gobernantes débiles, y durante los 80 años siguientes el imperio perdió mucho de su dominio sobre las naciones subyugadas.



2. Salmanasar V (727-722 a.C.).


Hijo y sucesor 1033 de Tiglat-pileser III. Muy pocos de los registros de la época de este rey se han podido conservar, y la información de que disponemos de los acontecimientos de su breve reinado provienen mayormente de la Biblia (2 R. 17:3; 18:9) y de Josefo. Gobernó poco tiempo, pero copió los métodos de guerra y de gobierno de su antecesor.


Asumió su papel de rey de Babilonia bajo el nombre de Ululai, y con mucha fuerza y determinación afrontó la coalición de reyes occidentales (a los que pertenecía Israel) que había dejado de pagar tributo. A los comienzos de su reinado lanzó una campaña contra los fenicios. En esa época, el rey Oseas de Israel le aseguró su lealtad, pero después, al depositar su confianza en Egipto, se rebeló contra su señor asirio. Salmanasar se puso en marcha contra Israel y comenzó el sitio de Samaria, que duró 3 años (contando en forma inclusiva) y terminó con su destrucción, el exilio de su población y la desaparición del reino de Israel (2 R. 17:36). Probablemente esto ocurrió poco antes de la muerte del rey, aunque la tarea de deportar a los israelitas y repoblar su territorio con gente de otras latitudes haya caído sobre los hombros de su sucesor, Sargón II. Por tal razón, más tarde Sargón II pretendió haber conquistado la ciudad en el 1º año de su reinado. Pero por la información cronológica que nos da la Biblia podemos inferir que Samaria cayó poco antes de la muerte de Salmanasar, en el 723/22 a.C.


Bib..- FJ-AJ ix. 14.


Salmón


(heb. Tsalmôn [1, 2, 4], quizá "sombreado"; heb. Ðalôn, Ðalmâh y Ðalmâ' [3], "cubierta [vestidura]"; gr. Salmon, Salá; gr. Salmon' [5]).



1.


Monte cerca de Siquem (Jue 9:48); posiblemente una de las cumbres del monte Gerizim, y quizá Salmón 4.



2.


Valiente de David (2 S. 23:28), a quien se le da el nombre de Ilai* en 1 Cr. 11:29.



3.


Descendiente de Judá por medio de Fares, Hezrón y Ram, y antepasado de David (Rt. 4:18-21; 1 Cr. 2:11; Mt. 1:4; Lc. 3:32). De acuerdo con Mt. 1:5, fue el esposo de Rahab, indudablemente la Rahab de la famosa Jericó.



4.


Localidad desconocida (Sal. 68:14); tal vez Salmón 1.



5.


Promontorio nororiental de la isla de Creta, ahora conocido con el nombre de Cabo [Cape] Sidero. El nombre antiguo está vocalizado de diferentes maneras en los registros primitivos: Samonion, Salmonion, Samonium, etc. La nave con la cual Pablo viajó hacia Roma como prisionero pasó por este promontorio (Hch. 27:7). Mapa XX, B-4.



















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  5. Pretorio - Quefar-haamoni
  6. Piedras preciosas
  7. Peleteos - Piedra del ángulo
  8. Anexo:Patriarca de Constantinopla
  9. Paraíso - Pelet
  10. Pablo - Parábola
  11. Obot - Pábilo
  12. Nibhaz - Obolo
  13. Natanael - Nezib
  14. Natanael - Nezib
  15. Muladar - Natán
  16. Mizar - Mula
  17. Mical - Miza
  18. Meres - Micaías
  19. Matenai - Meremot
  20. Maquir - Matatía
  21. Mahanaim - Máquina
  22. Llamamiento - Mahalat
  23. Libro de la vida - Llamado
  24. Leche - Libro
  25. Kir - Leca
  26. Jucal - Kibsaim
  27. José - Jubileo
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  31. Jerimot - Jesimiel
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  36. Hebrón - Herodes
  37. Hazael - Hebreos, Epístola a los
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  39. Hamulitas - Hasabnías
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  47. Foro de Apio - Gabai
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  40. Anem - Antiguo Testamento
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  43. Amana - Ami
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  46. Ajat - Alejandrina
  47. Ahitob - Ajalón
  48. Ahilud - Ahisar
  49. Ahasbai - Ahiezer
  50. Afeca - Aharhel
  51. Admata - Afec
  52. Adaías - Adma
  53. Abrahán - Adaía
  54. Aarón - Abraham
  55. DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

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