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miércoles, 16 de febrero de 2011

José - Jubileo. DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 



Francesco Lay Martínez
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Contenidos - Contents
EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA


José - Jubileo


José


(heb. Yôsêf [1-6], "añada [aumente] El [Dios]" o "que El [Dios] añada [aumente]"; también aparece en textos fen. y aram.; gr. IÇsef [7, 10, 11, 13-15]; IÇsetos e IÇses [8, 9]; IÇsej [12]).


De acuerdo con Gn. 30:24 el vocablo hebreo proviene del verbo yâsaf , "añadir" (es decir, José representa el deseo de Raquel de recibir otro hijo de parte de Dios). Pero el v 23 indicaría que el autor también pensaba en un verbo de igual asonancia, 'âsaf , "quitar" (es decir, José concreta la eliminación de la vergüenza de la esterilidad).



1.


Hijo de Jacob de la amada Raquel, después de un largo período de esterilidad. Cuando nació, su padre había servido a Labán 14 años, por lo que tenía ya 91 años de edad (cf Gn. 41:46, 47; 45:6; 47:9); o sea, 6 años antes de que la familia regresara a Canaán (30:22-26; 31:41). Por cuanto José era el primogénito de su esposa preferida, Jacob mostró favoritismo por él, en especial después de la muerte de Raquel, al regalar a José una vestidura costosa como la que usaban los hijos de los nobles (37:3). Los celos generados por esto aumentaron cuando José contó a sus hermanos 2 sueños en los que había visto a todos los miembros de su familia, incluyendo a sus padres, inclinándose ante él (vs 4-11). Cuando tenía 17 años, Jacob lo envío a Siquem para visitar a sus hermanos que pastoreaban sus ganados. Cuando llegó al lugar descubrió que se habían ido a Dotán, de modo que los buscó allí. Apenas sus hermanos lo vieron, hicieron planes de matarlo, pero Rubén, con la esperanza de salvarlo, los persuadió de que lo abandonaran en una cisterna vacía. Sin embargo, cuando en ausencia de Rubén pasó por allí una caravana de ismaelitas y madianitas en camino a Egipto, los otros hermanos lo vendieron como esclavo a los mercaderes. Para engañar a su padre, mancharon la vestidura de José con la sangre de un cabrito que mataron para esto, y le mostraron la ropa, diciéndole que la habían encontrado en el campo, Jacob sacó la conclusión de que José había sido destrozado por algún animal salvaje (vs 12-33).


Al llegar a Egipto, el joven fue vendido a Potifar, capitán de la guardia del rey (Gn. 39:1). La fidelidad y capacidad de José le ganaron la confianza de Potifar, que lo puso como mayordomo de su casa. Pero su buena presencia creó sentimientos de lujuria en el corazón de la esposa de su amo. Cuando él rehusó persistentemente aceptar las insinuaciones de la mujer, ella lo acusó de intenciones sensuales. Como resultado, se lo encarceló. Sin embargo, muy pronto se ganó la confianza del carcelero por su fidelidad y obtuvo un puesto de responsabilidad. En la cárcel interpretó los sueños y predijo la suerte de 2 compañeros de prisión: del copero y del panadero (Gn. 39:1-40:23).


Dos años más tarde, unos 13 después de haber sido vendido como esclavo, Faraón tuvo sueños perturbadores que sus magos no pudieron explicar. Entonces el copero real, que hacía mucho había sido restituido a su cargo, se acordó de José y le contó a Faraón su propia experiencia.


Llamado para interpretar los sueños de Faraón, José le dijo que Egipto experimentaría primero 7 años de abundancia y luego 7 años de hambre, y aconsejó al rey que almacenara granos durante los 7 primeros años para los años de necesidad. Percibiendo la sabiduría de José, Faraón designó al esclavo de 30 años como visir o Primer Ministro -el 2º en el reinodándole públicamente toda la autoridad necesaria (Gn. 41:1-46).


José se casó con Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On (Heliópolis), la ciudad donde estaba el gran templo dedicado al dios sol Ra. A José le nacieron 2 hijos durante los 7 años de abundancia: Manasés y Efraín. En esos años se ocupó de almacenar alimentos para los futuros años de hambre, cuando el Nilo* no inundaría el país por falta de lluvias en el África central. La sequía que siguió también afectó al Asia y creó condiciones de hambre en Canaán. En consecuencia, los hijos de Jacob, como otros cananeos, fueron a Egipto a comprar granos. Se presentaron ante José sin reconocer en el funcionario -con ropas, idioma y costumbres egipciasal joven que habían vendido 20 años antes. Pero José los reconoció de inmediato. Recordando sus sueños de la niñez y los celos y la crueldad de sus hermanos, los probó de diversos modos. Al mismo tiempo, los hijos de Jacob, pensando que su hermano todavía sería esclavo en 662 Egipto, sufrían de angustia y remordimientos por cómo lo habían maltratado.


Finalmente, en su 2º viaje a Egipto, al fin de 2 años de hambre, José se dio a conocer (Gn. 42:1-45:8), los convenció de sus sanas intenciones y mandó a buscar a su padre y a toda la familia para que se mudaran a Egipto. Los estableció en Gosén, tal vez el fértil Wâd§ Tumilât, no lejos de la capital hicsa de Egipto, Avaris, Tanis o Zoán* (Gn. 45:9-46:30; cf Sal. 78:12, 13). Temiendo que sus hermanos no pudieran soportar las tentaciones de la vida palaciega de Egipto, les aconsejó que siguieran siendo pastores,* una ocupación despreciada por los egipcios. Esto les daría la oportunidad de permanecer separados de los paganos y les permitiría vivir juntos en una sección del país asignada a ellos (Gn. 46:31-34). Faraón les dio una gran bienvenida al llegar a Egipto, y le concedió una audiencia a Jacob.


291. Seti I sobre su carro, un grabado sobre la pared del templo en Karnak; probablemente José usaba tales vehículos.


Durante los siguientes 5 años de necesidad el país pasó por momentos difíciles, y el pueblo egipcio se vio obligado a vender todas sus propiedades y a sí mismos a la casa real para conseguir alimentos; con excepción de la tierra de los sacerdotes y de los templos, todo volvió a Faraón, y entonces quienes las ocupaban pagaban 1/5 de la cosecha al rey (Gn. 47:13-26). José cuidó de sus familiares durante ese tiempo. Poco antes de morir, Jacob bendijo a los 2 hijos de José, Efraín y Manasés, y los adoptó como hijos propios; en consecuencia, los descendientes de José formaron no una sino 2 tribus. Cuando Jacob falleció, de acuerdo con la costumbre egipcia fue embalsamado; luego fue llevado al sepulcro familiar en Hebrón, Canaán, para su sepultura. José aseguró a sus temerosos hermanos que no temieran nada de él después de la muerte de su padre (47:1-12, 27-31; 48:1-20; 49:33; 50:1-21). José llegó a los 110 años de edad, que en la literatura egipcia se consideraba la edad perfecta, y antes de morir encargó a sus descendientes que llevaran sus huesos a Canaán para darles sepultura cuando regresaran a la tierra prometida (50:22-26).


En cumplimiento de sus deseos, en ocasión del éxodo su cuerpo embalsamado fue llevado por los hijos de Israel a Canaán y sepultado cerca de Siquem (Ex. 13:19; Jos. 24:32).


El relato de José describe un ambiente verdaderamente egipcio en numerosos detalles, y se adecua mejor al período de los hicsos, cuando los faraones fueron mayormente extranjeros semíticos; éste es el período al que pertenece José, de acuerdo con la cronología bíblica. Ningún otro momento fue más propicio para que los semitas ocuparan un cargo honorable en Egipto como el de José; los reyes hicsos, semíticos, se habrían inclinado a tener más confianza en oficiales de razas emparentadas que en cualquiera de los egipcios subyugados, aunque también empleaban egipcios como oficiales, como "Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia". Es digno de notar que la Biblia llama a Potifar "varón egipcio" (Gn. 39:1), una designación que sería superflua e ilógica para un alto oficial de un faraón egipcio nativo, pero digna de mención si el rey y la clase gobernante eran extranjeros. Por los registros es evidente que el cambio de situación económica durante el período de los hicsos se pudo deber a lo que se cuenta en el relato de José. Durante el Reino Medio, anterior a la invasión de los hicsos, los egipcios gozaban de un sistema de empresas privadas, y la tierra era de propiedad particular, así como de los reyes y de los sacerdotes de los templos. Los escasos registros sobrevivientes del período de los hicsos no arrojan luz sobre el tema, pero en la dinastía 18ª, después de su expulsión, encontramos que todas las propiedades inmuebles estaba en manos del faraón, con excepción de las de los dos templos. El cambio de titularidad de manos privadas a la corona real debió haber ocurrido durante el tiempo de José.


El relato explica cómo todas las propiedades pasaron de manos de los egipcios a las de la corona durante los años de hambre. Este nuevo sistema daría a los reyes de la dinastía 18ª una oportunidad de entregar tierras y otras propiedades a sus soldados veteranos como recompensa por sus fieles servicios durante la guerra de liberación. Véanse Cronología (V, B); Egipto (V, 4).


Los monumentos y documentos egipcios también ilustran numerosos detalles del relato de José y presentan muchos casos paralelos: un papiro demótico, ahora en el Museo Británico, que cuenta cómo los prisioneros eran liberados en el aniversario del ascenso del faraón (cf Gn. 40:20). Los egipcios prestaban mucha atención a los sueños y creían que contenían 663 mensajes divinos, como lo confirman muchos registros antiguos (cf 40:8; 41:8); por lo tanto, los magos y adivinos profesionales eran muy buscados para la interpretación de los sueños. Antes que José se pudiera presentar ante Faraón, tuvo que tomarse tiempo para afeitarse, aunque se había dado la orden de que lo llevaran ante el rey con premura (Gn. 41:14).


En contraste con los asiáticos, los egipcios usaban la cara afeitada, y el relato del egipcio Sinhué cuenta como él, al regresar a Egipto después de un largo exilio en Asia, primero se afeitó y se cambió de ropa, como para ser considerado otra vez una persona civilizada. La investidura de José como visir (Gn. 41:41-44) puede encontrar paralelos en los registros literarios de Egipto, y existen antiguas pinturas que muestran al rey en el acto de poner cadenas de oro con pectorales en el cuello de sus altos funcionarios.


Del s XIII a.C. nos llega un documento, el papiro D'Orbiney, en el Museo Británico, que contiene la "Historia de los dos hermanos" que vivían juntos.


La esposa del mayor hizo un intento de seducir al hermano menor mientras su esposo estaba en el campo. Como el joven no aceptó someterse a la lujuria de ella, la mujer se enojó tanto que lo acusó ante su marido de intentar forzarla. El esposo airado salió inmediatamente para matar a su hermano menor, que, sin embargo, advertido por una intervención divina, pudo escapar. Más tarde se descubrió la verdad, y la infiel esposa fue muerta. La historia continúa con asuntos legendarios.


Muchos comentadores modernos, al fijar el origen del Pentateuco en el 1º milenio a.C., creen que la historia de José de Gn. 39 tiene su origen en la "Historia de los dos hermanos" egipcia. Sin embargo en los 2 relatos hay una sola cosa en común: una mujer infiel que intenta sin éxito seducir a un joven que vive en la casa y luego lo acusa de un intento de violación.


Dramas como éste pudieron haber ocurrido con frecuencia en los tiempos antiguos, así como también ocurren hoy, ya que el objeto de la seducción generalmente cae como víctima. Como José vivió muchos siglos antes que se escribiera el papiro D'Orbiney, y la "Historia de los dos hermanos" tiene tendencias mitológicas, no hay razón para suponer que una historia dependa de la otra.


Bib.: ANET 23-25.



2.


Nombre étnico que designa las 2 tribus de Efraín y Manasés, las cuales son llamadas "casa de José", "tribu de José", "hijos de José" o simplemente "José" (este nombre se usa con frecuencia en el AT para indicar las tribus combinadas o el reino del norte como un todo; Jos. 16:1, 4; Jue. 1:22; 1 R. 11:28; Sal. 78:67; Ez. 37:16; etc.).



3.


Padre del espía que representó a la tribu de Isacar (Nm. 13:7).



4.


Hijo de Asaf y jefe del 1º de los 24 grupos en que David organizó a los músicos para el servicio del templo (1 Cr. 25:2, 9).



5.


Judío que pertenecía a la familia de Bani; se había casado con una mujer extranjera en tiempos de Esdras (Esd. 10:42).



6.


Sacerdote, jefe de la familia de Sebanías en tiempos del sumo sacerdote Joiacim (Neh. 12:14).



7.


Esposo de María (Mt. 1:16; Lc. 3:23), considerado por sus contemporáneos como el padre de Jesús. Habría sido un viudo que, según parece, tenía hijos de un matrimonio anterior. Comprometido ya con María, descubrió que estaba encinta y decidió abandonarla sin avergonzarla; pero en un sueño se le informó que el niño había sido concebido milagrosamente.


Por tanto, se casó con ella y crió al niño como hijo propio (Mt. 1:18-25). El nacimiento ocurrió en Belén, porque José había llevado a María consigo desde Nazaret a su pueblo natal (Belén) para cumplir con un decreto de censo que exigía que cada persona se registrara en el pueblo de sus antepasados.


Como José (y también María) eran miembros de la tribu de Judá y descendientes de la casa de David, debían cumplir ese registro en el lugar de nacimiento de su antepasado: Belén (Lc. 2:1-16). José también estuvo con María cuando el niño Jesús fue llevado al templo para la acostumbrada presentación, y allí escuchó las predicciones de Simeón y de Ana (vs 22-38). Antes que Herodes pudiera llevar a cabo su cruel asesinato de los niños de Belén, fue instruido en un sueño a huir a Egipto con María y el niño. Más tarde regresó con la familia a Palestina y se estableció en Nazaret después de la muerte de Herodes (Mt. 2:13-23). Como fiel judío, probablemente iba con regularidad a Jerusalén cada año para las grandes fiestas. Cuando Jesús cumplió 12 años fue llevado en la peregrinación anual de Pascua. En esta ocasión, sus padres lo perdieron; pero, después de una búsqueda de 3 días, lo encontraron en el templo (Lc. 2:41-50). José era carpintero (Mt. 13:55), y aparentemente enseñó el oficio a Jesús (Mr. 6:3). Parece haber muerto antes que Jesús comenzara su ministerio, como se deduce del hecho de que siempre lo visitaran sólo su madre y sus hermanos (Mt. 12:46), y sus hermanos intentaran aconsejarlo (Jn. 7:3-5); también hubiera sido difícil que Jesús encargara el cuidado de María 664 a Juan si el esposo de ella todavía viviera (19:26, 27). Véase Hermanos de Jesús.



8.


Hermano de Jesucristo (Mt. 13:55; Mr. 6:3).



9.


Hijo de María 5, y hermano de Jacobo el Menor, uno de los discípulos de Jesús (Mt. 27:56; Mr. 15:40, 47).



10.


Judío rico de Arimatea que tenía un sepulcro excavado en la roca (todavía sin usar) en un jardín fuera de la ciudad de Jerusalén (Mt. 27:57, 59, 60; Jn. 19:41). Era miembro del Sanedrín, pero no había consentido en la resolución de condenar a Jesús, porque ya era un discípulo secreto de Jesús (Mt. 27:57; Lc. 23:50, 51; Jn. 19:38). El día de la crucifixión, junto con Nicodemo, otro dirigente judío, tuvieron el valor suficiente para identificarse como seguidores de Jesús. José fue osadamente a Pilato pidiendo el cuerpo de Jesús, y lo sepultó en su propia tumba, que estaba cerca del lugar de la crucifixión (Mt. 27:58-60; Mr. 15:42-46; Lc. 23:52, 53; Jn. 19:38-41).



11.


Personaje de la genealogía de Jesucristo registrada en Lucas (Lc. 3:24).



12 y 13.



Dos descendientes de Judá que aparecen en la genealogía de Jesucristo registrada por Lucas (Lc. 3:26, 30).



14.


Cristiano judío, también llamado Barsabás (que significa "hijo de Sabás"), cuyo sobrenombre era Justo. Había sido un seguidor de Jesús desde el principio de su ministerio, y junto con Matías fue seleccionado por los apóstoles como candidato para reemplazar a Judas, que había traicionado a Jesús y luego se suicidó. Matías fue escogido por suertes, y no se sabe más nada de José (Hch. 1:21-26). Pudo haber sido el hermano de "Judas, que tenía por sobrenombre Barsabás" (15:22).



15.


Nombre original de Bernabé* (Hch. 4:36).


Joseb-basebet


(heb. Yôshêb bashshebeth).


Jefe de los valientes de David (2 S. 23:8). Véase Jasobeam* 1.


Josías


(heb. Yô'shîyâh[û] [l, 3], quizás "Yahweh sana [sostiene]" o "a quien Yahweh sana [sostiene]", aunque su verdadero significado es oscuro; gr. IÇsías; heb. Yôshâh [2]).



1.


Decimosexto gobernante del reino sureño de Judá. Reinó 31 años (c 640-c
609 a.C.; 1 R. 13:2; 2 R. 21:24; etc.). Fue rey a la edad de 8 años, después que su padre Amón fuera asesinado por cortesanos del palacio (2 Cr. 33:21-25; 34:1). En su 12º año de reinado, cuando tenía unos 20 de edad, comenzó a limpiar su país de lugares altos, destruyendo altares de Baal, imágenes del culto de Asera y de otros vestigios paganos (34:3-7). Su actividad religiosa se extendió hasta el territorio del anterior reino de Israel (v 6), estando a su favor la debilidad de Asiria durante esos años. Es posible que las provincias asirias de Meguido y Samaria dejaran de funcionar, y que Josías entrara en ese vacío político y estableciera su propia autoridad en la región. Más tarde pudo elegir Meguido, una ciudad en el corazón del anterior reino, para enfrentar al ejército del faraón Necao con el suyo.


El acontecimiento más grande de su vida ocurrió en su 18º año de reinado, cuando el descubrimiento de un rollo de la Ley de Moisés en el templo estimuló un reavivamiento religioso nacional. Su mensaje, cuando lo leyeron ante el rey, hizo una profunda impresión en él. Convencido de que sus padres no habían vivido de acuerdo con las ordenanzas divinas, temió que las maldiciones pronunciadas por Moisés cayeran sobre sí y su reino, y en consecuencia envió a algunos funcionarios a la profetisa Hulda para pedir consejo. Ella confirmó los temores del rey, pero le aseguró que Dios no traería los castigos predichos sobre Judá durante su vida, puesto que él había hecho todo lo que pudo para vivir una vida piadosa (2 R. 22:8-20; 2 Cr. 34:14-28). Josías redobló sus esfuerzos para eliminar la idolatría y el paganismo de su reino, e indujo a los dirigentes del país a entrar en un solemne pacto con Dios. Celebró la Pascua en una forma en que no se había celebrado desde los días de Samuel (2 R. 23:1-25).


Mientras el poder de Asiria disminuía y crecía el de Babilonia, Josías pareció haber considerado que era ventajoso inclinarse hacia Babilonia.


Pudo haber entrado en un convenio con Nabopolasar para que le ayudara o, sin convenio formal, haber sentido que el reino de Judá ganaría si era apoyado por los babilonios. Por alguna de estas 2 razones tal vez Josías, en el último año de su reinado, intentó bloquear al faraón Necao en su marcha hacia el norte a través de Palestina para ayudar al moribundo poder asirio. La Crónica Babilónica revela que las fuerzas egipcias habían estado ayudando a las asirias durante varios años. Como todos estos ejércitos auxiliares egipcios habían atravesado Palestina en lo pasado, Josías no debió haber hecho intentos para impedirles la marcha hacia el norte. Ahora, sin embargo, decidió no dejarlo cruzar el país otra vez. Necao no quería pelear contra Josías, pero fue obligado a ello en Meguido (donde uno de los pasos del Carmelo penetra en la llanura de Esdraelón), lugar que el ejército egipcio 665 debía cruzar. En esta batalla, Josías fue herido de muerte. Rápidamente fue llevado a Jerusalén, donde murió y fue sepultado; el victorioso Necao siguió su marcha hacia Siria (2 R. 23:29, 30; 2 Cr. 35:20-24). La muerte de Josías fue una gran tragedia para el país, y sinceramente lamentada por la gente y por el profeta Jeremías que compuso una Lamentación que no ha sido conservada (2 Cr. 35:24, 25).


La reforma religiosa comenzada por Josías no tuvo tiempo de afianzarse profundamente, y pronto fue olvidada. Del mismo modo, la independencia política que Judá había gozado por un corto tiempo fue irreparablemente perdida pocas semanas después de la muerte de Josías. El resto de los reyes de Judá fueron vasallos, sujetos primero a Egipto y luego a Babilonia.


Con respecto a las aparentes discrepancias entre las listas de los hijos de Josías (2 R. 23:30, 34; 24:17 y 1 Cr. 3:15) cabe acotar lo siguiente: Joacaz es Salum; Eliaquim es Joacim; Matanías es Sedequías; y Johanán habría muerto antes o junto con su padre en Meguido. De acuerdo con la edad, el orden fue: Joacim, Joacaz, Sedequías. De acuerdo con la su cesión al trono: Joacaz, Joacim, Sedequías. A Joacaz se lo pone en 4º lugar (1 Cr.) quizá porque sólo reinó 3 meses.



2.


Simeonita, jefe en su familia (1 Cr. 4:34).



3.


Hijo de un cierto Sofonías en los días del profeta Zacarías (Zac. 6:10).


Josibías


(heb. Yôshibyâh, "que Yahweh habite" o "Yahweh hace morar").


Descendiente de Simeón (1 Cr. 4:35).


Josifías


(heb. Yôshifyâh, "Yahweh añade [aumenta]").


Padre de Selomit. Regresó con Esdras de Babilonia con 160 varones de la familia (Esd. 8:10).


Josué


(heb. Yehôshûa{, "Yahweh es [su] liberación [ayuda; salva]", "Yahweh es salvación" o "el Salvador"; aram. Yeshûâ; gr. I'sóus).


El nombre aparece en un antiguo sello hebreo y también en un osario (receptáculo de huesos) descubiertos en Palestina, que datan del tiempo de Cristo o un poco después.



1.


Hijo de Nun, de la tribu de Efraín (Nm. 13:8, 16). Con excepción de Jocabed, la madre de Moisés, Josué es el 1º personaje del AT que lleva un nombre compuesto con el de Yahweh. Fue el comandante militar de Moisés durante la peregrinación por el desierto, y se lo menciona por 1ª vez en conexión con la victoria sobre los amalecitas unos pocos días antes de llegar al monte Sinaí (Ex. 17:8-16). Como asistente o "servidor" de Moisés, lo acompañó en el ascenso al monte Sinaí (24:13). En Cades-barnea, 2 años después del éxodo, Josué representó a la tribu de Efraín en la expedición enviada para espiar la tierra prometida. Junto con Caleb, al regreso dieron un informe favorable (Nm. 13:8; 14:6-9; cf 14:7) y se les otorgó el privilegio de entrar en Canaán 38 años más tarde (14:30-38).


Poco antes de su muerte, Moisés consagró públicamente a Josué como su sucesor (Nm. 27:18-23; Dt. 1:38; 31:23). Cuando Moisés murió, Josué comenzó de inmediato los preparativos para entrar en Canaán (Jos. 1:10, 11). Envió 2 espías para obtener un informe de la situación en Jericó (2:1), y cuando los preparativos estuvieron terminados dirigió al pueblo en el cruce del Jordán (Jos. 4:10-19). Después de la captura de Jericó y de Hai, enfrentó y derrotó una coalición de reyes cananeos en Gabaa, cerca de Jerusalén, y otra en Hazor en la parte norte del país (cps 6-11). Luego de esas conquistas preliminares (cf Hch. 7:45), se puso a la tarea de dividir la tierra de Canaán entre las tribus (cps 13-21), y su herencia, por pedido de él mismo, fue Timnat-sera en el monte de Efraín (19:50). A la edad de 110 años reunió a todo Israel, les aconsejó ser fieles a Dios (24:1-28; cf He. 4:8) y murió (vs 29, 30). Véanse Jesús; Oseas.



2.


Dueño de un campo en Bet-semes al que las vacas llevaron el arca al volver de Filistea (1 S. 6:14).



3.


Gobernador de Jerusalén durante el reinado del rey Josías (2 R. 23:8).



4.


Puerta de la ciudad de Jerusalén donde se erigieron los altares paganos que Josías destruyó (2 R. 23:8).



5.


Sumo sacerdote bajo Zorobabel, después del regreso de la cautividad babilónica (Hab. 1:12-14; 2:24; Zac. 3:1-9).



6.


Descendiente de Judá cuyo nombre aparece en la genealogía de Jesucristo que registra Lucas (Lc. 3:29).


Josué, Libro de.



Informe de la conquista y del establecimiento del pueblo hebreo en la tierra de Canaán bajo la conducción de Josué. En las Escrituras hebreas, Josué es el 1º libro de la sección titulada los Profetas Anteriores -que es la 2ª división del AT llamada "Profetas"- seguido por Jueces, Samuel y Reyes.



I. Autor.


Los comentadores y críticos están divididos acerca de si el título del libro designa a su autor o sencillamente al personaje principal de la narración.


Los críticos insisten en que el libro es una obra mixta de varios autores, compilados más tarde por un editor. Sin embargo, la obvia unidad interna hace que esta 666 conjetura no tenga mayor fundamento. El argumento de que la repetida aparición de la expresión "hasta hoy" (Jos. 5:9; etc.) necesariamente indica un tiempo de escritura muy posterior a los hechos registrados en el libro, queda desvirtuada por el contexto del cp 6:25. El uso de los nombres de lugares que no fueron usados hasta más tarde (cf Jos. 19:27 con 1 R. 9:13; Jos. 15:38 con 2 R. 14:7; etc.) se puede atribuir al hecho de que copistas posteriores sustituyeron los nombres corrientes en sus días para beneficio de los lectores que no conocían los nombres antiguos que habían llegado a ser obsoletos. Generalmente hay acuerdo en que el informe de la muerte de Josué (24:29-33) fue escrito por otra persona. El Talmud lo atribuye a Eleazar, el hijo de Aarón; Finees añadió el v 33 (Baba Bathra 15a, 15b). Hasta los tiempos modernos, judíos y cristianos por igual han reconocido a Josué como el autor (Baba Bathra 14b). El libro de Josué retoma la narración de la historia hebrea donde la dejó Deuteronomio. Esta íntima relación con el Pentateuco ha llevado a la práctica común de considerar a Josué como una unidad con él, y a los 6 libros se los ha llamado Hexateuco (véase CBA 2:173-178).



II. Ambientación.


El libro comienza con la entrada de Israel en la tierra prometida, c 1405 a.C. Josué condujo con éxito a los israelitas en la conquista de Canaán o, más bien, las porciones de ella que eran suficientes para hacer posible una distribución de su herencia a cada tribu, de modo que todos pudieran encontrar un lugar permanente de habitación. La tierra estaba gobernada por numerosos pequeños reinos. En 2 ó 3 ocasiones diversos reyes cananeos unieron sus ejércitos para detener el progreso de los hebreos, pero cada vez Dios dio a su pueblo una victoria sobre sus enemigos. Este período de conquista ocupó unos 6 ó 7 años (Jos. 14:7-11; cf Dt. 2:14), y para el fin de ese tiempo la ocupación básica del territorio se consideraba completa (Jos. 11:23; 14:5). Esto no significa que cada porción de la tierra estuviera bajo control israelita, sino que se había dominado una superficie suficientemente grande para las necesidades corrientes de las tribus. Véase Cronología (III).



III. Bosquejo.


El libro se puede dividir en 3 partes: 1. Conquista de Canaán (Jos.
1:1-12:24
). 2. División de la tierra (13:1-22:34). 3. Discurso de despedida de Josué (23:1-24:33).



IV. Contenido.


El cruce del Jordán, incluyendo los preparativos para el gran acontecimiento, ocupa los primeros 4 capítulos. Los cps 5 y 6 tratan de la caída de Jericó. Los preparativos incluyeron la circuncisión de los varones y la celebración de la Pascua (ninguna de las 2 cosas se habían observado desde la salida de Sinaí; véase 5:2-10). Los cps 7 y 8 registran la derrota preliminar en Hai, el pecado de Acán y la posterior conquista de la ciudad.


Los cps 9 y 10 hablan del tratado con los gabaonitas, de la confederación cananea contra éstos por causa de su alianza con los hebreos, y de la dramática victoria de Josué sobre ellos, dejando a Israel con el control efectivo de la región montañosa central. Una expedición militar que puso a la mayor parte del sur bajo el dominio hebreo se registra en el cp 10:28-43.


La coalición de los reyes del norte de Canaán y la conquista del territorio del norte están relatadas en el cp 11:1-15. Otras hazañas militares llenan el cp 12. Habiendo completado la conquista preliminar de la tierra, Josué asigna los territorios a las tribus (Jos. 13-19), y separa algunas ciudades como refugio (cp 20) y otras para los levitas (cp 21). El cp 22 describe el regreso de los ejércitos de las 2 1/2 tribus a sus hogares en Transjordania y el malentendido que surgió entre ellos y sus hermanos del oeste, que fue resuelto amigablemente. El libro se cierra con el discurso de despedida de Josué a Israel, la renovación del pacto del pueblo con Yahweh y un informe de la muerte de Josué (cps 23 y 24 ).


Jota


(gr. iota, "jota"; keráia, keiráia, keréa, "ápice", "tilde"; literalmente, "cuernito").


La jota es la 9ª letra del alfabeto griego, transliterado como i; el tilde era una proyección o gancho que formaba parte de una letra. Jesús declaró que ni una iota y ni un keráia -o sea, ni siquiera porciones tan pequeñas- pasarían de la ley hasta que todo fuera cumplido (Mt. 5:18; Lc. 16:17). Muy probablemente estaba predicando en arameo cuando dijo esta frase, en cuyo caso la jota representaría la letra aram. yôd -transliterada y, la letra más pequeña de su alfabeto-, y el tilde representaría los "cuernecillos" que son los pequeños trazos que distinguen una letra de otra en el alefato hebreo-arameo; para los oyentes de lengua griega, el tilde también representaría los acentos gráficos de su alfabeto.


Jotam


(heb. Yôthâm, "Yahweh es perfecto [recto]"; el nombre aparece en un antiguo sello heb. que fue encontrado en Ezión-geber y que pudo haber pertenecido al rey Jotam; gr. IÇathám).



1.


Hijo menor del juez Gedeón, y el único de sus 70 hijos que escapó de la masacre de Abimelec, su hermanastro. Más tarde, sobre el monte Gerizim, Jotam predijo la suerte de Abimelec y la de los siquemitas con la ahora famosa parábola de los árboles que ungieron 667 a los espinos como rey sobre ellos (Jue. 9:1-21).



2.


Undécimo gobernante del reino sureño de Judá. Reinó 20 años (c 750-c
731 a.C.). En 2 R. 15:32, 33 y 2 Cr. 27:1 se te atribuyen 16 años de reinado.



Sin embargo, en 2 R. 15:30 el asesinato de Peka está fechado en su año 20º. Esta aparente discrepancia se puede explicar si se supone que abdicó en favor de su hijo Acaz después de reinar 16 años, pero vivió por lo menos otros 4 y los escribas siguieron fechando los eventos de acuerdo con su reinado. También tuvo una corregencia con su padre Uzías, cuando éste se volvió leproso (2 R. 15:5; 2 Cr. 26:21). Se lo describe como un rey bueno como su padre, aunque permitió que la gente adorara en los lugares altos, como lo habían hecho por siglos (2 R. 15:34, 35; 2 Cr. 27:2).



Construyó la puerta alta del templo, reparó el muro de Ofel, al sur del templo, fundó ciudades en las partes montañosas del país, y levantó castillos y torres en los bosques (2 R. 15:35; 2 Cr. 27:3, 4). Derrotó a los amonitas y los obligó a pagar tributos (2 Cr. 27:5). En su reinado, Peka de Israel y Rezín de Damasco comenzaron una invasión de Judá (1 R. 15:37), posiblemente porque no se unió a ellos en una alianza contra Asiria. Está incluido en la genealogía de Jesucristo que registra Mateo (Mt. 1:9).



3.


Hijo de Jahdai, un descendiente de Caleb (1 Cr. 2:47).


Jotba


(heb. Yotbâh, "placidez" o "bondad [agradebilidad]").


Pueblo en el que vivió el abuelo materno del rey Amón (2 R. 21:19). Es probablemente idéntico con el pueblo llamado Jotapata por Josefo, ahora Khirbet Jefât, a unos 14,5 km al norte de Nazaret de Galilea. En el Mapa XVI, C-3 figura como Jotapata.


Bib.: FJ-GJ iii.7.7.


Jotbata


(heb. Yotbâthâh, "bondad [agradabilidad]" o "placidez").


Lugar donde los israelitas acamparon en el desierto, probablemente situada en algún lugar del Wâd§ el-{Arabah, al norte de Ezión-geber (Nm. 33:33, 34; Dt. 10:7).


Joven


(heb. principalmente na{arâh, "mujer joven"; gr. korásion, "señorita"; paidíon, "niño pequeño"; paidísk', "doncella", "sirvienta").


Término que aparece en Rt. 2:5; Mr. 5:41, 42, 39-41 y Jn. 18:17, respectivamente.


Joya.



Véase Ornamento.


Jozabad


(heb. Yôzâbâd y Yehôzâbâd,"Yahweh da [dota]").



1.


Hijo de una moabita. Fue siervo del rey Joás de Judá, a quien asesinó con otros conspiradores (2 R. 12:21; 2 Cr. 24:26). Por este acto, el rey Amasías, sucesor de Joás, lo ejecutó, aunque no permitió que la familia fuera castigada, en armonía con el mandato de Moisés (2 R. 14:6; 2 Cr. 25:3, 4; cf Dt. 24:16).



2.


Guerrero de Gedera que se unió a David en Siclag (1 Cr. 12:4).



3 y 4.


Dos guerreros de Manasés que se unieron a David en Siclag (1 Cr. 12:20).



5.


Portero, hijo de Obed-edom (1 Cr. 26:1, 4).



6.


Oficial militar benjamita bajo el rey Josafat de Judá (2 Cr. 17:18).



7.


Levita que, con otros, estuvo a cargo de los diezmos y las ofrendas en el reinado de Ezequías (2 Cr. 31:13).



8.


Levita residente en Jerusalén a quien Esdras entregó los tesoros traídos de Babilonia (Esd. 8:33).



9.


Sacerdote casado con una mujer extranjera en tiempos de Esdras (Esd.
10:22
).



10.


Levita que estaba casado con una mujer extranjera en tiempos de Esdras (Esd. 10:23).



11.


Levita que estaba a cargo de las obras exteriores del templo (Neh. 11:16). Posiblemente sea Jozabed.*


Jozabed


(heb. Yôzâbâd, "Yahweh da [dota]").


Hombre, probablemente un levita, que ayudó a Esdras en la lectura de la Ley a la gente (Neh. 8:7). Pudo haber sido el mismo levita que estaba a cargo de la obra exterior del templo (Neh. 11:16). Véase Jozabad 11.


Juan


(gr. IÇánn's, "gracia [don] de Dios"; probablemente del heb. Yôjânân o Yehôjânân "Yahweh es bondadoso [benigno]"; variante gr. es IÇnás, Jonás).



1.


Juan el Bautista, el precursor de Jesucristo e hijo de Zacarías -sacerdote de la "clase de Abías"- y de Elisabet (Lc. 1:5). Mientras Zacarías estaba cumpliendo sus funciones sacerdotales de quemar incienso en el templo, Gabriel lo informó del nacimiento de un hijo y le dio instrucciones de llamar su nombre Juan y criarlo como nazareo. El ángel predijo que el niño sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, y que saldría con el espíritu y el poder de Elías para "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (vs 8-17). Al recordar su propia edad avanzada como también la de su esposa, Zacarías expresó dudas acerca de las palabra del ángel, y por ello quedó mudo (vs 18-22). A su debido tiempo nació el niño, y 8 días más tarde fue circuncidado. Los vecinos y parientes supusieron que el niño se llamaría Zacarías, pero Elisabet, siguiendo las instrucciones del ángel (v 13), insistió en el nombre Juan. Cuando Zacarías fue consultado por señas, 668 escribió en una tableta que el nombre debía ser Juan; en ese momento recuperó el habla. Estos sucesos extraños asombraron a la gente de la región, de modo que se preguntaban qué clase de niño sería el que nació (vs 57-66). Su padre, lleno del Espíritu Santo, profetizó que su hijo sería llamado "profeta del Altísimo" y que iría "delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos" (vs 67-79).


Era primo de Jesús y unos 6 meses mayor que él (Lc. 1:36), por lo que probablemente comenzó su ministerio unos 6 meses antes que Cristo, más o menos a los 30 años de su vida. Era la edad en la que los judíos consideraban que el hombre había alcanzado su madurez plena y, por tanto, podía aceptar las responsabilidades de la vida pública (cf 3:23).


Aparentemente, Juan fue un hombre de aspecto y carácter rudo. No vaciló en hablar claramente cuando fue necesario (Mt. 3:7-12; Lc. 3:7-9). Era austero; hasta parecería de hábitos casi antisociales (Mt. 11:19; Lc. 7:33): comía alimentos muy sencillos, -como langostas* y "miel silvestre"-, su ropa estaba tejida de pelo de camello y usaba un cinturón de cuero (Mt. 3:4; Mr. 1:6; cf Mt. 11:8).


Creció en el desierto, donde vivió hasta el comienzo de su ministerio. La Biblia no ofrece información con respecto a la vida y educación temprana de Juan, fuera de decir que "el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel" (Lc. 1:80). Parecería que toda su predicación se realizó en el "desierto de Judea" (Mt. 3:1), una región de cerros estériles entre el Mar Muerto y los montes más altos de la región central de Palestina (fig 161). Lucas afirma que trabajó en la "región contigua al Jordán", y que su predicación en el desierto era el cumplimiento de la profecía de Isaías (Lc. 3:3, 4). Una razón para predicar cerca del Jordán fue sin duda la presencia del río para los bautismos (cf Jn. 3:23). El poder de su mensaje queda demostrado en que salían multitudes de las ciudades y de los campos para escucharlo y ser bautizados por él (Mt. 3:5, 6; Mr. 1:4, 5; Lc. 3:7). No sólo su palabra llevó frutos entre los judíos de Judea, sino que los efectos de su mensaje se esparcieron por regiones más allá de Palestina (Hch. 18:25; 19:3).


El clímax y el comienzo de la declinación del ministerio de Juan llegó el día del bautismo de Jesús (Jn. 1:33). Cuando el Señor lo pidió, Juan puso objeciones, afirmando que él mismo necesitaba ser bautizado por Cristo, pero Jesús le instó a que realizara la ceremonia, "porque así conviene que cumplamos toda justicia" (Mt. 3:13-15). Después del bautismo, Juan vio al Espíritu Santo en forma de paloma que descendía sobre Jesús, y oyó una voz del cielo que testificaba que era el Hijo de Dios (Mt. 3:16, 17; Mr. 1:9-11; Lc. 3:21, 22; Jn. 1:30-34). "El día siguiente" Juan señaló a Cristo como el Cordero de Dios a quienes lo rodeaban (Jn. 1:29). Más tarde, cuando repitió su declaración, 2 de sus discípulos que habían escuchado sus palabras comenzaron a seguir a Jesús (vs 36-42), símbolo del cambio que se produciría en las multitudes que abandonarían a Juan para seguir al nuevo Maestro (3:26).


En ningún momento fue mayor la grandeza de Juan que cuando algunos de sus discípulos vinieron a él con el mensaje de que todos los hombres seguían a Jesús. Su respuesta mostró la más completa abnegación y entrega a Dios: "No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo... Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Jn. 3:2).


Algunos meses, o tal vez un año o más después del bautismo de Jesús, Herodes Antipas lo encarceló, porque lo había reprendido valientemente por abandonar a su esposa y casarse con su sobrina Herodías, que era la esposa de su hermanastro Herodes Felipe (Mt. 14:3, 4; Lc. 3:19, 20). Algún tiempo después de su encarcelamiento Juan envió a 2 de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era el Mesías o no. Jesús les pidió que le contaran a Juan lo que habían visto y oído: cómo los enfermos sanaban, los muertos resucitaban y el evangelio era predicado a los pobres (Mt. 11:2-6; Lc. 7:18-23). Después de la partida de los mensajeros, Jesús pronunció un maravilloso panegírico de su precursor: Juan no era vacilante ni indeciso, como un junco movido en la dirección en que sopla el viento; no era un hombre de vestimenta y maneras palaciegas, sino un profeta, y mucho más que un profeta, a quien se le dio la tarea de anunciar la venida del Mesías (Mt. 11:7-18; Lc. 7:24-35). Véase Herodes 3.


Tal vez unos 6 meses después de este incidente Juan fue decapitado. Su muerte se debió a las intrigas de Herodías, que odiaba a Juan por haber reprendido los actos de Herodes en relación con ella (Mr. 6:19). En ocasión del cumpleaños del gobernante, cuando éste atendía a algunos invitados importantes, Salomé, la hija de Herodías y Felipe, bailó ante ellos.


Su actuación agradó tanto a Herodes que le ofreció lo que pidiera, hasta la mitad de su reino. Salomé consultó con su madre, que le indicó que pidiera la cabeza de Juan. Esto turbó a Herodes, porque lo respetaba y temía. 669 Sin embargo, consideró que no podía dejar de cumplir su promesa; de modo que ordenó que el profeta fuera decapitado. La orden se cumplió y la cabeza del Bautista fue presentada en una bandeja (Mt. 14:3, 6-11; Mr. 6:19-28). El cuerpo de Juan fue sepultado por sus discípulos (Mt. 14:12; Mr. 6:29). Cuando más tarde Herodes oyó acerca de Jesús y de sus obras maravillosas, pensó que era Juan resucitado de los muertos (Mt. 14:1, 2; Mr. 6:14, 16; Lc. 9:7). De acuerdo con Josefo, el encarcelamiento y la muerte de Juan ocurrieron en la fortaleza de Machaeros (Maquero), en Perca, al este del Mar Muerto.


292. Lugar en el río Jordán donde, de acuerdo con la tradición, Juan el Bautista bautizaba a sus conversos.


Los Rollos del Mar Muerto, descubiertos desde 1947, y las excavaciones en Qumrán revelaron varios paralelos estrechos entre las costumbres y enseñanzas de la secta de Qumrán y las de Juan el Bautista. Como Juan, los miembros de la comunidad de Qumrán, probablemente esenios, vivían en el desierto de Judá y se negaban la mayoría de las comodidades de la vida. Creían en la separación del mundo y en una vida de negación propia para "preparar el camino del Señor" citando, como lo hizo Juan, Is. 40:3 (1 QS viii.13-16; cf Mt. 3:3). Practicaban lavamientos rituales en estanques, ríos y en el mar, y los novicios parecen haber sido sometidos a una especie de bautismo. Sus creencias, reflejadas en sus libros, y sus expectativas del Mesías y otras enseñanzas también muestran paralelismos con las de Juan. Estos parecidos han sugerido que antes de su ministerio público Juan pudo haber sido miembro de la comunidad de Qumrán y que, como tal, compartía muchas de sus convicciones e ideales, pero que se había separado de ellos y de su mundo cuando Dios lo llamó a la obra pública que prepararía el camino para el ministerio de Jesús.


Bib.: FJ-AJ xviii.5.2; W. H. Brownlee, The Scrolls and the New Testament [Los rollos y el NT] (Nueva York, Harper, 1957), pp 33-35.



2.


Juan el Amado, hermano de Jacobo y uno de los hijos de Zebedeo y aparentemente de Salomé* (Mt. 4:21; 27:56; cf Mr. 15:40; 16:1; Jn. 19:25; Hch. 12:1, 2). El hecho de que 1o se mencione a Jacobo cuando aparecen juntos los nombres de los 2 discípulos implica que Juan era el menor de los dos. Zebedeo y sus 2 hijos eran pescadores, y, quizá, razonablemente prósperos (Mr. 1:19, 20). Parece que Juan ingresa en la narración de los Evangelios en Jn. 1:35-40 como un discípulo anónimo, entre la multitud que escuchaba a Juan el Bautista junto al Jordán. En ese caso, él y Andrés, el hermano de Simón Pedro, fueron los primeros discípulos de Juan el Bautista en seguir a Jesús. Aparentemente Juan fue con Jesús a Galilea, unos pocos días más tarde, y asistió a la boda en Canaá (2:1-11).


Juan estuvo con Jesús en forma intermitente durante el año siguiente, el período de su ministerio en Judea, pero también dedicó parte de su tiempo a la pesca; pero cuando Jesús comenzó su ministerio en Galilea, invitó a Juan y a su hermano, y también a Pedro y a Andrés, a ser discípulos permanentes (Lc. 5:1-11). Algunos meses más tarde, se contó entre los 12 elegidos para ser apóstoles (Mt. 10:2). De aquí en adelante, estuvo asociado íntimamente con Jesús en sus labores. Con Pedro y Jacobo fue miembro del círculo íntimo de Cristo. Presenció la resurrección de la hija de Jairo (Mr. 5:37), estuvo presente en la transfiguración (9:2) y también en el Getsemaní (14:33). Demostró un espíritu impetuoso en varias ocasiones, como cuando reprendió a algunos que trabajaban en nombre de Cristo pero no eran discípulos formales de Jesús (Lc. 9:49), y cuando propuso pedir que bajara fuego del cielo para consumir a los habitantes de una aldea samaritana que no quiso recibir al Señor (vs 52-561). Reveló egoísmo al solicitar con su hermano los lugares de honor junto a Jesús en su reino futuro, pero también demostró celo y lealtad al declararse listo para enfrentar la muerte con su Maestro (Mt. 20:20-24; Mr. 10:35-41).


Durante su relación con Jesús, Juan parece haberse entregado plenamente a la influencia suavizante y subyugadora del Salvador, y como resultado su carácter fue transformado. Aparentemente, entró en un compañerismo mucho más profundo y rico con el Maestro que los demás apóstoles (Jn. 21:20). En la última Cena ocupó un lugar junto a Cristo (13:23). Cuando Jesús fue arrestado en el Getsemaní, lo siguió hasta el palacio del sumo sacerdote -donde parece que era conocido- y más tarde al Calvario (18:15; 19:26). En la cruz, Jesús le confió a su madre María para que la cuidara con amor (19:27). Temprano el domingo de mañana, al oír que la tumba de Jesús estaba vacía, Juan y Pedro 670 corrieron al sepulcro para investigar y llegaron a ser testigos de que Jesús realmente había resucitado por el orden de los paños mortuorios (20:1-10). Juan estuvo presente la tarde del día de la resurrección, cuando Jesús se apareció a los discípulos en el aposento alto, y también una semana más tarde (Lc. 24:33-43; Jn. 20:19-30; 1 Co. 15:5). Formó parte del grupo que fue a pescar y a quienes Jesús se les apareció a orillas del Mar de Galilea (Jn.21:1-7).


Después de la ascensión, Juan permaneció con los otros 10 discípulos en el aposento alto en Jerusalén (Hch. 1:13), y posteriormente se unió a Pedro en las actividades misioneras en la ciudad (3:1). A pesar de su encarcelamiento, ambos apóstoles testificaron valientemente de su fe en Jesús (4:19). Más tarde Juan y Pedro fueron a Samaria para ayudar a Felipe (8:14). Posiblemente estuvo entre los "apóstoles y los ancianos que vivieron en Jerusalén" por muchos años (Hch. 16:4; Gá. 2:9). La tradición, apoyada por la implicación de Ap. 1:11, sugiere que durante los últimos años de su vida Juan estuvo a cargo de las iglesias en la provincia romana del Asia Menor, con sede en Efeso. Desde allí fue exiliado por Domiciano a la isla de Patmos (v 9); según la tradición, Juan fue echado en un caldero de aceite hirviente, pero al no morir fue enviado a Patmos, aunque se cree que fue liberado cuando Nerva llegó a ser emperador en el 96 d.C. (véanse las figs 402 y 403 con panoramas de Patmos). De acuerdo con una tradición, Policarpo, Papías e Ignacio fueron discípulos de Juan. Después de su liberación, de acuerdo con la tradición, vivió en Efeso y murió de vejez durante el reinado de Trajano (98-117 d.C.). Hacia el fin de su vida, Juan escribió el Apocalipsis y también el Evangelio y las 3 epístolas que llevan su nombre.



3.


Juan Marcos, el autor del 2º Evangelio, de acuerdo con el testimonio unánime y fundamentado de la tradición cristiana temprana. También se lo llama Marcos* a secas. Aparentemente, era ciudadano de Jerusalén, porque su madre María tenía su hogar en esa ciudad, hogar al que concurrían los cristianos (Hch. 12:12; se ha conjeturado que el "aposento alto" donde Jesús celebró la Pascua con sus discípulos, y donde los creyentes se reunieron para esperar el Espíritu Santo, se encontraba en la casa de Juan Marcos; Mt, 26:18; Mr. 14:15; Lc. 22:12; Hch. 1:13). Como no se menciona a su padre, se supone que había muerto; además, era primo de Bernabé (Col. 4:10, BJ). Se piensa que el joven que "le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana" durante el arresto de Jesús era Juan Marcos (Mr. 14: 51), pero no se puede demostrar que sea así. Por cuanto Pedro lo llama su "hijo" (1 P. 5:13), algunos sugieren que era un converso de ese apóstol. Véase María 9.


Juan Marcos acompañó a Pablo y Bemabé hasta Antioquía al regresar de Jerusalén, adonde habían llevado una contribución para los pobres de la iglesia (Hch. 11:28-30; 12:25). Luego los acompañó como ayudante (Hch. 13:5) en su 1º viaje misionero. Este viaje los llevó a la isla de Chipre, donde predicaron el evangelio en las sinagogas judías. Después de su experiencia en Pafos con el hechicero Barjesús y Sergio Paulo, el procónsul romano (vs 6-12), los 3 navegaron hacia Perge, una ciudad en la parte continental del Asia Menor, en dirección noroeste desde Pafos. En esa ciudad, abrumado por las dificultades y los contratiempos ya soportados, y previendo otros mayores, abandonó a los hombres y regresó a su casa en Jerusalén (v 13). Cuando Pablo y Bemabé hacían planes para un 2º viaje misionero, Bernabé insistió en que Juan Marcos los acompañara, pero Pablo no estuvo de acuerdo, sintiendo que, por cuanto los había abandonado previamente, no podían depender de él (15:36-38). El resultado de esta diferencia de opinión fue que Pablo y Bemabé se separaron; Bernabé tomó a Marcos y fueron a la isla de Chipre (v 39).


Juan Marcos no aparece otra vez en el relato bíblico hasta que Pablo lo menciona en su carta a la iglesia de Colosas y en su carta a Filemón, escritas durante su 1º encarcelamiento en Roma. En ellas lo llama su "compañero de prisiones" y "colaborador" (Col. 4:10; Flm. 24); lo menciona otra vez durante su 2º encarcelamiento. Escribiendo a Timoteo, el apóstol dice: "Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio" (2 Ti. 4:11). Estas palabras muestran que se había vindicado ante Pablo, y que había demostrado ser un digno ministro del evangelio.


De acuerdo con una tradición, a Juan Marcos se lo envió más tarde a Egipto, donde fundó la iglesia de Alejandría (de la cual fue su anciano dirigente), y sufrió el martirio en ese país durante las persecuciones de Nerón. La tradición también indica que, en su Evangelio, sirvió como intérprete de Pedro. Papías de Hierápolis, escribiendo c 140 d.C., registró una tradición de Juan el presbítero de que "Marcos, intérprete de Pedro, escribía totalmente con diligencia cuantas cosas encomendaba a la memoria; pero, sin embargo, no exponía ordenadamente los dichos y hechos del Señor. Pues él nunca había oído ni seguido al Señor. Sino que había vivido después con 671 Pedro, como he dicho, el cual predicaba el evangelio para utilidad de los oyentes, no para tejer una historia de los discursos del Señor. Por ese motivo en nada faltó Marcos, que escribió algunas cosas tal como las sacaba de la memoria. Porque una sola cosa deseaba, a saber, no omitir nada de lo que había oído, ni agregar a ello alguna falsedad".


Bib.: EC-HE iii.39.15.



4.


Dirigente judío que participó en el juicio contra Pedro y Juan después de haber sanado al paralítico junto a la Puerta La Hermosa del templo (Hch. 4:6).


Juan, Epístolas de.



Tres epístolas que pertenecen a las 7 epístolas "generales" o "universales". En vista de que no está dirigida a ninguna iglesia o persona específica, 1 Jn. es llamada "epístola general". Pero, siendo más precisos, 2 y 3 Jn. no son epístolas "generales", sino cartas privadas a miembros individuales de las iglesias en las que había servido como pastor. En los manuscritos griegos más antiguos existentes, los títulos de las 3 epístolas son sencillamente Ioánnou A ("De Juan 1"), Ioánnou B ("De Juan 2") y Ioánnou C ("De Juan 3").



I. Autor.


El autor no se identifica en ninguna de las epístolas, pero la autoría juanina ha sido confirmada desde los tiempos más tempranos, y las epístolas son citadas por muchos de los padres de la iglesia. Policarpo, que se dice estuvo asociado con Juan, parece citar 1 Jn. 4:3 en el cp 7 de su Epístola a los filipenses (escrita c 115 d.C.). De acuerdo con el historiador eclesiástico Eusebio, Papías (t c 163 d.C.) "usó testimonios de la primera epístola de Juan". Escribiendo entre el 182 y el 188 d.C., Ireneo cita varios pasajes de las primeras 2 epístolas. El Fragmento Muratoriano (escrito c 170 d.C.) atribuye tanto 1 Jn. como 2 Jn. al apóstol Juan. Así, desde los tiempos más antiguos, la autenticidad y derecho de estas epístolas a un lugar en el canon está firmemente fijado. La antigua tradición de la autoría juanina es fortalecida adicionalmente por el parecido existente entre 1 Jn. y el Evangelio de Jn. en estilo, vocabulario, orden de las palabras, construcción gramatical y el paralelismo de ideas opuestas. Por ejemplo, ambos comienzan con la designación singular que Juan da a Cristo, el "verbo" que procede del Padre (cf 1 Jn. 1:1-3 con Jn. 1:1-3, 14). Los 2 expresan el deseo de que el "gozo" de los receptores "sea cumplido" (cf 1 Jn. 1:4 con Jn. 16:24). Ambos hablan de un "mandamiento nuevo" (cf 1 Jn. 2:8 con Jn. 13:34) y se refieren a Jesucristo como "la luz verdadera" (cf 1 Jn. 2:8 con Jn. 1:9). Animan a los creyentes a que se amen "unos a otros" (cf 1 Jn. 3:11 con Jn. 15:12). Hablan de que los cristianos pasan "de muerte a vida" (cf 1 Jn. 3:14 con Jn. 5:24). Ambos se refieren al Espíritu Santo como al "Espíritu de verdad" (cf 1 Jn. 4:6 con Jn. 14:17). Hablan de Dios como que envió "a su hijo unigénito" al mundo (cf 1 Jn. 4:9 con Jn. 3:16), y declaran que la "vida" se encuentra en él (cf 1 Jn. 5:11 con Jn. 1:4). Otras similitudes verbales entre las epístolas y el Evangelio se encuentran comparando 1 Jn. 2:1 con Jn. 14:16; 1 Jn. 2:3 con Jn. 14:15; 1 Jn. 2:11 con Jn. 12:35; 1 Jn. 2:17 con Jn. 8:35; 1 Jn. 2:23 con Jn. 15:23; 1 Jn. 2:27 con Jn. 14:26; 1 Jn. 3:22 con Jn. 8:29. Para notar los pares de ideas opuestas compare 1 Jn. 3:14 con Jn. 1:5; 1 Jn. 2:9, 10 con Jn. 12:25; 1 Jn. 2:8 con Jn. 5:24. Las pocas diferencias que existen entre el Evangelio y las cartas pueden ser fácilmente atribuidas a la disparidad de contenido y de grado de organización. Las semejanzas, por lejos, son mayores que las diferencias, un hecho que da un testimonio silencioso, pero impresionante en favor de la identidad del autor del Evangelio con el de las epístolas.


Este se identifica como uno de los apóstoles que personalmente vio y oyó a Cristo durante su ministerio terrenal (1 Jn. 1:1; 2; 4:14; cf Jn. 1:14), y afectuosamente se dirige a sus conversos como a "hijitos" (1 Jn. 2:1, 12, 18, 28; 3:7, 18; 4:4; 5:21), lo que implica que tenía una edad avanzada cuando escribió. El Evangelio y las epístolas dan evidencia de haber sido escritas aproximadamente al mismo tiempo. Aunque algunos críticos del s XIX d.C. asignaban ambos documentos a la última parte del s II d.C., ahora casi todos concuerdan en que la evidencia de los manuscritos señalan en forma concluyente al fin del s I d.C. como la época en que escribió las epístolas. Véase Juan, Evangelio de.


Bib.: EC-HE iii.24; I-AH iii.16.5, 8.


A. Primera epístola.


A pesar de que 1 Jn. no identifica en forma específica a su autor, ni a su audiencia, ni el lugar en que se escribió, ni su destino ni el tiempo en que se escribió -con lo que le faltan las características usuales de una carta griega-, evidencia una epístola. Aparentemente, fue dirigida a creyentes con quienes el autor había estado estrechamente asociado (2:1, 12, 18, 28; 3:7, 18; 4:4; 5:21). Se sabe que el apóstol pasó los años finales de su ministerio en Efeso, como pastor de las iglesias cristianas de la provincia romana de Asia. Presumiblemente, esta epístola fue dirigida a esos creyentes.


Temas. El autor escribe a sus hijos espirituales dando por sentado que están familiarizados 672 con los principios de la salvación, y los amonesta a ponerlos en práctica. Como un pastor, enfatiza el amor -la preocupación solícita por el bienestar y la felicidad de los demás- como la primera virtud cristiana. Tal amor es el atributo básico de Dios (1 Jn. 4:8) y procede de Dios (v 7). Dios envió a su Hijo para revelar este amor (v 10), y los creyentes deberían amarse unos a otros (v 11). Al hacerlo, testifican al mundo que conocen a Dios (v 8) y que están verdaderamente convertidos (vs 16, 20). El amor al mundo y el amor al Padre son mutuamente excluyentes (2:15-17). Juan basa la urgencia de su llamado a poner en práctica el principio del amor en su convicción ferviente de la inminencia del regreso de Cristo (v 18). Ya es "el último tiempo", como lo demuestra la aparición de muchos "anticristos" (v 18), que una vez fueron cristianos (v 19), pero que ahora niegan que Jesús de Nazaret es "el Cristo" (es decir, el Mesías predicho por los profetas antiguos). Niegan que Jesús es el Hijo de Dios (v 22-24) y que la verdadera divinidad y la verdadera humanidad estuvieron unidas en una Persona: Jesucristo (1:1-3; 4:2-5, 14; 5:5, 20; cf Jn. 3:16). Estas enseñanzas heréticas son idénticas a las de los docetistas, que enseñaban que Cristo fue sólo un fantasma, sin un cuerpo real; y a las de los seguidores de Cerinto, un protognóstico judaizante que enseñaba que Jesús era hijo natural de José y María, y que el espíritu de Cristo había entrado en su cuerpo en ocasión del bautismo y se retiró de él antes de su muerte en la cruz. Así, la herejía docetista negaba la verdadera humanidad de Cristo, mientras que la de Cerinto negaba su verdadera divinidad. Por lo general se acepta que Juan escribió 1 Jn. pensando específicamente en la herejía docetista.


Contenido. Después de la introducción (1 Jn. 1:1-4) en la que afirma la verdadera divinidad y humanidad de Cristo como la verdad central del evangelio, pasa a la importancia suprema de caminar en la luz, con lo que quiere decir la aplicación práctica de las verdades del evangelio a la vida diaria (1:5-2:6). Cuando el cristiano obedece los mandatos de Cristo puede saber si está "en él". En 2:7-14 presenta como evidencia de la obediencia a Cristo un amor abnegado por los hermanos. Luego advierte contra los falsos maestros (2:15-28). La única seguridad del cristiano es aferrarse del evangelio que ha recibido para tener confianza cuando Cristo aparezca (v 28). Los que aspiran a ser hijos de Dios procurarán ser como Cristo en palabras y hechos, purificando así sus vidas, como Cristo es puro (2:28-3:24). El deber para con Dios, dice Juan, se resume en creer en Jesucristo como Hijo de Dios y en amarse unos a otros como él ordenó (3:23). En 4:1-5:12 explica los principios mediante los cuales los cristianos pueden diferenciar a los maestros que enseñan la verdad de los que enseñan el error. 1ª prueba: si reconocen o niegan que "Jesucristo ha venido en carne". 2ª prueba: si adhieren al evangelio como fue proclamado originalmente por los apóstoles (4:6). 3ª prueba: si aman genuinamente a los miembros de la casa de Dios (vs 7, 8, 13, 20). La vida eterna que Dios ha prometido está en su Hijo, y a menos que los hombres acepten a Jesucristo como tal no tienen acceso a ese don incalculable (5:11, 12). En su conclusión (vs 13-21) Juan reafirma la importancia de aceptar a Jesús como el Hijo de Dios que vino a este mundo a dar vida eterna a los que creen en él (véase CBA 7:641-644).


B. Segunda epístola.


Esta epístola tiene la forma de una carta privada dirigida a la "señora elegida y a sus hijos " (2 Jn. 1). La semejanza del lenguaje y de las expresiones son evidencia de que 2 Jn. fue escrita por el mismo autor de 1 Jn. Nótese, por ejemplo, las siguientes expresiones: "anticristo" en el v 7 (cf 1 Jn. 2:18, 22; 4:3); "andando en la verdad" (2 Jn. 4; cf 1 Jn. 1:6, 7); "un nuevo mandamiento" (2 Jn. 5; cf 1 Jn. 2:8); "que nos amemos unos a otros" (2 Jn. 5; cf 1 Jn. 3:11); "tiene al Padre y al Hijo" (2 Jn. 9; cf 1 Jn. 5:12). El pasaje de 2 Jn. 5-7, 9, 12 puede estar basado en 1 Jn. 1:4; 2:4, 5, 7, 18; 5:10-12; y si fuera así, indicaría el orden en que fueron escritas las epístolas. El autor se identifica sencillamente como "el anciano", un título apropiado para el apóstol Juan, avanzado en años. Acerca de la longitud, la 2ª epístola es del largo acostumbrado para una hoja de papiro que entonces se usaba. En esta carta Juan habla del compañerismo que une a los creyentes cristianos entre sí (2 Jn. 2), alaba a los receptores de la carta por su fidelidad y los exhorta a seguir en el amor de Cristo (vs 4-6).


Les advierte contra los falsos maestros y sugiere cómo tratar a los herejes (vs 7-11). La epístola concluye con la esperanza de que el autor y los receptores puedan pronto encontrarse otra vez (vs 12, 13; véase CBA 7:701, 702).


C. Tercera epístola.


Una comparación entre esta epístola y la 2ª indica al mismo autor. Es una carta personal dirigida a cierto Gayo,* un desconocido pero fiel creyente a quien Juan felicita por su hospitalidad hacia los apóstoles y otros maestros viajeros. La carta trata acerca del deber cristiano de ser hospitalarios 673 con los verdaderos maestros y a cuidarse de los falsos. Como uno que se ha ditinguido por su hospitalidad hacia los predicadores itinerantes, Gayo apreciaría el consejo que le da Juan. Las tendencias cismáticas de Diótrefes deben ser firmemente rechazadas. Parece que fue un anciano en la iglesia o tuvo otro cargo importante que le daba la oportunidad de hablar contra Juan (vs 9, 10).


Además, había rehusado recibir a los predicadores visitantes y había prohibido a los que estaban a su cargo hacerlo, llegando al punto de privarlos de la feligresía en la iglesia (v 10). Otras instrucciones que Juan recuerda tendrán que aguardar, pues espera visitar pronto la iglesia a la que Gayo pertenece (vs 13, 14; véase CBA 7: 711, 712).


Juan, Evangelio de.



Cuarto de los Evangelios (véase CBA 5:869-872).



I. Autor y Ambientación.


Como los autores de los otros Evangelios, el escritor no se identifica directamente. Se cree que "aquel discípulo" de Jn. 21:23, que se identifica en el v 20 como "el discípulo a quien amaba Jesús" y en el v 24 como "el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas", se refiere a Juan el apóstol; desde tiempos muy remotos la tradición cristiana lo atribuye unánimemente a Juan. Sobre la base de ciertos términos característicos del gnosticismo como lógos ("verbo", 1:1) y plerÇma ("plenitud", v 16), que aparecen en el Evangelio de Juan, algunos críticos del s XIX d.C. afirmaron que el 4º Evangelio no podría haber sido escrito hasta la 2ª, mitad del s II d.C., en vista de la teoría de que el gnosticismo no floreció hasta ese tiempo. En consecuencia, los críticos llegaron a la conclusión de que el apóstol Juan, que murió hacia fines del s I d.C., no podría haber sido su autor. Además, algunos críticos sostuvieron anteriormente que Juan refleja un estado de desarrollo del pensamiento cristiano que no se alcanzó hasta mediados del s II o más tarde aún.


293. Ambos lados del papiro John Rylands que contiene un fragmento del Evangelio de Juan (de la 1ª mitad del s II d.C.).


Sin embargo, desde 1935 en adelante, una serie de notables descubrimientos obligaron a los críticos a abandonar su teoría de una fecha tardía para la composición del Evangelio de Juan. Ese año se publicó un trocito de papiro, más pequeño que la palma de una mano, que contenía porciones de Jn. 18 (vs 31-33, 37, 38), conocido como papiro John Rylands 457 (fig 293) y designado comúnmente como P52. Las principales autoridades en papirología concordaron en que ese fragmento debió haber sido escrito c 125 d.C., con lo que resultó ser una porción del manuscrito del NT más antiguo que se conoce. El mismo año se descubrieron en Egipto fragmentos de una narración evangélica, desconocida hasta entonces, conocidos como papiro Egerton II. La narración conservada en estos fragmentos se parece tanto a los Evangelios canónicos que parece obvio que el escritor tomó de todos ellos para su trabajo. Hay varios paralelos muy estrechos con pasajes bien separados del 4º Evangelio como, por ejemplo, su versión de Jn 5:39: "Escudriñáis las Escrituras; en ellas pensáis que tenéis vida, y ellas son las que dan testimonio de mí".


Los eruditos concuerdan en que estos fragmentos de un evangelio desconocido debieron haber sido escritos en Egipto antes de mediados del s II d.C., y que paralelos notables de los Evangelios canónicos indican que los 4 circulaban en Egipto durante la 1ª mitad del s II d.C. Además, en 1946 se encontró la gran biblioteca gnóstica de Nag Hamadí* (Chenobosción*) en el Alto Egipto, con más de 40 obras diferentes en 13 tomos. Estos manuscritos demostraron concluyentemente que ciertas opiniones anteriores acerca de los gnósticos no son válidas, y que los términos supuestamente gnósticos del Evangelio de Juan eran de uso corriente en tiempos apostólicos. Con estos descubrimientos todos los argumentos de una composición tardía del Evangelio han desaparecido, y los eruditos críticos admiten que debió haber sido escrito hacia fines del s I d.C., lo que cae dentro de la época en que vivió el apóstol. Algunos todavía vacilan en reconocer a Juan el apóstol como su autor, y prefieren atribuirlo al presbítero Juan o a alguna persona con ese nombre. Pero queda en pie que los argumentos, que antes se usaron para demostrar que Juan el apóstol no pudo haberlo escrito, fueron desacreditados. La publicación a partir de 674 1956 del papiro Bodmer II (designado como P66), que contiene casi todo el 4º Evangelio y que los eruditos asignan a los años finales del s II d.C. (es decir, sólo unos 100 años después de haberse escrito el Evangelio), revela un texto casi idéntico al que nos ha llegado, lo que es una evidencia adicional del cuidado con que se copiaron las Escrituras.



II. Tema.


Cuando Juan escribió su Evangelio, 3 grandes peligros acechaban la vida y la pureza de la iglesia. 1. La piedad decreciente (Ap. 2:4). 2. La persecución. 3. Las enseñanzas heréticas acerca de la naturaleza de Cristo (1 Jn. 2: 19, 26; véase Juan, Epístolas de [A Primera epístola], para una descripción de estas falsas enseñanzas).



III. Estilo literatio.


El 4º Evangelio difiere de los 3 primeros, comúnmente llamados sinópticos, por su manera de tratar la narración evangélica. Este Evangelio, que ha sido llamado: "El recuerdo amoroso del Amor encarnado", es casi totalmente diferente en espectro y contenido de los Evangelios sinópticos, pues es mucho más teológico que histórico en su enfoque. Juan menciona sólo un poco más de la cuarta parte de los incidentes del ministerio de Cristo que los registrados por los 4 Evangelios; y de ellos, casi un tercio no son referidos por los escritores sinópticos. De este modo, para la información del primer año y medio del ministerio de Jesús dependemos casi exclusivamente del 4º Evangelio. La mención sucesiva de las Pascuas y otras fiestas judías implica con fuerza que sólo Juan, entre los evangelistas, sigue una secuencia estrictamente cronológica desde el principio al fin, por la cual es posible determinar con razonable exactitud la duración del ministerio de Jesús y la secuencia general de los acontecimientos.


Hablando en general, los incidentes de la vida de Cristo que Juan seleccionó marcan puntos culminantes y crisis en el desarrollo de la misión divina, pero, en cada caso, muestra un mayor interés en la significación del evento que en el evento mismo. Esto se hace evidente en que, al informar de un incidente, dedica la mayor parte de sus comentarios a su significado, como se observa en los discursos del Salvador; informa de varios de ellos con considerable detalle (por ejemplo, Jn. 6-8; 14-17).


Estos discursos se ocupan casi exclusivamente de la identidad de Jesús como el encarnado Hijo de Dios y del propósito de su misión terrenal.


Sobre este sólido marco histórico de la vida y del ministerio de Jesús, del cual elige incidentes apropiados para su objetivo, Juan construye una argumentación irrebatible destinada a demostrar que Jesús de Nazaret es en realidad el divino Hijo de Dios, el Mesías de los profetas del AT (1:1-3, 14; 3:13-17; 4:29; 5:17-39; 17:3-5; 19:7. etc.; y presumiblemente para refutar las enseñanzas heréticas con respecto a la naturaleza de Cristo que habían ganado aceptación durante las últimas décadas del s I d.C.). Juan declara francamente que el informe lo escribió para que sus lectores pudieran creer "que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo" tengan "vida en su nombre" (Jn. 20:31). Podría haber contado mucho más (v 30) si lo hubiera considerado deseable y útil. (Para un análisis del valor del 4º Evangelio al facilitar una cronología de la vida de Cristo, véase Jesucristo III.)



IV. Contenido.


En su prólogo, Juan presenta a Cristo como el Verbo de Dios encarnado (Jn. 1:1-18). Luego trata de los primeros días del ministerio público de Jesús, desde su bautismo hasta la 1ª Pascua (1:19-2: 12). Juan trata más extensamente los eventos de este período del ministerio de Jesús (de la 1ª a la 2ª Pascuas; 2:13-5:47) que los eventos de su ministerio en Galilea (entre la 2ª y la 3ª Pascuas; cp 6); analiza, con cierto detenimiento, los incidentes de la 1ª Pascua (2:13-3:21) y de la 2ª Pascua (cp 5). No dice nada del ministerio en Galilea (que ha sido cubierto muy ampliamente por los escritores sinópticos), y sólo cuenta el incidente que señaló su fin (el milagro de los panes y los peces) y el consiguiente análisis de su misión a la tierra (cp 6). Otra vez Juan pasa por alto el período en que Jesús se retiró del ministerio público (que abarca los 6 meses después de la 3ª Pascua, al fin de su ministerio en Galilea), pero anota con gran detalle ciertos hechos que ocurrieron durante su labor en Samaria y Perea (cps 7-11; aunque no dice nada del ministerio en sí en esas provincias). Los incidentes que eligió sucedieron todos en Jerusalén o sus alrededores, y muestran a Jesús en conflicto con los dirigentes judíos: en la fiesta de los Tabernáculos (7:2-10:21), la fiesta de la Dedicación (10:22-42) y la resurrección de Lázaro (cp 11). El propósito obvio es trazar con mucho detalle los pasos mediante los cuales los dirigentes judíos llegaron a condenar a Jesús y a rechazarlo como el Mesías. Dedica casi la mitad de su Evangelio a la semana de la crucifixión (12:1-19:42) y al período posterior a la resurrección. La resurrección misma es analizada en 20:1-18, y ciertas apariciones posteriores con bastantes detalles en 20:19-21:23. Un breve epílogo declara su objetivo al escribir el Evangelio (vs 24, 25). 675


Juana


(gr. IÇánna, "gracia [don] de Dios"; del heb. Yôjânân, "Yahweh ha sido bondadoso [perdonado, favorecido]").


Esposa de un mayordomo de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea.
Era fiel discípula de Jesús y le ayudó sosteniéndolo financieramente (Lc. 8:3). Estuvo con un grupo de mujeres que fueron a la tumba con el propósito de embalsamar el cuerpo de Jesús, sólo para descubrir que había resucitado (Lc. 23:55-24:10).


Jubal


(heb. Yûbâl, "corriente [arroyo]" o "música").


Hijo menor de Lamec y de su esposa Ada. Fue el originador del arte musical (Gn. 4:19, 21).


Jubileo


(heb. yôbêl, quizá "torrentoso" o "ruido alegre").


El 50º año, al fin de 7 cielos de años sabáticos (Lv. 25:8, 10), en los que se prohibían sembrar y cosechar (v 11); todos los esclavos hebreos debían ser liberados (v 10) y la tierra volvía a sus dueños originales (vs 24-28).


Esta última provisión impedía que unas pocas personas ricas crearan un pequeno grupo de terratenientes y una mayoría de personas sin tierra. La venta de la tierra en realidad sería sólo un alquiler por un tiempo largo. Sin embargo, una casa en una ciudad amurallada (con excepción de las ciudades de los levitas) estaba exentas de esta provisión; su transferencia era permanente a menos que fuera redimida dentro del año de la venta (Lv. 25:29-34).


Existen diferencias de opinión acerca de si el año del jubileo coincidía con el 7º año sabático del ciclo (es decir, el año 49º), lo que haría que fuera el "año cincuenta" por cómputo inclusivo, o si era el que seguía después del año 49º. En este último caso, habría 2 años consecutivos sin cosechas.


No hay registros en la Biblia, ni fuera de ella, de que realmente se observara el jubileo; por eso no se puede resolver la duda.




















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